Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

sábado, 5 de noviembre de 2011

OTRAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS

               OTRAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS
            Tomadas del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                             Escrito por Ramón F Chávez Cañas
                     
Entre 12 y 14 años de edad, niño Nicolasito, casi arrodillado, suplicaba a doña Martina Merino de Cañas, su madre viuda, le regalase una guitarra y un violín, pues él creía tener dotes sobrenaturales para la música. Desde luego, doña Martina siempre rehusó, porque en esos tiempos y todavía ahora, la gente creía y cree en alcoholismo como principal persecutor de artistas, en especial de músicos; sobre todo, cuando éstos son muy jóvenes. Ésta era única razón esgrimida por tal matriarca para mantener su tozuda negativa.
          
          Al cumplir dichoso niño 15 años vitales, en vista de pertinaz conducta materna al respecto, aquél decidió construir con sus propias manos tan ansiados y soñados instrumentos. Para ello, visitó a varios vecinos adultos del cantón y a otros más en el filarmónico Pueblito; todos, poseedores de instrumentos de cuerdas, de percusión y de viento. Valiéndose de cinta métrica flexible, tipo sastrería, midió y anotó en rústica libreta de papel empaque, hasta última dimensión de aquellos instrumentos musicales de cuerdas y percusión. En seguida, acudió a  principales aserraderos pueblerinos para comprar la madera necesaria. En efecto: compró, pagando con novillos y potros cimarrones aún no herrados ni inventariados por la madre, una docena de trozas cuadradas por  aserradores y olorosas a selva virgen; trozas de legítimo cedros reales, laureles y caobas, diferentes en tamaño y en grosor. De aquellas trozas más delgadas fabricaría tres violines; de medianas, tres guitarras; de las más grandes y gruesas, tres violonchelos y dos contrabajos; de tantos desperdicios: timbales y tambores necesarios. Maracas las construiría con morros vacíos traídos de su hacienda San Antonio, —donde abunda tal especie vegetal, cuya pulpa sirve para alimentar al ganado, y semillas, para hacer riquísima horchata de morro—. En elaboración de instrumentos más grandes, fue menester unir dos piezas, porque anchura de una sola pieza no daba medidas requeridas por chelos y contrabajos. Valiéndose, siempre, de herramientas carpinteras domésticas heredadas, y de otras toscas forjadas a mano por él, —con auxilio del Chele Salinas, herrero oficial del amado Pueblito—, se dispuso a moldear, en una sola pieza, vaciando la madera, todos los instrumentos musicales que así lo permitiesen (violines, mandolinas, guitarras). Usando la entonces tradicional e insustituible pega “cola de carpinteros”, pegó las tapas posteriores de todos esos cajones musicales artesanales. En seguida, vendiendo gallinas, pavos, cereales y quesos de corrales propios de doña Martina Merino de Cañas, se compró barnices, trastes, clavijas, capodastros y cuerdas. Total: en lapso de dos meses había esculpido: tres violines, más tres guitarras (bajo, mediana y requinto), dos mandolinas, tres violonchelos, dos contrabajos, cuatro pares de maracas, tres timbales de diferente tamaño y sonido, un tamborón de hojalata forjado entre él y el Peludo Andrés Aguilar, —éste, hojalatero oficial de ese fantasioso Pueblito.
      
          Todo le había salido a pedir de boca; pero, nunca tomó en cuenta el factor humano ejecutante; siendo ahí cuando se le trabaron, al principio, las carretas; no obstante, logró reunir a media docena de muchachos con edades similares a la de él, incluyendo a Chepito Chávez, —hijo del sobador oficial del Pueblito: don Juan de la Cruz Chávez Rodríguez, quien compuso la clavícula rota del Nicolasito cuando éste se desbarrancó del tren infantil—. Chepito Chávez fue y continuó siendo experto maraquero, hasta haberse enrolado, ya cuarentón, en circo de Miss Amalia allá por 1952. Chepito Chávez  con sus maracas se paseó por toda la región Nonualca y gran parte de la Lenca allende Río Lempa; al parecer, este maraquero del Pueblito vivió intensos romances con la bailarina y propietaria llamada Miss Amalia. Asimismo, a otra media docena de adultos jóvenes, todos, con mayor o menor vocación para las artes de Santa Cecilia. No había, en el cantón ni en el Pueblito, nadie conocedor de la difícil solfa; sólo don Santiaguito Morales Quintanilla y Rafael, su hermano, pero ellos trabajaban en sonoras bandas musicales regimentales de Santa Ana y Sensuntepeque, en forma respectiva. ¡No estaban a mano! Músico mayor regimental vicentino: don Rafael Villegas Chávez, oriundo del Pueblito e hijo de don Juan “Pacho”, llegaba, en su día libre semanal, a impartirles algunas nociones básicas de solfeo; por tanto, todos repasaban, tarde a tarde, a puro oído, bajo  tres árboles de amate, nance y copinol del traspatio, para no incomodar a la mamá quien, al cabo de tres o cuatro meses de estar escuchando las cada vez más agradables melodías (bambucos, tangos, pasos dobles, mazurcas, valses, boleros, etc.), se estaba haciendo, poco a poco, la del ojo pacho. Estas melodías eran oídas, con atención, por aquellos dedicados muchachos, en nueva victrola de cuerda, (donde estaba el perro careto de RCA Víctor escuchando la voz del amo, en primitivo parlante con forma de bocina), comprada por la madre, para que adolescente hijo no fuese hasta el Pueblito a casonas de señores: Chávez-Henríquez, o Chávez-Molina, o Molina-Pineda, o Parras-Martínez, a escuchar, en modernas ortofónicas, música y voz de Enrico Caruso entonando arias de: Traviata, Rigoleto, El Barbero de Sevilla, Aída, El Elixir del Amor, y más; de Lorenzo Barcelata dándole vida a: La Barca de Oro, Ramona, Amapola, Sobre Las Olas, Alejandra, etc., y de otros cantores de menor importancia, ahora ya olvidados.
          
          Seis meses después, casi había perfeccionado sus artes ejecutoras y auditivas; además, se le habían incorporado otra docena de febriles aprendices, entre niños preadolescentes, jóvenes y adultos; más cuatro o seis señoritas cantantes, entre ellas, la agraciada señorita Teódula Chávez, hermana de Chepito maraquero. Teódula fue primer amor del tío Nico. Al parecer, hubo unigénito muerto antes del primer año de edad. Con ese semestre de arduo aprendizaje, se atrevieron a debutar en la Entrada”1 de un seis de agosto, dando inicio así, a esas fiestas agostinas en honor a San Lorenzo, Abad y Mártir, patrono del Pueblito.     Jovencito Colacho hacía piruetas al desgonzarse tocando el requinto, al cual cambiaba por difícil mandolina, haciéndola casi hablar. Terminaba sacándole lágrimas de alegría al violín más pequeño. Teódula entonaba boleros y bambucos; Nicolasito Arévalo Aguilar, era tenor  especializado en tangos y pasos dobles. Tonino, —compinche del tío en robo de  naranjas—, valiéndose de hojas cítricas escogidas, simulaba, a perfección, sonido de finos saxofones. Raúl Barrera y Luisito Burro, con Victorón Bomba, Chepe Coyunda, y una pléyade memorable, tocando diversos instrumentos hechizos del mentado joven Nico, arrancaban suspiros de toda clase a escasas señoritas “tunicudas”2 y a numerosas señoritas “mengalitas”2 concurrentes a esa alegre “Entrada”, donde se bailaba desde 02:00pm hasta 08:00pm; donde abundaba horchata de morro con marquesote4,  flecos, gallardetes, palmas de cocotero, y escandalosos cohetes de vara.
          
          Gran fama del Colachito, con su consecuente popularidad, pronto llegó a oídos de señor cura párroco. Éste les invitó a repasar, además, música litúrgica de  diversas festividades religiosas de la parroquia a través del año. Colachito aceptó de mala gana, más bien presionado por forzadas insinuaciones hechas por su mamá, secundada por miríada de viejas “biatas”5 entre quienes sobresalían aquellas inolvidables doñas: Onofre de Roque, Carlota v. de Fernández (decana), Soledad Henríquez Angelino (vice decana) y las tres vecinas engañadas por él, pocos años atrás, con unas campanas falsas.
         Así: tocando sólo de día y en primeras horas nocturnas, mantenía tranquila a su abnegada progenitora; además, era custodiado por patrulla cantonal particular, conformada ésta por peones agrícolas y ganaderos de su hacienda San Antonio; patrulla comandada por su tío Benito. Anita Salinas, ama de llaves, casi siempre les acompañaba para prepararles café o refrigerio, garantizándole, de esa manera, a tan preocupada patrona, la abstinencia etílica total de aquellos imberbes artistas.
        
          Su hermanita menor, nena Carmencita, ahora viuda de Chávez, empieza y no termina contando maravillas sobre sonidos paradisíacos desgajados en cascadas auditivas soliloquias que su hermanito, moderno Orfeo tecoluquense con sus amigos subalternos, le sacaban a aquellos cedros, caobas y laureles, convertidos en instrumentos musicales celestiales.
          
          Aquella endemoniada, y a la vez angelical orquesta primitiva, llegó a su fin en 1930, cuando joven Nicolás, ya huérfano también de madre, contrajo nupcias con señorita Graciela Salinas Vasconcelos; yéndose él a vivir, durante cinco o seis años, a propiedades agrícolas-ganaderas de sus suegrosya relatado antes, en cantón Santa Cruz Porrillo del mismo sin par municipio; pues, la heredad llamada Hacienda San Antonio, había sido vendida a doña Segunda Henríquez v. de Chávez, para repartir el dinero obtenido en tres partes iguales. Terrenos o guatales, con casa solariega del suburbano cantón La Mora, fueron heredados por señorita Sarita, después, señora de Alférez y, por la aún nena Carmencita, varios años más tarde, señora de Chávez; pero, en siete u ocho  años de existencia con la orquesta rústica, joven Cañas Merino dio molote en: casamientos (bodas religiosas y sus respectivas celebraciones sociales, sólo eran celebradas por las mañanas y, hasta bien entrada la tarde del mismo día),  bautismos,  cumpleaños,  E n t r a d a s  y velaciones de muertecitos; asimismo en procesiones de: Santo Patrono (nueve de agosto), Santo Entierro, Inmaculada Concepción de María (copatrona del Pueblito); Flores de Mayo,  Pastorelas Navideñas,  Veladas Escolares y, en fin, en toda aglomeración humanan donde hubiese sana alegría.
                                          *****
         Con dinero heredado, más el obtenido durante cinco años de duro trabajo agropecuario allá en Santa Cruz Porrillo, volvió al Pueblito encantador, habiendo comprado  amplia casa del barrio El Calvario, donde instaló su hogar, viviendo ahí, hasta 1980, cuando ya fue imposible vivir por causa de guerra civil salvadoreña (1980-92). También compró, a don Tiburcio Contreras, un terrenito plano de tres hectáreas de extensión (04manzanas), localizado contiguo a su residencia de El Calvario, lado rural oriente. A medida pasaban veloces años continuó comprando más propiedades agrícolas y urbanas, incluyendo el mesón Cañas y hacienda El Obrajuelito, con 300 hectáreas de superficie plana regable por gravedad; —haciendita desmembrada de inmenso latifundio, propiedad de su primo-hermano del alma: don Antonio Miranda Jiménez. Dicho latifundio llamábase: Hacienda El Obrajuelo, cuya extensión  superficial fue de 3,000 hectáreas ó 4,100 manzanas de tierra agrícola-ganadera de primerísima calidad.
                                      *****
         A mediados de años 30’s (¿1935-36?) don Raymundo Nicolás Cañas Merino y esposa, retorna al Pueblito, instalándose con todo y crías (Emmita y Glorita) en mansión calvareña de suburbios urbanizados del encantador Pueblito. Mansión mayor edificada sobre una hectárea, limitando con terrenos de don Venturita Alférez; pero estos ya rurales en cantón El Carao. Dicha mansión pueblerina Cañas-Salinas, contaba con: amplios dormitorios, acogedoras salas familiares y sociales, confortables comedores patronales y laborales; extenso patio central, mucho más extenso traspatio, e inmensa caballeriza con corrales para vacas de ordeño, marranos de engorde, gallinas indias ponedoras, patas y patos siempre cuchicheando, gallos sementales disputándose dominio de corrales, garañones y burrosexhibiendo sus etcéteras sexuales y, el semi enano: Pío Mejicanos, jefe de  zacapines y servidumbre (mayordomo), revisando: coyundas, baldes, rejos,  pienso, espuelas, monturas, jáquimas, frenos, herraduras y resto de aperos indispensables para operar una casa medio campestre de un agricultor-ganadero acomodado de hace 60 ó más años. También, en límites de traspatios colindantes, —tapial de gruesos adobes de por medio—, con la todavía más extensa mansión rural propiedad de don Venturita Alférez; pero ya en cantón El Carao, tío Nico había colocado 25 cajas conteniendo laboriosas y educadas abejas de Castilla (Apis melífera), pues, abejas africanas o asesinas, ni se soñaban en América. Doña Graciela Salinas de Cañas, pasaba entretenida mirando a sus criadas manipular leche vacuna para fabricar: quesos, cuajadas, requesón, suero para cerdos, mantequillas y cremas. Vacas y terneros, por las mañanas después del ordeño, eran llevados hasta potreros de poza El Mango en riberas del Río Caliente local, a 400mts distantes de casa patronal; o, hasta “El Obrajuelito”, haciendita distante a 3kms al sur. Escandalosa caballeriza era especie de garaje moderno: briosos caballos, unos ensillados, otros en pelo, representaban a veloces automóviles actuales. Enormes graneros del traspatio siempre estaban repletos con cereales, esperando buenos precios para ser vaciados. No era aficionado a  molienda, por tanto, no tenía trapiches ni cañaverales.
                                             ********
           En terrenito comprado a don Tiburcio Contreras, quebradita oriental con riachuelo permanente de por medio con respecto a la residencia, tío Colacho estableció su estadio privado para practicar deportes junto con sus trabajadores y colonos: zacapines, jornaleros, caporales, mayordomos, corraleros. Implementó dos canchas balompédicas (adultos y niños), trazó pistas para atletismo; con finas varas de un bambú especial, hizo fabricar pértigas para salto con garrocha. Estos deportes atléticos los habia visto por primera vez en inauguración del estadio Flor Blanca de San Salvador, al realizarse 3eros Juegos Olímpicos Centroamericanos y del Caribe. Ese mismo terreno o guatal, serviría para elevar: lunas, cometas o papalotes en temporada de vientos (octubre).
          
          A pocas semanas de estar en su nuevo domicilio, todos los principales y medianos habían llegado a darle la enhorabuena, y a ponerse a sus apreciables órdenes. Primer personaje en llegar alegre con parabienes respectivos, fue don Buenaventura Alférez, quien iba acompañado por su esposa, doña Celsa Ayala de Alférez; luego, con el correr del tiempo, don Buenaventura y su nuevo vecino, tuvieron serias desavenencias por razones no venidas al caso, por ahora. Una tarde sabatina, cuando tío Nico terminaba de pagar planilla quincenal trabajada (03:00pm) apareció, en pórtico de la residencia de adobes, bahareques, maderas, tejas y acapetates a manera de  cielos falsos, cierta comitiva constituida por numerosos jóvenes principales, acompañada por señor alcalde de ese entonces: don Enrique Garay. Saludaron al joven señor Cañas Merino quien, complacido por tan distinguida visita, les hizo pasar hasta sala social principal, sala enladrillada con ilusiones ópticas en blanco y negro. Después del saludo respectivo y de haberse apoltronado, todos, en cómodas sillas mecedoras, sillas de abanico y sillas haraganas, el anfitrión Cañas Merino, algo impaciente, preguntó sobre el objetivo de tan agradable visita. Don Enrique, señor alcalde, contestó así:
         —Mira Colachito: estos muchachos me han suplicado acompañarles para venir a pedirte un gran favor, el cual puede ser negocio a la vez. Yo me atreví, porque fui muy amigo de don Nicolás Cañas Jiménez, tu padre. Él, a pesar de ser algunos años mayor que yo, siempre me demostró sinceridad; asimismo, tu madre, doña Martina Merino Hernández de Cañas, y todos tus tíos Cañas y Merino. La razón de nuestra visita,  —prosiguió don Enrique Garay —, es porque ellos han sabido sobre tu cancha privada de fútbol. Por mi medio, desean pedírtela en alquiler, pues don Juan de la Cruz Chávez Rodríguez, cultivará el terreno del barrio Pasaquina, donde en la actualidad funciona la cancha del Tehuacan FC, recién fundado. Dinos, Nicolasito, ¿cuánto pretenderías tú, por mes o por año? Yo, señor alcalde, garantizo ese futuro contrato, ya sea éste oral o por escrito.
Vea, don Enrique,— respondió tío Nicolás, quien  prosiguió—: Ese terrenito está, en exclusiva, destinado para distracción de mis trabajadores y colonos; ellos, de 04h00 a 06:00, todas las tardes, lo ocupan; sin embargo, podemos llegar a un arreglo, siempre respetando horarios de mis trabajadores, pues tratándose de estos jovencitos aquí presentes, a quienes yo aprecio y respeto al máximo, porque algunos, como Gilberto Parras, Julio Asisclo Chávez, Jesús Méndez Barahona y Chepito Chávez, son muy pocos meses o años más jóvenes que yo; por tanto, será muy agradable compartir con ellos mi humilde cancha balompédica; pero, entrenamientos del Tehuacán FC, se verificarán a cualquier hora y hasta 03:30pm. También propongo se me incorpore a mí como jugador titular en  puesto de centro delantero, y capitán del equipo a la vez; por supuesto, sólo yo decidiré cuándo abandonar la cancha por lesión o por cualquier otra circunstancia, y cuándo quedarme banqueando; además, me han llegado rumores sobre próxima fiesta bailable del Tehuacán FC, y nombramiento de señorita Amalia Molina Garay, ¿su sobrina, señor alcalde?, como madrina del club. Al respecto, —prosiguió el anfitrión—: yo aceptaría,  complacido al extremo, ser nombrado padrino del equipo en tal festividad. Si ustedes aceptan estas sencillas proposiciones, las canchas, hasta 03:30 de cada tarde, repito, serán suyas sin costo monetario alguno…¡¡Ah!!,… sólo les pediré no permitir, en las canchas, a jayanes como ese Gambusina, ese Serpentina, ese Sapo Martín, ese Chico-culo, y ese Chele Alfredo.
         
           Se suspendió por minutos dicha sesión. Mientras aquellos 18 muchachos analizaban condiciones preimpuestas por el tío materno mío, éste invitaba a don Enrique Garay para saborear legítimo largo habano y genuino coñac francés. Pasados 05mins de deliberaciones, Victorón Bomba, gigantesco capitán en funciones, ex integrante de la orquesta hechiza, con edad similar a la del humilde tío, tomó la palabra para decir:
Agradecemos, Colachito, tu generosidad, …estábamos seguros de no salir afrentados de tu casa; …aceptamos todas tus condiciones, … yo, con el mayor de los gustos, te cedo el puesto de centro delantero y capitán, pues conozco tu recia personalidad y tus agilidades para mover, con maestría, el balón, …aceptamos expulsar de la cancha al Sapo Martín, al Chico-culo, al Gambusina, al Serpentina o a cualquier otro patán señalado por vos; pero, …desearíamos reconsideraras la exclusión del Chelito Alfredo Chávez;… es cierto, él es gran jayán, pero desciende de muy buena familia; además, apenas ha cumplido15años. Nosotros creemos poder encontrar remedios para sus apatanadas… El primer paso ya lo diste tú, Colacho, al negar ingreso al Sapo Martín: maestro de todo  jayán habido y por haber en estas dimensiones. Debemos decirte: Chelito Alfredo acaba de ser coscorroneado por don Lino Parras, quien lo sorprendió embadurnando con boñigas de cerdo, un pedazo de pared repellado en el portal exterior de la farmacia; pedazo de pared en el cual doña Tránsito, esposa inválida de don Lino suele, por las tardes, recostar su cabeza, mientras don Lino y empleados atienden clientela de la farmacia. Otro detalle a tomar en cuenta por ti, amigo Cañas, —prosiguió Victorón Bomba, con sus 2,05mts de estatura, y  figura de culebra mazacuata parada—, es que Chelito Alfredo, a pesar de sus escasos 15abriles, ya anda taloneando insistente, a mi querida flaca sobrina,  adolescente Maria Agapita. No seria nada extraño ni remoto, un próximo matrimonio. Entonces, este jayán entrará, por afinidad, a ser parte de mi familia; pues de la tuya ya lo es, Colachito, porque Carmencita Cañas, tu hermanita menor, es ya madrastra del tal jayán.
          
         Con esta larga y bien hilvanada exposición, tío Nicolás se dio por convencido. No puso más objeciones sobre el mentado Chelito Alfredo.
                                           *****
         Fiesta danzante del Tehuacán FC  llevose a cabo la noche en 09 de agosto de ese año (¿1937?). Joven señor Cañas Merino (28 años), llevando del brazo a  señorita Amalia Molina Garay (19) se paseó orondo por principales calles empedradas del Pueblito. Mortecinas luces de farolitos a gas keroseno, destellos relampagueantes de cohetes de vara, luces de bengala, morteros, granadas, juegos de caña, toritos pintos y más, alumbraban marmórea, talqueada y sonriente cara del único hijo varón de doña Martina quien, además de lucir impecable traje entero de legitimo casimir australiano, botines cuero cabritilla elaborados a mano en zapatería Tonsa de ciudad San Vicente, y corbata italiana de seda natural, lucía  finísimo sombrero Barbissio, también italiano, con el cual cubría su incipiente calva. Las calles estaban abarrotadas por curiosos delirantes quienes, al paso de la comitiva encabezada por ambos jóvenes padrinos, se destapaban en vítores y aplausos. Sólo doña Graciela, su esposa, no gritaba ni aplaudía. Banda musical regimental vicentina, con melodías marciales, iba en retaguardia; 44 ó más muchachos futbolistas hacían guardia de honor a la pareja de padrinos y demás invitados, entre los cuales sobresalían: Don Jesús Orantes Vela y doña Juana Francisca del Carmen Chávez de Orantes; don Ramón Chávez padre y doña Carmen Cañas de Chávez; don Nicolás Molina Garay (padre de la madrina) junto con su cuñado, el señor Garay, alcalde; don Lino Parras, con Carmencita, su hija mayor, pues doña Tránsito, su esposa, estaba en silla de ruedas por causa de poliomielitis; don Francisco Ayala Gámez y doña Tránsito Castro de Ayala; don Carlos Federico Molina II y doña Pachula Ventura de Molina; don Fernando Orellana Soller y doña Paulita Rodríguez Molina de Orellana; don Andrés Roque Portillo y doña Mercedes Ayala de Roque; don Felipe Rodríguez Molina y doña Concepción Martínez de Rodríguez; don Jesús Alvarenga y doña María Luisa Hernández de Alvarenga; don Celestino Méndez y doña Amparo Barahona de Méndez; don Buenaventura Alférez y doña Celsa Ayala de Alférez; don Victoriano Alférez y doña María Teresa Chávez Molina de Alférez (la mera, mera). En fin, una gruesa7 más de personalidades entre principales y medianos. Ningún jayán. Dicha fiesta danzante celebrose en amplios salones de Escuela de Varones local (ya desaparecida). Fue amenizada por marimba-orquesta “Alma Vicentina” y orquesta “La Meca”, de Santa Ana.
                                          *****
Entrenamientos del Tehuacán FC efectuábanse tres veces por semana: desde 01:00 a 03:30pm; pero, mayoría de jugadores se incorporaban, casi a diario, al equipo de hacienda “El Obrajuelito” y anexos. De estos peones jornaleros futbolistas salieron algunos titulares para  Tehuacán FC. Tío Colacho, además de entrenar con Tehuacán FC, también lo hacía con trabajadores suyos o sea, entrenaba de 02 a 04hrs cada día. Por ser un tío ecuánime, siempre sabía y avisaba de antemano cuando le era imposible entrenar o jugar un desafío oficial; asimismo avisaba, en cualquier momento del encuentro oficial o desafío, para ser sustituido por lesiones o cansancio. Casi siempre lo sustituía Victorón Bomba. El mentado tío era un “chuchacuta” (hombre ágil) buscando el marco contrario; era “tres piedras y un tetunte” para enzaguanar goles al adversario; metía goles a la chilena y de palomita; era galgo para meter goles olímpicos, de tiros fuera del área y,  penales, los enzaguanaba hasta con ojos cerrados. Por lo menos, una docena de porteros rivales fueron a dar contra las redes, con todo y balón, cuando trataban de atajar aquellos potentes disparos salidos de cualquiera de ambas patas de mi tío Nicolás. Bajo su tutela o capitanía, le dieron verga al Independiente de San Vicente, al Luís Ángel Firpo de Usulután y al Platense de Zacatecoluca; todos ellos, equipos de primera división salvadoreña. Fue rogado por los equipos: Alacranes, Treinta y tres, España, Juventud Olímpica  y por los tres equipos vergueados; pero, capitán Cañas Merino se negó a firmar esos contratos, por la razón de sus múltiples ocupaciones agrícolas, ganaderas, sociales y familiares. Además, no aspiraba a ser futbolista internacional.
        
           Para 1941 cuando gringos caras pálidas fueron atacados por amarillos orientales allá en Pearl Hárbor del Pacífico, el todavía jayán Chelito Alfredo Chávez, empezaba a deslumbrar en el fútbol, habiendo salido más galgo que mi tío párpados gruesos. Éste comprendió muy bien esto, optando por dejar el lugar al jovencito jayán Chávez; pero igual al tirano chileno Pinochet, —quien reformó la constitución de aquella sureña hermana nación para perpetuarse en el poder—, el tío aún poco calvo, se quedó auto-impuesto como entrenador oficial y presidente vitalicio de la junta directiva del tantas veces mencionado club, para continuar cachimbeando a cuanto equipo,  grande o mediano, se les pusiese enfrente. Dos o tres años más tarde, tío Colacho dejó toda actividad futbolera, porque al ser nombrado, a “dedo”, alcalde municipal del apolítico Pueblito, por el sátrapa tirano Maximiliano Hernández Martínez, toda aquella muchachada del equipo lo aborreció y expulsó, abandonando esa tan maravillosa cancha futbolística. Ante esta decepcionante experiencia, dos meses después, tío renunció al nombramiento a “dedazo”. Se incorporó, entusiasmado, al Movimiento de Resistencia Nacional Local, encabezado por su cuñado, don Ramón Chávez padre, esposo de Carmencita, hermana menor del tío Nicolás. Volvió a dar prestada la cancha, pero él no participó más: ni entrenador, ni directivo.
*****
         A 04:00 de cada mañana, mientras enano Pío Mejicanos supervisaba ordeño en corrales bovinos o hacía algunos otros menesteres esenciales con otros animales domésticos del corral, tío Nicolás se deleitaba tocando su violín; pero esta vez, tocando fino violín de manufactura extranjera, imitación del famoso Stradivarius. Tocaba violín durante casi media hora, al inicio de cada faena, paseándose frente a vacas en momentos del ordeño, pues afirmaba: Con música agradable, aquellas vacas daban más leche y gallinas ponían mejores huevos; asimismo, tocaba frente a cajones de colmenas por mismas razones ya mencionadas; pero, a 04:30 de todas las madrugadas, silenciaba su instrumento para escuchar cuando: clarineros, chiltotes, senzontes, torogoces, palomas chaparreras, moradas o alas blancas y,  hasta vulgares  guacalchías destempladas, iniciaban conciertos sinfónicos desde altos y frondosos: conacastes, copinoles, cedros, cocoteros, quebrachos, caobas, bálsamos, ceníceros, y muchos otros árboles más, mayoría ya extinguidos; y minorías en peligro de extinción; siendo acompañadas dichas aves, desde tierra, por: relinchos de caballos, zumbido de  abejas, rebuzno de burros, mugido de vacas, croar de sapos, quiquiriquí de  gallos, chillido de cerdos, más muchas voces bajas constituyendo acompañamiento a  celestiales clarines de: clarineros, chiltotes, senzontes; mágicas flautas de  palomas, torogoces, tortolitas; a consagradas voces de tenores: alcaravanes, guaces, loros, guaras, cotorros, pericos y catalnicas; a privilegiados sopranos: dichoso-fui, guardabarrancos, senzontes piñoleros y chiltotes de cajete. Pájaros carpinteros o chejes, al taladrar tallos de altos cocoteros, ponían notas percutoras de la orquesta. Al iniciarse este sublime concierto, tío Yeti u Hombre de las Nieves, loco, abandonaba su seudo Stradivarius, sustituyéndolo por  hechiza batuta labrada en varita de güiscoyol. Con ella, elevando ojos hacia copas de quinimil árboles circundantes, dirigía invisibles instrumentos y coros alados; luego, volviendo su extasiada mirada hacia horizonte inmediato, batuteaba el ronco impresionante sonido de: contrabajos, tamborones, tubas, chelos, sacabuches, representados por toscos sonidos del  ganado del corral y sapos. Abejas le servían cuando él quería reproducir ruidos o sonidos de furias, tal cual lo producen: vendavales, huracanes, trombas, zumbido de aviones en guerra. En fin, cualquier catástrofe natural o artificial de este planeta Tierra. Entonces, en pleno concierto ornitológico, bovino, porcino, equino y batrácico, fino director dirigíase hacia el colmenar. Golpeando suave a repetición con batuta a tablas de cajones, hacía que el, o los enjambres convocados, saliesen de su panal haciendo ruido aterrador; pero, permitiendo ser dirigidos por aquella batuta de Cañas Merino. Éste se contorsionaba, similar a como cuando tocaba el requinto de aquella añorada orquesta juvenil, paseándose frente a enjambres voladores para dirigirles sus trayectorias; las cuales, casi siempre alcanzaban a corrales lecheros del vecino inmediato: don Buenaventura Alférez. Cosa curiosa: abejas no picaban a ningún animal, ni asustaban al ganado de don Nico; mas, a todo ganado: bovino, porcino, equino, y aves de corral de don Venturita, lo hacían barajustar rompiendo ataduras, saltando cercos y desconociendo, incluso, hasta al amo Alférez. Después de varios meses de estos episodios, don Buenaventura envió a sus pequeños hijos: niño Germita y niña Luisita para entregar, al director de orquesta, cierta nota escrita así: “Querido Colachito: no quisiera importunarte tanto; mas, ya no aguanto el escándalo cotidiano matutino armado por ti con tus animales. Canto de pájaros es sagrado: no lo tomes como queja; sin embargo, tu violín hiere nuestros oídos, rebuznar y relinchar, con mugir de tus bestias, revientan nuestros tímpanos. Es más: vuelo de tus colmenas por mis corrales, han disminuido mucho la producción; por tanto, Nicolasito, en honor a la amistad que me unió a tus difuntos padres; en honor a la amistad y vecindad actual nuestra: yo te pido, yo te suplico, yo te  ruego, yo te imploro, yo te ordeno, yo te exijo,… ¡cesa la represión en contra de mis nervios!” Mentado  filarmónico leyó, releyó la anterior nota; luego, después de tres días de estudio  meditado al respecto, se fue, en persona, a platicar con su resentido vecino. Efectuados saludos de rigor, el músico-goleador habló:
         —He leído su carta, don Venturita. Me parece interesante y preocupante a la vez, porque la música, en especial la salida por sonidos naturales   creados por Dios, me causa embeleso. Nunca creí importunar a nadie; más bien, yo creía  agradar a Dios y a todo el vecindario, dirigiendo yo esa orquesta celestial. Por el momento, pienso suprimir sólo zumbido de enjambres, para no causar a usted mayores daños económicos; también trataré de disminuir volumen de: rebuznos, relinchos, mugidos, croares y kikirikires… ¿De acuerdo, don Venturita?
          
          Don Buenaventura aceptó. Ambos  se enfrascaron en otras interesantes  largas pláticas sobre vida social, económica y política del Pueblito aletargado, y del país. Dos horas después, músico-apicultor regresaba a su mansión convencido de ser él, el mejor vecino del mundo. Dejó de acudir a corrales en horas de ordeño; hizo pedazos la batuta de güiscoyol; se encerraba, para tocar violín o  requinto, en último cuarto de la residencia, al cual, José Rivas, carpintero, tapizó de manera hermética con fragantes tablas de cedro real, para anular sonido hacia el exterior; mandó a embozalar a todos los cerdos, en especial a Polo, un cuche chele educado a perfección para imitar sonidos del Sacabuche, ( instrumento musical indígena precolombino); cerdo que al final murió por vejez, habiendo sido enterrado con honores de ordenanza, pues por cariño al animal, el tío no quiso transformarlo en jabón. También: vacas, toros, caballos, yeguas y asnos, fueron embozalados; gallos: cocinados y comidos en chicha; porque el buenazo del Párpados Gruesos prefería perder cualquier cosa a no perder aprecio, amistad y respeto de don Buenaventura Alférez; —hombre éste mucho mayor en edad, muy trabajador y padre responsable, quien se ganaba la vida, además de  labores agropecuarias en gran escala, fabricando camas y ruedas de carretas de las tiradas por semovientes; por tanto, don Venturita era único carrocero fino en el fantástico Pueblito. Estatura del señor Alférez era menor a la mediana, su estampa medio jorobada y su voz de tiple afónico, contrastaban con doña Celsa, su esposa; quien era todo lo contrario en cuanto a figura física, pues en lo moral, ambos eran magníficos.
         
        Pleno silencio en corral bullicioso comenzó a reinar… Vacas y gallinas disminuyeron al 50% sus producciones; cerdos, caballos, yeguas, burros y hasta sapos, enfermaron de melancolía. Sólo abejas con  pájaros silvestres, hicieron caso omiso al compromiso adquirido por aquel futbolista con el vecino. También enfermaron: canarios, calandrias, jilgueros, alondras, y pájaros del dulce encanto, enjaulados, propiedad de doña Graciela; pero, manipulados por su esposo para darle mayor estatus a la orquesta de animales.
          
          Tres o cuatro días después de haberse firmado con tinta de sinceridad, aquel pacto entre vecinos, aparece don Venturita, a 05:00am, pomponeando la puerta principal externa de residencia Cañas-Salinas; llegaba encrespado pomponeando con desesperada insistencia. Futuro Hombre de las Nieves, aún en pijamas, abrió la puerta, pues por postigo lateral reconoció la figura enjuta de su no tan agradable vecino. Éste, no esperó oír buenos días, tampoco los dio. Tan zamarro cual  culebra zumbadora, con su voz de tiple afónico, se expresó así:
— ¡Mira Colacho desgraciado! ¡Mira cómo me han dejado tus avispas!... ¡Esto no es nada, infeliz!... ¡Si vieras cómo están:  Celsa, Luisita, Germita y Nicolasita, —a quien bauticé así, en tu nombre, ¡¡gran puñetero!!— ¡y todos mis trabajadores, tanto carroceros como jornaleros!... ¡Vos has quebrantado tu palabra, jodido!... ¡Tú no eres hombre honesto, tú eres un maldito!... Y vengo… a retarte… para batirnos en duelo… ¡Escoge tus armas, infeliz, y nombra a tus padrinos!... ¡Tienes 48hrs para hacerlo!... ¡Si no lo haces, serás un cobarde, y morirás cual muere un perro!... ¡Gran repugnante!...
         Don Venturita no permitió ser replicado por Cañas Merino, pues, dichas las últimas palabras, dio media vuelta para marcharse y perderse tras las puertas de su residencia campestre, distante 150mtrs del lugar del reto. Nadie, ni doña Graciela, ni las nenas, quienes ya sumaban cuatro con advenimiento de Argelita y de Sarita sin ser gemelas, se enteraron de la recién nacida problemática. Preocupado, encendió largo habano, abrió puertas de su arsenal, dio ligero vistazo a pistolas Colt .45, a .38 Smith & Wesson especial, y a la escuadra que él propio había modificado para disparar, con esa misma arma, balas calibre .22 y balas calibre .32; pero no se atrevió a tocar ninguna. Enseguida hizo su aseo personal, tomó ligero desayuno cocinado por él mismo. Sin decir nada a los suyos inmediatos, partió hacia  barrio El Centro, con destino a casa de don Ramón Chávez padre, su cuñado, por ser éste esposo de Carmencita, hermanita menor del San Lorenzón. Don Ramón padre, algo extrañado por esa tan tempranera visita, preguntó, entre alegre y sorprendido, los motivos. El retado, nervioso, contó  pormenores del problema; contestó preguntas y repreguntas hechas al respecto por su cuñado. Éste, convencido de veracidad, tomó su sombrero Borsalino y dirigió sus zapatos hacia casa de don Jesús Orantes Vela, esposo de doña Juana Francisca del Carmen Chávez, hermana menor de don Ramón padre; mientras, el “españolote” continuaba dando detalles o pormenores a Carmencita Cañas, su hermanita menor, esposa de don Ramón padre, repetimos.

    Los otros dos cuñados (Orantes Vela y Chávez Henríquez) decidieron intervenir, no apadrinando el duelo, sino siendo mediadores, tratando de evitar esa violencia. En efecto: ambos se encaminaron hasta residencia de El Carao. Después de haber escuchado, con paciencia, al furioso e inflamado facial Venturita; después de haber examinado amoratadas caras de la señora, de niños y de algunos trabajadores, fueron a inspeccionar  linderos Cañas-Alférez. Subidos en sendas escaleras estaban para espiar hacia el colmenar amaestrado por el mal vecino cuando, de repente, fueron atacados por súbito enjambre que hasta ahora nadie sabe de donde apareció. Los dos, Chávez y Orantes, con rostros y cuellos inflamándose y enrojeciéndose, volvieron corriendo desesperados, manoteándose cara, pescuezo y cuero cabelludo, a sala principal del ofendido don Venturita. Éste, al nomás verlos en forma monstruosa desfigurándose, se alegró y dio más pie a su decisión duelística; pero, los recién agredidos por el enjambre, lograron apaciguar al furioso, prometiéndole salida más decorosa al problema. Chávez y Orantes convencieron al apicultor musical. Tal apicultor musical, de inmediato trasladó el apiario hasta El Obrajuelito, a casi una legua distante del calvario virtual.
                                               *****
  Con advenimiento de algodoneras, flora, fauna pueblerina y de toda la república, rápido desaparecieron; por tanto, trinos silvestres, olores a cedro, a conacaste, a caoba y a zorrillo, se esfumaron por completo, perdiendo, don Nico, junto con zumbido de enjambres, el elemento más importante de su natural orquesta. Poco después, autoridades sanitarias del filarmónico Pueblito aplicaron códigos respectivos, prohibiendo: establos,  granjas porcinas y avícolas dentro del radio urbano. Fue entonces cuando la famosa orquesta natural, que por poco lo lleva al duelo mortal con su vecino don Venturita, desapareció para siempre.
                                                    *****
           Ya maduro en edad y en pensamiento (1972), adquirió obrajes salineros allá por márgenes del estero Jaltepeque, cercanas a cantón La Pita, jurisdicción municipal del mismo Pueblito, a escasos 200mtrs de la desembocadura en el Pacífico del caudaloso Río Lempa. Para llegar a tales salineras era preciso atravesar cañada salobre que unía al río con el estero. Cuando baja marea lo permitía, podía atravesarse a pie; de lo contrario, sólo en cayucos, o lanchas movidas por motor. Sin embargo, el nuevo industrial salinero, cabalgando orgulloso sobre su majestuoso caballo: “Pegaso”, al cual sólo le hacían falta mitológicas alas, cruzaba, orondo, la pleamar del estero en mencionada cañada. Pegaso no necesitaba ser espoleado; no obstante, por malicia, mi tío siempre portaba, en ambos talones, afiladas y relucientes espuelas bañadas en oro, pues le gustaba oír el inconfundible rin-rin cuando él marchaba a pie; pero, más le agradaba la admiración despertada en los demás, cuando sus espuelas sonaban y brillaban al reflejar luz solar o lunar, en forma impecable.
          
          Un marziano domingo de elecciones, el bendito tío, por la mañana, hizo ensillar al Pegaso, pues iría hasta el político Pueblito para ejercer el sagrado sufragio. Partidos políticos de mayor renombre eran: PCN (partido de las manitas mañosas) y el honesto Partido Demócrata Cristiano o PDC (partido de los pescados); desde luego, el nuevo salinero era correligionario del partido de las pepescas, pues su cuñado, don Ramón Chávez padre, era coordinador general municipal del mismo. Sobre todo, porque pescados de esa antidemocrática época, constituían única opción democrática para todo salvadoreño honesto y trabajador.
          
          A 04h00 de esa madrugada, cuando nuestro ex goleador iniciaría largo viaje hasta urnas electorales colocadas en portales centrales del encantador municipio,  pleamar estaba en su apogeo; habíase dado llena exageradísima, al grado de rebasar, en varios metros, límites normales de la más alta marea. Tan osado jinete hizo caso omiso de tales circunstancias, a pesar de múltiples observaciones atinadas y ruegos hechos por algunos de sus peones salineros. Pegaso, sin ningún tapujo, se hizo a la mar medio embravecida rompiendo, con su ancho pecho, aquellas olas de la cañada. 15mins  más tarde, Pegaso estaba pisando tierra firme; pero, por prisa en llegar hasta urnas, tan valiente ciudadano político, jamás politicastro, no desmontó para siquiera saludar a piteños inmediatos. Continuó de largo a galope medio tendido. Sólo sentía mediana resistencia proveniente de sus dos talones, y forzado movimiento extraño de los mismos; pero, por la prisa en llegar temprano, ignoró esas raras circunstancias; mas, al pasar por cantón San Carlos Lempa, siempre en jurisdicción municipal del magnífico Pueblito, después de haber galopado 07kms en 20mins, aquellos habitantes a la vera del camino real, asombrados le gritaban: “¡¡Los pescados, los pescados, don Nico!!” Él, intrigado por insistencia persistente de aquel tumulto inesperado, asombrado y gritón, que se estaba volviendo su persecutor, detuvo la marcha del Pegaso para indagar algo al respecto, pues la gente no cesaba en mencionar a gritos las palabras: Los pescados, los pescados, don Nico. Creyendo que esa humilde campesina gente, pescadores en su mayoría, trataban de transmitirle algunos nuevos  desagradables mensajes políticos represivos ignorados por él, quiso desmontar por lado derecho. No pudo; tampoco pudo hacerlo por lado izquierdo, pues ambos pies le pesaban el equivalente aproximado a quintal y medio cada uno… Entonces,… en fracciones de un segundo pensó para sí: ¡¡Caramba,… cuánto pesan los años!!...No pudo desmontar. Mientras, sus pedestres persecutores le daban alcance, rodeando al Pegaso, quien no manifestaba mínimo signo de cansancio, ni destilaba una gota de sudor. Uno de tantos persecutores, jadeante, le dijo: “¿Cuánto dinero quiere usted por esos dos hermosos pescados?”  “¿Cuáles pescados?”, —respondió el extrañado jinete—. “Esos que usted lleva, colgando sus hocicos de las espuelas, ya con las colas deshechas por lo abrupto del camino a rastras”, —díjole su interlocutor. Mientras, resto de la gente destrababa a enorme pez  boca-colorada (pargo) y a un mero-mero, cuyo peso individual rondaba en seis arrobas (65kgrs). El jinete disimuló su sorpresa.  Bromeando con ellos les dijo así: “No, muchachos, no: estos pescados no están a la venta, porque son de Graciela, mi esposa, pues ella los preparará para comérnoslos, envueltos en huevo, en  próximo viernes de cuaresma; pero, si a ustedes pueden servirles más, tómenlos sin costo monetario alguno”.
         
           Ya desembarazado de aquella inadvertida carga, Pegaso pudo avanzar más en su real galope, llegando al rebelde Pueblito a 08h00; pero, “don Salinero”, no pudo ejercer el sufragio, porque “la benemérita”8, comandada por civil Atila Cañas, —único sobrino militarista de los Cañas-Merino—, había trasladado  urnas a casa del Negro Andrés Roque Portillo, donde las rellenaron con 25,000 votos falsos a favor del partido manitas  mañosas , consumándose otro descarado fraude electoral, pues el defraudado Pueblito, en esos tiempos, sólo contaba con 20,000 habitantes, incluyendo a niños y niñas sin edad para el sufragio.
                                            *****
         Es mismo Pueblito precolombino, asentado sobre faldas sur-orientales del imponente Volcán Chinchontepec y que, en esa misma Era, fuese la capital del Nequepio Nonualco, llamada “Tehuacán de las Granadas”. Es mismo Pueblito en cuya hacienda: Concepción de Cañas, viese primera luz, y respirase primer aire oxigenado, el discutido Libertador de esclavos centroamericanos; Libertador usurpado, alterando auténtica Fe de Bautismo, por un pueblón vecino llamado Zacatecoluca. Es mismísimo Pueblito cuna del doctor Juan Crisóstomo Segovia, médico-científico de renombre internacional, por haber descubierto el microbio Tripanosoma segovienses, causante, en El Salvador, de la enfermedad cardiaca: “Mal de Chagas”. Es auténtico Pueblito, donde se engendró y parió al Doctor “Honoris Causa” de UES: ingeniero don Manuel de Jesús Merino Argueta, padre de todo maíz híbrido centroamericano; ganador del Premio Nacional de Cultura (1982) en rama de Ciencias; también Doctorado, Honoris Causa, por  Universidad de El Salvador, repetimos con orgullo. Es mismísimo Pueblito dueño de raíces genéticas del Señor Profesor Don José Ricardo Chávez Cruz, “Maestro Meritísimo de El Salvador”. Proclamado así por ‘Colegio de Humanistas’, y ‘Ateneo de El Salvador’. Es el mismo Pueblito que, de manera inexplicable, desde hace casi 60 años (1948), denomina a una de sus principales calles con una fecha de cero significado patrio, -14 de diciembre de 1948-, cuando, en últimos 12 años de  verdadera administración municipal democrática por FMLN, debieron haber suprimido esa asquerosa fecha (cuartelazo) y llamarle, a esa avenida: Avenida Ingeniero DOCTOR  H. C. MANUEL DE JESÚS MERINO ARGUETA. Las otras tres calles ejes, deberían llevar el nombre del Doctor Juan Crisóstomo Segovia, del Profesor José Ricardo Chávez Cruz, y del dudoso libertador Cañas y Villacorta.  
                                              *****
          
          Hijos del pacífico, pero activo varón pueblerino, Cañas Merino, se crecieron, se educaron, se casaron, se formalizaron y todos se marcharon: unos para San Salvador; los más, para el extranjero (Italia, EUA y Nicaragua), quedando sólo él y doña Graciela, viviendo como en virtual cementerio, en aquella soledad inmensa cubierta por: tejas, adobes, bahareques y acapetates; con corrales mudos y  riachuelo seco; con graneros de hojalata,  baldes, frenos, y espuelas oxidándose.
        
           En enero de 1981, se da  la “Ofensiva Final Guerrillera”, habiendo sido, el Pueblito por medio milenio esclavizado, uno de los más afectados. En vista de esta nueva dificultad, doña Graciela decide marcharse hasta San Salvador, para vivir más cerca de algunos de los hijos de ambos; pero, el terco y calvo viejo se resiste.  Sólo accede a dejar la residencia de El Calvario por otra, también propia, de dos plantas construidas con hierro más cemento, en mero, mero centro del Pueblito, —donde estuvo antiguo Mesón Cañas, mencionado en capítulo “El Premio Gordo” de este mismo blog—. Ahí, 15 años más tarde, le sorprende el coma diabético que, el jueves santo de 1996, lo llevó a la tumba; pero, con la adecuada asistencia médico-hospitalaria privada en San Salvador.               
                                                    
1—ENTRADA = Fiesta bailable vespertina dando inicio a fiestas patronales en pueblitos salvadoreños.
2—TUNICUDAS = Señoritas bailadoras de relativa alta sociedad por lo general sólo económica.
3—MENGALITAS = Señoritas bailadoras de relativa baja sociedad en lo económico.
4—MARQUESOTE = Lujoso y delicioso pan dulce, por lo general consumido en ocasiones especiales.
5—BIATAS = Vocablo despectivo de “Beatas” o santurronas católicas pueblerinas.
6—BURROS = Calzado cuero de cerdo, alto, baratos. Jumento, asno, orejón.
7—GRUESA = 12 docenas ó 144 cosas u objetos puestos a venta en mercados.
8—BENEMÉRITA =  Palabra o palabreja sarcástica para referirse a criminal guardia nacional de El Salvador, ya desaparecida desde 1992.

                                              F I N
                                   26 de abril en 1998
      

martes, 1 de noviembre de 2011

EL BUEN PASTOR

      EL “BUEN” PASTOR
       Por Chichipate Cañaverales

Esa figura agridulce/ de contenido retórico
en Pöetas no produce/ sensación de metafórico;
pues trillado “buen pastor”/ por dos milenios o más
ha sido abusado al máximo/ por cúpulas religiosas,
quienes con sicologías/ torpes sobre el más allá
pretenden tener esclavos/ y esclavitas tan hermosas:

porque gentes ambiciosas/ quienes han buscado gangas
a pesar de tener almas/ infestadas por carangas
exigen ir hasta el cielo/ con hipocresías pérfidas.
Para ello están los pastores/ de carne y hueso en la Tierra
con sus biblias siempre abiertas/ y mil frasecillas tétricas
 ofrececiéndole al dundeco/  otra vida menos perra;

sin embargo, para/ ello/ será siempre menester
que el creyente sea esclavo/ con sus hijos y mujer
y que el pastor lisonjero/ en nombre del Jehová
ofreZca edén placentero/ donde tigres y ovejas
vivan como los sionistas/ con su “hermano” musulmán,
quienes se “aman” como nunca/ pos las Cruzadas pendejas.

Sonsonete de hermandad/ es más viejo que el Big bang;
pues pérfidos religiosos/ de toda secta en maldad
 a pecadores tramposos:/ codiciosos y avaros;
sodomitas2 humanoides/ o ratas en madriguera,
les prometen vida eterna/ a cambio de diezmos caros,
regalándoles linterna/ para oscura carretera.

Con escapulario al cuello/ y camándulas en mano
el católico apostólico/ se jacta de buen cristiano.
Rezando diez padrenuestros/ con sin cuenta avemarías
después de haber confesado/ sus pecados semanales,
se dispone a comulgar/ con trigo en eucaristías.
Este teatro se repite/ hasta edades invernales.

Si el cura fuese en verdad/ un confesor justiciero
no debiese perdonar/ al pecador puñetero.
Acompañarlo debiera/ a casa del ofendido
y con ojos u/ oídos/ cerciorarse del perdón
implorado por el beato/ al ser humano agredido.
Entonces tal confesor/ dará justa absolución.

En cambio, protestantismo/ evangélico llamado
proclama ser estandarte/ del Cristo crucificado.
Prescinde de “santa” misa/ también de reclinatorios
y demás parafernalias:/ plumaje de pavo real;
de campanas milenarias/ y de otros viejos jolgorios
ordenados por el canon/ de aquel tiempo medieval.

Las sectas “made in usa”:/ testigos del Jehová,
tabernaculeros todos,/ mormoneros, ¡muchos más!
tergiversan contenido/ de aquella biblia ficticia;
dando máxima importancia/ al área concupiscente3
y ofreciendo palacetes/ terrenales con malicia
a quien diezme generoso/ más allá de lo corriente.

Pastor tabernaculero/ pretende ser gran “doctor”
obligando al mundo entero, / como antes el monseñor,
a ofrecerle reverencias, / hasta besarle el anillo.
¿”Doctores” en teología?/ ¡La teología no es ciencia!:
son mitos desvergonzados/ para embobar siempre al pillo
quien por mega egolatría/ corrompe más su conciencia.

Dos por dos siempre son cuatro/ aquí y en la Cochinchina;
en cambio sectas cristeras, / con teogonía cochina,
hacen las del camaleón/ según el ambiente agreste.
Ciencias y Filosofías/ no son dogmáticas necias;
al contrario, teología,/ sólo ofrece lo celeste
a cambio de dinerito/ o de eróticas especias.

En inmensos galerones/ estos tabernaculeros
acomodan en montones/ a sus secuaces sinceros;
sinceros porque pretenden/ ganarse la lotería
con un billete robado/ a la anciana vendedora,
u/ obtener residencia/ en Disney de fantasía.
¡Los tabernaculeritos/ son de clase estafadora!

Además del paraíso/ junto con premios mayores
y la mansión-palacete/ con otras gangas menores,
el pastor del tabernáculo/ ofrece carros lujosos:
Ferrari, Alfa Romeo,/ Mercedes, Rolls Royce y Porsche;
Más un harem especial/ para los libidinosos
y una joven virginal/ sin faltarle cada noche.

El Buen Pastor: Jesucristo/ se arrepiente haber bajado
a este mundo de humanoides/ donde su Credo es ajado
por los capitalistoides4 / desde Washington a Roma,
quienes han degenerado/ la Filosofía Pura
de quien fue crucificado/ en la cima de una loma
y ahora es escarmentado/ bajo sima tan oscura

en neoliberalismo/ de anglosajones-sionistas
quienes quieren sustituir/ al Jesús de comunistas
por ídolo Jehová; / pues el sionismo no acepta
que el Jehová sea padre/ del nazareno Jesús.
Los curitas vaticanos/ deberán ponerse alerta
porque pudiese acabárseles/ negocito de la cruz.

Cuando un Pöeta o Prosista/ se ocupa de estas cuestiones
versificando al respecto/ contra falsas religiones;
o escribiendo largos párrafos/ razonados al detalle,
él, se siente iluminado/ por la fuente filosófica:
Filosofía común/ encontrada hasta en la calle;
Filosofía Divina/ ¡jamás basura teosófica!.

Cuando hijos del Cromañón/ o nietos del Neanderthal
abandonen sus codicias/ hasta del cielo robar,
comprendiendo al mismo tiempo/ que Madre Naturaleza
es fiel reflejo de Dios/ jamás un vil espejismo;
y que toda la Creación:/ Gran Milagro sin torpeza
es producto natural,/ actual, sin eufemismo.  

Creencias espirituales/ deben ser muy respetadas
por todos los terrenales:/ no importan cuentos de Hadas,
tampoco Niño de Atocha/ ni apariciones de Fátima;
ni de Mahoma a caballo/ siguiendo a su dios cobrizo5
ni del burrito hacia Egipto/ estrenando tosca jáquima,
ni del parto al natural/ en tan pobre cobertizo.

Cuanto debemos prever/ es que clérigos bausanos
valiéndose de artimañas/ se vulvan cuales gusanos
al invocar las hazañas/ de tres divinas personas;
hazañas desfiguradas/ hasta sembrar terrorismo
en los “bienaventurados”, / también en gentes glotonas.
¡Anticristos piel de oveja/ seguirán en cretinismo!

1º-- DUNDECO = Tres veces dundo o tonto; 2º-- SODOMITAS = Escándalos homosexuales de suYO indescriptibles; 3º-- CONCUPISCENTE = Persona dada a placeres mundanos, sobre todo a los sexuales; 4º-- CAPITALISTOIDES = Quienes se creen ser capitalistas sin tener dinero; similares a metaloides que nunca llegarán a ser metales; 5º-- DIOS COBRIZO = ALÁ.
                                           31 de octubre en 2011.-


sábado, 29 de octubre de 2011

HAMBRE ROBA AL HAMBRE

        HAMBRE ROBA AL HAMBRE
         Por Ramón F Chávez Cañas

El hambre le roba al hambre/ como robarse un alambre
ferroso, ya corroído/ sin protección o pelambre
para evitar los calambres/ en garras desprotegidas
y atrevidas al hurtar/ tres tramos electrizados
cuando se quiere robar/ yardas de redes tendidas
sobre empedrados rurales/ o ejes pavimentados.

Hambrientos del tercer mundo/ nunca le roban a ricos
porque ricos nauseabundos, / además de pisiricos,
cuatro hombres o guardaespaldas/ más treinta tristes guardianes
le protegen sus estambres/ o cuerpo de hombre rufián.
Este rico puñetero/ ladrón y rey de haraganes
es cruel perfecto arenero2 / protegido por Satán.

Entonces al pobre hambriento/ no le queda otro remedio:
sólo atracar al jumento3 / o resignarse a su tedio
de haber sido empobrecido/ por vil burguesía criolla
ladrona de los Realengos4 / y usurpadora de Ejidos5
en siglo decimonono6 / cuando un Zaldívar o “joya”
ladrón de la Presidencia/ le regaló a forajidos

tan ubérrimos terrenos/ para siembra de café,
quedando el pobre guanaco/ solo con su buena fe
arándose las espaldas/ para sembrar el maíz
sobre agrestes serranías/ plagadas de pedregales
donde el grano de los mayas/ apenas echa raíz
y casi por mero azar/ se cosechan frijolares

porque rufianes de criollos/ o comparsas en sus robos
se adueñaron de Ejidales7. / Estos morenitos torbos
con raquíticos guatales/ se creyeron ser caciques
para deshacer embrollos/ en pro del macro ladrón.
Guanacastros sin cerebros/ se ganaron los repiques
cuando Indio Anastasio Aquino/ armó aquella rebelión.

Un pobre hurta a otro pobre/ cuando aquél es muy tramposo
porque no puede estafar/ al estafador ocioso.
Éste, en tiempos del Zaldívar, / las praderas estatales
o inmensas caballerías/ también llamadas Realengos
 robó; do nuestro Jaguar/ y sinfín de venadales
vivían en paraísos/ de Nonualcos no terengos8;

pero ladrones genéticos/ con raíces de ibéricos
más patrañas pendencieras y caracteres histéricos
con perfidia escrituraron/ gruesas y gruesas9 de hectáreas
en praderas, serranías/ para añil y cafetales,
dejando a empobrecidos/ indios, infértiles áreas
o minifundios sarcásticos/ que antes fueran ejidales.
                           
Cuántos millones daría/ yo por poder poseer
un diccionario especial/ que pudiese contener
cien mil palabras soeces/ en nuestro idioma español;
porque hasta ahora no encuentro/ las palabras adecuadas
para insultar a canallas/ o ladrones sin pudor
que asolan nuestro planeta/ en infinitas oleadas.

Decirles hijos de P/ es como condecorarlos;
asimismo hijos de R/ equivale a/ indultarlos;
pues éstos no tienen madre/ o si la tienen es P
y al gritarles las verdades/ no tienen porque ofenderse
si se les deja robar/ a quien se deje, bien sé,
pues dineros estatales/ se lo roban sin joderse.

          1º-- PISIRICO = Avaro, tacaño, chucho; 2º-- ARENERO = Perteneciente al partido politicastro electorero y ladrón, nunca antes visto en El Salvador; 3º-- JUMENTO = Burro, asno; 4º-- REALENGOS = Inmensas extensiones de tierras pertenecientes antes al rey de España y, después de la independencia, pertenecientes al Estado salvadoreño; luego, en 1879, robadas por criollos ladrones;  5º-- EJIDOS = Parcelas pequeñas que el rey español asignó en periferias de cada municipio salvadoreño para cultivos de granos básicos y ganadería menor. Estos terrenos eran comunales. Cada año el Alcalde sorteaba entre jefes de familia l las áreas necesarias para cultivar cada año; 6º-- DÉCIMONONO = Siglo XIX; 7º-- EJIDALES = Conjunto de ejidos; 8º-- TERENGOS = Apodo despectivo con el cual los arenazis se referían al guerrillero salvadoreño JAGUAR, jamás guanaco; apodo mencionado con mucha frecuencia por Roberto Dabuisón Arriata, asesino intelectual de Monseñor Romero; 9º-- GRUESAS = Una gruesa = 144 hectareas.          
                                                 28 de octubre en 2011
  


miércoles, 26 de octubre de 2011

ALGUNAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS

                      ALGUNAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS        
                                Por Ramón F Chávez Cañas    
                     Del libro: “Historias Escondidas de Tecoluca”

El pasado jueves santo (1996) falleció don Nicolás. Contaba con 88 años de edad. Era tío materno de quien esto relata. Fue hijo vivo mayor de don Nicolás Cañas Jiménez con doña Martina Merino Hernández de Cañas Jiménez; por tanto, tío Nicolás llamábase: DON RAYMUNDO NICOLÁS CAÑAS MERINO. Descendía, en línea recta, de don Pablo de Cañas, —quien fuere progenitor de don Bartolomé de Cañas y Villacorta, y del discutido prócer: presbítero José Simeón Cañas y Villacorta, quien por ser cura no dejó descendencia alguna, conocida—. Don Nicolás Cañas Merino desciende de don Bartolomé Cañas Villacorta (*1770). Éste fue padre genético del prócer don Antonio José Cañas, quien brillara, entre 1822-24, cuando tropas vicentinas combatieron contra migueleñas en lugar llamado Loma de La Guerra, (02kms al oriente del pacífico Pueblito) para evitar nuestra anexión al imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Nombre de Antonio José Cañas lo lleva el parque central de ciudad San Vicente, donde está aquella imponente torre con reloj de 04 carátulas. Otro ascendiente famoso fue el poeta Juan José Cañas, compositor de la letra del actual Himno Nacional de El Salvador. Madre de este relator es hermanita menor de don Nicolás. Tía Sarita Cañas de Alférez, ya difunta, fue la hermanita de en medio.
        Don Nicolás Cañas Merino era hombre blanco, alto, robusto, barba azul espesa, y calvo. En vejez, sus gruesos, espesos y blancos pelajes corpóreos lo asemejaban, —cuando se bañaba desnudo en  pozas privadas de sus propiedades agro-ganaderas—, al “Hombre de las Nieves” o “Yeti”; pero en su juventud parecía auténtico peninsular ibérico. Frecuentes misioneros católicos españoles llegados de paso al Pueblito para evangelizar y celebrar muchos matrimonios religiosos en colectivo (tusadas), lo confundían como varón peninsular auténtico. Les costaba trabajo mental aceptar lo contrario. Por tez blanca-rosada; prematura calvicie; barba entera espesa, azul después de afeitada; por sus gruesos párpados y alta estampa, aquellos cariñosos lugareños le apodaban: San Lorenzón, pues se parecía al milagroso santo Patrono del Pueblito; pero al Santo Patrono quien está encaramado en lo más alto del altar mayor, y no al San Lorencito, al cual, Chico Hueco, sacristán, paseaba a diario por callecitas y mal cuidados callejones del Pueblito y suburbanos cantones, pidiendo limosnas para manutención del señor cura. San Lorenzón, sólo bajaba de su altar mayor para su procesión, cada nueve de agosto, por la noche; pues era, y es, el día de su víspera.
                                       @@@@@       

Tío Nicolás quedó huérfano de padre a 11 años de edad; por tanto, a esa tierna edad, mientras su madre viuda: doña Martina, atendía el ganado y labores agrícolas allá en hacienda San Antonio y, acá, en  terrenos agropecuarios o guatales contiguos a morada campestre en  mismo cantón La Mora, (hacienda y guatales propios de señora viuda) —lugar de su residencia este último, distante a escaso medio km. del centro del Pueblito—, niño Nicolasito se convertía en EL SEÑOR DE  LA CASA. A esta prematura edad, “Señor de la casa” acudía a escuela primaria del Pueblito. Anita Salinas con dos sirvientas más, cuidaban a niñitas: Sarita y Carmencita, todavía no en edades escolares. Anita Salinas era ama de llaves. Asimismo, don Benito Merino Hernández, hermano menor de señora viuda; pero adulto recién casado y vecino de la misma, ayudaba en controles de la casa y trabajos agropecuarios de su hermana viuda.
        Con bolsón escolar cuero-baqueta terciado al hombro; con tintero de vidrio asido de un índice y colgando de un delgado cáñamo; con  pantalones cortos y zapatos burros cuero de cuche, clavados y cosidos, embadurnados de lodo o polvo según estaciones tropicales climáticas; con  calcetines sudados, rodillas raspadas, y  carita rosada, algunas veces amoratada o rasguñada por frecuentes riñas contra condiscípulos, “Señor de la casa” volvía al hogar a eso de 04:30pm. Siesta del mediodía, pues había dos turnos escolares para mismos alumnos, la hacía en casa pueblerina de su tía paterna: señorita María Elena Cañas Jiménez a quién, por su extraordinaria belleza, hasta otras mujeres le apodaban: ¡la Bella  Elena!
        Por las tardes, en fines de semana y durante vacaciones largas,  niño Nicolasito se dedicaba a jugar con sus dos menores hermanitas. Jugaban de todo. “Señor de la casa” había oído decir sobre existencia, en aquellas vecindades, de incierta manada de aguiluchos come niños. Para poder jugar en amplios guatales de tal heredad cantonal, el niño, haciendo uso de guacales de morro (cutucas), construyó tres fuertes cascos acolchonados por dentro con algodones de ceiba; asegurados a barbillas de cada niña con robustos barbiquejos, pues  mentados aguiluchos, con filosas garras, —se decía—, tomaban a niños por cuero cabelludo para luego elevarse al cielo  dirigiéndose hasta cumbres del volcán Chinchontepec donde se daban gran festín con carnes de  inocentes infantes. Cada casco estaba individualizado y fabricado a  medida para cada cabeza. Él, antes de salir al patio, o a traspatios y guatales de la morada, con suma atención fijaba escudos protectores craneanos de sus dos menores hermanitas. Misma operación efectuaba sobre su propia cabeza. Envalentonados, los tres menorcitos salían gritando, llamando con grandes voces a rapaces asesinos. Desde luego, nada malo ocurría. Teoría del mentado “Señor de la casa” se fundamentaba así: cuando garras de depredadores infantiles contactaran con seca y dura corteza de cutucas, resbalarían, frustrándoseles tan apetitoso festín; pero antes, con fina sierra para manualidades escolares, aserró sus uñitas; pues también había oído decir a ciertas personas mayores: “Garras humanas son tan poderosas como las de cualquier animal montaraz”. De esa manera él daría gran batalla en caso tan mentados cascos protectores fuesen inefectivos frente a carniceras aves. Quiso aserrar uñitas de nenas; pero éstas no resistieron cruel dolor. Por tanto: sólo el Señor de la casa tenía sus uñas-garras similares a las de aves asesinas.
                                           @@@@@
En aquellos tiempos (1920), tren IRCA1 estaba comenzando su efímero apogeo. “Señor de la casa” lo había visto y montado, por primera vez, en estación  Tehuacán con rumbo a ciudad San Vicente, acompañando a su madre en algunas transacciones comerciales. Lo miró, remiró y examinó en detalles, regresando enamorado del tal tren. Al día siguiente, haciendo uso de maderas aserradas: cedro, conacaste, laurel, caoba y varas de bambú; de tablas, tabloncillos y tablones también embodegados; de herramientas carpinteras hogareñas dejadas por su difunto padre, y lazos de henequén sustraídos de corrales bovinos y caballerizas, dispuso construir vía férrea, más locomotora con respectivos vagones para carga y pasajeros… Entre alto árbol de copinol, otro menos alto de nance, y tres chaparros árboles amates recién descopados, en forma descendente construyó la mentada vía férrea, valiéndose del maderamen extraído de bodegas. Altura máxima de infantil estación ferroviaria montada sobre árbol copinol, sería de aproximados cinco metros; altura mediana a nivel del nance, de cuatro; de tres metros hasta primer amate descopado y, hasta estación terminal en 3er joven amate, sería de cincuenta centímetros. Distancia a recorrer en ese plano inclinado, andaría por  30mts: ¡¡perfecta vía férrea en traspatio de casa-hogar en cantón La Mora!! Con tablas fabricó la tan soñada locomotora y vagones que ésta halaría. Serviría de caldera cierto gigantesco guacal de hojalata propiedad de la mamá, ocupado por Anita Salinas para enjabonar ropas curtidas del mismo Nicolasito, pues en tal guacalona pondría gas queroseno y carbones encendidos. Para hacer más fácil el resbalar de  cajones, a cuartones y cuartoncillos convertidos en rieles, les untaría con arena de río, la cual llevaría consigo, pues él sería maquinista, y sus dos hermanitas: pasajeras. Guajolotes, gallinas vivas, maíz, frijoles y arroz de trojas hogareñas, ocuparían vagón de carga… Pito y ruido de tal máquina, él lo simularía con su propia garganta. Para ascender hasta alta estación del árbol copinol, ocuparía pequeña escalera colocada en copa de enano arbusto de tempate, al cual subirían por sus propias piernas escalando el tronco del arbusto. Esas acrobacias las ensayaron por dos o tres días consecutivos, hasta casi perfeccionarlas. ¡¡Cabal, todo, al detalle, estaba listo!! Por precaución, decidió probar sólo él. Hizo media docena de piruetas. Al estar segurísimo del futuro éxito, alegrísimo encaramó a nenas; asimismo, encaramó jaula con aves de corral y recipientes con cereales. Para vencer plano inclinado ascendente, se valió de un juego de poleas y lazos ya mencionados. Comprobado que carga humana, animal y vegetal estaba completa, antes de partir pidió boletos a las dos pasajeras, cobrándoles también por la carga. Éstas pagaron con pisto2 de China sacado de vajillas domésticas rotas. Decían regresar de  Romería del Cristo Negro de Esquipulas, Guatemala, o de otra, la de Candelaria, en Jucuarán, Usulután. Para anunciarse, él mismo reventaba cohetes de vara verdaderos, aflojando en seguida el lazo sujetante. Se oía agudo silbido labial; después, ronco arranque gutural de simulada máquina a vapor; luego, rápido deslizamiento hasta estación terminal. Niñas y él, jubilosos, repetían increíble gran hazaña. Continuaron repitiéndola por varios días más, con manifiesta complicidad de madre y tío… Una tarde,… mala tarde,… malvado tren estaba de malas pulgas… Lazo frenador, de repente, se partió en dos. Primitiva montaña rusa viajó descontrolada saliéndose de toscos rieles a medio camino y a media altura… Niñas quedaron encasquetadas sobre pelada ramazón del primer árbol de amate; mientras, “experto” maquinista caía con estrépito hasta el suelo. Dando gracias a Dios, caldera-guacal encendida, cereales y aves de corral, volaron hacia otras direcciones no peligrosas. Nenas sólo sufrieron gran susto; pero Nicolasito se fracturó clavícula derecha. Don Juan de la Cruz Chávez Rodríguez, sobador oficial del Pueblito, la hizo llegar a natural lugar anatómico. Ahí terminó infantil enamoramiento del mentado tren.
                                      @@@@@                             

En vecindades de morada Cañas-Merino vivían tres doñas: Filomena, Lucrecia y Soledad, magnífico trío de señoras “biatas”. Este trío no se perdía misa cotidiana a 05:00am, ni santo rosario a 07:00pm. Para ello, esperaban segundo repique de campanas parroquiales y partían raudas a su cumplido. Cuando no había repique, era señal de ausencia del párroco, algo frecuente por semanas y hasta por varios meses. Cierta vez, allá en hacienda San Antonio, adolescente Nicolasito descubrió aceradas puntas de arado y otra vieja pieza metálica de azadón que, al recibir fuertes golpes con clavo grueso y cabezón de riel ferrocarrilero, simulaban, a perfección, sonido de susodichas campanas. Ni lerdo ni perezoso las trajo consigo hasta su hogar en cantón la Mora. A 05:00hrs de la siguiente mañana, travieso jovencito Nicolás, encasquetado en lo más alto del copinolero, empezó a simular el repique. De inmediato, aquellas tres “biatas”, envueltas sus cabezas con negros tapados de percal, pasaron raudas y alegres, alabando en altas voces la llegada del nuevo señor cura. Nicolasito se orinaba por gran risa al ver regresar, desconsoladas, a desilusionadas tres mujeres. Misma operación repitió por la noche, con similares resultados. Esta mofa la hacía cada cuatro o seis días, hasta haber sido descubierto por uno de los esposos “biatos”. Esta vez, acial de doña Martina comió carne anhelada por aguiluchos. Acialazos caláronle más en el alma. Toda esa mañana y gran parte de melancólica tarde en ese día, Nicolasito pasó llorando de sentimiento. En verdad no lloraba, más bien suspiraba con respiración entrecortada, más lagrimones salidos de lo más profundo en albores de  adolescencia. Optó por refugiarse en área de servidumbre, habiendo sido Anita Salinas su paño de lágrimas. Hermanitas lo siguieron para acompañarlo en su dolor, tratando de consolarlo, sin conseguirlo. Ya bien entrada la tarde, casi noche, se encaminó hacia bodegas. De ellas extrajo rollo de cueros curtidos de venados. Con ese material, se dispuso a confeccionar par de robustas alas, auxiliándose con tijeras de hojalaterías y agujas capoteras para perforar cueros. Dulces hermanitas fuéronse tras él. Observaron  extraño afán del muchacho. Sarita, mayorcita, le habló así: “Nicolasito, Nicolasito: ¿qué estás haciendo, hermanito?” Él, con inocente serenidad, le contestó: “Estoy haciendo par de alas para volar muy, pero muy lejos… Nuestra madre no me quiere; pues, por chambres de esas viejas santurronas, casi me mal mata; por tanto: he pensado irme a vivir a picos de ese volcán chinchudo, para convivir con aguiluchos”.  “Pero, —lo interrumpió nena Carmencita (futura madre de quien esto relata) —: ¿Cómo es posible?... ¡Cuando esos terribles animales te descubran, serás devorado sin misericordia alguna!”. “¡No!, —contestó el resentido y testarudo mozalbete, y prosiguió—: Aguiluchos sólo comen carne de niños pequeños como tú; pero yo, ya casi soy un hombrecito, pues ayer cumplí doce  años. Además, llevo mis uñas aserradas y afiladas a perfección para dar, si fuese necesario, gran batalla encarnizada; al mismo tiempo, cambiaré mi casco de cutuca por casco más fuerte y más grande… De estas ‘pelotas de tarro’ fabricaré mi mejor casco protector… Aprenderé a volar… Cuando lo haya logrado, aves rapaces me respetarán… Entonces, mis queridas hermanitas, yo vendré por ustedes. Las llevaré a pasear hasta confines de la mar; hasta confines de nubes. Desde ahí, veremos a nuestro Pueblito. Más allá, en  oriente, veremos la hebra de plata llamada Río Lempa; divisaremos, desde lo alto, aquellas  hermosas chiches del Chinchontepec y nos parecerán dos cerritos, pues nosotros estaremos en cumbres gloriosas. También verán cómo caen rayos eléctricos sobre cocoteros… ¡Irán conmigo a la capital!... Pero,… no se vayan a asustar,… porque, entonces,… mis alas podrían fallar y caer por los suelos sin despertarnos jamás,… y no quedar ni para tamales”… Con esta filosofía pueril, rebelde Colachito convenció a sus más inocentes hermanitas. En efecto: al día siguiente por la tarde, niño había concluido sus artesanías… Con alas fijadas a espaldas, antebrazos y brazos; con nuevo casco de ‘pelota de tarro’ y  afiladas uñas, quiso despegar a ras, valiéndose de leve brisa, tal cual despegan aves acuáticas desde lagunas o mares; mas, al no lograrlo, decidió despegar desde copa del árbol copinolero. Antes de intentar esa peligrosa hazaña, puso alrededor del árbol grueso colchón constituido por manojos de zacate de arroz con espesor de 1,50mtrs. Se lanzó al vacío,… mas,… primitivas alas se enredaron en ramas bajas del árbol salvador, quedando, niño Nicolasito, colgando como Dimas y Gestas en respectivas cruces del Calvario. Tío Benito con otros vecinos, incluyendo patrulla municipal del cantón, sudaron gordo para rescatarlo incólume. Doña Martina lo recibió con brazos abiertos, besos y lágrimas. De inmediato, aquella acongojada madre ordenó, a Anita Salinas, darle fuego al desgraciado acial.
                                     @@@@@

Don Macario, anciano vecino avaro, deleitábase, tarde a tarde, admirando amarillo oro de su extenso naranjal; deleitábase, hondilla en mano, apedreando a chejes y a otros intrusos pájaros llegados a picotear las frutas. Don Macario no vendía ni regalaba el producto ambrosiaco. Este anciano era feliz viendo caer y enterrando aquellas hibleas mieles sobrantes de su propio consumo. Nicolasito, con 14 años cumplidos, no lo pudo convencer ni con palabras ni con dineros. Con pícara complicidad de otro adolescente vecino llamado Tonino, se dispusieron a esperar la noche para hurtar las frutas. En efecto: el travieso Colachito se disfrazó con viejo traje negro dejado por difunto padre; puso, sobre espaldas, cierta montura vieja para cabalgar; dentro de cavidad oral, introduciría, llegado el momento oportuno, pequeña lámpara manual de pilas secas. Con esta insólita indumentaria dirigió solitarios pasos hasta morada de don Macario. Eran 10:00pm. Esa hora, entonces (1922), se consideraba hora nocturna avanzada. Frente a puerta principal del anciano, travieso Colacho empezó a danzar con movimientos macabros; mientras, compinche Tonino hacía toreras cortando sabrosísimas naranjas. Al escuchar estos extraños acontecimientos, anciano avaro naranjero se levantó, tomó su machete y dispuso abrir la puerta. En esos precisos momentos, jovencito Nicolás llevó a cavidad oral aquella lámpara encendida y aumentó ritmo contorsional, haciendo demoníaco ruido con cueros viejos de albarda y estribos metálicos de la misma. Al contemplar aquella calavera movediza e iluminada, don Macario se quedó tan estupefacto desmayándose en el acto; ocasión aprovechada por ambos pilluelos para llenar varias redes con tan codiciada fruta. Al día siguiente, anciano amaneció con fiebre delirante y mudo; pero consciente. Todo el vecindario llegó a visitarlo, incluyendo al par de mozalbetes ladronzuelos. Nicolasito, quien le llegó a obsequiar enorme jarrilla de chocolate preparada por doña Martina, al mismo tiempo se puso a sus apreciables órdenes para ayudarle a cuidar el naranjal en noches subsiguientes.
                                     @@@@@
        
Incierto forastero, secretario municipal recién llegado al Pueblito, pretendió enamorar a joven viuda. Para ello, durante 03 ó 04 consecutivas noches visitó hogar de doña Martina. “Señor de la casa” pronto descubrió  intenciones idílicas del secretario. Empleando mismas indumentarias para asustar al avaro naranjero; más complicidad de otro rapazuelo llamado Raúl, esperaron, a distancia de 200mts de morada cantonal, al mentado Casanova o Juan Tenorio, cuando éste regresaba de 4ta visita. Ambos mozalbetes, bailando cuales endemoniados, le salieron al paso y no lo dejaron avanzar por callejón real del cantón. Asustado tunante, desesperado, lanzaba alaridos destemplados; pero, encallejonado, sólo tuvo opción de romper, con el pecho, aquellos tupidos cercos de matial espinudo protectores de guatales de señorita anciana Juanita Méndez. ¡¡Magnífico remedio!! Truhán municipal no volvió a importunar a la, 18 años más tarde, abuela de este narrador.
                                              @@@@@
        
Nicolasito creció. Al quedar huérfano también de madre, cuando frisaba 22 años (1930) dispuso contraer matrimonio con señorita Graciela Salinas Vasconcelos, originaria y vecina del cantón Santa Cruz Porrillo, jurisdicción municipal del mismo Pueblito. Doña Graciela es descendiente (está viva) del señor don Simón Vasconcelos: ciudadano vicentino ilustre quien, en 1824, representando a entonces Provincia de San Vicente, —ahora departamento—, fue electo, por mayoría calificada, Diputado Propietario a Asamblea Nacional Constituyente Centroamericana con sede permanente en Ciudad de Guatemala cuando América Central era una sola nación. También desciende de don Doroteo Vasconcelos. Éste, allá por 1840-50, fue, por dos períodos consecutivos, digno Señor Presidente Constitucional en nuestra República de El Salvador. Doña Graciela Salinas Vasconcelos de Cañas es pariente muy cercana de don José Vasconcelos, sabio filósofo salvadoreño quien desde muy niño fue llevado por sus padres a radicarse en México, adoptando aquella nacionalidad. Es hermana de don Isabel de Jesús Salinas Vasconcelos, apodado “Sultán de Santa Cruz Porrillo”. Este sultán es cuñado de quien relata y está retratado de cuerpo entero en otro cuento titulado “Los Concuños”, pero no incluido en “Historias Escondidas de Tecoluca”. Nicolasito dejó de ser El Señor de la casa para convertirse en don Raymundo Nicolás Cañas Merino o, don Colacho, a secas. Después, en San Lorenzón. Aún en adultez, tío Nico siguió con sus aventuras sui géneris.
                                                   @@@@@

Recién casado vivió en propiedades agrícolas-ganaderas de  respetables suegros, donde engendró y procreó a sus dos primeras nenas (Emmita y Glorita); luego se fue a vivir a inmensa residencia en  barrio El Calvario del inenarrable Pueblito; residencia comprada a su tía paterna: doña Clarita Cañas, contiguo a basta heredad de don Buenaventura Alférez, con quien no fue muy buen vecino, que digamos. Después, en otro extremo, fue vecino inmediato de Adela Campusano, protagonista del capítulo “El Aprendiz de Brujo” en “Historias Escondidas de Tecoluca”. Allá, en Santa Cruz Porrillo y acá, en barrio El Calvario, siempre tuvo fama familiar por sus ocurrencias.
                                                @@@@@                  
         Tenía cierta perra de raza aguacatera4 llamada Titina. Esta perra era bastante inteligente. Tío Nico le enseñó a modular primitivas cuerdas bucales para que, además de pronunciar el clásico guá… guá… guá… pronunciara letra J en combinación con cinco vocales. En efecto, el animal podía ladral así: eje… ajo… ejo… ija… ojo… etc. Cuando salían de cacería, perra rastreaba olfateando fértiles terrenos y  bosques todavía existentes. Educado animal, al descubrir cueva o madriguera, de inmediato comenzaba a mover su largo rabo y a ladrar con tosco idioma monosilábico enseñado por amo Cañas. Al ladrar con insistente: ejo… ejo… ejo…, tío Colacho desmontaba, luego, con tosco huisute, cavaba, hasta encontrarse con acorralado, asustado y sabroso conejo. Si mismo monosílabo era en alguno de numerosos ríos o riachuelos ya desaparecidos, tío Nico se desvestía. Al levantar o buscar bajo piedras, se encontraba con nidadas de suculentos cangrejos. Si la perra ladraba a la par de un árbol y dirigía mirada hacia copa del mismo, era señal inequívoca, al ladrar fuerte: eje… eje…, que en alguna de gruesas ramas se escondía un pájaro carpintero o cheje.
                                                    @@@@@
       
Cierta vez, estando de visita dominguera en casona céntrica pueblerina del poeta don Juan Pablo Espinosa Aguilar, Titina  empezó a ladrar en interior del hermoso patio, cada vez con mayor inquietud, mientras aquellos dos hombres conversaban sentados en sillas mecedoras de sala amplia y lujosa. Tal perra no cesaba de ladrar: ija… ija… ija… Don Juan Pablo, aedo4 anfitrión, intrigado y algo disgustado por insistencia canina, sugirió a San Lorenzón llamar la atención al fastidioso animal. Tío Colacho, amable, apaciguó a don Juan Pablo explicándole poderes olfativos de aguacatera perra. Ambos salieron al patio para observar más de cerca a insolente aguacatera. Ésta continuaba rascando piso de grama, moviendo cola y repitiendo primitivo y clásico monosílabo, sin advertir presencia de ambos humanos.
        Vea don Juan Pablo, — dijo tío Nico, llevándose puño derecho hasta propio mentón, en señal de alguna seria preocupación—, este animal algo raro ha descubierto. Si usted observa, no se ha movido del mismo lugar en el cual ladra y rasca; consígase un “huisute”, o una barra de hierro bien afilada, para poder cavar en ese mismo lugar.
      Así lo hizo don Juan Pablo. Ambos, descamisados, con calvas sudorosas relucientes, comenzaron a cavar, mientras, el can, se retiraba a descansar bajo hermoso arbusto de mirto en flor, bajo cuya sombra, doña Rafailita, soltera anciana, hermana de don Juan Pablo, le daba de comer a urracas cautivas. Perra, jadeante, dio tres vueltas alrededor de su propia cola, echándose a los pies de señorita Espinosa. Ambos varones cavaron hasta profundidad de casi un metro. Don Juan Pablo, —viejo poeta local, bohemio célebre, descendiente de gentes cultas, adineradas del siglo pasado o XIX, con estudios politécnicos  universitarios en Ciudad de Guatemala—, pronto se aburrió; pues estaba de goma o cruda. Sugería al tío Nico abandonar inútil faena. De nuevo entraron a deslumbrante sala. Don Juan Pablo se dispuso a tomar primer coñac del día; mientras, la chucha volvía a ladrar en mismo lugar escarbado a medias. Aquellos sudorosos hombres reanudaron difícil tarea. Al momento de haber profundizado una cuarta más, huisute topó con algo sonando a hueco. Ambos, con más cuidado, ampliaron y profundizaron tal fosa; en tanto, la chucha saltaba de alegría alrededor de su amo. Extrajeron  enorme y antiguo cántaro de barro, en cuyo interior encontraron muchas viejas monedas españolas de siglos XVII y XVIII, acuñadas en plata y en oro; asimismo: cadenas, cordones, medallas, crucifijos, camándulas, patenas, escapularios, copones, juegos de mesa de comedor y más alhajas, todas labradas en codiciado metal áureo o argéntico. También encontraron: diamantes, rubíes, esmeraldas, topacios y, hasta  oración “Magnífica” caligrafiada con tinta china,  ribetes de oro, en pergamino cuero de cordero o de venado. Cruda de don Juan Pablo se curó; no tanto por 3er coñac, sino por fabuloso hallazgo. Tío Nicolás, con  serenidad característica de familia Cañas-Merino, le dijo:
         Ya ve, don Juan Pablo, ese ija,… ija,… ija,… insistente de mi perra, era inequívoca señal para encontrar esta rica botija.
El vate5 Don Juan Pablo quiso comprar la perra aguacatera; pero, San Lorenzón rehusó el negocio; entonces, señor Espinosa invitó a sus huéspedes (perra ya era huésped) a pasar al profundo traspatio de céntrica y pueblerina casa-palacete. Así lo hicieron. La chucha olfateó por todo rincón, deteniéndose en raíces de viejo tronco de árbol guayabero. De inmediato comenzó concierto: ejo,…ejo,… ejo,… ejo,… Vate Espinosa invitó al tío Nicolás para escarbar en ese nuevo lugar; mas, tío Colacho, aduciendo razones religiosas, pues iba a misa dominguera de 09:00am, se despidió de don Juan Pablo en preciso momento de iniciarse 3er repique en campanario católico inmediato. Bohemio Espinosa, ya a solas, se dio a para él, agradable tarea. Cavó, cavó, hasta derribar el viejo guayabero… A 03:00pm en ese mismo domingo, poeta bohemio hacía primera, inesperada  y extraña visita a residencia del barrio El Calvario. Medio ebrio, suplicó a San Lorenzón volver, con todo y perra, para que ésta olfateara de nuevo; pero tío Nico adujo razones de cansancio. Al final, para dominar terca insistencia del señor Espinosa, le tradujo último mensaje de la chucha, diciéndole:
No, don Juan Pablo, no; mi perra no dijo: ija,… ija,… ija,… cuando usted nos llevó al traspatio; mi aguacatera dijo: ejo,… ejo,… ejo,… e insistía con el mismo monosílabo. Yo interpreté y analicé el lenguaje de la siguiente manera: bueno,… ahí no podía haber conejos ni cangrejos, pues es área urbana central del poético Pueblito, un “neoyorkcito” primitivo… Miré hacia mustia copa del guayabero sin encontrar algún pájaro azulejo;… entonces,… mi querido poeta,… con lo manifestado por usted en este momento, yo deduzco: la perra quiso decirle: pendejo… PEN-DE-JO.
                                         @@@@@

Una noche,… media noche,… tío Colacho cabalgando, atravesaba largo llano agro-ganadero “La Raya” en hacienda El Obrajuelo, —propiedad de don Antonio Miranda Jiménez, su primohermano del alma—. De pronto,  chucha Titina, temblorosa, empezó a ladrar con característico ejo,… ejo,… ejo,… Tío Nico, muy contrariado, pues le urgía estar en casa lo más temprano posible, porque estaban esperando el “esperado”, por deseado, nacimiento de Dagoberto, 5to descendiente y primer varón del matrimonio, regañó a la perra diciéndole: “Mira Titina, yo no quiero saber nada de conejos, ni de azulejos, ni de cangrejos; yo sólo deseo estar pronto en casita, para ir a traer a la comadrona Socorro, cuando Graciela, mi esposa, dé a luz a nuestro 5to niño o niña, sólo Dios sabe; además, estoy desvelado; así es que: déjate de payasadas”. Necia perra continuó ladrando con mayor insistencia e intensidad; entonces, tío Nico, con pistola calibre .45 en diestra y lámpara de 5 pilas en otra mano, alumbró hacia chaparral inquietante de la perra. ¡Cuál fue su grande y desagradable sorpresa!,… aquella perra ladraba a un horrible, diabólico y amenazante negro “Cadejo”, cuyas pupilas rojas brillaban con mayor intensidad que brazas sopladas por fragua del herrero tecoluquense: Chele Salinas.
         La perra murió de vieja cuando tío Nico, su amo, trataba de enseñarle a pronunciar: gua-naba, Guá-temala, Gua-dalajara o Guan-tánamo. Sólo pudo articular la palabra guagua (autobús en Cuba). Tío Colacho nunca logró tener otro can con características intelectuales de aquella maravillosa perra.
                                  @@@@@

Hay mil y un episodios más sobre agradable vida del tío Nicolás; pero, para no aburrir tanto al amable lector, paciente además, aquí concluiremos estas historietas. 999 cuentos restantes, serán escritos en otra oportunidad. Si no los escribe este su sobrino, los escribirán sus hijos: o Dagoberto, o Francis, o Emmita, o Glorita, o Argelita, o Sarita, o Freddy, o Rinita.  En última instancia, tía Graciela, su viuda, pues ellos descienden de famosos intelectuales y literatos apellidados Vasconcelos, tal cual ya dijimos.

1—IRCA = Ferrocarriles Internacionales de Centro América, por siglas en idioma inglés                                                       
2—PISTO = Dinero.      3—AGUACATERA = Perra de raza indefinida.     4—AEDO = POETA   5—VATE = Poeta

                                    FIN
                         04 de mayo en 1996.