HAMBRE ROBA AL HAMBRE
Por Ramón F Chávez Cañas
El hambre le roba al hambre/ como robarse un alambre
ferroso, ya corroído/ sin protección o pelambre
para evitar los calambres/ en garras desprotegidas
y atrevidas al hurtar/ tres tramos electrizados
cuando se quiere robar/ yardas de redes tendidas
sobre empedrados rurales/ o ejes pavimentados.
Hambrientos del tercer mundo/ nunca le roban a ricos
porque ricos nauseabundos, / además de pisiricos1 ,
cuatro hombres o guardaespaldas/ más treinta tristes guardianes
le protegen sus estambres/ o cuerpo de hombre rufián.
Este rico puñetero/ ladrón y rey de haraganes
es cruel perfecto arenero2 / protegido por Satán.
Entonces al pobre hambriento/ no le queda otro remedio:
sólo atracar al jumento3 / o resignarse a su tedio
de haber sido empobrecido/ por vil burguesía criolla
ladrona de los Realengos4 / y usurpadora de Ejidos5
en siglo decimonono6 / cuando un Zaldívar o “joya”
ladrón de la Presidencia/ le regaló a forajidos
tan ubérrimos terrenos/ para siembra de café,
quedando el pobre guanaco/ solo con su buena fe
arándose las espaldas/ para sembrar el maíz
sobre agrestes serranías/ plagadas de pedregales
donde el grano de los mayas/ apenas echa raíz
y casi por mero azar/ se cosechan frijolares
porque rufianes de criollos/ o comparsas en sus robos
se adueñaron de Ejidales7. / Estos morenitos torbos
con raquíticos guatales/ se creyeron ser caciques
para deshacer embrollos/ en pro del macro ladrón.
Guanacastros sin cerebros/ se ganaron los repiques
cuando Indio Anastasio Aquino/ armó aquella rebelión.
Un pobre hurta a otro pobre/ cuando aquél es muy tramposo
porque no puede estafar/ al estafador ocioso.
Éste, en tiempos del Zaldívar, / las praderas estatales
o inmensas caballerías/ también llamadas Realengos
robó; do nuestro Jaguar/ y sinfín de venadales
vivían en paraísos/ de Nonualcos no terengos8;
pero ladrones genéticos/ con raíces de/ ibéricos
más patrañas pendencieras y caracteres histéricos
con perfidia escrituraron/ gruesas y gruesas9 de hectáreas
en praderas, serranías/ para añil y cafetales,
dejando a empobrecidos/ indios, infértiles áreas
o minifundios sarcásticos/ que antes fueran ejidales.
Cuántos millones daría/ yo por poder poseer
un diccionario especial/ que pudiese contener
cien mil palabras soeces/ en nuestro idioma español;
porque hasta ahora no encuentro/ las palabras adecuadas
para insultar a canallas/ o ladrones sin pudor
que asolan nuestro planeta/ en infinitas oleadas.
Decirles hijos de P/ es como condecorarlos;
asimismo hijos de R/ equivale a/ indultarlos;
pues éstos no tienen madre/ o si la tienen es P
y al gritarles las verdades/ no tienen porque ofenderse
si se les deja robar/ a quien se deje, bien sé,
pues dineros estatales/ se lo roban sin joderse.
1º-- PISIRICO = Avaro, tacaño, chucho; 2º-- ARENERO = Perteneciente al partido politicastro electorero y ladrón, nunca antes visto en El Salvador; 3º-- JUMENTO = Burro, asno; 4º-- REALENGOS = Inmensas extensiones de tierras pertenecientes antes al rey de España y, después de la independencia, pertenecientes al Estado salvadoreño; luego, en 1879, robadas por criollos ladrones; 5º-- EJIDOS = Parcelas pequeñas que el rey español asignó en periferias de cada municipio salvadoreño para cultivos de granos básicos y ganadería menor. Estos terrenos eran comunales. Cada año el Alcalde sorteaba entre jefes de familia l las áreas necesarias para cultivar cada año; 6º-- DÉCIMONONO = Siglo XIX; 7º-- EJIDALES = Conjunto de ejidos; 8º-- TERENGOS = Apodo despectivo con el cual los arenazis se referían al guerrillero salvadoreño JAGUAR, jamás guanaco; apodo mencionado con mucha frecuencia por Roberto Dabuisón Arriata, asesino intelectual de Monseñor Romero; 9º-- GRUESAS = Una gruesa = 144 hectareas.
28 de octubre en 2011