Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

lunes, 20 de febrero de 2012

EL BAILE DE GALA


E   L        B   A   I   L   E        D   E         G   A   L   A
      Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
           Escrito por Ramón F Chávez Cañas


       PERSONAJES PRINCIPALES
        ZURRÓN: éste era muchacho sanvicentino frisando en 30 años de edad; de estatura algo menor a la mediana; gordito sin ser obeso ni atlético. De tez blanca ladina; cabellera, barba y bigotes castaños; locuaz cuando estaba cerveteado o tragueado; dueño de cierta agencia Philips (venta de electro-domésticos) en ciudad San Vicente; un donjuán de ambiente pueblerino; desnalgado, usando pantalones tronconeros. El apodo de Zurrón puede también convertirse en Turrón.
        CARLITOS VILLALTA ORANTES: muchacho tecoluquense con similar edad a la del Zurrón; pero más alto, más delgado y más fornido. Callado mientras gozaba con Baco (dios romano del vino); no obstante, al ser provocado, se volvía peligrosa fiera empuñando su esmitingüeso especial de seis pulgadas, heredado de su recién difunto padre: arma nueva, pavón azul, calibre .38.
        GLADIS BARRERA LÓPEZ: exquisita muñequita diamantina tecoluquense de ojos verdes; cabellera larga, rubia natural y frondosa; blanca, delgada, esbelta, alta, sin envidiarle nada a las mises universo. A 18 años estaba en plenitud de su belleza; siendo codiciada por todos aquellos galanes en 30kms a la redonda. Mal envidiada por casi todas las féminas locales, al punto de apodarla: Chele ojos de gargajo, o Chele pelo de melcocha, o rubia oxigenada.
        MONCHITO CHÁVEZ: estudiante, también tecoluquense, del último año de bachillerato en Instituto Nacional Doctor Sarbelio Navarrete de ciudad San Vicente. Él y Gladis, nacieron en mismo mes y año. Monchito era alto (1.88mts.), delgado (60kgr. ó 130libras), blanco rosado y bien calificado en estudios; por cuyas cualidades había sido escogido como abanderado de su colegio en próximo desfile cívico-militar del quince de septiembre, fecha de falsa independencia centroamericana.

AMBIENTACIÓN
        LUGAR: casa del “Club Social de Tecoluca”, departamento de San Vicente, El Salvador, Centroamérica, ubicada en una esquina frente al primer local ocupado por antigua ANTEL (hoy privatizada) u oficina de teléfonos y telégrafos nacionales; frente al hogar de señorita Gladis, en barrio San José Pasaquina (salida hacia el Rión y al cantón El Palomar). Casa con amplios salones y servicios para múltiples menesteres del club.
        FECHA: sucedió la noche del nueve de agosto en 1957, víspera del Santo Patrono del Pueblito: San Lorenzo Abad y Mártir. Tal Baile de Gala estaba siendo amenizado por marimba-orquesta “Alma Vicentina” la cual, pocos años más tarde, se convirtió en la ahora famosa “Orquesta Internacional de los Hermanos Flores”.
                                                 *****
        Por supuesto: aquella Reina de Fiestas Patronales era la encantadora señorita Gladis Barrera; por tanto: el Baile de Gala estaba dedicado a ella. A 00:00hrs sería coronada por señor alcalde municipal, don Andrés Roque Portillo, y salutada por magnífico poeta, de madre tecoluquense y padre sanvicentino.
         Mentada fiesta danzante comenzó a 09:00pm, cuando Santo Patrono había regresado a su templo y colocado en cúspide del altar mayor, su sitio habitual, después de haber sido paseado por todos los barrios y contornos del Pueblito. Soberbia alborada con pólvora de colores y estrépito de morteros, habíase iniciado. Asimismo, sillas voladoras, caballitos, chicaguas (corrupción idiomática de Chicago), chicagüitas, carros locos, el gusano, loterías de cartón y más, inundaban el ambiente con cacofónicos sonidos. Ponches, panes con pavo, pasteles y otras golosinas, hacían su agosto. Periquitos de la suerte, desvelados, continuaban sacando papelitos; en tanto: fotógrafos callejeros con sus telones negros doblados; con trajes y sombreros de charro al servicio de quien los pidiera en fotografías; con caballitos de palo a la orden de  niños a fotografiar; con baldes de hojalata llenos de agua en donde revelaban negativos, y con enormes cámaras de trípodes toscos guardadas, descansaban bajo portales exteriores, esperando el ansiado día siguiente, para, también ellos, continuar haciendo su agosto.
         A 23:00hrs, salones del centro social estaban al tope de su capacidad; corredores interiores y área de cantina al fondo de aquella construcción, repletos de consumidores quienes, entre chascarrillos, libaciones y risas, daban más esplendor al momento. En esa alegre muchachada estaba, entre otros, Carlitos Villalta Orantes, ya descrito. La reina electa, vistiendo traje blanco largo acampanado, guantes de seda de similar color y hasta los codos, disfrutaba su trono constituido por varias redes grandes de maíz en elote. Sobre de ellos, el sillón real: butaca en forma de abanico, muy bien engalanada con papeles de estaño dorado. Reina, ansiosa, esperaba doce campanadas para ser coronada, recibir el cetro y salutación hecha por el laureado poeta. Toda la selecta concurrencia masculina vestía sus mejores galas (saco y corbata).
        
          De repente, a esa hora, hace su intempestivo ingreso el sanvicentino Zurrón o Turrón, quien llegó en pechos de camisa manga larga color caqui; con pantalón de mezclilla (vaquero); mas, en desnalgada cintura se apreciaba ancho cinturón repleto de balas; a la derecha del cinturón colgaba, envainado, un pistolón color plata Colt .45. Al momento de ingresar, se le observó algo embriagado con alcohol etílico; sin embargo, la gente continuó bailando. Zurrón se paseó solo por el salón y sus interiores, pues nadie, al parecer, lo conocía. Pasado breves minutos, éste encontró a Monchito Chávez Cañas, su único conocido, pues Monchito estudiaba en ciudad San Vicente; pero no eran amigos. Con desaforado grito de alegría, Zurrón se abalanzó sobre el estudiante para darle efusivo abrazo en señal de saludo amistoso. Luego le dijo:
          Mira Monchito: yo ando con varios amigos sanvicentinos. Venimos de vacunar algunas reses allá en cantón San Carlos Lempa, por eso traigo esta vestimenta informal. Mis amigos prefirieron quedarse en el burdel de Simona Gálvez. El jeep lo hemos dejado frente a ese burdel. Yo preferí venir hasta acá porque quiero ser primero en bailar con la Reina... ¡Esa mamacita está de chupete!
         El estudiante replicó:
Dices bien, Zurrón; pero, debemos esperar una hora más, o sea, hasta después de la coronación y la salutación poética. En seguida de la primera pieza, la cual por protocolo corresponde al señor alcalde; la segunda, siempre por protocolo, le pertenece al poeta Manuel Amancio Cornejo Garay. Las demás, parecen estar comprometidas con Mundito Najarro, muchacho sanvicentino conocido tuyo y condiscípulo mío.
Con tono subido e inesperado, Zurrón despotricó:
¡A mí me valen verga el señor alcalde, el mentado poeta y Mundito Najarro; también me paso por los “güevos” (huevos, testículos) la tal coronación! ¡Venite, vamos a bajar de los matates a la chulada esa; pues ando muy preciso! ¡No puedo esperar por babosadas!
Monchito, sobrio, trató de hacer entrar en buena razón al impertinente recién llegado. Esto les consumió otro par de minutos. A esas alturas, Carlitos Villalta Orantes, quien libaba con sus amigos en la barra, fue avisado. Se acercó a una de tantas puertas interiores del salón principal. Desde ahí, con señas y gestos, llamó al futuro bachiller para ser enterado por éste de las necedades del desnalgado soez. Preguntó:
Primito: ¿quién es ese carajo, vos? ¿Por qué te habla golpeado? ¿Le debes algo?
No,  Carlitos, ―contestó  el calmado estudiante y prosiguió—: él es conocido mío. Pretende bailar de inmediato con nuestra Reina...
Carlitos Villalta Orantes, de tajo interrumpió al primito para, con tono indignado, decirle:
― ¡Andá a sugerirle a ese caballero cómo debe comportarse, o se las verá conmigo!
El estudiante regresó al desnalgado. No dio el recado para no alborotar más al ya alborotado bailarín, quien, más porfiado, hacía ademanes bélicos y continuaba despotricando contra la concurrida fiesta y de la Reina. Sonidos agradables de la marimba-orquesta disimulaba el mal palabrerío del Zurrón; pero, Carlitos Villalta Orantes, desde el patio inmediato, no despegaba el ojo hacia el escandaloso; mientras tanto, el casi bachiller seguía cundundeando (tratándolo con educación) al imprudente forastero. Valiente larguirucho Villalta Orantes perdió la paciencia. Dando cuatro o seis largos  veloces pasos, se hizo presente al lugar central de la necedad. Cual relámpago, sacó de su pretina cubierta por el saco, un revólver  “Spetial Smith & Wesson”, el mismo descrito antes; se dirigió al intruso, después de haberle colocado la trompetilla del arma en axila derecha (sobaco), le dijo:
— ¡Óigame caballero: ¿por qué usted quiere tener a mi primo como su guachimán?! ¡Arriba las manos o lo cocino a balazos!
Dirigiendo fugaz mirada y firmes palabras al primo, Villalta ordenó:
Monchito: ¡Quitasle el arma!... Sacasle el cargador... Pajeá esa babosada... Recogé la bala. Vaciá el cargador... Quitasle el cinturón. Registrasle hasta las botas... Mirá si no anda cuchillos, ni más municiones.
El futuro estudiante universitario cumplió a cabalidad, dando palabras de consuelo al Juan tenorio humillado.
En este punto, desparpajo de bailadores y de músicos fue inenarrable. Don Paquito Cornejo, saxofonista estrella del conjunto, salió disparado cargando sobre hombros el finísimo instrumento. Reina de tacones altos, casi queda enredada en cordeles de matates, habiendo dejado, sobre elotes del trono, el carísimo par de zapatillas elaboradas a mano por obreros especializados de don Paquito Cornejo quien, ─además de excelente filarmónico─, era magnífico empresario zapatero. Doña Eva Angelina, madre de aquella Reina, por salir en estampida se olvidó de la hija. El salón quedó vacío de mujeres; sólo unos pocos hombres se quedaron de expectantes.
         Carlitos, con admirable serenidad, tenía siempre “camán” (manos arriba) a Zurrón... Éste estaba mudo y pálido, quizá porque Villalta Orantes le restregaba trompetilla de la mitingüeso en costillas y sobaco, además de tenerlo sujetado por parte posterior de la pretina, haciendo, donjuantenorio, forzada pinganilla de balletista consagrado. El bachiller in fieri terminó de registrar al imprudente. Luego se le devolvió el esqueleto del arma; también ¼ L de aguardiente marca “La Vicentina” encontrado en sus botas. Fue despedido con la advertencia siguiente hecha por Carlitos:
― Usted ha venido para arruinarnos la fiesta; mas, por eso no merece morir todavía... Tome su libra de moho (el arma) y márchese ya del Pueblito... La fiesta continuará... A 03:00am, cuando el baile haya terminado, lo iremos a buscar... Si lo encontrásemos, sin misericordia  le daremos mecha (matar).
Zurrón salió cabizbajo quizá rumbo al burdel de Simona Gálvez. Músicos y escasa gente junto con la Reina, reingresaron al salón. El señor alcalde no regresó. Madre de aquella Reina quiso coronarla; mas, corona y cetro no aparecieron. Mundito Najarro, novio oficial de la Reina, fue notable por su ausencia. Al poeta Cornejo Garay no le importó extravío de joyas reales; él, algo tembloroso por recién pasado susto, extrajo de bolsas interiores de su saco un largo pliego de papel bond escrito a máquina con versos endecasílabos, cuya primera estrofa decía más o menos así: “¡Salud, insigne reina de este hermoso/ edén de hombres valientes y de rosas!/. Eres tú,  entre todas las preciosas/ quien inspira hoy mi canto fabuloso”//. Temblorosos filarmónicos, desafinados por nerviosismo, tocaron Marcha de Coronación sin corona. Esta pieza musical y dos más, fueron ofrecidas al poeta Cornejo Garay en ausencia del alcalde y de Mundito. Cornejo Garay era un chuchacuta (persona ágil) bailando “Adiós Muchachos” y “Tango uno”. En seguida, aquel laureado poeta tomó el timón de su flamante automóvil, en cuyas puertas se leía el logotipo: “Café Pilón”. Hizo andar el motor y se retiró del Pueblito con rumbo a San Salvador. Tan timorata ausencia de Najarro fue sustituida por presencia del gallardo Monchito, quien se deleitó bailando y conversando con aquella preciosura salida de Las mil y una noches. Villalta & friends (amigos), volvieron a sus puestos en la cantina hasta cuando el cantante, Francisco Flores (Chicón), daba  gracias a selecta concurrencia por atención prestada. Escasa flor y nata residual, bajo leve llovizna atemporalada, presurosa buscó refugio del hogar. Carlitos, Monchito & Co., salieron en compacto grupo. Al llegar al ya desolado campo de las ruedas, en esquina opuesta a desaparecida comandancia de Guardia Nacional local, (mal llamada la benemérita), ahora ocupada por Alcaldía Municipal; sobre gradas iniciales del portal perteneciente entonces al siempre bien recordado bachiller don José Gilberto Parras, estaba el sentenciado sentado con codos sobre muslos y cara sostenida entre ambas palmas, simulando, aunque en otra posición, al Pensador de Rodin. Indignado Villalta Orantes, con su lámpara de cinco pilas nuevas, alumbró al solitario bulto. Al instante reconoció al ex altanero. Dirigiéndose a él, le dijo:
― ¡¿No te has ido gran jueputa!?
Ex bellaco, con cara desconsolada e indescriptible, contestó así:
Por favor, don Carlitos, no me vaya a matar... Mis amigos me dejaron...A pie no puedo irme... Usted sabe los peligros de estos 12kms hasta ciudad San Vicente... Aquí en Tecoluca no tengo a nadie, tampoco hay hospedajes decentes.
Intervino el ahora Doctor en Medicina y apaciguó al obligado pistolero. Entre todos acompañaron a Zurrón hasta burdel-pensión del Primohermano (apodo), donde el sanvicentino frustrado pernoctó el resto de la madrugada, tal vez acariciado por alguna de tantas famélicas prostitutas.

Y, calabaza, calabaza, cada quien para su casa.
FIN
                                                   16 en septiembre del 2004.-

miércoles, 15 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 32ª entrega



H   E   R   E   J   Í   A   S
 Trigésima segunda entrega
 Autor: Ramón F Chávez Cañas


CCXII
Además de a Saúl, / David asesinó
a Nabal y a Uría; / a Absalón y a otros más
hasta alcanzar docena./ Entonces, Jëhová
rompiendo sus preceptos/ “digno” rey le nombró.

Tal biblia a este asesino/ siempre lo defendió
y sigue defendiéndolo/ cual palomo torcaz
en contra de cien pruebas/ mencionadas atrás.
¡Escriban otra biblia, / pues ésta colapsó!

Si cristianismo quiere/ vivir veinte centurias
más de las ya vividas, / debiera divorciarse
de ominosos jerarcas/ del viejo testamento.

De Enoc a Malaquías, / esas razas espurias
han sido bandoleras/ buscando congraciarse
con su dios nacional/ torpe de entendimiento.

CCXIII
El papa Sixto Quinto/ tuvo orquesta-coral
allá en su Vaticano/ del siglo dieciséis.
Castraban1 a infantes/ desde la edad de seis
hasta los nueve añitos, edad angelical,

para obtener de/ ellos/ una voz celestial
superior a soprano propia de la mujer
permanente en la vida/ del desdichado ser.
Pero sólo unos cuantos/ de trescientos total

llegaron a sopranos/ de orquesta vaticana.
Sobrantes: descartados, / con futuro arruinado;
pues papa Sixto Quinto/ y su corte inhumana

sólo escogía al As./ El resto: desahuciado.
Eran niños muy pobres/ de la tierra italiana
cuyos padres creían/ promesas del papado.

CCXIV
Tales operaciones/ se hacían en secreto.
Tan vulgares barberos2/ eran los cirujanos.
Castraban a indefensos/ en parajes lejanos
cercenando testículos/ en un lugar discreto

o cortando conducto/ seminal en directo
o con maceración/ hecha por infrahumanos
al servicio del papa, —¡vil rey de los cristianos!—,
en tan tiernitas gónadas3. /¡Jamás eso es correcto!

Con grandes cantidades/ alcohólicas etílicas
eran anestesiados/ míseros campesinos
o con opio, morfina, / o bebidas metílicas4.

Tanto exceso de drogas/ causaba muchas muertes.
E/ ignorada asepsia/ abría otros caminos
para los cementerios./ ¡Ah, qué malditas suertes!

CCXV
El papa Sixto Quinto/ repudiaba a mujeres.
No las podía ver/ cuales aves trinando.
Prefirió castración/ en menores llorando;
pues era grato a dios/ cumpliendo esos “deberes”.

Porque a dios le ha gustado/ la voz de aquellos seres
del sexo masculino/ virilidad dejando
en busca del dinero/ que estábales faltando
a/ engañados padres/ pobres y sin quehaceres.

En verdad: eunucos5 / superaban en cantos
a mujeres sopranos/ por papa despreciadas;
mas, eso no es motivo/ para los desencantos

de tanto rapaz mísero/ de aquellas desgraciadas
familias proletarias/ anegadas en llantos
al perder a varones/ por promesas viciadas.

CCXVI
Segunda necesidad, /después de la alimenticia,
en nuestro Reino Animal, —¿Por qué no en el Vegetal
con sus flores y semillas/ viviendo sexualidad?—.
No viene al caso, por hoy, / tocar eso con malicia;

aunque/ árbol se alimenta/ con más o menos codicia
del agua, del aire y luz/ como su par animal.
Árbol no tiene vitelo/ ni cordón umbilical
sólo raíces al suelo/ y terquedad de estulticia.

Árboles hermafroditas/ hay en bajo porcentaje.
Ningún humano se atreve, / mucho menos teosofías
a llamar pecaminosa/ usando vulgar lenguaje,

a tal creación de su dios/ con razón y sin porfías.
Bellos árboles frutales/ nos dan inmenso bagaje
para poder subsistir./ ¡Ellos bridan calorías!

CCXVII
Principal preocupación/ de toda especie viviente
es procurarse alimento/ para continuar viviendo.
La segunda prioridad/ de todo ser existiendo
es prolongar sus raíces/ más allá de su poniente.

Este soneto estará/ enfocado sólo a gente
pues en resto de animales/ nunca nadie ha estado viendo
señales homosexuales/ ni lesbianas. Yo no entiendo
por qué en “imagen de dios”/ bulle está idea demente.

Los siguientes dos tercetos/ se quedan obnubilados
al no poder explicar/ razones de gran Creación
científica o religiosa/ de acuerdo a cada albedrío.

No podemos adentrarnos, / ni laicos ni los togados
en tan profundo problema; / tampoco la religión
de cualquier credo teosófico/ puede hablar de esto impío.

CCXVIII
Volviendo a especie humana, / con mil taras, tres virtudes,
si taras deben llamárseles/ a ciertas ambigüedades
de preferencias sexuales/ desde tempranas edades
cuando deciden tomar/ por sus propias actitudes

a compañero sexual/ con extrañas aptitudes;
pues siendo del mismo sexo/ y sentir necesidades
anidadas por defectos/ en sus propias mocedades.
¡Esto ha ocurrido por siempre/ en viejos y juventudes!

Hasta este siglo veintiuno/ desde albores de la Historia
las ciencias y teosofías/ se han declarado ignorantes.
Ni genetistas actuales/ ni viejos endocrinólogos

no han podido descubrir/ para darse vana gloria:
tampoco tantos cristeros/ y miles, miles de orantes.
Lo mismo se han estrellado/ ejércitos de sicólogos.

CCXIX
En dos libros del Samuel/ de “santa” biblia judía
se describe al rey David/ cometiendo bajos actos
con cierto hijo de Saúl —otro rey de toscos tactos—.
Jonatán era el amante/ en “sagrada” sodomía6.

¿Quién fue activo y quién pasivo/ en esa bíblica orgía?
¿Por qué Jehová permitió/ tan impúdicos contactos?
¿Por qué Moisés o quien fuere/ describe tan sucios pactos?
¡Eso le resta valor/ a biblia de satrapía!

Ni diosas ni dioses griegos, / mucho menos Jëhová,
han tenido algún poder/ para enmendar tal error
existente disfrazado/ desde mismos paraísos:

desde paraíso persa —un edén no terrenal—,
hasta terráqueo judío, —edén de inmenso terror—.
San Juan, según los malévolos, / tuvo feminoides rizos.

1—CASTRABAN = Capaban; 2—BARBEROS = Peluqueros; 3—GÓNADAS = Testículos; 4—BEBIDAS METÍLICAS = Alcoholes de madera, mil veces más tóxicos o mortales que el alcohol etílico o aguardiente; 5—EUNUCOS = Sin testículos; 6—SODOMÍA = Fornicación activa o pasiva entre dos sujetos del mismo sexo.

C O N T I N U A R Á

viernes, 10 de febrero de 2012

HOMICIDIOS POR HONOR


                    HOMICIDIOS POR HONOR
   Tomado del libro “Historias Escondidas  de Tecoluca”
                cuyo autor es Ramón F Chávez Cañas


Ocurrió el año 45 del XX, en aquel apartado Pueblito de nuestra pequeña y única república. Ocurrió a mediados de agosto, cuando Hirohito japonés se rindió después de aquellos dos inmediatos bombardeos atómicos ordenados por uno de tantos genocidas gringos apodado o apellidado Truman.

Don Federico Rodríguez era adulto robusto y sazón, sin llegar todavía a media centuria; hijo del último par de ceros del siglo XIX, por lo cual había nacido y crecido con “tranvía y vino tinto”, e iba madurando a la par de la centuria actual. Vivía con humildad, tal cual vive un “pobre a gusto”: ordeñando vacas y cultivando tierras propias de mediano agricultor pueblerino. Por no haber anticonceptivo de Química moderna, había engendrado la docena de hijos; todos de un fiel matrimonio con esposa abnegada. Era regio confidente para los más pobres de esos lugares; de manera especial para: iletrados y explotados jornaleros campesinos. Pícaros explotadores, ladrones y perversos agiotistas, temblaban cuando don Lico (Federico) se enteraba de zanganadas crudas de estas sanguijuelas torvas. Sin ser abogado, ni haber puesto un solo pie en algún recinto universitario, hacía escritos cabales denunciando a perversos hasta en cortes supremas; asimismo, acompañaba, — pagando de su propio peculio—, los viajes del ofendido hasta el tribunal respectivo, llegando, en algunos casos, hasta la ciudad capital. ¡En fin, era gran defensor de los Derechos Humanos a la antigua! De esta docena de engendros le nacieron cinco nenas. Una de las más bonitas se llamaba Rita Lina, quien a sus 17 abriles fue reina de festividades patronales pueblerinas locales; madrina a perpetuidad de futbolistas y de basquetbolistas; paseada en carrozas tiradas por semovientes casi en todos los días festivos; madrina de bautismo de un centenar o más de recién nacidos. Hacía poco había obtenido el título de oficinista en cierta academia o colegio de la ciudad cabecera departamental; mas, don Lico, nunca quiso buscarle trabajo en la localidad, mucho menos afuera de la comprensión municipal. Entonces, la señorita servía de secretaria-contadora en las cuentas de su padre. Era de cutis rosado fino, blanco, figura espigada y caderuda; con busto desafiando al volcán Chinchontepec. Montaba briosos corceles para pasearse por el poblado, despertando admiración desde viejos hasta jovenzuelos. Sus hermanos varones, mayores, se encontraban realizando estudios superiores en la ciudad cabecera o en la única universidad de la ciudad capital de aquellos tiempos diamantinos. Por compacta unidad de aquel grupo familiar y por severidad del cabeza de familia, Rita Lina era apreciada y respetada.
                                  *****
         Seis años atrás, desde el cantón más remoto del municipio, subió o bajó, hasta aquel tranquilo Pueblito, cierta viuda con cinco hijos buscando seguridad, pues el esposo e hijo mayor, por querellas sobre tierras, habían sido asesinados en apartado camino rural. Llegaron para quedarse a vivir en el poblado en misma calle o avenida, a 100mts distantes del hogar de Rita Lina. Dos de aquellos hijos mayores de esta señora viuda estaban establecidos en ciudad San Salvador, y, una hija mayor era postulante en indeterminada congregación religiosa católica; por tanto, sólo dos hembras y un varón eran acompañantes permanentes de la viuda mencionada. Este varón, de faz indígena con cabellera lacia y negra pareciendo cabeza de güisquil o güisayote, de mirada penetrante sin sostenerla con sus interlocutores (mirada de coyote); y de estatura algo inferior a la mediana, con robustez moderada, tenía un nombre tomado de almanaque: Pío Quinto o, Pioquinto, a secas. Llegó casi adolescente, por lo cual no pudo matricularse en escuelita pública de primaria. Al parecer, era iletrado virtual; pero no real, pues desde primeros años de su nueva vecindad este joven indígena empezó a descollar como uno de los primeros catrines, tanto en vestir como en montar; asimismo, en  transacciones comerciales de compra-venta de ganado mayor y  cereales. También era bastante afamado por ser empedernido mujeriego habiendo, el ingrato, dejado con los colochos hechos a innumerables señoritas campesinas de cantones aledaños. Este joven adulto Pioquinto se codeaba con autoridades locales (alcalde, juez de paz, sargento de GN., comandante local). No con autoridades culturales (maestros, secretarios, telegrafistas, etc.). Además, con principales “riquitos pueblerinos” afiliados al partido oficial Pro Patria, recién decaído junto con su testaferro: general Maximiliano Hernández Martínez del cual, don Lico, era férreo opositor; pues él, don Lico, era segundo coordinador general municipal en Partido Demócrata del Doctor Arturo Romero.

Así las cosas, desde el año 40 ó 42, Pioquintillo, —tal cual le llamaban los yoyos, porque a nivel pueblerino había creado gran ama de poseer mucho dinero—, se estaba carteando con Rita Lina. Esto, después de haber bailado con ella durante la celebración de la fiesta rosa de la misma. Pioquintillo sería mayor en cuatro años, cuando llegó a pedir la mano de la agraciada señorita. Llegó acompañado de algunos familiares y de otros amigotes de los antes mencionados, entre ellos el señor juez de paz local nombrado a “dedazo”, quien no era académico universitario, porque entonces tales funcionarios serían de cuarta o quinta categoría, escogidos por la superioridad corrupta, quien pedía el “plácet” del cacique pro militarista más encopetado de cada lugar, incluso de ciudad capital.

Con cierta renuencia don Federico accedió, fijándose dos distintas fechas para las bodas civil y religiosa, con lapso de 15 días entre ambas. Por supuesto, la civil sería primero, a celebrarse en casa de habitación paterna de la novia. Después de esa diligencia legal, Rita Lina quedaría siempre bajo la patria potestad. Asimismo, a pedimento materno, la futura desposada permanecería, durante ocho días, después de boda religiosa, bajo matriz potestad. Total: 22 días después de haber alcanzado el estado legal de señora. Todos estos compromisos fueron acordados y firmados por Pioquintillo y comitiva. Un hermano de don Lico fue el escribano. Recogió todas las firmas posibles al respecto. Tal documento serviría de base para analizar los desagradables momentos a sucederse en el porvenir casi inmediato.

Pasó raudo el tiempo estipulado. La ceremonia civil empezó a cumplirse. Elegante casa paterna de bellísima señorita Rita Lina estaba colmada por múltiples familiares, sobresaliendo los tíos, hermanos y primos de la jovencita quienes, vistiendo elegantes trajes enteros con olor a vitrina, disimulaban las armas de fuego portadas en su cintura. En seguida hizo su aparición Pioquintillo con el séquito constituido por su viuda madre, dos hermanos y el alcalde, quien efectuaría aquella ceremonia civil. Éste era acompañado por el secretario municipal. Dicho edil comenzó leyendo los artículos del Código Civil al respecto. Luego, imitando o superando a cualquier cura párroco orador, dijo la homilía civil adecuada. En seguida, pidió las firmas de los novios, para luego continuar recabando rúbricas de testigos legales del evento. Al término de estas diligencias, don Lico tomó la palabra para decir, con palabras fuertes, claras y vehementes, lo siguiente: “Señores autoridades civiles locales, familiares del novio, convidados especiales y familiares míos: aun cuando la ley no lo pide, tampoco lo prohíbe. Mi señora y yo, estamparemos nuestras firmas en ese, para nos, importante documento. Por tanto: pido al señor secretario municipal poner en mis manos ese libro de registros”. Ambos pícaros munícipes y el novio, con sorpresas y dudas, intercambiaron sus asustadizas miradas. Titubeante, el señor alcalde entregó el libro. Reinó silencio expectante. Don Lico tomó asiento en uno de los extremos libres de la mesa. De bolsas interiores de su saco extrajo su pluma fuente marca Esterbrook; sin separar el capuchón protector de ésta, la depositó sobre la mesa. El libro le había sido entregado abierto y señalado con cruces de grafito los lugares para firmar, lo cual el inteligente padre obvió. Cerró tal volumen. Empezó a contar folio por folio; al mismo tiempo, a comprobar firmeza del encuadernado, Cuando llegó al acta matrimonial de su interés, comprobó: tales folios no estaban enumerados. Al hacer moderada tracción sobre los mismos, éstos cedieron para quedar solos en dedos del anfitrión. De inmediato, dando dos fuertes y sonoros puñetazos sobre aquellas tablas, se irguió; llevó la mano derecha hacia su cintura izquierda mientras, con la otra, iracundo exhibía en alto las dos fojas falsas escritas y firmadas. Su derecha, empuñando pistola automática Browing de 9mms, fue apuntada en contra de los dos ediles y del, en esos momentos, pálido y tartamudo falso novio. Al ver este súbito gesto del ofendido patriarca, aquellos tres patrañeros intentaron ponerse en pie, llevando, ipso facto, las manos en señal de empuñar armas; pero los otros ofendidos parientes de Rita Lina, rodeándoles en medio círculo envolvente, con sus respectivas armas de fuego trataron de impedírselos. Don Benito, hermano de la madre a burlar, se apresuró tal cual rayo, para separar, del lado de Pioquinto, a Rita Lina; pues en término de cinco segundos los ánimos eran Volcán de Izalco de aquellos tiempos. Retirada la señorita, sólo quedaban sentados, en incómoda posición de levantarse, aquellos tres comprobados farsantes. Falso novio intentó echar mano a la cintura, luego, ambos dos” munícipes intentaron hacer lo mismo; pero, en milésimas de segundo, les llovió andanadas de plomo. El trío de malignos farsantes cayó de espaldas sobre sus respectivos asientos. No hubo tiros de gracia. Casi todos los familiares de la novia salieron huyendo por distintos rumbos; mientras la madre del novio gritaba inconsolable antes de desmayarse. Los dos hermanos de Pioquinto, encañonados, estaban manos arriba  aceptando humillados la imprudencia temeraria y criminal del occiso hermano. Los hermanos de Rita Lina desarmaron a los dos. Ya para entonces eran personas no gratas. Diez minutos más tarde se hicieron presentes las dos parejas de correyudos beneméritos guardias nacionales acompañando al juez de paz respectivo. A puertas cerradas se hizo el reconocimiento legal de los cadáveres. Los mal llamados “beneméritos” intentaron poner las pitas en pulgares de don Lico, hijos y sobrinos.

El vulgo curioso había abarrotado toda la cuadra frente a la casa fúnebre, haciendo variadas conjeturas e inventándose bolas de diferentes volúmenes.
        
          Don Ramón, un vecino inmediato de don Lico, al instante contactó, por vía telefónica, con tres notables abogados de la cabecera departamental. Media hora más tarde, aquellos togados estaban al interior de la casa funesta. Esposa de don Lico había recogido los falsos documentos y al instante los guardó en su mediana caja fuerte empotrada en gruesa pared de adobes. La conducta del juez de paz fue timorata, pero valiente. Con don Ramón y otros vecinos, impidieron poner pitas, mientras llegaban abogados defensores. Los jurisconsultos revisaron el libro y falsas hojas matrimoniales. Levantaron el acta respectiva. De inmediato devolvieron tal volumen al juez de paz. Los falsos folios fueron entregados a doña Horocia, madre de la señorita.  El juez ordenó levantar los cadáveres. Entregó en custodia a los cinco implicados. El doctor Julio Alfredo Samayoa padre los recibió en depósito, llevándolos consigo a residencia en cabecera departamental. En menos de 72hrs, —término de inquirir—, fueron puestos en libertad porque se alegó y comprobó defensa, no de la vida, sino del honor familiar. La señorita vistió hábitos de una congregación religiosa católica. El tiempo siguió su imparable curso.-
                                                   FIN
                                          18 de mayo en 1999.-

                                            

domingo, 5 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 31ª ENTREGA


H   E   R   E   J   Í   A   S
   Por Ramón F Chávez Cañas
  Trigésima primera entrega

CCIV
El Juan Pablo segundo/ pidió perdón a todos
aquellos ofendidos/ hijos de Galilei.
¿Por qué no lo extendió/ a muertos por tal grey
de vil secta católica, / secta de los bëodos?

También debió pedir/ perdón con buenos modos
a pueblos aborígenes/ explotados por rey
quienes por terrorismo/ aceptaron tal ley
impuesta por España/ ya librada de moros.

El papa Benedicto, / sucesor del polaco,
debería decir/ cuánto aquél nunca dijo.
Él es un alemán: / démosle tiempo al tiempo.

Tesoros vaticanos/ tienen pasado opaco.
Todo aquello robado, / convertido en alijo,
debe ser desmontado/ de tan lujoso templo.

CCV
Hará unos treinta abriles, / un pastor protestante
con nombre y apellido/ en el idioma inglés
despotricaba orondo/ con poses de cortés
por mil televisoras/ haciéndose importante.

En lengua castellana/ había un arrogante
que en forma simultánea/ traducía la hez
salida del hocico/ de ese gringo al revés
predicando con énfasis/ de loco delirante.

En nuestro El Salvador,/  mucha gente fanática
estaba entusiasmada/ con el gringo de marras.
Mientras don “Yimi”/ hablaba la masa estaba estática.

Después de “predicar”/ “Yimi” se iba de farras.
Pocos años duró/ programación lunática,
pues con varias ninfómanas/ fue filmado en las barras.

CCVI
A selva guayanesa, / otro pastor norteño,
llevó a millar de gringos/ sin duda hipnotizados
ofreciéndoles gloria/ al volverles alados
y llevarles volando/ a/ un lugar de ensueño.

Con ese subterfugio/ de un imposible sueño
les ordenó suicidio/ colectivo a tarados.
Esos pobres gringuitos/ de seguro dopados
obedecieron ciegos/ con drogas del beleño1.

Lo mismo sucedió/ en el pueblito Waco,
—en Estado de Texas,/ tal vez poco recuerdo—.
Ahí piromaniacos2/ segaron muchas vidas.

En nombre de su dios/ hicieron tal atraco
cuando/ autoridad, / con un trabajo cuerdo
trató de investigar/ ceremonias suicidas.                

CCVII
  1. Cristo n

miércoles, 1 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 30ª entrega

     H   E   R   E   J   Í   A   S
           Trigésima entrega
     Por Ramón F Chávez Cañas

CXCV
En dos o más materias/ de/ infinita Ciencia
y del inmenso campo/ en áreas humanísticas:
Sociología, Historia, / también en Estadísticas
de quehaceres humanos/ y en otras de conciencia,

seremos ignorantes, / aún con la paciencia
de estudiantes asiduos/ hasta / en cabalísticas
disciplinas hebreas. / En las ciencias logísticas
—teosofías e Historia—, debe reinar sapiencia.

Estudiar religiones/ de persas y de griegos;
de inenarrables dioses/ en panteones romanos;
de chinos e hindúes, / librándonos de apegos

supersticiosos unos, / engendros de villanos;
y prepotentes otros, / exaltando sus egos
del sucio súper YO, / para explotar a hermanos.

CXCVI
Historia y teogonías/ estudiadas a fondo
darán un panorama/ de conductas humanas
desde tribus salvajes/ en tierras africanas
hasta iletrada gente/ en pueblito Macondo;

desde comarcas mayas, / hasta Amazonas hondo;
desde Tigris y Éufrates, / a remotas bocanas;
desde ídolos egipcios/ hasta misas romanas
donde hombre común/ se cree más orondo;

pues invocando a Dios/ y haciéndose mansito
cuida los intereses/ de sucios capitales
metiéndole más miedo/ a todo lo infinito

mundo del egoísmo, / padre de miles males.
Este ensoberbecido/ se nos muestra contrito
por la televisión, / en viejas catedrales.

CXCVII
A Momolo Mortara, —un judío italiano—
el papa Pío Nono/ le raptó a su hijo Edgardo:
niñito de diez años. / Este papa leopardo
deseaba demostrar: /el bautismo cristiano

en musulmán o hebreo, / piamontés o africano;
japonés o australiano, / maya, y hasta lombardo
de manera automática, / con ese mito pardo,
se volverá católico, / no moderno pagano

de ese credo ominoso/ de un falso Jesucristo.
Jesucristo fue dios/ para el manso y  humilde.
El Jesucristo actual/ es deidad de ladrones.

El Jesucristo actual/ es dios del hombre listo
dispuesto a despojar, / sin dejar una tilde
a quien cae en sus garras/ por ignorar razones.

CXCVIII
Historia no perdona, /Historia nunca olvida.
En ese tren histórico/ se esfumó Pío Nono.
Fue último pontífice/ con cerebro de mono
quien con inquisición/ despreciaba tu vida.

Don Momolo Mortara/ le marcó la partida
de Estados Pontificios/ sin guardar un encono.
El rapto de su niño/ sirvió de buen abono
para humillar al papa, / sin sífilis ni sida.

Si no tenemos tiempo/ para estudiar profundo
falaces religiones/ teosóficas del mundo,
estudiemos, al menos, / tan crueles dos mil años:

Cruzadas y hogueras/ de “santa” inquisición.
Un estudio sereno/ no dará extremaunción.
Historias a conciencia/ nos darán desengaños.

CXCIX
Todo jëhovanero, / con sorda prepotencia,
niégale hasta a sus hijos/ una gota de plasma
con sus glóbulos rojos/ y blancos. Un fantasma
diabólico ellos miran/ en avances de Ciencia.

Todo lo inmenso creado/ en Eras de paciencia
es objeto sagrado. / Jëhovanero con asma
espiritual fanática/ ciega su óptico quiasma1
para salvar su  alma. /¡Qué soberbia impotencia!

Puede ver a su hermano/ agonizar sangrando;
puede ver a sus padres, / por lo mismo, llorando;
mas, él, imperturbable, / con el puño cerrado

puesto en el pecho izquierdo,—cual extrema derechade nuestro El Salvador—, cantará, no ofuscado:
¡Mi sangre es sacrosanta, / ahora y en toda fecha!

CC
Tales falsos cristianos/ nunca van a votar.
Ellos se justifican/ atribuyendo a Dios
poner a gobernantes/ de “inmenso corazón”.
Así reza la biblia. ¡Débesela acatar!

Esos miles de votos, —no se puede negar—,
hacen falta a naciones, / hoy sin liberación,
luchando contra amarras/ de odio y persecución.
Tan tercos jëhovaneros/  honran a Satanás.

“Vox populi, vox Dei”:/ qué sabio silogismo
de Roma imperialista, / antes del cristianismo.
Si tú vas a votar, /de Dios, vocero eres.

Tan rudos anticristos/ con pieles de cordero
frenan a jëhovaneros/ cumplir con sus deberes
en nuestros pobres pueblos. / Nunca en el mundo entero.
CCI
Ciento cuarenta y cuatro/ mil serían salvados
de esas llamas eternas/ narrada en religiones
Lo dijo Jehová/ protector de ladrones.
¡Mil millardos de seres/ serían condenados!

En tan poquitos miles/ o gruesa2 de malvados
están jëhovaneros/ con sus turbias razones.
Esto dice la biblia. / No hay más explicaciones.
¡Una gruesa de miles, / resto: desheredados!

Si donas propia sangre/ y acudes a las urnas;
si recibes cochinas/ transfusiones sanguíneas,
jamás tendrías paz, / ni en las horas nocturnas.

Escudriña esa biblia, / no leas entrelíneas
para que Dios te dé/ miles de luces diurnas.
Ése sólo es mandato/ para las mentes nimias.

CCII
Juan Antonio Llorente, / de origen español,
era cura católico/ al servicio del papa.
Este valiente cura/ superó aquella etapa
a pesar de haber sido/ un miembro inquisidor.

Fue secretario activo/ de “santa” inquisición
en España de un rey, / rey caído de capa
cuando Francia labró/ para/ él gruesa estaca
con aquellos ejércitos/ guiados por Napoleón.

Juan Antonio Llorente/ tenía varios años
de estar recopilando/ muchas barbaridades
que en nombre de tal fe/ los papas ordenaban.

Al llegar a París/ publicó graves daños.
¡Estudiemos Historia/ en todas las edades
de esos lobos-ovejas/ quienes siempre engañaban!

CCIII
Napoleón secuestró/ archivo vaticano
llevándoselo a Francia/ para ser estudiado.
Así se descubrió/ aquel juicio amañado
contra de Galilei, / de los sabios, decano.

Y otras atrocidades: /tal cual quemarle el ano
a muchos pensadores/ contra ideas gastadas.
Napoleón Bonaparte/ publicó/ ignoradas
fechorías de papas/ de un reino cruel y vano.

Todo esto sucedió/ en siglo antepasado
o siglo diecinueve: / mil ochocientos ocho
cuando rey don Fernando/ por Francia fue humillado.
Revolución Francesa/ agrió caro bizcocho
a la curia romana/ mal llamada papado.
¡Estudia tú esa historia!/ ¡No seas más salcocho!

1—QUIASMA ÓPTICO = Cruzamiento de ambos nervios ópticos al salir de retinas y antes de llegar a región diencefálica; 2—GRUESA = doce docenas = sólo 144 mil almas salvadas, según los jëhovaneros.
C O N
T I N U A R Á.-