H E R E J Í A S
Por Ramón F Chávez Cañas
Décima novena entrega
CIX
En la Filosofía/ de la Historia, Emmanuel
Kant, nombra a pueblos persas/ de gran Mesopotamia
desde antes del Abraham/ con el Ur más infamia.
En ese libro sabio/ Kant descubre otro edén.
No hay vergel terrenal/ en vieja Persia fiel
al magno Zoröastro, / donde ni poligamia
ni las idolatrías/ eran causa de insania
cuando Adán y ña Eva/ ni pensaban nacer.
En paraíso persa, / cimentado en el cielo,
había muchos frutos/ para que santo lelo
saciara todo el tiempo/ su apetito voraz.
Sólo se narra un árbol/ con su fruta prohibida,
—similar al de Adán/ y al de Eva atrevida—.
El edén: ¡otro plagio/ del Génesis falaz!
CX
En divino jardín, —copiado por Moisés—,
santones ingerían/ lo más necesitado.
Contenido fecal/ sólo era eliminado
en vapores extraños. / ¡Otro credo al revés!
Comiendo lo prohibido, / se obtenía la hez
voluminosa y fétida; / pero muy preocupado
por no ensuciar al cielo/ con hedor defecado,
al tocayo de Adán/ le hacía falta pies,
o par de alas y agallas, / para bajar a Tierra
a poder defecar, / tranquilo, en una sierra,
y luego retornar/ al edén de los persas.
De mil heces fecales/ dejadas sobre campos
nacimos los humanos: / negros, chinos y blancos…
Estas son teogonías/ jocosas, no perversas.
CXI
Vuestro Manso Cordero/ llamado Jesucristo
desde siglo tercero/ en época presente
cuando un tal Constantino, / pagano inteligente,
invocando su nombre/ se hizo pasar por listo.
Tal Cordero de Paz, / desde entonces no ha visto
Paz en sus semejantes. / Bicho humano insolente
adulteró buen credo/ volviéndose creyente
de doctrinas ambiguas/ cuyo dios es el pisto76
Sólo implora a Jesús/ cuando es desventurado;
sólo acude a Iahvé/ cuando está fracasado;
sólo reza a su Alá/ cuando “bush” les ataca.
Pero en sus bacanales/ de licores y sexo
nada quiere saber/ del Cordero y su nexo.
Su impiedad se termina/ sólo al sentir estaca.
CXII
Mil setecientos años/ se han ido hasta esta hora
desde Primer Concilio/ llamado de Nicea
cuando aquel Constantino, —tal vez nadie lo crea—,
proclamó al Buen Jesús/ el dios de nueva aurora.
Desde entonces, voraz, / furia devastadora:
buitres, hienas, chacales, / en sangrienta pelea
se disputan legado/ del dios de Galilea;
pero nunca practican/ la palabra sonora.
Pérfidos carroñeros/ del credo de Jesús,
sin incluir a los nuestros: / Cadejo y Mulús
se han dado y se darán/ opíparo festín.
También esos jëhovanos/ con altaneros primos:
soberbios mahometanos/ de desiertos y limos
carroñan a sus dioses/ del principio hasta el fin.