Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

viernes, 29 de junio de 2012

HEREJIAS 38ava ENTREGA


H   E   R   E   J   I   A   S

Trigésima octava entrega 
Por Ramón F. Chávez Cañas

CCLXI

Con los doscientos sesenta/ y un sonetos hasta ahora
—y con muchas redundancias/ imposible de evitar—,
con inocente honradez/ hemos querido alumbrar
tan tenebroso sendero/ ocultando bella aurora

a Humanidad desvalida/ quien debiera ser Señora
honesta en esta Creación/ de aquel Dios Universal
degenerado en tu biblia, / asimismo en el corán.
¡Desvalida Humanidad/ la Paz duradera añora!

Pero imperio de sionistas, —genéticos y/ hechizos—,
a través de tres mil años/ tal paz duradera niega
invocando al dios Iahvé, / un dios de canosos rizos,

atizan mil fuegos bélicos/ desde Colombia a Noruega;
desde Australia a Pakistán/ poniendo vellos erizos
a todo ente pensador/ desde el alfa hasta el omega.

CCLXII

Desde primera edición,/ en dos últimos sonetos
de estas Herejías puras/ dijimos no será grato
abordar tan milenario/ problema de suyo ingrato
por miedo a vil agresión/ de estos bélicos sujetos.

Luciérnagas o cocuyos/ alumbrando tantos guetos
serían estos pöemas/ escritos por este gato
de genética ladina/ o tal vez noble mulato.
¡Ojalá nunca se queden/ en estaciones de fetos

abortados a dos meses/ de concepción cerebral!,
pues nuestra tétrica gente/ ya no quiere ni saber
de cierta vida mejor/ terrenal no imaginaria

de estar mirando ad aeternum/ al Jëhová celestial
inventado por judíos/ como prepotente ser
porque no pasará más/ allá de estática área.
                                 

                                         Santa Tecla, 18 de octubre de 2009.-   

CCLXIII

Nunca un hombre fue acusado/ de efectuar dos brujerías
porque nunca se le vio/ volando sobre una escoba.
Siempre fueron calcinados/ por esa doctrina boba
señalados por doquier/ de predicar herejías

contrarías a dogmatismos/ o fantasiosas teorías
de mil diablos o cien ángeles/ en cierta lujosa alcoba
enamorando al creyente/ por medio de burda coba
para llevarlo al infierno/ o al cielo de tonterías.

En cambio, a ingenuas mujeres/ voluptuosas e ignorantes
al rechazar amoríos/ con arzobispos o curas
o al declarar embarazo/ del cardenal o abad,

rápido eran acusadas/ por esos falsos orantes
de brujas endemoniadas/ con diabólicas locuras
hasta ser quemadas vivas/ y parte sin novedad.

CCLXIV

Nacimiento de Jesús/ bajo cueva, en un pesebre
sin duda donde cuadrúpedos/ masticaban su alimento      
porque no pudo encontrarse/ albergue en ese momento.
Fue ese día veinticinco/ de aquel mes nunca con fiebre.

Por órdenes imperiales/ en ese frío diciembre
debían empadronarse, / contra mareas y viento,
judíos y palestinos/ cual si fuera sacramento
o bautismo de católico/ que te hará cristiano siempre.

Un asno, un buey y José,/ daban calor de pulmones
al recién nacido infante, / más a su madre María.
Fue cuadro conmovedor/ hasta en toscos corazones.

¿Por qué el imperio romano/ impuso negra porfía
empezando crudo invierno? /Hay muy lógicas razones
para rechazar tal mito/ de textos en agonía.

CCLXV

Embarazo de una humana/ cuando está en noveno mes
lo miran hasta mil ciegos./ Una prueba de ese porte
José hubiese presentado; / pues él era su consorte,
para evitar rudo viaje/ hasta pueblito Belén.

Autoridad competente,/ viéndola de rostro a pies,
sin ser un médico obstetra/ ni magistrado de corte,
con noble conciencia hasta/ movida por un resorte
muy bien pudo exonerarla, / como hace perfecto juez,

pues no existe ser perverso/ frente a dama en gestación
desde principios humanos/ en Era de Cromañón
que no doblegue su testa/ ante futuro producto

sin importar no saber/ que por virginal conducto
empezaría a bajar/ el llamado niño dios.
Esto a sionistas les causa/ indigestión con eructo.



CCLXVI

Grandes naciones del orbe, / recién pasadas y actuales,
ejemplos: Unión Soviética/ y los Estados Unidos
en el Norte de esta América, / pudiesen no ser vencidos
por tantos países chicos, / pues éstos no son iguales.

Otra nación poderosa/ ora se encuentra en pañales:
será Unión Europea/ cuando destruya los nidos
heredados del Medioevo/ con cristerismos podridos.
Tal Unión Europea/ empieza a darnos señales

de ser báscula romana/ entre gringos contra rusos;
entre China y Venezuela/ contra mismos ambiciosos.
Viles yanquis endiosados/ por sus cerebros obtusos

doblegarán sus perfidias/ o quehaceres codiciosos
porque tan culta Europa/ delimitará esos husos
entre el Tigre de Papel/  y países laboriosos.

CCLXVII

Claro ejemplo de naciones/ que antes fueron absolutos
reinados o cacicazgos/ en Viejo y en Nuevo Mundo;
destrozándose con flechas/ por cierto idealismo inmundo:
conquistar reinos, imperios,/ sin importar tantos lutos

dejados por mil batallas/ sobre pueblos impolutos.
La Tierra está despertando/ con pensamiento rotundo.
Toda guerra acabará/ cuando imperialismo dundo
reciba buen jaque mate/ que Europa dé a esos brutos

gringuitos de Norteamérica,/ o, a futuros canallas
del Asia o de donde sean;/ pueden ser hasta del África.
Vendrán millones de/ años/ en Paz. Ya no habrá batallas.

No habrá más sucias heridas/ que se curaban con árnica.
En museos se verán/ tan oxidadas metrallas.
León y gacela estarán/ jugando en región del Ática.

CCLXVIII

Gacelas y leones son/ los cristianos y cristeros.
Tales cristianos: escasos;/ cristeristas: abundantes.
Éstos mezclados con “turcos”/ más sionistas aberrantes,
a Jesús, Iahvé y Alá, / se los pasan por traseros;

porque el dios de estos sujetos/ son los oros o dineros.
Ellos no tienen naciones,/ ellos siempre han sido errantes
buscando fácil fortuna/ con negocios repugnantes,
dejando a tanto esquilmado/ tan sólo en sus puros cueros.

Tantos cristeros católicos,/ asimismo evangélicos,
deberían divorciarse/ de sionistas y de turcos;
deberían regresar/ al cristianismo de auténticos

apóstoles primitivos/ sin placeres sicodélicos;
deberían retornar/ a sembrar cansados surcos
abiertos en Galilea/ y sentirse siempre idénticos.

                                                                                 CONTINUARÁ...

sábado, 23 de junio de 2012

PERSONAJES INOLVIDABLES, 4ta. ENTREGA


     PERSONAJES INOLVIDABLES

Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
Escrito por Ramón F. Chávez Cañas
Cuarta y ùltima entrega

                          
X

        ¿1946-47?... ¿marzo?... TECOLUCA empezaba a calentarse con el sol veraniego tropical, pues eran las diez de la mañana cuando, desde la estación Tehuacán de IRCA, dos kilómetros al norte del lugar, apareció, agrupado y cobijado bajo el techo de los portales exteriores de mi, —para entonces ya difunta abuela paterna, doña Segunda Henríquez v. de Chávez—, un “batallón” constituido por quince personas, entre hombres y mujeres, cuyas armas estaban representadas por igual número de ese libro judío llamado Biblia. El capitán de tal contingente era un señor de apellido Ábrego. Éste, dueño de un negocio de talabartería localizado en el Centro Histórico de San Salvador, el cual se distinguía por la presencia a la entrada y en la sala de ventas, de un gran caballo (corcel) y de un enorme lagarto, ambos disecados.

        Al instante el somnoliento Pueblito sacudió su secular modorra. Todas las señoras del mercadito (“viejas placeras”), los tenderos de los portales, buhoneros de paso, y habitantes de las casas cercanas, acudieron sorprendidos y curiosos para escuchar las buenas nuevas llevadas por aquellos forasteros pacíficos. Hablaban en nombre de una secta cristiana: Iglesia Evangélica, Misión Centroamericana. Era la primera vez, —decían los ancianos de esos tiempos—, en aparecer predicando en público, a grandes voces, una numerosa cantidad de personas no católicas.

        No habían transcurrido cinco minutos cuando, de repente, se escuchó el tañido de las campanas parroquiales católicas, —distantes a cuarenta o cincuenta metros al nororiente del portal de mi antepasada; esas campanas tocaban arrebato—. De inmediato, los centenares de biatos y biatas locales, acudieron presurosos al llamado del señor cura bélico: un español calvo y ronco apellidado Martínez Pescador, quien pregonaba, orgulloso, haber sido miembro activo de las falanges de Primo de Rivera (ultra derechista español); también en ese entonces, admirador de: Francisco Franco Baamonde (el casi eterno dictador nazi-fascista español); del cura Escribá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y de los curas claretianos. Ambas congregaciones españolas eran falangistas. Además, decía: “Ustedes, los latinoamericanos, ni con el oro de todo el mundo, alcanzarían a pagar a España y a Roma, el precio del idioma y del catolicismo traído por nosotros”. Asimismo, una serie más grande de estúpidas peroratas. 

        Con leños, machetes y piedras, el amargado cura armó a los fanáticos católicos tecoluquenses. Les condujo, encabezándolos, hasta la presencia de los otros cristianos protestantes.

        A otros cincuenta metros, al sur, estaba observando, en la calle, frente a la primera puerta de su hogar, un hombre alto, delgado, blanco ladino, de mediana edad y pacífico. Observaba con preocupación a los mansos predicadores hincados y a los bélicos, acercándose. Cuando este larguirucho señor, de cuarenta y cinco años en esos días, comprendió la inminente agresión fanática, de inmediato, en pechos de camisa tal estaba, corrió los cincuenta metros con velocidad de  gacela para interponerse entre las leves ovejas y los colmilludos lobos. Iba desarmado con sus brazos balanceándose y las blancas palmas abiertas. No encrespadas. En su rostro se dibujaba la sagrada ira provocada por el injusto atropello a cometerse. El desarmado Personaje practicaba la fe católica sin fanatismo. Era conocido de todos; asimismo, querido del conglomerado por sus gestos positivos anteriores en caso de calamidades públicas o privadas.

        Los evangélicos cristianos, también farsantes porque no son capaces de hacerse pobres, según los preceptos atribuidos a Cristo, permanecían arrodillados, con sus brazos alzados, sus rostros mirando hacia el cielo y sus biblias abiertas sobre sus manos derechas; mientras, el español les insultaba sin amenazarles con un arma de fuego calibre .45 apuntando vertical hacia el suelo. Fue cuando mi Personaje Inolvidable de siempre, intervino en forma decidida hablándoles de esta manera:

        —¡¡Pero hombres, pero mujeres: estas personas no les están causando daño alguno!!... Ellos predican, de otra manera, lo mismo creído por ustedes… Invocan al mismo Cristo, al mismo Jehová, a la misma biblia… ¡¡¡Si van a intentar algo malo en contra de ellos, empiecen conmigo!!!

        Dicho lo anterior, mi Personaje Inolvidable de siempre, se despojó de su fina camisa manga larga color caqui, quedándose sólo en camiseta; fijó su penetrante mirada contra los ojos de los endemoniados; abrió en cruz sus largos brazos; las ovejas y los corderos agredidos hasta ese momento sólo de palabras, se agruparon más en torno al improvisado defensor. Éste  continuó  dirigiéndose a los agresores:

        —Nuestro país tiene libertad de cultos… Ustedes están queriendo volver trescientos o cuatrocientos años hacia atrás: a los tiempos tenebrosos de la mal llamada Santa Inquisición, cuando se asesinaba a los sabios pacíficos invocando razones religiosas dogmáticas… ¡¡Lancen, pues, la primera piedra!!

        El ronco-afónico, viejo calvo Martínez Pescador, pretendió responder con más palabras violentas a lo manifestado por el héroe pueblerino; pero, se desmoronó cuando observó, a su izquierda…, a su derecha…, los leños y los tetuntes abandonados sobre el fino colonial empedrado de la calle. Al ver sobre sus curcuchos hombros a todos los iracundos alejarse de ese escenario buscando sus respectivos hogares, el falangista guardó su arma en la pretina, cubriéndola con las faldas de una bata beige sustituyendo a la sotana. Con las manos encrespadas y profiriendo insultos ininteligibles, encaminó su desconsuelo hasta la casa parroquial.

        El Inolvidable, entonces, púsose la fina camisa e invitó a los quince forasteros religiosos a continuar con sus ritos al interior de su casa de habitación, en donde doña Carmela, su esposa con sus pequeños hijos, les ofrecieron un suculento refrigerio-almuerzo constituido por: iguanas doradas con huevos de las mismas en alguaishte; tamales pishques rellenos de chicharrones y frijoles; dulces de batidos en miel de molienda; atole de piñuelas, y fresco fermentado de cáscaras de piña.

        Ese personaje Inolvidable mío hasta el final de los siglos, falleció en ciudad Santa Tecla, un cuatro de marzo; de muerte natural  a noventa años de edad. Falleció en el exilio interno por la guerra civil nuestra; pero sepultado en el camposanto de su amada Tecoluca. Él se llamó: DON RAMÓN FRANCISCO CHÁVEZ HENRÍQUEZ (DON MONCHO), mi sabio y diligente padre.
                                                                                   
01 de diciembre de 2001

           *****            
  
   XI
                                                                            
DON CARLOS JOAQUÍN CORNEJO MERINO es recordado con cariño por todos sus familiares y por todas las personas a quienes él brindó su sincera amistad. Fue un ciudadano forjado en el trabajo honesto, hasta haber alcanzado una posición cimera en las áreas económicas y sociales. Propietario del primer supermercado vicentino llamado Súper Altagracia y de numerosos bienes raíces urbanos y rurales; además, comerciante mayorista de granos básicos, cuyos graneros siempre estaban repletos con frescas cosechas, en especial de arroz en granza, el cual vendía a los fuertes molineros de San Salvador, transportándolo en camiones propios; magnánimo con todo mundo sin importarle razas, religiones o credos políticos. Perteneció al Partido Demócrata Cristiano de los primeros tiempos, cuando José Napoleón Duarte era José Napoleón Duarte (1962-72); también contribuyó, en gran medida, con las obras sociales de la local Iglesia Católica renovada por el Concilio Vaticano II del venerable Papa Juan XXIII. En fin: teníamos a un vicentino ejemplar quien, después de haber trabajado como obrero carpintero sin taller en su primera juventud, logró escalar las posiciones arriba resumidas. Amigo-benefactor del presbítero Rafael Palacios. —A este joven sacerdote, por su enorme estatura esbelta y extrema delgadez, los feligreses, con cariño y a hurtadillas, le apodaban “Seis en Punto”. Este curita fue martirizado por la extrema derecha salvadoreña en ciudad Santa Tecla a inicios (¿1979?) de la locura bélica civil salvadoreña—.

Cierto día, a principios de mil novecientos sesenta y siete, el presbítero Palacios llegó de visita al Súper Altagracia sólo para saludar al señor Cornejo Merino. Cuando aquél se despedía ya en la acera del negocio, éste, al observar las cuatro llantas del humilde 4 x 4 (“yipito” antiguo) del cura, suspendió la mutua despedida para hablarle así:
        —Padre: ¡¡no es posible!!… ¡¿Por qué las llantas de nuestro flamante señor cura párroco, hombre de bien, van a rodar en puras lonas?!
        — ¡Ah, Don Carlos Joaquín!— exclamó el “Cocotero” Palacios y prosiguió—: mi feligresía es paupérrima… Por eso no puedo pedirle ni llantas usadas; mucho menos engrase y cambios de aceite, pues apenas logra darme el combustible cuando voy a visitas rurales.
        — ¡Espéreme, padre, ya regreso!— dijo Don Carlos Joaquín quien se introdujo al negocio buscando su oficina privada.
        Cinco minutos después el hombre retornó trayendo un sobre cerrado. Otra vez frente a frente el comerciante habló:
        Padre: tome este sobre. Lléveselo a don fulano de tal; él balanceará e instalará las cinco nuevas, incluyendo la de repuesto, pues ésta está en peores condiciones; además, le hará el engrase y el cambio de aceites con sus filtros; asimismo, le alineará todo el rodaje. Ya hablé por teléfono con él. Con usted, me enviará la factura correspondiente. 

        El joven presbítero no pudo ocultar su sonrojo; quiso rechazar la espontánea y generosa oferta; mas, Cornejo Merino casi lo obligó a tomar el timón del anciano yipito. Tres horas después, “Seis en Punto” regresaba y partía de nuevo llevando el cheque respectivo. Tres meses más tarde, este novato ministro católico, allá en su Iglesia El Calvario Vicentino, impartió la bendición nupcial a María Elsa, la hija mayor de Don Carlos Joaquín, la cual contrajo matrimonio con este subdesarrollado relator: veintisiete de mayo de mil novecientos sesenta y siete.

*****
        En las numerosas campañas políticas electorales locales y nacionales, DON CARLOS JOAQUÍN CORNEJO MERINO contribuía en forma muy positiva para ello: sus camiones y sus automóviles privados recorrían los cuatro puntos cardinales vicentinos haciendo propaganda a favor del “Pescado” (partido opositor al militarismo de moda), acarreando gente desde lo rural hasta las urnas de votación localizadas en los alrededores del parque central llamado “Antonio José Cañas”; también sus numerosos empleados, ahijados, familiares, amigos y correligionarios, desvelábanse la noche anterior para preparar la comida de los vigilantes de urnas democristianos de aquellas lejanas épocas. Todo esto ocurría en el interior de la casa de habitación del señor Cornejo Merino.

        DON CARLOS JOAQUÍN nunca tuvo ambiciones personales para cargos de elección popular; no obstante, colaboraba hasta con importantes sumas monetarias. En una elección municipal fue conminado por sus correligionarios a aceptar la postulación como primer regidor vicentino. Junto con el resto de la planilla inscrita visitaba barrios urbanos, cantones y caseríos (con frecuencia utilizando los vehículos de su propiedad); pero, los compañeros de fórmula habían observado el silencio de Cornejo Merino frente a los numerosos conglomerados en las plazas públicas. Entonces, empezaron a reclamarle por tal mutismo. Él alegaba no tener la elocuencia básica para expresar en público su fervor patriótico. Uno de ellos, —Don Raúl “Flecha” Miranda, le dijo: 

         —“¡¡Mirá, Carlos Joaquín: la gente está aburrida de mirarnos las mismas caras y de oírnos las mismas voces; vos, por ser el más conocido y querido en el campo y en la ciudad, sos el perfecto indicado para subir a las tarimas y terminar de convencer a las pequeñas masas populares indecisas!!”

        — ¡¡Gϋechos!!… ¡¡No!! — repetía cada vez el huraño político.
       El cántaro se rompe de tanto ir al agua: así reza un viejo refrán. ¡¡Cabal!!. Al enésimo ruego, CORNEJO MERINO respondió así:
        — ¡Bueno: yo tal vez me animaría a dirigir la palabra al público, pero con un par de tragos entre pecho y espalda!
        —“¡¡Bueeena!!” — gritaron todos aplaudiéndole y mandando a comprar una botella de finísimo coñac.
         
      Mientras uno de los tres fatigados o fatigadores oradores dirigíase a la numerosísima concurrencia del enorme cantón San Diego, rumbo a, y haciendo límite con el municipio de Tecoluca, el resto le medía y le servía el primer trago doble del exquisito licor. De inmediato, querían subirlo al podio popular para su debut como orador. Él se resistió alegando aún no estar en forma. Pidió el segundo y tercer “tacón alto”, los cuales tragó en un santiamén. Cuando había deglutido la cuarta dosis doble en menos de media hora, y el tercer orador en turno ya redundaba en los mismos conceptos, CORNEJO MERINO en forma inesperada irrumpió sobre la cama del camión usada como tarima de oradores… Apartó al ya cansado tercer orador diciéndole: “¡¡Préstame esa bocina vos, pues ya me tenés harto con la misma perorata!!”… Se terció al pecho la correa del megáfono portátil… Tomó el micrófono con la mano derecha… Lo percutió insistente con los dedos de la izquierda… Medio se tambaleaba de un lado para otro; pero no de adelante para atrás… Repitió varias veces el trillado: uno-dos-tres- probando. En este punto, sus compañeros de campaña casi a grandes voces le susurraban: “¡Empezá ya, jodido!¡La gente se puede aburrir más!” CORNEJO MERINO los inundó con la luz de su mirada… Lanzó su caro sombrero italiano ‘Barbissio’ contra el techo laminado de la cabina del camión… Sacudió su canosa tallada en “pato bravo”… Sacó un “aperjumado” pañuelo blanco con el cual secó el sudor de su frente… Se sonó con el mismo y con escándalo, ambas fosas nasales… Pegó más de tres pujidos tosigosos voluntarios para aclarar su voz… Llevó el micrófono a cinco centímetros de sus labios. Con timbre metálico alegre de un beodo inspirado, y palabras pausadas, se expresó así:

        -— ¡¿Sa-ben   us-te-des   qui-én   es  Car-los   Jo-a-quín   Cor-ne-jo   Me-ri-no,-- hi-jos -  de -  pu-ta?!…
        La cariñosa e inmensa muchedumbre al unísono respondió:
        —¡¡¡Siiii!!! ¡¡¡Siii!!! ¡¡¡Lo  sabemos!!!
         Más entusiasmado, el improvisado agitador de masas prosiguió:
          —¡¡Muuuyyy bieeen!!… ¡¡Muuuyyy bieeen!!… Ahora, cabroncitos, paren las de conacaste1 porque van a escuchar un mensaje vergonísimo… (Aplausos prolongados)

        De inmediato, los quince futuros ediles presentes desconcertados, en especial Julio Alfredo Samayoa hijo, quien estaba postulado para primer diputado del pescadito, subiéronse a la tarima y debieron forcejear con él para quitarle el micrófono; luego subirlo a la cabina del camión para llevarlo hasta su hogar. Mientras, en el recorrido de los distantes diez kilómetros, y media hora del regreso, DON CARLOS JOAQUÍN le había dado fin a la cara botella de coñac francés. Al día siguiente se estaba disculpando con todos sus compañeros y acompañándoles en otras jornadas propagandísticas. Nadie, por supuesto, volvió a insinuarle algo al respecto.
         
       DON CARLOS JOAQUÍN CORNEJO MERINO dejó este mundo por muerte natural a los setenta y tres años de edad: dieciocho de octubre de mil novecientos noventa y cinco.
                                                                                             24 de febrero de 2004

[1] Árbol cuyos frutos parecen orejas humanas


(Artículo editado en Jyllinge, Roskilde, Dinamarca en 23 de junio de 2012)



viernes, 18 de mayo de 2012

VICISITUDES DE UN ESTUDIANTE...


VICISITUDES DE UN ESTUDIANTE UNIVERSITARIO                               TECOLUQUENSE
        Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
               Escrito por Ramón F Chávez Cañas
        
                                Al conocerse que este muchacho había sido aceptado en Universidad de El Salvador, decenas de  “biatas” pueblerinas se escandalizaron. Durante 30 ó más días, éstas desfilaron a diario por el hogar de doña Carmela Cañas de Chávez, tratando de disuadirla de ese mal paso a dar. “Beata” doña Carlota era la principal. No obstante, su piadosa pero errada intención era sincera. Doña Carlota Belloso viuda de Fernández, argumentaba así: “En esa Universidad de El Salvador se corrompe a jovencitos, de manera especial a nuestra juventud pueblerina. A don fulano de tal ahí lo hicieron bolo; a don zutanito, lo hicieron comunista, ateo y masón. ¡No! ¡No!, Carmelita: todavía estás a tiempo para evitar tan magna tragedia en tu joven hogar. Además, si monseñor Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla (Tamagás) llegase a enterarse, de inmediato lanzaría excomunión para ti y para todo tu grupo familiar. ¡¡Dios les guarde de semejante anatema!!”
      
          Joven madre del flaco bachiller la escuchaba con atención silenciosa y respetuosa. Cuando dicha infatigable anciana beata viuda de Fernández había agotado argumentos y “juelgos”, esposa de don Ramón, madre del bachiller Ramoncito, con dulzura característica de familia Cañas-Merino, le respondió:
    
          Usted habla con sabiduría, doña Carlota; pero único camino posible para mi hijo querido, es nuestra Universidad. Si no se hace así, él y mis futuras generaciones, o sea: mis nietos y mis bisnietos, estarán condenados, hasta  final de los siglos, a ser burdos iletrados campesinos o pueblerinos; porque nuestro refundido Pueblito, aún con postizo título de ciudad, “concedido” por politicastros electoreros de ayer, de ahora, y siempre, no ofrecerá mejores niveles de vida. Titulillo dado al Pueblito Tecoluca allá por 1930.  San Vicente y Zacatecoluca (Virola), otras falsas grandes ciudades, no reúnen requisitos internacionales para ello. En Centroamérica, sólo las cinco o seis ciudades capitales, en especial Ciudad de Guatemala, reúnen, raspadas, mínimas condiciones para ostentar  el título de Ciudad. En vista de sus cariñosas y sinceras intenciones, yo suplicaría a Usted; también al resto de buenas personas interesadas en  feliz porvenir y en salvación del alma de mi pobre e inocente hijo, acompañarme a diario en oraciones para que él no vaya a torcer el camino ejemplar marcado por cristianos católicos habitantes de este piadoso Pueblito.
       
          Doña Carlota, terca o tozuda,  repostaba  así:
   
        —No Carmelita, no. El diablo de la capital superará a todas nuestras oraciones. Es más: sólo el ser bachiller, es suficiente motivo para no dejarse engañar por estafadores o rufianes luteranos enquistados en esa pérfida Universidad de El Salvador. Con terrenitos agrícolas o guatales y hortalizas, más ganadito vacuno de ustedes, es suficiente, hasta sobra, para que este casto imberbe permanezca entretenido. Además, Nicolás Cañas Merino, tu único hermanito varón, le puede enseñar a tocar guitarra, mandolina o violín. Don Chepe Montes Argueta, telegrafista jubilado, le pudiese enseñar la clave de Morse para que nunca llegase a morirse de hambre. El profesor don José Ricardo Chávez Cruz, me ha dicho tu cuñada, doña Carmen Chávez viuda de Orantes, le puede conseguir beca en “Escuela Normal de Maestros Alberto Masferrer”, para evitarle a tu hijo caer en fauces de comunistas-ateos-masones-luteranos de tan malvada universidad”.
          
         —Oiga, doña Carlota, —respondía sumisa la madre del bachillercito—: yo estoy en total acuerdo con Usted; pero, no tengo  autoridad suficiente para cambiar ese buen o mal destino hasta ahora trazado para mi hijo. Hable Usted y sus compañeras, con mi esposo. Sólo él puede poner marcha atrás.
         
          —¡¡Ave María Purísima!! ¡Cállate Carmelita! Tu esposo es tan terco, superior a mula. Él nos mandaría al carajo en un dos por tres. …(¿…?)... ¡Claro que sí! Hace diez o doce años, tu esposo mandó al carajo al reverendo padre don Iñigo Martínez Pescador, español, nuestro dignísimo señor cura-párroco, cuando vinieron por primera vez aquellos satánicos predicadores de la mal llamada “Iglesia evangélica misión centroamericana”, dirigida por cierto luterano de apellido Abrego, ¿recuerdas?... No, niña, no. Preferimos la perdición de tu muchacho a enfrentarnos contra la fiera atea de tu esposo.
                                              ******
       
         
        En 1960, tal pescuezón tecoluquense cursaba tercer año lectivo de carrera universitaria médica en pacientes humanos. Mal gobernaba o desgobernaba el país, la camarilla comandada por falso presidente-poeta-escritor, de origen hondureño, milico José María Lemus.
       
          A mediados de aquel mes de agosto en citado año, masiva concentración estudiantil universitaria, frente portón principal de  antigua Facultad de Medicina y de hospitales: José Rosales, antiguo Benjamín Bloom y Hospital de Maternidad, se estaban organizando para marchar hasta Centro Histórico de San Salvador, para protestar allí, contra desgobierno del falso poeta-escritor, milico-hondureño coronel José María Lemus. Joven bachiller, después doctor Rodolfo Paniagua (Popo†) —verdadero, moderno y genuino “ilustre” sanvicentino—, presidente de “SEMEA” (Sociedad de Estudiantes de Medicina doctor Emilio Álvarez), entre otros representantes legales de AGEUS (Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños), dirigían aquella marcha patriótica. Caminarían libres hasta Paraninfo o Rectoría Universitaria (antiquísimo local del colegio de señoritas “popof” llamado Sagrado Corazón); en cercanías del otro local de ANTEL Centro (ahora privatizado por neoliberales).
      
        Tal marcha de protesta se desplazaba por Calle Arce, frente a  iglesia católica Basílica Sagrado Corazón de Jesús. El bachiller Chávez de súbito fue interceptado por otro muchacho tecoluquense “benemérito o correyudo” vestido de civil: Antonio Salinas Molina (Toñito Pepa), quien le dijo:
        
         —Yo estoy con licencia militar temporal. De inmediato voy para el cuartel central de la GN. a uniformarme y ponerme, ahora mismo, a disposición. Mira Monchito: tenemos orden de tirar a matar. Además, acabo de encontrarme con Luis Alejo o “Chucha-cuta”, te acuerdas de él, ¿verdad?  Pues él también es tecoluquense del cantón Agua Caliente. Me ha dicho: “A ese bachillercito Chávez Cañas le llevo hambre. Hasta balas curadas le he puesto a mi fusil. Sólo espero tenerlo a tiro para acabármelo”.
       
        Luís Alejo o Chucha-cuta, servía a la otra criminal “policía de hacienda” que, junto con la guardia nacional, la policía de “línea” y  cuerpos para-militares represivos, defendían, asesinando, los injustos privilegios de las bien llamadas catorce familias ladronas desde la conquista y colonización, constituyentes de la oligarquía salvadoreña.
         
         El correyudo coterráneo Toñito Pepa se retiró de prisa. En menor tiempo del cantar de gallos, policías nacionales urbanos y policías municipales capitalinos (1960), estaban aporreando con garrotes “topekas”; (topeka: en referencia burlesca al nombre de un buque militar gringo en el cual venían millares de garrotes de tosca madera para reprimir a protestantes en contra del falso presidente-escritor-poeta, milico hondureño Lemus).
        
         El desamparado joven tecoluquense, tal vez valiente estudiante universitario de medicina humana a nivel del tercer año de Áreas Básicas, recibió fuerte bastonazo de hule, (no topeka), en plena media frente, —donde empezaba su cuero cabelludo de entonces, ahora visible en su mediana calva—. Sangrante fue esposado. Luego metido al interior de la ambulancia municipal o “palomita” (1960), para ser llevado, junto con docena más, a bartolinas del cuartel general de la PN (no civil), cerca de la Cuesta del Palo Verde. Ahí fueron fotografiados de frente, de perfil y fichados con sus huellas digitales. —Roque Dalton tenía meses de estar guardando prisión en antigua Penitenciaria Central, ahora oficinas del Fondo Social para la Vivienda, FSV,-já, já, já, frente al parque Simón Bolívar.
         
        Por no haber atendido sugerencias de “be-a-ta” Carlota, este infeliz tecoluquense estaba “disfrutando” por primera y única vez, de una “suite” de 60m2 (10mx06m.), con más de cien estudiantes universitarios dentro quienes, por hacinamiento, ni siquiera podían ponerse en cuclillas. Había cierto agravante: cada 15mins, un cuilio o su relevo, les bombardeaba con agua helada, similar a cuando el aprendiz de brujo, patas peladas o chuña, en otro episodio de estas Historias Escondidas de Tecoluca, bombardeaba al zacapín Peñate.
         
         ¡Siempre hay un Ángel Guardián!
        
         A 05:00am siguientes, incierto policía nacional (1960) de aproximados 50años de edad, se aproximó a rejas. Por fortuna, el preso tecoluquense estaba inmediato frente a aquellos barrotes. Dicho Ángel Guardián preguntó:

        —Jóvenes: díganme a quiénes debo telefonear para que vengan a abogar por ustedes.
         
         Varios dieron nombres con respectivos números telefónicos. El abandonado bachiller tecoluquense dio nombre de don Rafael Melgar (Don Lito). Don Lito era jefe del telégrafo en barrio Santa Lucía de  capital salvadoreña, (calle Roosevelt, cercano al hospital militar antiguo, a la Escuela Nacional de Enfermería, ya desaparecida, y al parque Cuscatlán aún existente). Este noble varón salvador era  padre biológico ejemplar de la encantadora, por bella e inteligente, señorita Rosario Melgar Meléndez, ahora de Varela. Chayito es, en la actualidad, alta autoridad y catedrática en Universidad Francisco Gavidia. Ena y Rafaelito, eran los otros dos hijos de Don Rafael Melgar. Tenía una nietecita llamada Lupita, hija de Rafaelito.
         
        A 08:00am de aquella mañana, Don Rafael Melgar padre, estaba presente en oficinas de aquella jauría despreciable. Se hacía acompañar de dos abogados democráticos. Éstos hicieron cambiar el parte policiaco de “subversivo comunista”, por otro nuevo: “ebrio escandaloso”.
         
          El Viejo Don Rafael Melgar pagó la multa. Esperó le fuese entregado el subversivo-comunista o ebrio escandaloso. Contrató taxi para llevar al fichado hasta pieza-habitación de su pupilaje. Llamó al viejo bachiller Luís Felipe Torres (sanvicentino), quien suturó, a domicilio, aquella herida frontal corto-contundente. Ocho días más tarde, el Negro Torres llegó a retirar los puntos. En ese ínterin, Doña Isabelita Meléndez de Melgar, curaba la herida y suturada frente del tecoluquense, pues no era prudente acudir a servicios públicos de salud porque la jauría lemusiana estaba rabiosa. Doña Isabelita no le tenía fe al yodo, ni al agua oxigenada. Ella curaba a diario al bachiller “bochinchero” con cierta masa fresca de hojas de arbusto medicinal: el chichipince. Santo remedio. Apenas se le nota la cicatriz.
         
        Gracias a vuestros angelicales padres, Chayito, Ena y Rafaelito, ahora se puede contar esa desagradable historieta.
                            F1 N
                           8 de diciembre en 2006.