Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

viernes, 20 de abril de 2012

MIS PERSONAJES INOLVIDABLES, 1ª entrega


           MIS PERSONAJES INOLVIDABLES
                                                I
           Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                Escrito por Ramón F Chávez Cañas
                                      Primera entrega       

          TECOLUCA, hasta 1980, fue Pueblito sui géneris por tranquilidad política-social y laboriosidad sin fin. Entre 1948-54 (época de mi niñez y adolescencia), Tecoluca vivió, sin duda, cierta etapa brillante. En ese corto lapso, el jovencito empresario zapatero artesanal vicentino: DON PAQUITO CORNEJO, llegaba una vez por semana para entregar decenas de fino calzado elaborado en su magnífico taller, taller heredado de su recién difunto padre: Don Indalecio Cornejo. Llegaba, también, a tomar respectivas medidas a numerosos nuevos clientes a quienes, al mismo tiempo, les mostraba diversos modernos catálogos al respecto. Viajes de ida y regreso los hacía en el ahora ignorado por desaparecido ferrocarril IRCA (Ferrocarriles Internacionales de Centroamérica, por siglas en inglés). Señora Juana Cañas Salinas, junto con su pequeño hijo apodado El Chío, trasladaban tan preciosa mercadería, hecha a mano, desde  estación ferrocarrilera Tehuacán hasta centro geográfico-comercial del Pueblito. Allí, don Paquito Cornejo desempacaba aquellas soñadas artesanías confeccionadas con las más delicadas pieles naturales y con las más resistentes suelas legítimas de ganado bovino; luego, las ordenaba por zonas para hacer más fácil la entrega domiciliaria a: señoras, señoritas, niños y caballeros.
        
           El Chío era cipote1 acompañante, —prestado por señora Juana, su madre—, portando livianas cajas en trayecto de cada ruta. DON PAQUITO, con libreta en mano, lápiz sobre una de sus orejas, cinta métrica zapatérica adornándole cuello y parte antero superior del tórax, caminaba a la vanguardia con paso juvenil elegante; mientras, El Chío, en retaguardia, iba haciendo cuentas mentales referentes a enorme propina a obtener en esa enésima semana sirviéndole al joven empresario sanvicentino.
         
           DON PAQUITO CORNEJO frisaría entre 18 y 22 años de edad. Era varón de estatura mediana; tez morena clara; cabellera negra lisa, abundante y bien peinada con glostora; bigotito espeso recortado a lo Hollywood de aquella década; de tupida barba azul por perfección en sus afeitadas; de expresivos ojos cafés enmarcados en cara algo redonda destilando sana alegría; con cejas pobladas negras y gruesas; y  notables camanances en ambas mejillas. Don de gentes era manifiesto en su conversación, en cumplimiento puntual de compromisos adquiridos y en alta calidad de tan delicados trabajos. Su figura, en general: gordito, sin ser obeso; amable, sin empalago; moderno en el vestir, sin extravagancias y muy bien “aperjumado” con caras esencias francesas o italianas.
         
         Todos, en Tecoluca, mayores y menores, lo apreciábamos y respetábamos con sinceridad. Esas nobles cualidades humanas se acrecentaron más hacia don Paquito cuando, en noche del nueve de agosto (¿1949-50?), noche de grandes conciertos bailables en honor a San Lorenzo, abad y mártir, —patrono de Tecoluca—, aparece, DON PAQUITO, como uno de principales integrantes del famoso conjunto musical llamado: Marimba-orquesta “Alma Vicentina”… DON PAQUITO CORNEJO se robó dicho espectáculo; pues, con su saxofón barítono, y poses de también gran filarmónico profesional, asombró a todos nosotros porque, nadie, en el Pueblito, le conocía esa otra gran virtud.   
                            1—CIPOTE = Niño o muchacho en El Salvador.

                         *****
                                               
                                                 II
        Sucedió en el ahora viejo hospital chalateco1, ya en desuso. Fue durante calurosa tarde dominical de cualquier mes en 1968. Quien esto escribe estaba de turno en área de emergencias quirúrgicas… Aquella  mañana había sido bastante fatigosa; almuerzo, cual único comensal tardío, empezaba a ser deglutido por este mismo narrador. De repente, cierta escultural señorita enfermera en año social se presenta al comedor para informar al hambriento médico de turno sobre llegada de  poli-traumatizado en accidente de tránsito automotor. Esta caricatura de historiador suspendió tan suculento almuerzo. De inmediato se dirigió a salas de emergencia para levantar anamnesis, hacer exploración física de rigor y luego trazar procedimientos a seguir con el referido paciente.
        
           Terminadas esas primeras básicas diligencias, mozalbete accidentado, medio “azurumbado”  por traumatismo craneal leve, múltiples lesiones faciales y torácicas superficiales, fue conducido al gabinete de rayos X y de laboratorio clínico para exámenes pertinentes. Pronto, a sala de cirugía menor para suturas adecuadas. Ya rapazuelo paciente estaba consciente… Anestesista preparaba anestesia etérea, pues múltiples moderadas lesiones cutáneas y torácicas no permitían anestesia local. Cuando este relator cepillaba manos y antebrazos, se presentó otra preciosa fémina,  colega de la anterior. Habló así:
        Doctor, doctor: en sala de espera está un señor bastante nervioso. Se pasea de punta a punta. Nos exige hacerlo pasar hasta este quirófano, pues dice ser padre del paciente…. (¿…?)…. Sí. Sí. Ya le explicamos el pronóstico favorable del muchacho…. (¿…?)…. Sí. Sí. Le hemos leídos todos los artículos respectivos del reglamento hospitalario; pero él insiste en penetrar hasta aquí… ¡¡Viera, doctor, cómo pega brinquitos sobre un solo ladrillo!!... Parece ser muñeco de cuerda o de baterías…. (¿…?)…. También ya se lo preguntamos. Nos dijo llamarse: CHAPULÍN ELÉCTRICO
         
          Con manos y antebrazos aún enjabonados, tratando de fingir serenidad e ignorancia al respecto de ese jocoso apodo, pues tal sobrenombre, auto impuesto, sonaba en todo el país por medio de  ondas hertzianas, el cirujano de turno llegó hasta sala de espera para tratar de apaciguar al mentado CHAPULÍN ELÉCTRICO, habiéndole hablado de esta manera:
        Buenas tardes, DON CHAPULÍN ELÉCTRICO.
        —¡¡¡Muy buenas tardes, joven señor doctor!!!
        —Óigame, don Chapulín: vamos a hacer única  excepción con usted; pero, para ello, será imprescindible asepsia y antisepsia de todo su cuerpo…
        — ¡¿Qué me quiere decir con ese lenguaje obsceno, joven doctor?!
        —No es ninguna obscenidad, señor Eléctrico. Escúcheme:… usted debe bañarse con  jabón especial proporcionado por nosotros en uno de nuestros baños asépticos… Se bañará por tres consecutivas veces, restregándose con cepillos asépticos similares a éste, ¡mire!; cuando haya secado todo su cuerpo con toallas desinfectadas, estas dos señoritas enfermeras lo frotarán, de pies a cabeza, con alcohol puro de 90º GL; en seguida lo vestirán con ropa de sala quirúrgica; lo calzarán con zapatos “pasterizados”; le cubrirán cabeza y cara con gorro y máscara estériles,… ¿acepta, don Chapulín?

   ¡¡Claro!!... DON CHAPULÍN ELÉCTRICO aceptó. Cirujano emergente se marchó a iniciar trabajo haciendo puntadas intradérmicas con hilos especiales absorbibles  para evitarle al máximo cicatrices faciales visibles. 35mins después, tres señoritas introducían al Chapulín Eléctrico hasta presencia de su queridísimo retoño. “CHAPULÍN ELÉCTRICO parecía muerto bañado con jabón de cuche”—, dijeron aquellas enfermeras. No estaba ebrio; pero ellas debieron luchar un poco para evitar contacto corporal o abrazo de padre con hijo maltrecho; pues el médico tratante se había retirado a terminar su almuerzo después de misión cumplida. Enseguida llegaron otras emergencias. Tal galeno ya no vio más al mentado don Chapulín. Temprano de esa noche, por insistencia del Eléctrico, jovenzuelo lesionado, ya remendado, fue dado de alta.

   Durante refrigerio de medianoche, señoritas de enfermería en servicio social, otras enfermeras y auxiliares de servicios, incluyendo a porteros y motoristas de ambulancias le narraron, a este embrión de escritor, la insistencia del saltamontes por averiguar nombres con apellidos del médico quien lo había obligado a ducharse en tres consecutivas veces y ser vestido por aquellas núbiles bellezas alumnas mayores de Florencia Nigthingale. Fracasó en su intento.
        
           No obstante, a la mañana siguiente (lunes), caravana de empleados hospitalarios recién llegados al relevo de 07:00hts, pomponearon  puerta del dormitorio de este servidor para alertarlo, porque en una de las más potentes radiodifusoras capitalinas, en programa de chascarrillos de audición colosal, el locutor principal empezaba, sin terminar de relatar el percance sufrido en ciudad Chalatenango por él y por su imberbe hijo. Daba, al mismo tiempo, gracias al doctor fulano de tal y al equipo de abnegadas enfermeras por deferencias recibidas. Estas alabanzas continuaron durante siguiente hora, o sea, cuando el mismo saltamontes iónico transmitía, —en persona, solitario, haciendo efectos sonoros, modulando voces de veinte ó más personajes de uno u otro sexo, edades, profesiones, nacionalidades, etc. —, su todavía más popular radionovela: “Limpiaos Tutuy”.
        
           Quien esto relata soportó esa ensarta de alabanzas durante tres consecutivos días (dos horas en cada mañana). Al cuarto, usando “p i t a   b r u j a” (teléfono), lo llamó antes del inicio de tales programas, a las oficinas de tan potente radioemisora. Después de identificación y amable saludo del galeno, éste le suplicó parar ya tantos inmerecidos elogios. Aquel acridio saltón le respondió: “Yo indagué sus nombres con apellidos por medio de don Terencio Armijos, presidente del Patronato de ese hospital y padre de familia del Poeta Roberto Armijo, residente en Paris, Francia, porque preciosas enfermeras y resto de trabajadores, hicieron mutis a mis agradecidas interrogaciones”.

    Don Guillermo Antonio “Albertico” Hernández (El Loco Williams vicentino), auto apodado CHAPULÍN ELÉCTRICO, famosísimo polifacético y polifónico locutor radial de chascarrillos, más radio-novelas jocosas y serias (El Derecho de Nacer), paró sus rachas de loas; sin embargo, de vez en cuando hacía breves alusiones a lo mismo.
              
                   1—HOSPITAL CHALATECO = hospital localizado en ciudad Chalatenango, cabecera del departamento del mismo nombre.

                                          21 de septiembre en 2001

                                      C  O  N  T  I  N  U  A  R  Á.

domingo, 15 de abril de 2012

HEREJÍAS, 36ª ENTREGA


H   E   R   E   J   Í   A   S
       Trigésima sexta entrega
         Por Ramón F Chávez Cañas

CCXLV
Inquisidores civiles,/ verbigracia indios aztecas,
ajotados por sotanas/ desde años diez hasta treinta
del siglo recién pasado,/ por medio de lucha cruenta
quisieron eternizar/ ambiciones tan a secas

de tan torpes “consagrados”/, quienes llegando hasta mecas
—léase Estados Unidos/ y la Roma hoy no violenta—,
buscaban intervención/ militar a toda cuenta;
pero se hicieron así./ Hoy nos maldicen con muecas.

En Guatemala de Arévalo/ y después de Árbenz Guzmán
sotanas siempre malévolas/ venerando al Tío Sam
bendijeron  explosivos/ del mercenario Castillo.

Así, tirando vil piedra/ y escondiendo torpe mano
medievales religiones/ con proceder de villano
escudándose en Jesús/ quieren darse nuevo brillo.

CCXLVI
Similar ha sucedido/ en América Latina:
Batista en Cubita Heroica/ y, en Honduras, Carías;
Trujillo en Dominicana/ donde dejara sangrías;
en Costa Rica, Picado./ ¡Todos dejando hedentina!

Venezuela de Bolívar,/ —una sociedad tan fina—,
con un Juan Vicente Gómez/ destilando porquerías
y dos de apellido Pérez,/ serviles de oligarquías
hacían trabajos sucios/ en nombre de esa doctrina.

En Colombia y Ecuador;/ en Paraguay y Brasil;
en Bolivia,/ Argentina/ y en Uruguay de Galeano,
como en la propia península/ de España y de Portugal

las mitras inquisidoras,/ con fogata muy sutil
valiéndose de civiles/ y del militar enano
aún están pretendiendo/ volver a etapa infernal.

CCXLVII
Cuando visitamos Roma,/ Copenhague o Madrid;
Berlín, Lisboa o ciudades/ de menos categorías
nos llevan a explorar/ castillos y abadías
construidos desde los tiempos/ vetustos del Mío Cid,

hasta del Absolutismo/ reinante con frenesí
desde Catalina en Rusia/ al Sansoussi de alegrías;
desde Don Carlos Tercero/ a los Luises de ironías,
hasta cuando Ilustración/ dijo: ¡Basta! ¡Y hasta aquí!

Da tristeza contemplar/ tan inmensos caserones
con estatuas, armaduras/ y mobiliarios brillantes;
con enormes atalayas/ y espectaculares puentes.

¿Cuántos esclavos obreros/ allí encontraron panteones
para que obispos y reyes,/ personajes repugnantes,
escudándose en Jesús/ mataran a penitentes?

CCXLVIII
Sotanas con sacramentos/ dominaban a idiotas
llevando paz a reinados/ de aquella vieja Europa.
Obispos y cardenales,/ vistiendo lujosa ropa
tenían hipnotizados/ a campesinos ilotas;

pero quienes no acataban/ tal evangelio con jotas
y querían liberarse/ cuales barcos viento en popa,
entonces aquel binomio/ les obligaba a cruel copa:
vil fogata funeraria,/ horca o cárcel: muerte a gotas.

Todo aquello se basaba/ en descarada patraña:
reyes y papas estaban/ por dios cristero nombrados.
Por un milenio judío/ esta burda telaraña

subyugó a europeos/ obreros y de la gleba.
Mas, vino La Ilustración/ de ciudadanos librados
de torva mitología/ desde Adán y desde Eva.

CCXLIX
Al mirarse en cuerda floja/ o entre pared y/ espada
puesta por los precursores/ en el siglo dieciséis
de La Ilustración Francesa,/ por medio de Galilei,
tratando de aclimatar/ tales conceptos de Nada

reforman sus escrituras/ y en centenaria jornada
intentan mancomunar/ la Ciencia con el estrés
combinando descabellos/ de esa doctrina sin pies
que se ha querido meter/ en donde no es invitada.

Milenio y medio de yugo/ por fanatismo cristero
saliéndose del guacal/ e invadiendo Ciencia laica
tratando así de imponer/ necedad en mundo entero.

Mal no dura dos milenios,/ mucho menos tan arcaica
madrastra extorsionadora/ que en nombre de Buen Lucero
nos hizo bailar un tango/ y pulsar la balalaica

CCL
Pastorcitos y curitas,/ asimismo las monjitas
en un noventa por ciento/ vienen de clases muy bajas
desde aspectos económicos,/ y con muy pocas ventajas
intelectuales, se sabe,/ por sus mentes tan marchitas

al proceder de arrabales/ o de campiñas malditas
donde pobre campesino/ apenas cena migajas:
donde luz del buen saber/ siempre ha vestido mortajas.
¡Aspirante a redentor/ carece de cuatro pitas!

En llamados seminarios/ para forjar sacerdotes
o pastores chachalacas/ repitiendo mil versículos
no se cobra emolumentos/ por “enseñanza” impartida.

Astutos sostenedores/ son sujetos con garrotes
quienes de biblia no entienden/ ni los temas más ridículos;
pero este pastor será/ su compinche en la “movida”.

CCLI
Señoritas y muchachos/ que optan por tales “estudios”
no lo hacen por vocación:/ quizá sólo por pobrezas
monetarias, sí señor;/ pues dentro de sus cabezas
bullen paganas ideas/ sin pasar de los preludios.

Penetran a seminarios/ con no tan buenos augurios
esperando remontarse/ hasta conseguir riquezas
sin importar mentirotas/ “estudiadas” con torpezas
para embaucar a incautos/ con descarados infundios,

Doce años de enclaustramiento,/ ¿para qué podrán servir?
Tal respuesta es muy sencilla:/ tratar de domesticar
sacros impulsos sexuales/ dados por Madre Natura.

También amoldar cerebros/ para así poder salir
al mundo do está el dinero/ y allí despotricar
contra diablo imaginario/ de católica factura.

CCLII
A imberbes jovenzuelos/ les pasa igual a castrados
entre siglo dieciséis/ y centuria diecinueve.
De entre trescientos castrados/ apenas llegan a nueve
sopranitos masculinos/ de aquellos tiempos malvados.

Menos del cinco por ciento/ de esos jóvenes dopados
llegan a cumbres de Orfeo,/ o cumbres donde les llueve
plata contante y sonante/ y no copones de nieve.
Con altivez se proclaman:/ ¡seres por dios consagrados!

No obstante, esas utopías/ rápido desaparecen
porque impulsos hormonales/ no pueden ser inhibidos;
más amores a dineros/ también rápido perecen

pues tanta plata más oro/ con delirio recibidos
se van para el Vaticano,/ donde los tesoros crecen
y pastorcitos locales/ se quedan aquí jodidos.

C  O  N  T  I  N  U  A  R  Á.-

lunes, 9 de abril de 2012

OLVIDADA HAZAÑITA DEL TÍO NICOLÁS


   OLVIDADA HAZAÑITA DEL TÍO NICOLÁS
           Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                  Escrito por Ramón F Chávez Cañas
         

Sucedió durante Semana Santa del último tercio en años 50’s del siglo recién pasado (1958). Pocos meses antes, Monchito había cumplido 18 años de edad; ya era bachiller en Ciencias, Letras, y Matemáticas del Instituto Nacional Doctor Sarbelio Navarrete en ciudad San Vicente, (como quien dice: bachillerato de tres platos). Había sido notificado de su admisión opcional en una de dos facultades en Universidad de El Salvador: Jurisprudencia, y Medicina. Estaba clasificado en puesto correlativo 45, ─de 150 aspirantes admitidos en Jurisprudencia─; en casilla 16 fue admitido entre 45 calificados para novatos en Medicina. Por supuesto, gracias a inclementes presiones de don Moncho, su padre, este muchacho optó por ciencia de Esculapio o Galeno; por tanto: disfrutaba de cortas, pero bien merecidas vacaciones (10 de marzo ─10 de mayo).

Sólo el hecho de ser bachiller en aquellos no tan lejanos tiempos, era motivo de orgullo para cualquier jovenzuelo y familia. Ser admitido en única y verdadera universidad existente entonces, era, todavía, galardón más alto; pues solicitudes de ingreso a Jurisprudencia y CC SS rondaban en 3´000. En cerca de un millar para carrera de Medicina. ─No obstante, 60 años atrás, a finales del siglo XIX y principios del XX, sólo ser bachiller, no digamos doctor, era suficiente motivo para, en ciudad San Vicente, llamarle a cualquiera con el apodo de “ilustre”, aunque el tal ilustre no calificara en humanismo ni con nota de cuatro, en escala del cero al diez.

Tal bachillerzuelo nunca se ufanó del mentado titulillo, procurando evitar conversaciones engorrosas al respecto, pues él pensaba así: “IMPARTIR TODA EDUCACIÓN DEBE SER  OBLIGACIÓN INALIENABLE E INELUDIBLE DEL ESTADO SALVADOREÑO PARA OFRECERLA A TODO SER HUMANO, HOMBRE O MUJER, CON CAPACIDADES INTELECTUALES O VOCACIONALES PARA ELLO. EL ESTADO SALVADOREÑO DEBE SUBVENCIONAR COSTOS MATERIALES DEL ESTUDIANTADO NUESTRO NECESITADO POR POBREZA. DE ESA MANERA NUESTRO PEQUEÑO PAÍS, PARA TAN DISTANTE AÑO DOS MIL, PODRÁ PISARLE TALONES AL GRAN DUCADO DE LUXEMBURGO O A REINOS DE BÉLGICA Y DE HOLANDA, PAÍSES DE SIMILARES DIMENSIONES AL NUESTRO, TANTO EN EXTENSIÓN GEOGRÁFICA COMO EN DEMOGRÁFICA”.
                                        *****
        
          Ese Viernes Santo, en horas matutinas, cierta tía paterna del bachillercito, —la más joven de tres tías, viuda desde hacía tres años—, dirigiose al convento parroquial del inolvidable Pueblito e hizo algunas transacciones religiosas-mercantiles con el comité del Santo Entierro. Con elegantes enaguas negras hasta cerca de tobillos bailándole al son de sus apresurados pasos, y con fino tapado católico de seda natural bendecido por Benedicto XV en 1920, (heredado de doña Segunda, su madre) cubriéndole hombros, llegó hasta residencia de su hermano mayor, padre del Monchito. —Diez de la mañana marcaba el viejo reloj público donado en 1928 por el presidente de El Salvador: don Pío Romero Bosque. Reloj empotrado en tosca torre de hojalata barata con forma de granero rectangular gigante. Ésta, encasquetada sobre techo del lúgubre local municipal ocupado a fuerza por la mal llamada “benemérita” guardia nacional, instrumento represivo de la siempre ladrona oligarquía—. Dicho joven estaba en sala principal del hogar paterno atendiendo a media docena de amigos visitantes, entre señoritas y caballeritos, cuando hizo sorpresivo ingreso aquella enlutada dama, quien portaba con puño derecho cierto doblado papel similar al tamaño de media carta postal. Quizá por obligación social saludó al resto de aquella divina juventud ávida del saber. Sin más preámbulos, llevose al sobrino hasta el fondo del profundo traspatio en donde, bajo sombra de enormes naranjeros en flor y con estridente mal cantar de cigarras, de tajo habló así:
       
        —Mira Monchito: Moncho, mi hermano mayor y padre tuyo, no se ha enterado, pues él no cree en curas, ni en imanes, ni en  pastores, tampoco en rabinos; pero yo vengo de casa conventual donde compré, por ¢5ºº ($2ºº) este papel. Esto lo hago para que tú, durante esta tarde o parte de la noche, cargues por dos cuadras (200mts) tan sagrada urna funeraria de nuestro Señor Jesucristo, pues ya eres ciudadano al haber cumplido 18 años de edad... (¡...!)... Es cierto: eres alto y flaco; pero no eres pechito. También te has desvelado durante muchas recientes noches estudiando para ser admitido en la Universidad; pero, a tu edad, sobran  fuerzas para hacer cosas buenas... Además, hace dos años, sí tuviste suficiente vigor para dejarte llevar por el pícaro del Nicolás Cañas Merino, tu único tío materno, a buscar meretrices hasta ciudad San Vicente, donde ejercen dos principales descaradas mujerzuelas el llamado oficio más antiguo de este mundo. Tales desvergonzadas mujeres llámanse, una: Blancota y, otra: Conchona. Asimismo, prostitutillas de poca monta: Albahaca, Cabra Choca, Quiebra Catres, Celia Pelona, etcétera.   Es más, —prosiguió la ya encolerizada señora—, el proxeneta local, mal apodado “Primo-hermano”, despotrica contra de tu apestoso tío Nicolás porque él, el proxeneta, dice haberle ofrecido para ti, algo parecido a primera mano; pero tan malvado Colacho prefirió ir a dejar ese dinero a otro municipio con prostitutas podridas. Por eso ninguna de tus tías, incluyendo a Sarita, hermana del Colacho y de tu mamá, le dirigimos la palabra, pues es gran cochino…. (¿...?)…. ¡Bueno!, aquí te dejo este comprobante. Cargarás desde esquina de farmacia Las Américas de don Santiaguito Morales Quintanilla hasta esquina de don Chabelo Salinas Vasconcelos o de familia Díaz-Chanchanico. Yo pedí colocarte en esos 200mts porque es suave bajadita y te será menos pesada la carga. Encargado de recoger estos papeles y colocarte en palanca respectiva, será don Luisito Burro, sacristán o, doña Carlota Belloso v. de Fernández, reina indiscutible de tantas “beatas” tecoluquenses…. (¡¡...!!)…. ¡¡En fin, si no estás de acuerdo, rómpelo; pero cuando llegues a presencia de Dios, de nada servirá tu arrepentimiento!!

   Por respeto y cariño a dicha tía, no por convicción al respecto, el novel universitario tecoluquense dio asentimiento al mover la cabeza varias veces de arriba hacia abajo. Aquélla se retiró con misma rapidez con la cual llegó. Flaco pescuezón estudiante regresó a sala de tertulia estudiantil. No hizo comentario alguno sobre el cusuco (problema) en el cual se había metido sin haberlo él buscado, a pesar de insistencias del bachiller Herman Alférez, estudiante en 3er año de Medicina; de señorita Merceditas Villalta Villegas, en 2do año de Jurisprudencia, y de señorita Enoe Rivas Mejía, quien estaba por graduarse de Contadora Pública en  ENCO (Escuela Nacional de Comercio).        
         
          Cuando matracas matracaban invitando al inicio de aquella procesión, tosco reloj público sonaba seis campanadas vespertinas. Calor del Sol ecuatorial ya en ocaso, casi perpendicular en esos meses, estaba aumentado por miríadas de veladoras encendidas y por aglomeración de igual cantidad de feligreses, como aquel moreno joven Díaz  Chanchanico quien, además, iba vistiendo su más preciosa gala: finísima chumpa negra de grueso cuero genuino con cremallera subida hasta manzana de Adán. Don Luisito Burro remitió a Moncho hijo hasta donde don Danielito Chacón, auxiliar de sacristán. Éste, con  diagrama en mano, le señaló ser cabeza de palanca izquierda en ese calvarioso tramo. Larguirucho pescuezón, futuro académico universitario, indagó sobre compañeros de ruta y palanca. Don Danielito le mostró  nombres de doce cargadores de palanca izquierda durante el programado trecho; ellos eran: don Carlitos F. Molina (55 años), don Nichito Portillo (66) padre e hijo (32), don Damasco Salomón Portillo (20), don Carlitos Henríquez Chávez (30), más otros cuatro o cinco no recordados; pero todos con estatura promedio de 1.75mts. Sólo aquel embrión de Galeno, —alias: “Pescuezo de Jirafa” medía 1.88mts. Éste no reparó en ese importante detalle hasta cuando ya estaba sintiendo el “lujoso” sagrado peso de 30qq repartidos entre 24 hombros, algunos casi esqueléticos; hasta cuando don Carlitos F. Molina II, colocado en retaguardia inmediata del pescuezón bachillercito para sólo ir tocando con yemas la tal palanca, le decía: “¡Buena, bachiller, vamos muy bien!! Si usted gusta, nos podemos repetir por otros 200mts. Yo le daré prestados ¢5ºº. Mañana  mandaré a cobrarlos a papá o a mamá. Jovencitos como usted está necesitando nuestra santa madre iglesia. El Pueblito observa cómo uno de sus futuros preclaros hijos se mezcla con nosotros, casi iletrados, para rendir honores a nuestro mismo Dios”. Con más sarcasmo, tal enano vozarrón, parásito y falso cargador Molina, proseguía, mientras diez restantes cargadores del lado izquierdo escuchaban: “Moncho padre y Carmencita, madre, ahijados míos de matrimonio, deberán sentirse muy orgullosos por haber recibido de Dios a este atlético muchacho capaz de quitarle primer puesto a Charles Atlas y a Tarzan o, de cargar, sólo él, esta pesadísima urna, incluyéndonos a nosotros, pigmeos garrapatas”. El, ocho años después doctor en medicina, no contestaba; mucho menos festejaba tal broma pesada salida del señor Molina quien, además de ser mucho mayor en edad, era un principal del conglomerado tecoluquense.
         
          Fue llegando a esquina de don Chabelo, —después de larga media hora paseando, en vaivén y en cámara lenta, a tan sagrada Tragedia—, el desrabadillado símil hechizo de Charles Atlas entregó tal cabeza de palanca-tormento. Con andar desnivelado, similar al del Jorobado de  catedral Notre Dame, buscó  refugio en su rígido camastrón de laurel y caoba con petate por colchoneta, entretejido cuadriculado con correas cuero crudo de res, a manera de resortes.
         
           Al día siguiente, numerosos amigos: señoritas y varones, lo visitaron hasta su dormitorio, habiendo encontrado allí a don Lino Parras y a don Felipe de J. Ayala, quienes le sobaban, con sebo de res y cabos de cuma: hombros, espaldas y caderas, después de haberle administrado, por vía oral, purgante doble de sal inglesa.
                                              *   *   *

    Quince años más tarde, —ya casado con guapa morena vicentina: María Elsa Cornejo, y padre de dos primeras de cuatro nenas—, el doctor Monchito fue operado de columna lumbar-sacra, para extirparle disco-cartílago intervertebral lumbar, quizás dañado por aquella desproporcionada carga obsequiada a él por una de sus tres queridas tías paternas: Doña Juana Francisca del Carmen Chávez Henríquez viuda de Orantes Vela.
                                                       F  I  N
                                             21 de julio en 2005.

   P.D.: cuando las tantas veces mencionado flaco sobrino recibía  pergamino universitario del doctorado, aquellas tías hacían paces con  puñetero Colacho.