Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

jueves, 1 de marzo de 2012

FUNERAL UTÓPICO


F  U  N  E  R  A  L     U  T  Ó  P  I  C  O1
Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
    Escrito por Ramón F Chávez Cañas


        El Chelito Orlando Chávez Cañas estaría iniciando su sexta década en este planeta cuando murió, de muerte natural senil, la última tía paterna, quien concluyó 120 años del cacicazgo en tan paradisíaco Pueblito, de la casi sesquicentenaria2 dinastía  Chávez-Henríquez.
        Este lindo Pueblito está cimentado frente a las dos enormes tetas del majestuoso volcán Chinchontepec, —ambas tetas visibles a perfección desde lado sudoriental—. O, cimentado 02kms al sur de las “Ruinas de Tehuacán”, capital del Imperio Nonualco precolombino. Desde esas Ruinas se contempla el maravilloso litoral para-central y parte del oriental del diminuto país, con profundo Océano Pacífico sirviéndole de fondo.
Chelito Orlando, a sus 52 años bien vividos y bebidos, con su estampa de dos metros aproximados (1.94m.), más doscientas veinte libras libres y de atlética estructura muscular (100kgrs.) se parecía al mitológico Sansón bíblico o al Hércules helénico. Además, se distinguía por profesar profunda veneración a todos los mayores; sobre todo a sus consanguíneos maternos y paternos. Fiestas o lutos familiares, este enorme varón los gozaba o sufría ingiriendo cataratas de cerveza negra danesa Carlsberg, importada por él para su consumo cotidiano privado, sin llegar al mareo ni a perder la correcta compostura. La difunta tía del Chelito Orlando, quien entregó su alma al Creador a 95 años de edad, había sido elegante dama de estatura mediana y de complexión maciza sin sobrepeso; pero, por culpa de su excepcional longevidad, con  agravante de ser fémina, osteoporosis la había reducido a una talla-peso similares a los de una niña bajita, delgada de entre 10 a 12 años de vida. Su muerte fue algo súbita, pues 24hrs antes había estado en amena charla con otro de sus queridos sobrinos: Don José Ovidio Chávez,  hermano mayor del Chelito Orlando, hermano mayor propietario de la edénica hacienda El Jiote donde, en enero de 1933, por primera vez se escucharon aullidos de la desventurada Coyota Teodora. La tía falleció durante primeras horas de una madrugada, en último julio del siglo XX, ─06 meses antes del catastrófico terremoto del 13 de enero en 2001. De inmediato se dio tan infausta noticia a todos los numerosos familiares residentes, a causa de Guerra Civil nuestra recién pasada, en lo ancho y largo del pequeño país y en el extranjero. Al amanecer de ese lúgubre día, calles y avenidas aledañas a mansión fúnebre, estaban colmadas de automotores.  A 06:00pm del mismo, centenares de automóviles no encontraban adecuado sitio urbano para ser aparcados; habiéndose habilitado, para tal efecto, algunos terrenos agrícolas contiguos al Pueblito, propiedad de la dama yaciente, con la consecuente vigilancia efectiva ordenada a colonos. Vigilancia sufragada con dineros de las arcas dejados por la misma. Tiernos arrozales y milpas ya en jilotes, fueron arrasados para solucionar dicha emergencia automotriz. Fue necesario contratar a dos docenas de “valetparkins” para acomodar a tanto automotor,  evitándoles molestias a  dueños de los mismos.
Goliat familiar fue el primero de los sobrinos distantes en hacerse presentes. Llegó desde la próxima y colonial ciudad de Austria y Lorenzana (cabecera departamental) a eso de 04:00hrs. Junto con el hijo mayor de la finada, auxiliados por respectivas nietas de la misma, vistieron el fresco cadáver para esperar el correspondiente ataúd pedido de inmediato a ciudad cabecera ya mencionada. A 06:00am, tan venerada tía estaba siendo depositada al interior del recién llegado finísimo féretro. Dinásticos lejanos en distancia, pero cercanos en genética y cariño; asimismo, incontables amistades de éstos y de aquélla, desfilaron durante 48hrs frente a los casi centenarios despojos. Chelito Orlando, con similares horas de desvelo, parecía viejo pero fresco lirio, saludando con abrazos a quinimil3 parientes y a  centenares de amigos llegados para tales exequias. Por momentos, este sobrino derramaba abundantes lágrimas y copiosos mocos salídosles de ambas fosas nasales, los cuales él limpiaba con sus perfumados blanquísimos pañuelos de algodón peinado. Apesadumbrados sentimientos, medio los mitigaba con más Carlsberg, sin llegar a la ebriedad; y con rubios tabacos importados (habanos Cohíba o Partagás) hasta parecerse a una antigua prieta locomotora IRCA, movida por leña o por petróleo,  ya desaparecida.
¿Por qué Chelito Orlando, siendo sólo sobrino paterno carnal de la querida tía parecía uno de los principales anfitriones dolientes cuando, tal Chelito gozaba de sólida solvencia social, empresarial y económica?... Tal respuesta es fácil: cuando Chelito nació, esa tía le escogió los nombres. Así se llamó: Héctor Orlando. Junto con su esposo (muerto 45 años antes) lo llevaron a pila bautismal católica. Y, por otras cien mil buenas razones presentes a torrentes en memoria del gigante. Es más: apodo de Chelito le fue puesto por ella con benevolente complacencia de su distante finado esposo. Mentado Chelito tenía, además de a su legítima madre biológica viva, —otra singular positiva matriarca: Señora Doña Carmela Cañas de Chávez, aún saludable—, a su paterna tía-madrina a quien siempre le llamó “mamá”, seguido del primer nombre de ésta. Hijo mayor de la fenecida también le expresaba y le expresa particular aprecio  respetuoso. El querido padrino de don Orlando falleció a causa de accidente ecuestre cuando el ahijado frisaba entre 06 u 08 años de edad.
*       *      *
A 02:00pm de aquel tercer grisáceo día, las cuatro campanas católicas parroquiales empezaron a sonar con tristes primeros repiques o dobles para recordar irrefrenable carrera cotidiana del Sol; asimismo,  aproximación de la hora para concelebración, por tres ministros, incluyendo al obispo vicentino, de solemne misa fúnebre cantada y acompañada por calificada orquesta de cuerdas llegada expresa desde la ciudad capital del pequeño país; orquesta cuyos barítonos, tenores y sublimes sopranos, pondrían nostálgica emoción en toda aquella doliente concurrencia. Al sonar el tercer  repique o doble, o último, (02:30pm) los edecanes funerarios contratados, vistiendo rigorosos ropajes negros en trajes enteros tipo smoking, disponíanse a trasladar tan fina caja en forma de zeppelín, elaborada en maderas preciosas (caoba), con la inerte decana familiar en su afelpado interior, hasta compartimiento de la no menos lujosa limosina funeraria. Al momento de apresurarse aquellos elegantes oficiales servidores de pompas fúnebres,  a cerrar el ataúd con caóbica4 tapadera, de entre la multitud de acongojados presentes emergió aquella hercúlea figura de las tantas veces mencionado sobrino quien, entre sollozantes palabras educadas, retiró a los bien vestidos hombres, diciéndoles:
         Un momento, caballeros: mi tía-madrina no debe ser llevada, ni a la iglesia, ni al cementerio, en esa carroza mortuoria... En artefactos como ése, sólo viajan difuntos pobres, cuya única riqueza de su vida fue el dinero... Mi tía era más rica en bondad, en comprensión y en amor para con todos sus semejantes; por tanto: ella merece ser llevada sobre  brazos de este su humilde sobrino a quien ella tanto quiso—. (En realidad, no decía “mi tía-madrina”, sino: “mamá”... seguido del primer nombre de la inolvidable anciana).
        Dicho lo anterior, aquellos seis catrines enterradores, sin articular palabras e impotentes, perplejos miráronse unos a otros, cediéndole el espacio al gigante. Inmensa sala de casona luctuosa atestada de familiares y amigos, mantenía silencio sepulcral, expectante, prolongado. Hijo mayor de la fenecida estaba anonadado; pero complacido por inesperado extraño gesto de su primo-hermano menor. Éste, sin titubear, absorto retiró con delicadeza al Cristo Negro de la cabecera; a las coronas, candelabros y floreros más próximos; a las ocho ancianas quienes rezaban el último rosario, (no por la juzgada, sino por sus propios temores a la huesuda); luego desarticuló tan pesadísima tapadera; tomó con sus manotas aquella inanimada nonagenaria anatomía; la sacó del ataúd acomodándola horizontal entre sus musculosos brazos, caricaturizando a inmortal escultura vaticana “La Piedad”, esculpida por Miguel Ángel Buonarroti hace 400 ó más años. Con velo fino de seda natural la cubrió de cabeza a pies; abriose paso entre tan expectante multitud, saliendo al portal exterior de la céntrica colonial casona pueblerina de la difunta; ordenó al uniformado chofer de la negra limosina, recibir el vacío ataúd o zeppelín, colocarlo dentro del compartimiento respectivo y ponerse en segundo lugar del cortejo, porque él, el Chelito, chineando los livianos restos (100 ó 110 libras) iría en primer plano, o sea: encabezando luctuosa procesión para caminar, a pie, aquellas 15 ó 20 cuadras periféricas del singular Pueblito. Así llegar hasta iglesia parroquial. Ya en la calle, algunos otros cercanos parientes, incluyendo al hijo menor de la finada, no pudieron persuadir de lo contrario al gigantesco llorón, habiéndose ellos resignado a colocarse en primera fila del séquito, después del solitario ataúd llevado por la limosina. En seguida de carroza fúnebre vacía y de sollozantes dolientes más cercanos (plañideras no encontraron espacios para lucir sus artes), iban dos soberbias bandas musicales regimentales completas, llegadas éstas de las dos ciudades cabeceras departamentales más inmediatas al incomparable Pueblito. Estas bandas musicales se turnaban ejecutando diversas marchas fúnebres a cuales más sentidas, quizá para demostrar, a tan apesarada audiencia, la secular rivalidad mantenida entre ellas. Tales marchas no envidiaban nada a las tocadas durante viernes santos en: Antigua de Guatemala, Sevilla de España y en ciudad Sonsonate, El Salvador. Después, iba resto pedestre de otros consanguíneos, familiares afines, servidumbre neo-esclavizada pero tratada con justeza cristiana, más numerosas amistades. Por último, aquella doble fila de 200 ó más automóviles de modelos recientes llevando, sobre de parrillas, caperuzas y techos, infinidad de coronas, más arreglos florales respectivos.  Indigentes y bolitos5 pueblerinos quisieron aproximarse durante el recorrido para tocar, por vez postrera, restos de aquella querida y respetada matriarca llevada sobre fuertes largos brazos de su inconsolable sobrino; pero, 30 policías nacionales civiles antimotines, con gran esfuerzo, paciencia y cortesía, los retiraban. Mientras tanto, el Hércules llevaba empapado en sudor su impecable traje entero oscuro de legítimo casimir pakistaní de Cachemira, aunque la rosada blancura de su tez lucía fresca, pero consternada. Su altiva testa iba cubierta por sombrero fino de color negro, alas extendidas, fieltro italiano Barbissio; sus melancólicos ojos eran disimulados por lentes verde-gris de manufactura holandesa marca Baruch de Spinoza; su camisa blanca con corbata negra, ambas de exclusiva seda francesa Lacoste, destilaban sudor; calcetines de algodón egipcio fabricados en El Cairo, anegaban el delicado cuero de cabritilla charolado de sus zapatillas elaboradas a mano por eficientes operarios de don Paquito Cornejo; los tres mega diamantes anulares engarzados en oro de 21 quilates, heredados por él de próceres Cañas (1767-1840), junto con otros doce diamantes del genuino reloj pulsera Rólex montado en oro macizo del mismo quilataje, incluyendo brazalete, cegaban a: policías  antimotines, indigentes, cirineos y verónicas. Doña Lolita, esposa del Sansón, exhibiendo cara pedrería colonial heredada de sus antepasados: Merino, Quintanilla, Caminos, etc., y las tres hijas de ambos, le pedían al Santísimo no permitir, al esposo y padre respectivo, un traspiés sobre aquellas adoquinadas callecitas, evitándole así rodar por los suelos con la casi sagrada reliquia. En apesadumbrado trayecto, algunos simón cirineos le aligeraban la vía crucis mientras el Chelito descansaba por breves segundos para rehidratarse con más Carlsberg las cuales, enlatadas y en hielera portátil, eran suministradas por el Sancho Panza de don Orlando: Carlos Mendoza o, Mendoça, a secas. Mendoça marchaba paralelo a pocos metros de su Don Quijote, confundido con la plebe desheredada. Varias verónicas, al paso, secaban al Hércules el copioso sudor de su guapo y rosado rostro.
        Después de darle 02 ó 03 solemnes vueltas a periferia del utópico Pueblito, tan magno acontecimiento estaba por llegar frente al altar mayor de iglesia parroquial. Ahí ya se encontraba el soberbio zeppelín vacío esperando a su llorada dueña; los tres ministros católicos (luciendo sus mejores galas litúrgicas), desesperando por los restos terrenales de aquella magnífica difunta; orquesta de cuerdas, integrada por 44  filarmónicos, revisando partituras y colocándolas en atriles respectivos. La iglesia se estaba llenando y agotándose los reclinatorios. o5mins más tarde, por puerta principal de la fachada, don Héctor Orlando, con su preciosa carga, hizo regio ingreso: con paso firme marcial —casi un paso de ganso al estilo hitleriano en cámara lenta—, éste recorrió los 60 metros largos desde puerta principal hasta el altar mayor, donde depositó, dentro del mueble luctuoso, aquel querido despojo. Esto sucedía a 04:00pm o sea, 90mins después de iniciado lúgubre recorrido fabuloso. Misa cantada por tres ministros duró otra hora y media; habiéndose escuchado, por primera vez en tan fantástico Pueblito, el “Libérame Dómine” y  “Stabat Máter” compuestos hace cerca de 150 años por Giuseppe Verdi en honor al fenecido poeta Alessandro Mansoni; también se escuchó música sacra nacional parida por los nunca bien llorados maestros sanvicentinos: don Domingo Santos, don Esteban Servellón y don José Napoleón Rodríguez; además, réquiems originales de  fenecidos filarmónicos originarios del lírico Pueblito: don Rafael Villegas Chávez, don Emilio Martínez Molina y don Santiaguito Morales Quintanilla, (en iglesia y en cementerio hasta bien entrada aquella noche). A 05:30 de esa misma tarde, con cielo canicular azul, más calorcito de 38ºC a la sombra, Chelito retomó el cuerpo rígido. En similar forma, la “benjamina” de don Francisco y de doña Segunda (fundadores del clan Chávez-Henríquez allá por 1888), fue llevada a su morada final —a su sarcófago del mausoleo familiar—, en Cementerio Municipal del añorado Pueblito. Ahí, con cariño conmovedor y más llanto, (ya en penumbras vespertinas), tan elegante sobrino volvió a depositar, dentro del féretro, los residuos mortales de su incomparable tía-madrina o “mamá Carmela”, cuyo nombre legal completo fue: Doña Juana Francisca del Carmen Chávez Henríquez viuda de Orantes Vela; mientras, dulces sopranos, tenores y barítonos, en sublime coro entonaban melodías fúnebres, siempre acompañados por la antes mencionada orquesta.
Durante siguientes nueve días después del entierro, por las tardes, nuestro héroe cervecero-fumador, viajaba 12kms desde cabecera departamental hasta el ahora enlutado Pueblito, para acompañar, en l rezos respectivos, al huérfano hijo mayor, —primo hermano-compadre de quien esto relata— a nietos y bisnietos de aquélla... Por las mañanas, todos ellos marchaban hasta el camposanto para depositar, sobre la tumba en el mausoleo, frescas flores, más caras coronas recibidas el día anterior. En el cabo de nueve y de cuarenta días, el devoto sobrino hizo vela hasta el amanecer, acompañando a su primo-hermano mayor. Al presente, jamás ha faltado a una misa anual conmemorativa.
Y, colorín colorado, esta historia  ha terminado.
1—UTÓPICO = De utopía o ensoñación; 2-- SESQUICENTENARIO = 150años; 3—QUINIMIL =    Incontables; 4—CAÓBICA = De caoba, madera preciosa; 5—BOLITOS = Ebrios consuetudinarios pero inofensivos
                                                    F I N
                                           25 de enero en 2005.-

sábado, 25 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 33ª ENTREGA


H   E   R   E   J   Í   A   S
    Trigésima tercera entrega
    Por Ramón F Chávez Cañas

CCXX
Ahora, politicastros, /de mi patria: El Salvador,
junto a extremas derechas/ y tanto credo cristero
gritan por los cuatro vientos/ asustando al mundo entero
vomitando odio salvaje/ y no palabras de amor.

Tales hipócritas gritan/ queriendo sembrar terror
al disfrazar sus tendencias/ feminoides en trasero
con un fingido machismo,/ machismo de bandolero,
y así seguir asaltando/ nuestras Arcas, sin pudor,

o esquilmando a nuestras masas/ desde Medievo esquilmado
con el sambenito bíblico/ inventado por sionistas
judíos y musulmanes,/ más esa quinta columna

que penetró en Europa/ con Cristo crucificado
e injertado en nuestra América/ con cruces imperialistas.
¡Nuestra América hasta ayer/ fue excelentísima alumna!

CCXXI
Dejemos que homosexuales/ y lesbianas en común
vivan sus vidas privadas/ con paces de sus conciencias.
Tal vez en próximos años/ a nuestros seres de ciencias
las diosas les iluminen/ y encuentren, por fin, algún

tratamiento efectivísimo,/ no paliativo, ni un
medicamento fantasma/ que atropelle mil crëencias
hasta abusar sin decoro/ de tan sagradas paciencias
del diez por ciento de humanos/ atrapados en Verdún1

A tanto politicastro/ viviendo extremas derechas,
lo mismo a grupos cristeros/ nacionales y extranjeros
les sugerimos, conscientes,/ pongan su barba en remojo;

porque a nietos o bisnietos,/ sin albergar, yo, sospechas,
pudiese profetizarles/ muchos “gay” mariguaneros;
y a curas fornicadores,/ de lesbianas, un manojo.

CCXXII
Imbéciles derechistas, —religiosos y seglares—,
procurarán defenderse/ insultando a este pöeta,
llamándole homosexual/ desde juanetes a jeta.
Esos son sus argumentos/ aquí/ y en otros lugares.

Quien carece de argumentos/ sencillos y singulares
recurre a dar bajos golpes/ o a ser vulgar marioneta
de crípticos varonzuelos/ u homosexuales sin meta
usando sólo el insulto,/ cuales machistas vulgares.

Dejemos que ellos descarguen/ sus verborreas idiotas.
Evitemos, eso sí,/ sus hogueras medievales:
pues son re-encarnación/ de asesino Torquemada.

Desde/ año dos mil cien,/ homosexuales ilotas
de El Salvador gozarán/ sus derechos tan vitales
porque cristeros hipócritas/ se habrán convertido en Nada.-

CCXXIII
Ortodoxos de la biblia/ se han quedado en oscuranas
por aquella terquedad/ monoteísta de Abrahán
cuando éste con tozudez/ desde/ Ur hasta el Jordán2
llevó su monoteísmo/ a varias razas humanas.

Abrahán, Moisés y Josué:/ tres patriarcas sin mañanas
seguidos de algunos otros,/ empezando por Adán,
Eva, serpiente y manzanas,/ más desnudez colosal.
Las nuevas generaciones/ de tierras americanas,

del África, de Europa,/ del Asia/ y de Oceanía
más islas, cayos e islotes/ de diversos archipiélagos
ya no aceptan tanto cuento/ de hebrea mitología;

de ángeles puros alados/ esclavos del tal Iahvé
y ángeles negros malvados/ parecidos a murciélagos
reinando en oscuridades/ de este planeta al revés.

CCXXIV
Basándose en creacionismo/ de aquella biblia sionista
inmensos seres vivientes/ junto con inanimados
son estáticos eternos,/ quienes niegan ser tarados.
Esta es muy clara evidencia/ de soberbio teosofista.

Todo cambia, todo cambia:/ hechos están a la vista.
Vegetales, animales/ y minerales taimados
han cambiado, están cambiando,/ aunque pocos son notados;
pero la Ciencia moderna/ está dando clara pista.

Los átomos minerales/ como del radio y cobalto
en Madre Naturaleza/ sufren su metamorfosis
acelerada por mano/ del simio sabio e imbécil.

Si esto leyese un fanático/ le causará sobresalto
lanzando sus anatemas/ multiplicando la dosis
y moriría de infarto/ por su corazón tan sésil.

CCXXV
A gatos, perros, caballos,/ pollos, gallos y gallinas
—por nombrar sólo a comunes/ o conocidos del mundo—
desde hace doscientos años,/ humanoide nauseabundo
los está modificando,/ usando técnicas finas,

sus genéticos sistemas/ sin importar mil inquinas.
Con tan claro proceder,/ otro proceder inmundo,
Génesis se queda atrás,/ sólo aceptado por dundo
quien se ha quedado silbando/ y contando las esquinas.

Si Cromañón manipula/ tantos sistemas genéticos
en cortos doscientos años/ para aumentar bienestar
de toda esta especie humana/ creando verdades heréticas

ignoradas en Medievo/ mucho antes de los tratados:
“Origen de las Especies”/ y el otro más singular:
“La Descendencia del Hombre”,/ ambos muy bien ilustrados.


CCXXVI
Eso mismo está ocurriendo/ en el Reino Vegetal:
maíz, arroz y frijoles;/ trigo, tomates, patatas
hasta llegar al abuso/ que cometen papanatas
inyectándoles transgénicos/ de un origen animal.

Tanto adelanto científico/ nadie lo puede ignorar,
contradice a Escrituras/ quizás escritas con patas
y defendida a ultranza/ con de rifles, las culatas
para ser fiel a su dios:/ el guerrerista Jehová.

El hombre, en otros sonetos,/ fue citado en sus variantes:
negro, blanco y amarillo,/ más su gama de matices
no imaginado por génesis/ de los judeocristianos;

mas, animal de dos patas/ existía mucho antes
del génesis religioso./ Con un palmo de narices
se han quedado para siempre/ tan ortodoxos hermanos.

CCXXVII
Católicos y judíos/ tienen enorme ventaja:
ellos pueden ofender/ a quien se les venga en gana
y nunca verse obligados,/ aun llegando a mortaja
a solicitar perdón,/ porque él es persona vana;

pues el ofensor católico/ puede hasta usar vil navaja
contra el infiel o pagano/ y persona sin mañana.
Pecador empedernido/ quien el cielo nunca gana,
pero ese bicho cristero/ su dignidad no rebaja.

Además, él tiene al cura/ a quien pecados confiesa
y el cura cual alcahuete/ le dice, mi hijo querido:
 reza cuatro “padrenuestro”/ y comulgarás contento.

Tal cura jamás ha dicho:/ tú eres hombre mala pieza.
Vamos juntos a buscar/ a tu prójimo ofendido.
Pídele perdón por Dios/ y nunca tendrás tormento.

1—VERDÚN, batalla de = La más larga y cruel batalla librada durante la primera guerra mundial; 2—JORDÁN = Río de Palestina.

C O N T I N U A R Á

lunes, 20 de febrero de 2012

EL BAILE DE GALA


E   L        B   A   I   L   E        D   E         G   A   L   A
      Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
           Escrito por Ramón F Chávez Cañas


       PERSONAJES PRINCIPALES
        ZURRÓN: éste era muchacho sanvicentino frisando en 30 años de edad; de estatura algo menor a la mediana; gordito sin ser obeso ni atlético. De tez blanca ladina; cabellera, barba y bigotes castaños; locuaz cuando estaba cerveteado o tragueado; dueño de cierta agencia Philips (venta de electro-domésticos) en ciudad San Vicente; un donjuán de ambiente pueblerino; desnalgado, usando pantalones tronconeros. El apodo de Zurrón puede también convertirse en Turrón.
        CARLITOS VILLALTA ORANTES: muchacho tecoluquense con similar edad a la del Zurrón; pero más alto, más delgado y más fornido. Callado mientras gozaba con Baco (dios romano del vino); no obstante, al ser provocado, se volvía peligrosa fiera empuñando su esmitingüeso especial de seis pulgadas, heredado de su recién difunto padre: arma nueva, pavón azul, calibre .38.
        GLADIS BARRERA LÓPEZ: exquisita muñequita diamantina tecoluquense de ojos verdes; cabellera larga, rubia natural y frondosa; blanca, delgada, esbelta, alta, sin envidiarle nada a las mises universo. A 18 años estaba en plenitud de su belleza; siendo codiciada por todos aquellos galanes en 30kms a la redonda. Mal envidiada por casi todas las féminas locales, al punto de apodarla: Chele ojos de gargajo, o Chele pelo de melcocha, o rubia oxigenada.
        MONCHITO CHÁVEZ: estudiante, también tecoluquense, del último año de bachillerato en Instituto Nacional Doctor Sarbelio Navarrete de ciudad San Vicente. Él y Gladis, nacieron en mismo mes y año. Monchito era alto (1.88mts.), delgado (60kgr. ó 130libras), blanco rosado y bien calificado en estudios; por cuyas cualidades había sido escogido como abanderado de su colegio en próximo desfile cívico-militar del quince de septiembre, fecha de falsa independencia centroamericana.

AMBIENTACIÓN
        LUGAR: casa del “Club Social de Tecoluca”, departamento de San Vicente, El Salvador, Centroamérica, ubicada en una esquina frente al primer local ocupado por antigua ANTEL (hoy privatizada) u oficina de teléfonos y telégrafos nacionales; frente al hogar de señorita Gladis, en barrio San José Pasaquina (salida hacia el Rión y al cantón El Palomar). Casa con amplios salones y servicios para múltiples menesteres del club.
        FECHA: sucedió la noche del nueve de agosto en 1957, víspera del Santo Patrono del Pueblito: San Lorenzo Abad y Mártir. Tal Baile de Gala estaba siendo amenizado por marimba-orquesta “Alma Vicentina” la cual, pocos años más tarde, se convirtió en la ahora famosa “Orquesta Internacional de los Hermanos Flores”.
                                                 *****
        Por supuesto: aquella Reina de Fiestas Patronales era la encantadora señorita Gladis Barrera; por tanto: el Baile de Gala estaba dedicado a ella. A 00:00hrs sería coronada por señor alcalde municipal, don Andrés Roque Portillo, y salutada por magnífico poeta, de madre tecoluquense y padre sanvicentino.
         Mentada fiesta danzante comenzó a 09:00pm, cuando Santo Patrono había regresado a su templo y colocado en cúspide del altar mayor, su sitio habitual, después de haber sido paseado por todos los barrios y contornos del Pueblito. Soberbia alborada con pólvora de colores y estrépito de morteros, habíase iniciado. Asimismo, sillas voladoras, caballitos, chicaguas (corrupción idiomática de Chicago), chicagüitas, carros locos, el gusano, loterías de cartón y más, inundaban el ambiente con cacofónicos sonidos. Ponches, panes con pavo, pasteles y otras golosinas, hacían su agosto. Periquitos de la suerte, desvelados, continuaban sacando papelitos; en tanto: fotógrafos callejeros con sus telones negros doblados; con trajes y sombreros de charro al servicio de quien los pidiera en fotografías; con caballitos de palo a la orden de  niños a fotografiar; con baldes de hojalata llenos de agua en donde revelaban negativos, y con enormes cámaras de trípodes toscos guardadas, descansaban bajo portales exteriores, esperando el ansiado día siguiente, para, también ellos, continuar haciendo su agosto.
         A 23:00hrs, salones del centro social estaban al tope de su capacidad; corredores interiores y área de cantina al fondo de aquella construcción, repletos de consumidores quienes, entre chascarrillos, libaciones y risas, daban más esplendor al momento. En esa alegre muchachada estaba, entre otros, Carlitos Villalta Orantes, ya descrito. La reina electa, vistiendo traje blanco largo acampanado, guantes de seda de similar color y hasta los codos, disfrutaba su trono constituido por varias redes grandes de maíz en elote. Sobre de ellos, el sillón real: butaca en forma de abanico, muy bien engalanada con papeles de estaño dorado. Reina, ansiosa, esperaba doce campanadas para ser coronada, recibir el cetro y salutación hecha por el laureado poeta. Toda la selecta concurrencia masculina vestía sus mejores galas (saco y corbata).
        
          De repente, a esa hora, hace su intempestivo ingreso el sanvicentino Zurrón o Turrón, quien llegó en pechos de camisa manga larga color caqui; con pantalón de mezclilla (vaquero); mas, en desnalgada cintura se apreciaba ancho cinturón repleto de balas; a la derecha del cinturón colgaba, envainado, un pistolón color plata Colt .45. Al momento de ingresar, se le observó algo embriagado con alcohol etílico; sin embargo, la gente continuó bailando. Zurrón se paseó solo por el salón y sus interiores, pues nadie, al parecer, lo conocía. Pasado breves minutos, éste encontró a Monchito Chávez Cañas, su único conocido, pues Monchito estudiaba en ciudad San Vicente; pero no eran amigos. Con desaforado grito de alegría, Zurrón se abalanzó sobre el estudiante para darle efusivo abrazo en señal de saludo amistoso. Luego le dijo:
          Mira Monchito: yo ando con varios amigos sanvicentinos. Venimos de vacunar algunas reses allá en cantón San Carlos Lempa, por eso traigo esta vestimenta informal. Mis amigos prefirieron quedarse en el burdel de Simona Gálvez. El jeep lo hemos dejado frente a ese burdel. Yo preferí venir hasta acá porque quiero ser primero en bailar con la Reina... ¡Esa mamacita está de chupete!
         El estudiante replicó:
Dices bien, Zurrón; pero, debemos esperar una hora más, o sea, hasta después de la coronación y la salutación poética. En seguida de la primera pieza, la cual por protocolo corresponde al señor alcalde; la segunda, siempre por protocolo, le pertenece al poeta Manuel Amancio Cornejo Garay. Las demás, parecen estar comprometidas con Mundito Najarro, muchacho sanvicentino conocido tuyo y condiscípulo mío.
Con tono subido e inesperado, Zurrón despotricó:
¡A mí me valen verga el señor alcalde, el mentado poeta y Mundito Najarro; también me paso por los “güevos” (huevos, testículos) la tal coronación! ¡Venite, vamos a bajar de los matates a la chulada esa; pues ando muy preciso! ¡No puedo esperar por babosadas!
Monchito, sobrio, trató de hacer entrar en buena razón al impertinente recién llegado. Esto les consumió otro par de minutos. A esas alturas, Carlitos Villalta Orantes, quien libaba con sus amigos en la barra, fue avisado. Se acercó a una de tantas puertas interiores del salón principal. Desde ahí, con señas y gestos, llamó al futuro bachiller para ser enterado por éste de las necedades del desnalgado soez. Preguntó:
Primito: ¿quién es ese carajo, vos? ¿Por qué te habla golpeado? ¿Le debes algo?
No,  Carlitos, ―contestó  el calmado estudiante y prosiguió—: él es conocido mío. Pretende bailar de inmediato con nuestra Reina...
Carlitos Villalta Orantes, de tajo interrumpió al primito para, con tono indignado, decirle:
― ¡Andá a sugerirle a ese caballero cómo debe comportarse, o se las verá conmigo!
El estudiante regresó al desnalgado. No dio el recado para no alborotar más al ya alborotado bailarín, quien, más porfiado, hacía ademanes bélicos y continuaba despotricando contra la concurrida fiesta y de la Reina. Sonidos agradables de la marimba-orquesta disimulaba el mal palabrerío del Zurrón; pero, Carlitos Villalta Orantes, desde el patio inmediato, no despegaba el ojo hacia el escandaloso; mientras tanto, el casi bachiller seguía cundundeando (tratándolo con educación) al imprudente forastero. Valiente larguirucho Villalta Orantes perdió la paciencia. Dando cuatro o seis largos  veloces pasos, se hizo presente al lugar central de la necedad. Cual relámpago, sacó de su pretina cubierta por el saco, un revólver  “Spetial Smith & Wesson”, el mismo descrito antes; se dirigió al intruso, después de haberle colocado la trompetilla del arma en axila derecha (sobaco), le dijo:
— ¡Óigame caballero: ¿por qué usted quiere tener a mi primo como su guachimán?! ¡Arriba las manos o lo cocino a balazos!
Dirigiendo fugaz mirada y firmes palabras al primo, Villalta ordenó:
Monchito: ¡Quitasle el arma!... Sacasle el cargador... Pajeá esa babosada... Recogé la bala. Vaciá el cargador... Quitasle el cinturón. Registrasle hasta las botas... Mirá si no anda cuchillos, ni más municiones.
El futuro estudiante universitario cumplió a cabalidad, dando palabras de consuelo al Juan tenorio humillado.
En este punto, desparpajo de bailadores y de músicos fue inenarrable. Don Paquito Cornejo, saxofonista estrella del conjunto, salió disparado cargando sobre hombros el finísimo instrumento. Reina de tacones altos, casi queda enredada en cordeles de matates, habiendo dejado, sobre elotes del trono, el carísimo par de zapatillas elaboradas a mano por obreros especializados de don Paquito Cornejo quien, ─además de excelente filarmónico─, era magnífico empresario zapatero. Doña Eva Angelina, madre de aquella Reina, por salir en estampida se olvidó de la hija. El salón quedó vacío de mujeres; sólo unos pocos hombres se quedaron de expectantes.
         Carlitos, con admirable serenidad, tenía siempre “camán” (manos arriba) a Zurrón... Éste estaba mudo y pálido, quizá porque Villalta Orantes le restregaba trompetilla de la mitingüeso en costillas y sobaco, además de tenerlo sujetado por parte posterior de la pretina, haciendo, donjuantenorio, forzada pinganilla de balletista consagrado. El bachiller in fieri terminó de registrar al imprudente. Luego se le devolvió el esqueleto del arma; también ¼ L de aguardiente marca “La Vicentina” encontrado en sus botas. Fue despedido con la advertencia siguiente hecha por Carlitos:
― Usted ha venido para arruinarnos la fiesta; mas, por eso no merece morir todavía... Tome su libra de moho (el arma) y márchese ya del Pueblito... La fiesta continuará... A 03:00am, cuando el baile haya terminado, lo iremos a buscar... Si lo encontrásemos, sin misericordia  le daremos mecha (matar).
Zurrón salió cabizbajo quizá rumbo al burdel de Simona Gálvez. Músicos y escasa gente junto con la Reina, reingresaron al salón. El señor alcalde no regresó. Madre de aquella Reina quiso coronarla; mas, corona y cetro no aparecieron. Mundito Najarro, novio oficial de la Reina, fue notable por su ausencia. Al poeta Cornejo Garay no le importó extravío de joyas reales; él, algo tembloroso por recién pasado susto, extrajo de bolsas interiores de su saco un largo pliego de papel bond escrito a máquina con versos endecasílabos, cuya primera estrofa decía más o menos así: “¡Salud, insigne reina de este hermoso/ edén de hombres valientes y de rosas!/. Eres tú,  entre todas las preciosas/ quien inspira hoy mi canto fabuloso”//. Temblorosos filarmónicos, desafinados por nerviosismo, tocaron Marcha de Coronación sin corona. Esta pieza musical y dos más, fueron ofrecidas al poeta Cornejo Garay en ausencia del alcalde y de Mundito. Cornejo Garay era un chuchacuta (persona ágil) bailando “Adiós Muchachos” y “Tango uno”. En seguida, aquel laureado poeta tomó el timón de su flamante automóvil, en cuyas puertas se leía el logotipo: “Café Pilón”. Hizo andar el motor y se retiró del Pueblito con rumbo a San Salvador. Tan timorata ausencia de Najarro fue sustituida por presencia del gallardo Monchito, quien se deleitó bailando y conversando con aquella preciosura salida de Las mil y una noches. Villalta & friends (amigos), volvieron a sus puestos en la cantina hasta cuando el cantante, Francisco Flores (Chicón), daba  gracias a selecta concurrencia por atención prestada. Escasa flor y nata residual, bajo leve llovizna atemporalada, presurosa buscó refugio del hogar. Carlitos, Monchito & Co., salieron en compacto grupo. Al llegar al ya desolado campo de las ruedas, en esquina opuesta a desaparecida comandancia de Guardia Nacional local, (mal llamada la benemérita), ahora ocupada por Alcaldía Municipal; sobre gradas iniciales del portal perteneciente entonces al siempre bien recordado bachiller don José Gilberto Parras, estaba el sentenciado sentado con codos sobre muslos y cara sostenida entre ambas palmas, simulando, aunque en otra posición, al Pensador de Rodin. Indignado Villalta Orantes, con su lámpara de cinco pilas nuevas, alumbró al solitario bulto. Al instante reconoció al ex altanero. Dirigiéndose a él, le dijo:
― ¡¿No te has ido gran jueputa!?
Ex bellaco, con cara desconsolada e indescriptible, contestó así:
Por favor, don Carlitos, no me vaya a matar... Mis amigos me dejaron...A pie no puedo irme... Usted sabe los peligros de estos 12kms hasta ciudad San Vicente... Aquí en Tecoluca no tengo a nadie, tampoco hay hospedajes decentes.
Intervino el ahora Doctor en Medicina y apaciguó al obligado pistolero. Entre todos acompañaron a Zurrón hasta burdel-pensión del Primohermano (apodo), donde el sanvicentino frustrado pernoctó el resto de la madrugada, tal vez acariciado por alguna de tantas famélicas prostitutas.

Y, calabaza, calabaza, cada quien para su casa.
FIN
                                                   16 en septiembre del 2004.-