Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

miércoles, 15 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 32ª entrega



H   E   R   E   J   Í   A   S
 Trigésima segunda entrega
 Autor: Ramón F Chávez Cañas


CCXII
Además de a Saúl, / David asesinó
a Nabal y a Uría; / a Absalón y a otros más
hasta alcanzar docena./ Entonces, Jëhová
rompiendo sus preceptos/ “digno” rey le nombró.

Tal biblia a este asesino/ siempre lo defendió
y sigue defendiéndolo/ cual palomo torcaz
en contra de cien pruebas/ mencionadas atrás.
¡Escriban otra biblia, / pues ésta colapsó!

Si cristianismo quiere/ vivir veinte centurias
más de las ya vividas, / debiera divorciarse
de ominosos jerarcas/ del viejo testamento.

De Enoc a Malaquías, / esas razas espurias
han sido bandoleras/ buscando congraciarse
con su dios nacional/ torpe de entendimiento.

CCXIII
El papa Sixto Quinto/ tuvo orquesta-coral
allá en su Vaticano/ del siglo dieciséis.
Castraban1 a infantes/ desde la edad de seis
hasta los nueve añitos, edad angelical,

para obtener de/ ellos/ una voz celestial
superior a soprano propia de la mujer
permanente en la vida/ del desdichado ser.
Pero sólo unos cuantos/ de trescientos total

llegaron a sopranos/ de orquesta vaticana.
Sobrantes: descartados, / con futuro arruinado;
pues papa Sixto Quinto/ y su corte inhumana

sólo escogía al As./ El resto: desahuciado.
Eran niños muy pobres/ de la tierra italiana
cuyos padres creían/ promesas del papado.

CCXIV
Tales operaciones/ se hacían en secreto.
Tan vulgares barberos2/ eran los cirujanos.
Castraban a indefensos/ en parajes lejanos
cercenando testículos/ en un lugar discreto

o cortando conducto/ seminal en directo
o con maceración/ hecha por infrahumanos
al servicio del papa, —¡vil rey de los cristianos!—,
en tan tiernitas gónadas3. /¡Jamás eso es correcto!

Con grandes cantidades/ alcohólicas etílicas
eran anestesiados/ míseros campesinos
o con opio, morfina, / o bebidas metílicas4.

Tanto exceso de drogas/ causaba muchas muertes.
E/ ignorada asepsia/ abría otros caminos
para los cementerios./ ¡Ah, qué malditas suertes!

CCXV
El papa Sixto Quinto/ repudiaba a mujeres.
No las podía ver/ cuales aves trinando.
Prefirió castración/ en menores llorando;
pues era grato a dios/ cumpliendo esos “deberes”.

Porque a dios le ha gustado/ la voz de aquellos seres
del sexo masculino/ virilidad dejando
en busca del dinero/ que estábales faltando
a/ engañados padres/ pobres y sin quehaceres.

En verdad: eunucos5 / superaban en cantos
a mujeres sopranos/ por papa despreciadas;
mas, eso no es motivo/ para los desencantos

de tanto rapaz mísero/ de aquellas desgraciadas
familias proletarias/ anegadas en llantos
al perder a varones/ por promesas viciadas.

CCXVI
Segunda necesidad, /después de la alimenticia,
en nuestro Reino Animal, —¿Por qué no en el Vegetal
con sus flores y semillas/ viviendo sexualidad?—.
No viene al caso, por hoy, / tocar eso con malicia;

aunque/ árbol se alimenta/ con más o menos codicia
del agua, del aire y luz/ como su par animal.
Árbol no tiene vitelo/ ni cordón umbilical
sólo raíces al suelo/ y terquedad de estulticia.

Árboles hermafroditas/ hay en bajo porcentaje.
Ningún humano se atreve, / mucho menos teosofías
a llamar pecaminosa/ usando vulgar lenguaje,

a tal creación de su dios/ con razón y sin porfías.
Bellos árboles frutales/ nos dan inmenso bagaje
para poder subsistir./ ¡Ellos bridan calorías!

CCXVII
Principal preocupación/ de toda especie viviente
es procurarse alimento/ para continuar viviendo.
La segunda prioridad/ de todo ser existiendo
es prolongar sus raíces/ más allá de su poniente.

Este soneto estará/ enfocado sólo a gente
pues en resto de animales/ nunca nadie ha estado viendo
señales homosexuales/ ni lesbianas. Yo no entiendo
por qué en “imagen de dios”/ bulle está idea demente.

Los siguientes dos tercetos/ se quedan obnubilados
al no poder explicar/ razones de gran Creación
científica o religiosa/ de acuerdo a cada albedrío.

No podemos adentrarnos, / ni laicos ni los togados
en tan profundo problema; / tampoco la religión
de cualquier credo teosófico/ puede hablar de esto impío.

CCXVIII
Volviendo a especie humana, / con mil taras, tres virtudes,
si taras deben llamárseles/ a ciertas ambigüedades
de preferencias sexuales/ desde tempranas edades
cuando deciden tomar/ por sus propias actitudes

a compañero sexual/ con extrañas aptitudes;
pues siendo del mismo sexo/ y sentir necesidades
anidadas por defectos/ en sus propias mocedades.
¡Esto ha ocurrido por siempre/ en viejos y juventudes!

Hasta este siglo veintiuno/ desde albores de la Historia
las ciencias y teosofías/ se han declarado ignorantes.
Ni genetistas actuales/ ni viejos endocrinólogos

no han podido descubrir/ para darse vana gloria:
tampoco tantos cristeros/ y miles, miles de orantes.
Lo mismo se han estrellado/ ejércitos de sicólogos.

CCXIX
En dos libros del Samuel/ de “santa” biblia judía
se describe al rey David/ cometiendo bajos actos
con cierto hijo de Saúl —otro rey de toscos tactos—.
Jonatán era el amante/ en “sagrada” sodomía6.

¿Quién fue activo y quién pasivo/ en esa bíblica orgía?
¿Por qué Jehová permitió/ tan impúdicos contactos?
¿Por qué Moisés o quien fuere/ describe tan sucios pactos?
¡Eso le resta valor/ a biblia de satrapía!

Ni diosas ni dioses griegos, / mucho menos Jëhová,
han tenido algún poder/ para enmendar tal error
existente disfrazado/ desde mismos paraísos:

desde paraíso persa —un edén no terrenal—,
hasta terráqueo judío, —edén de inmenso terror—.
San Juan, según los malévolos, / tuvo feminoides rizos.

1—CASTRABAN = Capaban; 2—BARBEROS = Peluqueros; 3—GÓNADAS = Testículos; 4—BEBIDAS METÍLICAS = Alcoholes de madera, mil veces más tóxicos o mortales que el alcohol etílico o aguardiente; 5—EUNUCOS = Sin testículos; 6—SODOMÍA = Fornicación activa o pasiva entre dos sujetos del mismo sexo.

C O N T I N U A R Á

viernes, 10 de febrero de 2012

HOMICIDIOS POR HONOR


                    HOMICIDIOS POR HONOR
   Tomado del libro “Historias Escondidas  de Tecoluca”
                cuyo autor es Ramón F Chávez Cañas


Ocurrió el año 45 del XX, en aquel apartado Pueblito de nuestra pequeña y única república. Ocurrió a mediados de agosto, cuando Hirohito japonés se rindió después de aquellos dos inmediatos bombardeos atómicos ordenados por uno de tantos genocidas gringos apodado o apellidado Truman.

Don Federico Rodríguez era adulto robusto y sazón, sin llegar todavía a media centuria; hijo del último par de ceros del siglo XIX, por lo cual había nacido y crecido con “tranvía y vino tinto”, e iba madurando a la par de la centuria actual. Vivía con humildad, tal cual vive un “pobre a gusto”: ordeñando vacas y cultivando tierras propias de mediano agricultor pueblerino. Por no haber anticonceptivo de Química moderna, había engendrado la docena de hijos; todos de un fiel matrimonio con esposa abnegada. Era regio confidente para los más pobres de esos lugares; de manera especial para: iletrados y explotados jornaleros campesinos. Pícaros explotadores, ladrones y perversos agiotistas, temblaban cuando don Lico (Federico) se enteraba de zanganadas crudas de estas sanguijuelas torvas. Sin ser abogado, ni haber puesto un solo pie en algún recinto universitario, hacía escritos cabales denunciando a perversos hasta en cortes supremas; asimismo, acompañaba, — pagando de su propio peculio—, los viajes del ofendido hasta el tribunal respectivo, llegando, en algunos casos, hasta la ciudad capital. ¡En fin, era gran defensor de los Derechos Humanos a la antigua! De esta docena de engendros le nacieron cinco nenas. Una de las más bonitas se llamaba Rita Lina, quien a sus 17 abriles fue reina de festividades patronales pueblerinas locales; madrina a perpetuidad de futbolistas y de basquetbolistas; paseada en carrozas tiradas por semovientes casi en todos los días festivos; madrina de bautismo de un centenar o más de recién nacidos. Hacía poco había obtenido el título de oficinista en cierta academia o colegio de la ciudad cabecera departamental; mas, don Lico, nunca quiso buscarle trabajo en la localidad, mucho menos afuera de la comprensión municipal. Entonces, la señorita servía de secretaria-contadora en las cuentas de su padre. Era de cutis rosado fino, blanco, figura espigada y caderuda; con busto desafiando al volcán Chinchontepec. Montaba briosos corceles para pasearse por el poblado, despertando admiración desde viejos hasta jovenzuelos. Sus hermanos varones, mayores, se encontraban realizando estudios superiores en la ciudad cabecera o en la única universidad de la ciudad capital de aquellos tiempos diamantinos. Por compacta unidad de aquel grupo familiar y por severidad del cabeza de familia, Rita Lina era apreciada y respetada.
                                  *****
         Seis años atrás, desde el cantón más remoto del municipio, subió o bajó, hasta aquel tranquilo Pueblito, cierta viuda con cinco hijos buscando seguridad, pues el esposo e hijo mayor, por querellas sobre tierras, habían sido asesinados en apartado camino rural. Llegaron para quedarse a vivir en el poblado en misma calle o avenida, a 100mts distantes del hogar de Rita Lina. Dos de aquellos hijos mayores de esta señora viuda estaban establecidos en ciudad San Salvador, y, una hija mayor era postulante en indeterminada congregación religiosa católica; por tanto, sólo dos hembras y un varón eran acompañantes permanentes de la viuda mencionada. Este varón, de faz indígena con cabellera lacia y negra pareciendo cabeza de güisquil o güisayote, de mirada penetrante sin sostenerla con sus interlocutores (mirada de coyote); y de estatura algo inferior a la mediana, con robustez moderada, tenía un nombre tomado de almanaque: Pío Quinto o, Pioquinto, a secas. Llegó casi adolescente, por lo cual no pudo matricularse en escuelita pública de primaria. Al parecer, era iletrado virtual; pero no real, pues desde primeros años de su nueva vecindad este joven indígena empezó a descollar como uno de los primeros catrines, tanto en vestir como en montar; asimismo, en  transacciones comerciales de compra-venta de ganado mayor y  cereales. También era bastante afamado por ser empedernido mujeriego habiendo, el ingrato, dejado con los colochos hechos a innumerables señoritas campesinas de cantones aledaños. Este joven adulto Pioquinto se codeaba con autoridades locales (alcalde, juez de paz, sargento de GN., comandante local). No con autoridades culturales (maestros, secretarios, telegrafistas, etc.). Además, con principales “riquitos pueblerinos” afiliados al partido oficial Pro Patria, recién decaído junto con su testaferro: general Maximiliano Hernández Martínez del cual, don Lico, era férreo opositor; pues él, don Lico, era segundo coordinador general municipal en Partido Demócrata del Doctor Arturo Romero.

Así las cosas, desde el año 40 ó 42, Pioquintillo, —tal cual le llamaban los yoyos, porque a nivel pueblerino había creado gran ama de poseer mucho dinero—, se estaba carteando con Rita Lina. Esto, después de haber bailado con ella durante la celebración de la fiesta rosa de la misma. Pioquintillo sería mayor en cuatro años, cuando llegó a pedir la mano de la agraciada señorita. Llegó acompañado de algunos familiares y de otros amigotes de los antes mencionados, entre ellos el señor juez de paz local nombrado a “dedazo”, quien no era académico universitario, porque entonces tales funcionarios serían de cuarta o quinta categoría, escogidos por la superioridad corrupta, quien pedía el “plácet” del cacique pro militarista más encopetado de cada lugar, incluso de ciudad capital.

Con cierta renuencia don Federico accedió, fijándose dos distintas fechas para las bodas civil y religiosa, con lapso de 15 días entre ambas. Por supuesto, la civil sería primero, a celebrarse en casa de habitación paterna de la novia. Después de esa diligencia legal, Rita Lina quedaría siempre bajo la patria potestad. Asimismo, a pedimento materno, la futura desposada permanecería, durante ocho días, después de boda religiosa, bajo matriz potestad. Total: 22 días después de haber alcanzado el estado legal de señora. Todos estos compromisos fueron acordados y firmados por Pioquintillo y comitiva. Un hermano de don Lico fue el escribano. Recogió todas las firmas posibles al respecto. Tal documento serviría de base para analizar los desagradables momentos a sucederse en el porvenir casi inmediato.

Pasó raudo el tiempo estipulado. La ceremonia civil empezó a cumplirse. Elegante casa paterna de bellísima señorita Rita Lina estaba colmada por múltiples familiares, sobresaliendo los tíos, hermanos y primos de la jovencita quienes, vistiendo elegantes trajes enteros con olor a vitrina, disimulaban las armas de fuego portadas en su cintura. En seguida hizo su aparición Pioquintillo con el séquito constituido por su viuda madre, dos hermanos y el alcalde, quien efectuaría aquella ceremonia civil. Éste era acompañado por el secretario municipal. Dicho edil comenzó leyendo los artículos del Código Civil al respecto. Luego, imitando o superando a cualquier cura párroco orador, dijo la homilía civil adecuada. En seguida, pidió las firmas de los novios, para luego continuar recabando rúbricas de testigos legales del evento. Al término de estas diligencias, don Lico tomó la palabra para decir, con palabras fuertes, claras y vehementes, lo siguiente: “Señores autoridades civiles locales, familiares del novio, convidados especiales y familiares míos: aun cuando la ley no lo pide, tampoco lo prohíbe. Mi señora y yo, estamparemos nuestras firmas en ese, para nos, importante documento. Por tanto: pido al señor secretario municipal poner en mis manos ese libro de registros”. Ambos pícaros munícipes y el novio, con sorpresas y dudas, intercambiaron sus asustadizas miradas. Titubeante, el señor alcalde entregó el libro. Reinó silencio expectante. Don Lico tomó asiento en uno de los extremos libres de la mesa. De bolsas interiores de su saco extrajo su pluma fuente marca Esterbrook; sin separar el capuchón protector de ésta, la depositó sobre la mesa. El libro le había sido entregado abierto y señalado con cruces de grafito los lugares para firmar, lo cual el inteligente padre obvió. Cerró tal volumen. Empezó a contar folio por folio; al mismo tiempo, a comprobar firmeza del encuadernado, Cuando llegó al acta matrimonial de su interés, comprobó: tales folios no estaban enumerados. Al hacer moderada tracción sobre los mismos, éstos cedieron para quedar solos en dedos del anfitrión. De inmediato, dando dos fuertes y sonoros puñetazos sobre aquellas tablas, se irguió; llevó la mano derecha hacia su cintura izquierda mientras, con la otra, iracundo exhibía en alto las dos fojas falsas escritas y firmadas. Su derecha, empuñando pistola automática Browing de 9mms, fue apuntada en contra de los dos ediles y del, en esos momentos, pálido y tartamudo falso novio. Al ver este súbito gesto del ofendido patriarca, aquellos tres patrañeros intentaron ponerse en pie, llevando, ipso facto, las manos en señal de empuñar armas; pero los otros ofendidos parientes de Rita Lina, rodeándoles en medio círculo envolvente, con sus respectivas armas de fuego trataron de impedírselos. Don Benito, hermano de la madre a burlar, se apresuró tal cual rayo, para separar, del lado de Pioquinto, a Rita Lina; pues en término de cinco segundos los ánimos eran Volcán de Izalco de aquellos tiempos. Retirada la señorita, sólo quedaban sentados, en incómoda posición de levantarse, aquellos tres comprobados farsantes. Falso novio intentó echar mano a la cintura, luego, ambos dos” munícipes intentaron hacer lo mismo; pero, en milésimas de segundo, les llovió andanadas de plomo. El trío de malignos farsantes cayó de espaldas sobre sus respectivos asientos. No hubo tiros de gracia. Casi todos los familiares de la novia salieron huyendo por distintos rumbos; mientras la madre del novio gritaba inconsolable antes de desmayarse. Los dos hermanos de Pioquinto, encañonados, estaban manos arriba  aceptando humillados la imprudencia temeraria y criminal del occiso hermano. Los hermanos de Rita Lina desarmaron a los dos. Ya para entonces eran personas no gratas. Diez minutos más tarde se hicieron presentes las dos parejas de correyudos beneméritos guardias nacionales acompañando al juez de paz respectivo. A puertas cerradas se hizo el reconocimiento legal de los cadáveres. Los mal llamados “beneméritos” intentaron poner las pitas en pulgares de don Lico, hijos y sobrinos.

El vulgo curioso había abarrotado toda la cuadra frente a la casa fúnebre, haciendo variadas conjeturas e inventándose bolas de diferentes volúmenes.
        
          Don Ramón, un vecino inmediato de don Lico, al instante contactó, por vía telefónica, con tres notables abogados de la cabecera departamental. Media hora más tarde, aquellos togados estaban al interior de la casa funesta. Esposa de don Lico había recogido los falsos documentos y al instante los guardó en su mediana caja fuerte empotrada en gruesa pared de adobes. La conducta del juez de paz fue timorata, pero valiente. Con don Ramón y otros vecinos, impidieron poner pitas, mientras llegaban abogados defensores. Los jurisconsultos revisaron el libro y falsas hojas matrimoniales. Levantaron el acta respectiva. De inmediato devolvieron tal volumen al juez de paz. Los falsos folios fueron entregados a doña Horocia, madre de la señorita.  El juez ordenó levantar los cadáveres. Entregó en custodia a los cinco implicados. El doctor Julio Alfredo Samayoa padre los recibió en depósito, llevándolos consigo a residencia en cabecera departamental. En menos de 72hrs, —término de inquirir—, fueron puestos en libertad porque se alegó y comprobó defensa, no de la vida, sino del honor familiar. La señorita vistió hábitos de una congregación religiosa católica. El tiempo siguió su imparable curso.-
                                                   FIN
                                          18 de mayo en 1999.-

                                            

domingo, 5 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 31ª ENTREGA


H   E   R   E   J   Í   A   S
   Por Ramón F Chávez Cañas
  Trigésima primera entrega

CCIV
El Juan Pablo segundo/ pidió perdón a todos
aquellos ofendidos/ hijos de Galilei.
¿Por qué no lo extendió/ a muertos por tal grey
de vil secta católica, / secta de los bëodos?

También debió pedir/ perdón con buenos modos
a pueblos aborígenes/ explotados por rey
quienes por terrorismo/ aceptaron tal ley
impuesta por España/ ya librada de moros.

El papa Benedicto, / sucesor del polaco,
debería decir/ cuánto aquél nunca dijo.
Él es un alemán: / démosle tiempo al tiempo.

Tesoros vaticanos/ tienen pasado opaco.
Todo aquello robado, / convertido en alijo,
debe ser desmontado/ de tan lujoso templo.

CCV
Hará unos treinta abriles, / un pastor protestante
con nombre y apellido/ en el idioma inglés
despotricaba orondo/ con poses de cortés
por mil televisoras/ haciéndose importante.

En lengua castellana/ había un arrogante
que en forma simultánea/ traducía la hez
salida del hocico/ de ese gringo al revés
predicando con énfasis/ de loco delirante.

En nuestro El Salvador,/  mucha gente fanática
estaba entusiasmada/ con el gringo de marras.
Mientras don “Yimi”/ hablaba la masa estaba estática.

Después de “predicar”/ “Yimi” se iba de farras.
Pocos años duró/ programación lunática,
pues con varias ninfómanas/ fue filmado en las barras.

CCVI
A selva guayanesa, / otro pastor norteño,
llevó a millar de gringos/ sin duda hipnotizados
ofreciéndoles gloria/ al volverles alados
y llevarles volando/ a/ un lugar de ensueño.

Con ese subterfugio/ de un imposible sueño
les ordenó suicidio/ colectivo a tarados.
Esos pobres gringuitos/ de seguro dopados
obedecieron ciegos/ con drogas del beleño1.

Lo mismo sucedió/ en el pueblito Waco,
—en Estado de Texas,/ tal vez poco recuerdo—.
Ahí piromaniacos2/ segaron muchas vidas.

En nombre de su dios/ hicieron tal atraco
cuando/ autoridad, / con un trabajo cuerdo
trató de investigar/ ceremonias suicidas.                

CCVII
  1. Cristo n

miércoles, 1 de febrero de 2012

HEREJÍAS, 30ª entrega

     H   E   R   E   J   Í   A   S
           Trigésima entrega
     Por Ramón F Chávez Cañas

CXCV
En dos o más materias/ de/ infinita Ciencia
y del inmenso campo/ en áreas humanísticas:
Sociología, Historia, / también en Estadísticas
de quehaceres humanos/ y en otras de conciencia,

seremos ignorantes, / aún con la paciencia
de estudiantes asiduos/ hasta / en cabalísticas
disciplinas hebreas. / En las ciencias logísticas
—teosofías e Historia—, debe reinar sapiencia.

Estudiar religiones/ de persas y de griegos;
de inenarrables dioses/ en panteones romanos;
de chinos e hindúes, / librándonos de apegos

supersticiosos unos, / engendros de villanos;
y prepotentes otros, / exaltando sus egos
del sucio súper YO, / para explotar a hermanos.

CXCVI
Historia y teogonías/ estudiadas a fondo
darán un panorama/ de conductas humanas
desde tribus salvajes/ en tierras africanas
hasta iletrada gente/ en pueblito Macondo;

desde comarcas mayas, / hasta Amazonas hondo;
desde Tigris y Éufrates, / a remotas bocanas;
desde ídolos egipcios/ hasta misas romanas
donde hombre común/ se cree más orondo;

pues invocando a Dios/ y haciéndose mansito
cuida los intereses/ de sucios capitales
metiéndole más miedo/ a todo lo infinito

mundo del egoísmo, / padre de miles males.
Este ensoberbecido/ se nos muestra contrito
por la televisión, / en viejas catedrales.

CXCVII
A Momolo Mortara, —un judío italiano—
el papa Pío Nono/ le raptó a su hijo Edgardo:
niñito de diez años. / Este papa leopardo
deseaba demostrar: /el bautismo cristiano

en musulmán o hebreo, / piamontés o africano;
japonés o australiano, / maya, y hasta lombardo
de manera automática, / con ese mito pardo,
se volverá católico, / no moderno pagano

de ese credo ominoso/ de un falso Jesucristo.
Jesucristo fue dios/ para el manso y  humilde.
El Jesucristo actual/ es deidad de ladrones.

El Jesucristo actual/ es dios del hombre listo
dispuesto a despojar, / sin dejar una tilde
a quien cae en sus garras/ por ignorar razones.

CXCVIII
Historia no perdona, /Historia nunca olvida.
En ese tren histórico/ se esfumó Pío Nono.
Fue último pontífice/ con cerebro de mono
quien con inquisición/ despreciaba tu vida.

Don Momolo Mortara/ le marcó la partida
de Estados Pontificios/ sin guardar un encono.
El rapto de su niño/ sirvió de buen abono
para humillar al papa, / sin sífilis ni sida.

Si no tenemos tiempo/ para estudiar profundo
falaces religiones/ teosóficas del mundo,
estudiemos, al menos, / tan crueles dos mil años:

Cruzadas y hogueras/ de “santa” inquisición.
Un estudio sereno/ no dará extremaunción.
Historias a conciencia/ nos darán desengaños.

CXCIX
Todo jëhovanero, / con sorda prepotencia,
niégale hasta a sus hijos/ una gota de plasma
con sus glóbulos rojos/ y blancos. Un fantasma
diabólico ellos miran/ en avances de Ciencia.

Todo lo inmenso creado/ en Eras de paciencia
es objeto sagrado. / Jëhovanero con asma
espiritual fanática/ ciega su óptico quiasma1
para salvar su  alma. /¡Qué soberbia impotencia!

Puede ver a su hermano/ agonizar sangrando;
puede ver a sus padres, / por lo mismo, llorando;
mas, él, imperturbable, / con el puño cerrado

puesto en el pecho izquierdo,—cual extrema derechade nuestro El Salvador—, cantará, no ofuscado:
¡Mi sangre es sacrosanta, / ahora y en toda fecha!

CC
Tales falsos cristianos/ nunca van a votar.
Ellos se justifican/ atribuyendo a Dios
poner a gobernantes/ de “inmenso corazón”.
Así reza la biblia. ¡Débesela acatar!

Esos miles de votos, —no se puede negar—,
hacen falta a naciones, / hoy sin liberación,
luchando contra amarras/ de odio y persecución.
Tan tercos jëhovaneros/  honran a Satanás.

“Vox populi, vox Dei”:/ qué sabio silogismo
de Roma imperialista, / antes del cristianismo.
Si tú vas a votar, /de Dios, vocero eres.

Tan rudos anticristos/ con pieles de cordero
frenan a jëhovaneros/ cumplir con sus deberes
en nuestros pobres pueblos. / Nunca en el mundo entero.
CCI
Ciento cuarenta y cuatro/ mil serían salvados
de esas llamas eternas/ narrada en religiones
Lo dijo Jehová/ protector de ladrones.
¡Mil millardos de seres/ serían condenados!

En tan poquitos miles/ o gruesa2 de malvados
están jëhovaneros/ con sus turbias razones.
Esto dice la biblia. / No hay más explicaciones.
¡Una gruesa de miles, / resto: desheredados!

Si donas propia sangre/ y acudes a las urnas;
si recibes cochinas/ transfusiones sanguíneas,
jamás tendrías paz, / ni en las horas nocturnas.

Escudriña esa biblia, / no leas entrelíneas
para que Dios te dé/ miles de luces diurnas.
Ése sólo es mandato/ para las mentes nimias.

CCII
Juan Antonio Llorente, / de origen español,
era cura católico/ al servicio del papa.
Este valiente cura/ superó aquella etapa
a pesar de haber sido/ un miembro inquisidor.

Fue secretario activo/ de “santa” inquisición
en España de un rey, / rey caído de capa
cuando Francia labró/ para/ él gruesa estaca
con aquellos ejércitos/ guiados por Napoleón.

Juan Antonio Llorente/ tenía varios años
de estar recopilando/ muchas barbaridades
que en nombre de tal fe/ los papas ordenaban.

Al llegar a París/ publicó graves daños.
¡Estudiemos Historia/ en todas las edades
de esos lobos-ovejas/ quienes siempre engañaban!

CCIII
Napoleón secuestró/ archivo vaticano
llevándoselo a Francia/ para ser estudiado.
Así se descubrió/ aquel juicio amañado
contra de Galilei, / de los sabios, decano.

Y otras atrocidades: /tal cual quemarle el ano
a muchos pensadores/ contra ideas gastadas.
Napoleón Bonaparte/ publicó/ ignoradas
fechorías de papas/ de un reino cruel y vano.

Todo esto sucedió/ en siglo antepasado
o siglo diecinueve: / mil ochocientos ocho
cuando rey don Fernando/ por Francia fue humillado.
Revolución Francesa/ agrió caro bizcocho
a la curia romana/ mal llamada papado.
¡Estudia tú esa historia!/ ¡No seas más salcocho!

1—QUIASMA ÓPTICO = Cruzamiento de ambos nervios ópticos al salir de retinas y antes de llegar a región diencefálica; 2—GRUESA = doce docenas = sólo 144 mil almas salvadas, según los jëhovaneros.
C O N
T I N U A R Á.-

sábado, 28 de enero de 2012

LOS NAÚFRAGOS

       L  O  S     N  A  Ú  F  R A G O S      
               Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
               Escrito por Ramón F Chávez Cañas

 
          Desde octubre hasta enero, tan indefenso Pueblito es azotado por ráfagas episódicas de vientos alisios. Episodios con duración de tres a seis días cada uno  sin previo aviso, pues meteorólogos de aquellos edénicos tiempos no existían y, si hubiesen existido, hubiesen cometido crasos errores similares a los cometidos por actuales agoreros, aun con ayuda de modernos radares y visores satelitales, por tanto: abatían al inamovible Pueblito en cualquier semana de meses ya citados, sin número aproximado en cuanto a frecuencia ni, mucho menos, en cuanto a intensidad y duración. Tal vez dos o tres episodios cada mes; siendo los más severos en diciembre y enero. Geografía especial del encajonado Pueblito lo hacían y lo hacen fácil presa de ese fenómeno climático agradable para unos, lo contrario para otros; pues al estar asentado con firmeza sobre faldas sudeste del majestuoso volcán Chinchontepec, en callejón formado por éste y Cerros San Jacinto o Ciguatepec al oriente, donde se inicia Río Bajo Lempa, hacían y hacen que esos fuertes vientos (nortes) se encallejonaran y embistieran con variable furia al pobre Pueblito. Esos furiosos y helados nortes decembrinos-enerinos, en especial, hacían tiritar al conglomerado humano urbano y rural; asimismo, reducían y reducen, en altos porcentajes, cosechas frutales de  estación seca (mangos, jocotes, marañones, jucumicas o aceitunas tropicales; papaturros, ujushtes, aguacates, zapotes y un sinfín más). El viento seco y frío agrietaba mucosas labiales humanas causando ardoroso malestar mitigado sólo aplicando, sobre labios, manteca de cacao. Al ser tal furia  exagerada, —cosa frecuente—, aquellos ventarrones levantaban tejados, y árboles quedaban aporreados. Areniscas de empedradas callecitas y polvaredas de caminos vecinales eran ofensivas para conjuntivas oculares y nasales. Cuando esto sucedía, aquellas callecitas, desde muy temprano en la  noche, se volvían solitarias y taciturnas, similar al mismo cementerio local. Lunas llenas aumentaban furor de los vientos. Veletas de madera con corcho-latas o tapaderas de pasta betún en cabeza de los ejes, ─colocadas adrede en patios y traspatios de muchos hogares─, daban su concierto monótono, escandaloso y continuo, más audible en avanzada nocturnidad, compitiendo con el también monótono silbido de tan recia ventisca; concierto acompañado por choque de ramazones vegetales al ser estremecidas por mismo fenómeno meteorológico; contando, al mismo tiempo, con aullidos lastimeros de infinitos perros callejeros. Aquellos señorones, abrigados con amplias, gruesas y tibias “chivas chapinas”, roncaban y se pedorreaban muy orondos; en cambio, la majada campesina y proletaria, no encontraba sosiego sobre su cama-tapesco de varas de jalacate, pues sus ralas mantas o “perrajes batanecos” (fabricados casi a mano en primitivos telares de San Sebastián, departamento de San Vicente en El Salvador), eran incapaces para disminuir “hielos del Niño” o los del mes siguiente. ¡¿Así debe ser todavía?!
                                                *****           
        En ese año, 1952, el sacerdote católico: presbítero Juan Bautista, llegó a administrar aquella parroquia, nombrado por obispo diocesano vicentino apodado Tamagás, pues esa inmensa comprensión siempre ha necesitado de buenos, humildes y diligentes pastores. El cura Bautista era sacerdote joven,  — ¿tres décadas?—, quizás recién salido del seminario San José de la Montaña en San Salvador;  tal vez era su primera sede parroquial. Fue originario de pueblito San Isidro, departamento Cabañas del mismo minúsculo país; blanca amarfilinada su tez; cabellera negra con barba azul entera rasurada; algo narizón y de tamaño mediano, con cierta corpulencia medio atlética; su voz: suave en pláticas con laicos; pero enérgica en sermones dominicales. Humilde, sin parecer tímido ni tonto. Con alguna certeza parecía practicar la castidad jurada.
   
Había llegado a relevar al Pbro. Abraham Rodríguez, otro piadoso sacerdote amante de actividades deportivas para juventudes sanas y descarriadas en tan devoto Pueblito. —Este sacerdote Rodríguez introdujo práctica del baloncesto, para ello, construyó, con aquella muchachada y con sus propias manos, dos canchas para tal deporte; ambas localizadas en patios y traspatios de casa parroquial o convento. También, el cura Abraham, practicaba natación en soñadas piscinas de hacienda Tehuacán, propiedad de don Nicolás Angulo y hermanos… Fueron tiempos de Pérez Prado con el mambo; de bailarinas exóticas: Amalia Aguilar, Tongolele, Rosa Carmina, Ninón Sevilla y de otras medio desnudas del cine mexicano-cubano; del trío Los Panchos y de Luís Alcaraz con su afamada orquesta. La señorita Josefina, hermana menor del cura Rodríguez, era otra Tongolele bailando el mambo con el señorito bachiller don Jesusito Orantes Chávez, en casa de éste o en la de señoritas Parras. Además, lo bailaba con cuatro o seis ágiles jovencitos de aquella dorada etapa—. Perdónennos si redundamos sobre esto en otra historieta.
   
El presbítero Juan Bautista hizo todo lo contrario: excomulgó a tantos mamberos por órdenes expresas del obispo Tamagás; exiló del convento parroquial a basquetbolistas, enviándolos a practicarlo en otra cancha, siempre parroquial; pero afuera del sagrado recinto. El mambo, pese a excomuniones, se continuó practicando durante fines de semana o vacaciones estudiantiles. Se practicaba en residencia de don Chusito Orante Chávez o de señoritas Parras: Tinita y Elisita.
                                                      *****   
Los niños: Robertito Cabrera (12 primaveritas), hijo de doña Tina Cabrera con chino Andrés Avelino Hernández; y Francisquito Pérez 14 abrilitos), hijo de señora purera Tiburcia Pérez, servían de acólitos, junto con el otro niño,  Carlitos Borromeo Chávez Cañas, hijo de don Ramón padre y de doña Carmela Cañas de Chávez; mientras, don Daniel Chacón, hombre mayor, piadoso, ágil e inteligente, era  sacristán; pues el otro, don Chico Hueco, había fallecido. Las “biatas”1 Carlota viuda de Fernández (decana), Sarita Cañas de Alférez, y  señoritas: Cecilia Ayala Bustamante, Soledad López, Amalia Reyes y otras sin cuenta más, eran encargadas en mantener viva la fe religiosa de aquella enorme parroquia (desde volcán Chinchontepec hasta playas en Océano Pacífico), ocupando toda la parte sur del departamento de San Vicente, siendo municipio y parroquia más extensos del diminuto país.
       
          Un día de noviembre en 1952, el cielo amaneció gris de tristeza. Nortes alisios comenzaron a soplar cada vez con más furiosa intensidad; repitiéndose otro ciclo de lo ya narrado. Ese día, el cura Bautista,  acompañado por los dos primeros acólitos mencionados, ─pues Carlitos Borromeo, el tercero, no obtuvo permiso de su padre: don Ramón Chávez, por ausencia prolongada de éste (en salineras del estero Jaltepec). Doña Carmela Cañas, su madre, no se creyó con suficiente autoridad para dejarlo partir, aun con sacra compañía del sacerdote Bautista─. Ese día, el señor párroco tomó su desvencijado “yipito”2 para encaminarse hasta  remoto cantón la Pita, donde oficiaría santa misa mayor en honor al santo Patrono de dicho cantón: cantón situado en triángulo formado por: al oriente, Río Bajo Lempa; al norte y noroeste, por cañadas del estero Jaltepec y, al sur, por Océano Pacífico. Cantón o caserío la Pita pertenece a esa parroquia y municipio. Luego de terminados sagrados oficios, los tres, párroco y acólitos, se enrumbaron hacia riberas del estero, en cañada comunicante con delta del Lempa, cuando éste muere en Océano Pacífico. —Es misma cañada donde don Raymundo Nicolás Cañas Merino, jineteando su caballo Pegaso para pasar a la otra orilla del estero, pescaba, con ambas espuelas sin quererlo ni saberlo, enormes y sabrosos peces marinos al quedar éstos trabados en rayos filosos de sus espuelas—. Por ser veraniega tarde sabatina, tal cañada estaba bastante concurrida por turistas criollos llegados, en gran mayoría, desde ciudad capital. Éstos, pertenecientes a ricachonas familias. Entre esos numerosos turistas capitalinos, hallábase dos jovencitos navegantes tripulando hermoso yate impulsado por dos fuertes motores fuera de borda con potencia de 150hp cada uno. Tales jovencitos, pertenecientes a familia Vilanova Kriete, —una de aquellas catorce poderosas familias de entonces. ¿Lo serán todavía?—. Invitaron a los humildes pastores católicos para ir a dar un paseo hasta el entonces cantón la Herradura, en departamento la Paz, al otro extremo del largo estero, a 60kms desde el punto de partida. Para llegar hasta la Herradura era imprescindible atravesar la bocana El Cordoncillo, ésta, cordón umbilical del estero con el mar. El sacerdote quiso declinar tan amable invitación, hablando así:
        —Miren, jovencitos: el mar, el río y el estero, están muy picados. Esto se debe a fuertes vientos bastante huracanados presentes desde hace dos días; por tanto, es demasiada peligrosa la navegación, incluso en potentes y modernos aparatos como éste, propiedad de ustedes.
        Uno de ambos jovencitos adinerados, con apariencia de mayor edad, timonel de la embarcación, contradijo así:
        —No padrecito, no. Este yate es muy estable, pues su centro de gravedad está diseñado a perfección; además, nuestros potentes motores son capaces de vencer hasta la más bravía corriente de Humboldt; asimismo, tanques de combustible están repletos con capacidad para navegar hasta por 24hrs sin interrupción… Súbase, padrecito: confíe en mis palabras y en mi pericia; también contamos con su santa presencia para aplacar cualquier oleaje adverso… Lo pasearemos por El Astillero, por bocana El Cordoncillo; lo llevaremos hasta Los Blancos, hasta la Herradura. En término de una a dos horas, estaremos de regreso sanos y salvos, pues son las 03:00hrs, una hora bastante temprana para regresar con luz solar.
       
          El señor cura y sus dos menores acólitos fueron entusiasmados más por numerosos feligreses acompañantes hasta el primitivo muelle cantonal del embarcadero, aceptando abordar la aparente fuerte embarcación. Tales cinco varones se hicieron a la mar. Aquellos dos motores bramaban al despegar; mientras, los quedados en tierra aplaudían tan valiente decisión de su pastor. Embravecido oleaje fue roto, durante algunos momentos, por la calle acuática dejada atrás por tan veloz embarcación; en tanto, los cinco tripulantes se perdían de vista cuando cruzaron los todavía espesos manglares y cincagüitales.
    Tres horas después (seis de aquella tarde), Sol veraniego estaba empijamándose, y vivísimos celajes vespertinos de irisados tonos, desvaneciéndose; mientras,  cinco turistas no daban señales de aparecer por alguna de tres o cuatro rutas posibles. Para entonces, Luna llena empezaba a emerger en dirección al delta del Bajo Lempa, reflejando su plateada hermosura sobre follaje del tupido bosque salado y sobre  encrespadas aguas del río y del estero. Ráfagas alisios estaban volviéndose más fuertes; zumbido de las mismas, al chocar contra  árboles y contra del agua, recordaban Misa de Réquiem compuesta por Giuseppe Verdi en honor a Giacomo Rossini, otro maestro músico italiano. Olas, al estrellarse contra riberas esterinas y, rías lempinas, al chocar contra aquéllas, sonaban cual lúgubres violoncelos o contrabajos de alguna sinfónica famosa, preludiando noche interminable y luctuosa. Cuando Luna llena estaba formando ángulo de cuarenta y cinco grados con respecto al horizonte oceánico, relojes marcaban las nueve de esa noche. No se escuchaba ni triste canaleteo o remar de un tan sólo primitivo cayuco, mucho menos el rugir desbocado de una máquina marina. Feligresía campesina, seis horas atrás entusiasmada por el paseo de su pastor, empezó a desesperar; pronto, a rezar. La hostia argentina nocturna llegaba al cenit. Lágrimas empezaron a aflorar en la mayoría de aquellos rostros. Casi nadie durmió. A cuatro de esa siguiente madrugada, silencio tropical de aquel paraje fue interrumpido por  bramar de otros más potentes motores marinos: flotilla de catorce yates, uno por cada poderosa familia, se estaba haciendo presente. En  rostros de aquellas guapas mujeres y musculosos hombres bien alimentados, se adivinaba estragos de angustia e incertidumbre. Preguntaban, preguntaban, repreguntaban, sin obtener respuesta positiva alguna. Dos horas más tarde, al momento de emerger el rey de nuestro sistema planetario por oriente, como todo caballero inglés, incertidumbre de miserables y millonarios, también emergía o crecía con más sospechas de segura zozobra; sin embargo, posibilidades de haber encallado en algún islote del manglar, renacía nuevas esperanzas. Motores oligarcas continuaban rugientes, a la vez que atravesando múltiples cañadas y callejones navegables del estero. A ocho de esa misma mañana,  guardacostas de Marina Nacional, aviones de Fuerza Aérea Salvadoreñas, y  sin cuenta avionetas algodoneras privadas, surcaban  mar y cielo en búsqueda de aquellos posibles náufragos, pues nortes habían amainado en forma significativa, permitiendo tales maniobras. A doce horas de tan triste domingo, numerosos helicópteros y aviones gringos, procedentes de base militar estadounidense en Canal de Panamá; y los de fuerza aérea-naval del nicaragüense Anastasio Somoza García, — verdugo del “General de Hombres Libres” y testaferro de imperialistas gringos—, se unía a la cada vez más incierta búsqueda. Lo mismo hacía aparatos chapines, pues jóvenes Vilanova Kriete eran sobrinos afines del coronel Jacobo Árbens Guzmán, casado con una Vilanova salvadoreña. Árbens era presidente constitucional de Guatemala. Honduras, Costa Rica, México y Colombia, también colaboraban en tan penoso caso.
   
          La búsqueda intensa se prolongó por más de dos semanas; luego fue disminuyendo poco a poco, junto con esperanzas. Al cabo de dos meses, sin alguna mínima evidencia, se suspendieron tales operaciones. Nunca, hasta esta fecha, ha sido encontrado indicios del naufragio: ni remos de emergencia, ni casco de la embarcación, ni alguna otra prenda o pertrecho. Brujos y pitonisas no han podido ubicarlos. Se decía, en ese tiempo: Alguno de tantos buques soviéticos o de otros países comunistas, los había rescatado. Para aumentar  tan cruda guerra fría contra EUA, fueron llevados hasta aquella, entonces, gran potencia bélica rival de Occidente, en especial de EUA. Si el Doctor Don Fidel Castro Ruz hubiese existido con el poderío político y filosófico presente, a él se le hubiese endilgado tal secuestro.
                                                 F  I  N
1—BIATA = Beata; 2-- YIPITO = Pequeño y rústico automotor 4x4 marca Jeep, algo viejito.                                                                            
                                         18 de enero en 1998