Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

sábado, 12 de noviembre de 2011

HAZAÑAS SOBRENATURALES

      HAZAÑAS SOBRENATURALES DEL TÍO NICOLÁS
                Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                        Escrito por Ramón F Chávez Cañas

1934… junio 07… Se inicia tremendo por destructivo temporal conocido por la posteridad como “La Correntada, porque en aquellos lejanos tiempos, aún no existía el Centro Internacional de Huracanes; por tanto, no había nombres internacionales para los mismos; pero, afirman sobrevivientes actuales: “La Correntada” fue más dañina que el Huracán Fifí, el Gilberto, el Mitch u otros. La Correntada, con 08 días y respectivas noches consecutivas de lluvia torrencial, anegó sembradíos, destruyó infraestructura agrícola, vial e incipiente industrial del sur poniente hondureño, y de todo el territorio salvadoreño. Cataratas de orines sampedranos desbordaron principales afluentes del caudaloso Río Lempa y a éste mismo. Muchas ciudades y poblados de la región, fueron sepultados por avalanchas de lodo, piedras y árboles arrancados de raíz por fuerzas del viento y de locas desenfrenadas aguas. Entre  ciudades principales destruidas están: Vieja Ocotepeque, en Honduras; Vieja Concepción, en departamento de Chalatenango, Vieja Tepetitán en paracentral departamento de San Vicente; ambos departamentos o provincias pertenecientes a  República de El Salvador; asimismo, muchos cantones y caseríos menores. —Con alguna probabilidad, Gabriel García Márquez, Nobel colombiano, se inspiró en este fenómeno climatológico para describir, con maestría realista y mágica propia, aquel interminable invierno tropical sufrido por habitantes del pueblito colombiano  “Macondo” (Aracataca) —. Durante esos fatídicos 08 días con respectivas noches, líneas férreas de Ferrocarriles Internacionales de Centro América, (IRCA, por siglas en inglés), en muchos puntos de su recorrido fueron inutilizados al quedar torcidos y retorcidos cuales fideos o alfeñiques. Río Bajo Lempa inundó todo el Litoral Pacífico en departamentos de: la Paz, Usulután y San Vicente. Sólo el puente ferroviario, entre San Nicolás y San Marcos Lempa, permaneció y permanece incólume. Gente de esas zonas se refugió, por más de 15 días, en: copas de árboles, algunos techos y en ciertas bordas o montículos salineros; dicha gente miraba pasar, flotando: cadáveres humanos y de ganado mayor; santos de palo, armarios, roperos, camas, sillas, mesas, e innumerables objetos arrastrados por enfurecido Lempa y afluentes, desde ciudades y poblados ya mencionados. Culebras, cusucos, jaguares, venados y otros animales normales habitantes de aquella flora primitiva o bosque primario, compartían montículos y  árboles con seres humanos. Volcán Chinchontepec (volcán del Pueblito) todavía exhibe, en faldas sureñas, profundos chayastes dejados,hace 64 años, por La Correntada.
                                         ******
         1934… junio 17… Del compadecido Pueblito partió una cabalgata rumbo al sur. Dicha cabalgata, constituida por 36 caballeros principales, con respectivos criados y recuas, llevaba primer flete en auxilio de aquellos, cuyo naufragio en agua dulce y en tierra firme, constituía prioridad. Tal cabalgata estaba dirigida por sus organizadores: don Ramón Chávez padre (don Moncho) y don Jesús Orantes padre (don Chus). En arganillas, en alforjas almuerceras y en aparejos del centenar de bestias de carga, (asnales y mulares), transportaban medicamentos de primera línea, agua potable, alimentos básicos y ropa de abrigo. Los cielos aún estaban encapotados, pero sosegados. Partieron a 02:00hrs, con objetivo de estar, dos horas después, instalando su cuartel, u hospital general, en casa de don Nicolás Cañas Merino (tío Nicolás), situada en cantón Santa Cruz Porrillo; cantón haciendo límite entre tierra firme y costeña inundada, pues tío Nicolás, a sus 25 años de edad, estaba recién casado con doña Graciela. Esperaban a Emmita, primera nena, ésta nacida varios meses después. Dicha cabalgata atravesó el largísimo cantón El Carao, en cuyo trayecto se le unió: don Buenaventura Alférez, don Bonifacio Choto, don Dionisio Portillo,  dos hermanos Arrué, —propietarios de la edénica hacienda Las Pampitas—, y don Antonio Miranda Jiménez, “el mero, mero” latifundista de la zona en aquella época; pues, con doña María Teresa Chávez Molina, otra mera, mera, (capitales diferentes), eran dueños del 65% de tan ricas tierras volcánicas, también costeñas del atormentado agrícola Pueblito (10,000 hectáreas ó 15,000 manzanas, entre ambos). Descendieron tan pedregosa quebrada para atravesar Río Caliente; pasaron de largo, tangencial a la hacienda El Obrajuelo con su inmenso llano la Raya, propiedad de don Antonio Miranda Jiménez; atravesaron Los Regadíos y cantón San Francisco de Angulo, del mismo latifundio: el Obrajuelo, para llegar, por fin, a casa de tío Colacho. Desmontaron y descargaron múltipes vituallas; luego se reorganizaron para repartirse diversas rutas hacia aquellos desheredados. En esos tiempos, en nuestro El Salvador no existían vehículos de doble transmisión. Aunque hubiesen existido, hubiesen sido inútiles al contacto de cuatro ruedas con el cieno blando, en profundidades de pantanos residuales a inclemente Correntada.  Trenes no circulaban. Entonces, lo óptimo era la bestia caballar o mular.
                  Al tío Nicolás, con diez criados y recua, le fue asignado el auxilio en todos los cantones y caseríos hasta llegar al cantón San Carlos Lempa, pasando por El Terrero: éste, todavía gran pantano de agua dulce con numerosos islotes, localizado en hacienda “la Bolsa” propiedad, en ese entonces, de María Teresa o mera-mera. Con el agua hasta el pecho, su enorme y fiel caballo  Babieca, hacía camino al andar; mientras, en fila india, era seguido por criados y recua de 20 jumentos. Repartieron donativos en caseríos: Taura, Pacún, Playón y otros. Todo par de bestias descargado, era, junto con su arriero, despachado de regreso hacia cuartel u hospital general antes mencionado, para preparar jornada del día siguiente. Al final, en San Carlos Lempa, tío Nicolás se quedó solo: repartió último vestigio del auxilio. A eso de 06:00pm, espoleando al noble Babieca, emprendió retorno hacia lugar de partida. A 08:00pm, estaba arribando a  márgenes orientales de El Terrero; cruzó la cañada hasta el próximo islote distante 100mtrs de la otra orilla; luego, allí, Otelo, fiel perro sabanero, empezó a aullar con forma inusual; mientras, gran Babieca, se encabritaba lanzando relinchos extraños y nada agradables para el jinete Cañas Merino. Éste, de inmediato desmontó, ató cabestro en árbol más próximo; desenfundó su .38 especial Smith & Wesson de seis pulgadas; cambió balas, sustituyéndolas por seis cartuchos curados por el presbítero Luis Pastor Argueta cuando, 15 meses atrás, éste las había bendecido para darle caza a la famosa, por llorona, Coyota Teodora; también desenvainó su machete “Sampedrano”, asimismo bendecido para mismo fin, por mismo cura. —Balas y machete le habían sido obsequiados por don Moncho, (quien en esos días era novio oficial de señorita Carmela Cañas), para ser usados en circunstancias especiales— Pelaje del can se erizaba; crines del caballo, también, cual espinas de puerco-espín. Silencio de la noche, además de aullidos de Otelo, era interrumpido por croar de ranas, chiquirín de grillos, cacofonías de tecolotes, lechuzas y zancudas. Tío Nicolás empezó a sudar helado y a perder noción de orientación, pues estrellas y luces artificiales de algunas fincas cafetaleras del Chinchontepec, estaban ausentes por  espesa niebla reinante; además, creía él, haber pisado la hierba desorientadora. Se puso la camisa y ropa interior al revés; mordió tres veces el lomo del machete bendito; montó el gatillo del revólver; quiso hacer uso de su lámpara de pilas nuevas; mas, ésta no funcionó. Desató el cabestro. Seguido por sus dos magníficos animales asustados, caminó a pie buscando orilla occidental del islote; pero, cuando doblaba un recodo, sobre voluminoso tronco de conacaste derribado por la Correntada, divisó, a escasos 12mtrs distantes, incierta silueta humana, femenina, vestida toda de blanco: figura de joven mujer de  raza aria, alta y voluptuosa. Joven voluntario de rústica Cruz Roja pueblerina, se le aproximó con mayor cautela. Estando a 06mtrs de ella, le habló así:
         — ¡Dime, mujer!: ¿eres alma de esta vida o de la otra?... Si eres de esta vida, contesta: ¿en qué te puedo ayudar? Si no, ¡vete al lugar de donde provienes!
         Voluptuosa mujer, sin hablar, imponente bajó del enorme tronco, aproximándose más. Cuando estuvo a tres metros, respondió:
         — ¡Oye y mira, Nicolasito: yo soy Matilde Sosa, ¿me recuerdas? Yo, desde cuando tú tenías 15 ó 17 años, estoy enamorada de ti, o sea, desde cuando tuviste aquella maravillosa orquesta, allá en nuestro Pueblito incomparable. Tú siempre me ignoraste, pues te sobraban  muchachas “t u n i c u d a s”. A nosotras, “m e n g a l i t a s”, nunca nos hiciste caso alguno; por eso, tú escogiste por esposa a esa mentada Graciela Salinas Vasconcelos; pero, ahora, aunque sea fuera de matrimonio, yo quiero ser sexualmente tuya… Tómame,… estrújame,…  ocúpame…Ojalá me des un varón, pues Graciela te dará una hembrita.
          Matilde Sosa quiso aproximarse más; sin embargo, el apuesto varón retrocedió tres pasos y le dijo:
         —¡¡No!! ¡¡No te acerques mucho!! ¡Tú no eres ni Matilde ni Micaela Sosa!; yo a esas señoritas las conozco, pues, además de ser hermanas inditas, morenitas y bajitas, son incapaces para ofrecerme tales bajezas.
        — ¡¡No importa quién yo sea!! ¡¡Lo importante es ser toda tuya!! ¡¡Llévame en ancas de tu caballo!! Ahí, en la estación ferrocarrilera El Playón, don Marianito Ayala Gámez, el jefe, nuestro común amigo, nos prestará su dormitorio para nuestro deleite sexual.  ¡¡Vamos!!... ¡¡Anímate!!... o, ¿quieres que te crea un maricón y vaya yo a despepitarte con todos tus amigos y conocidos del Pueblito?
— ¡¡Mira, mujer!!: vale un bledo cuanto pienses tú de mí; pero, te llevaré hasta El Playón montando en mi cabalgadura; de ahí te irás a pie hasta tu presunto destino, porque trenes no circulan; mientras, yo caminaré a pie, pues este caballo no soporta a nadie en ancas, además, lo llevaré asido de las bridas, porque sólo a mí reconoce por su legítimo jinete. ¡¡Anda!!... ¡Súbete al troncón y móntalo!
         — ¡No, don Nicolás Cañas Merino, no!... ¡¡A mí ningún hombre me ha afrentado!!... ¡Ni en mejores tiempos coloniales, cuando había verdaderos galanes valientes, fui despreciada! Tú ¡¡no serás el primero, maldito!
        — ¡¡Ah,…mujerzuela!!: tú sólo puedes ser la maldita Ciguanaba. Conmigo te hiciste así, ¡¡Mirá!!

Dicho y hecho. Aquel apuesto varón descargó, sobre el cuerpo de aquella silueta, tres de las seis balas curadas, reservándose el resto para algunas otras similares contingencias en futuro inmediato imprevisto. Con quejidos lastimeros de ultratumba, espeluznante silueta se puso arrodillada, pidiendo perdón a su presa frustrada. La presa, más envalentonada, enfundó el arma de fuego. Desenvainó el “sampedrano” para darle quinimil filazos a la “cazadora caza-nada”, quien, a cada machetazo, sin sangrar ni una gota, se empequeñecía más, hasta volverse invisible. —Tío Colacho decidió utilizar el machete bendito porque había oído decir a sus mayores: “Al machete nunca se le acaban los tiros”.
         Pasado este pequeño incidente, perro sabanero, corcel y  humano, recobraron calma y lucidez; asimismo, volvieron a orientarse para tomar camino hasta Santa Cruz Porrillo donde, a eso de 02:00am, se estaban organizando para ir en búsqueda del presunto “jugado” por  engañadora Ciguanaba.
         Brigadas de auxilio, desde compadecido Pueblito hasta Santa Cruz Porrillo y desde ahí, hasta zonas del desastre, continuaron por 22 días más, sin reportarse  otra sobrenatural anormalidad.
                                      *****
         1936… diciembre 19… 09:00pm… Fuerzas telúricas ignotas se lanzaron contra ciudad San Vicente, y contra municipios aledaños, incluyendo al pobre Pueblito, quien perdió su iglesia parroquial más algunas vetustas y coloniales residencias, incluyendo casas-hogares de don Moncho Chávez padre y de don Chus Orantes padre, las cuales quedaron cuarteadas, casi en ruinas; pero reparables. Tal terremoto atacó cuando mayoría de población vicentina deleitábase mirando pasar carroza de su santo patrono, con música, pólvora y luces, coronando  cuatro esquinas empedradas del famoso parque central  “Antonio José Cañas” (prócer), con su alta y singular torre-cronómetro en el mero centro. Destrucción citadina fue conmovedora. Ciudad San Vicente quedó aislada del resto del país en vías inmediatas de comunicación (telégrafo y teléfono). Don Eugenio Salvador Pacas, “Chivo” Pacas, inteligente y diligente obrero mecánico automotor, a 10:00pm de esa fecha, desde cantón San Antonio de Caminos, hacia el sur, en dirección al también herido Pueblito, conectó a líneas telegráficas ya existentes y no dañadas, una rústica maquinita telegráfica de aprendiz, para dar, usando alfabeto Morse, tan mala nueva y voz de alarma hasta San Salvador, ciudad capital.

En esa hecatombe fue destruida casa de habitación e imprenta propiedad de  don Miguel Ángel Castillo, famoso tipógrafo casado con doña Antonia Cañas Jiménez, tía paterna de don Nicolás. Aquella mala  noticia fue difundida por YSS, Radiodifusora Nacional de El Salvador. Única radio existente, quizá, en todo el territorio centroamericano. Tío Nico ya vivía en el Pueblito (estaba recién llegado a su mansión en  barrio El Calvario); pero no tenía, todavía, radio-receptor de baterías; sólo don Lino Parras, farmacéutico-médico primitivo del humilde conglomerado, poseía el único. Don Lino comunicó al tantas veces mencionado San Lorenzón, la catástrofe sufrida por familia Castillo-Cañas. Ni lerdo ni perezoso, sorprendido sobrino ensilló su potro Babieca, partiendo en el acto hasta ciudad vicentina, conocida también por: Ciudad de los Ilustres o, Ciudad de Austria y Lorenzana.
          
          Cuando sobrino de esposos Castillo-Cañas galopaba hacia el norte rumbo a ciudad del mayor desastre telúrico, era cero hora del veinte de diciembre de ese imborrable año:1936. Aquella noche estaba helada. Serena Luna, en perfecto plenilunio, dibujaba siluetas, casi verticales, de frondosos árboles a vera de aquel polvoriento camino; majestuoso Chinchontepec, con frescas heridas dejadas por la Correntada, meses atrás, era, a perfección, visible; pareciendo enorme padre en pie, vigilando y protegiendo marcha de su solitario e indefenso hijo. Olor a miel de perol despedido por moliendas de: doña Segunda Henríquez vda. de Chávez (madre de don Moncho padre); don Indalecio Miranda, en cantón El Perical; y don Rubén Sánchez padre, en catón San Diego, embelezaban olfato del solitario caballero. Al llegar el “socorrista profesional hecho a cuma”, a vueltas en caracol, para descender, luego ascender empinadas cuestas del Río Frío, 02kms al norte del amado Pueblito, éste creyó oír, río arriba, fuertes carcajada femeninas acompañadas de profundos ruidos sordos repetitivos, similares a cuando antigua o primitiva lavandera de ropa ajena, golpeaba piezas mayores para desprenderles mugres, haciendo dichas tareas sobre piedras y en  aguas de numerosos ríos límpidos existentes entonces en nuestra dimensión cuzcatleca. Ancestral curiosidad humana no escapaba a la mente del perspicaz Nicolás. A pesar de que alazán Babieca y astuto can Otelo se erizaban como allá en El Terrero, dicho sobrino, aún no calvo, quiso saber más al respecto. Olvidó, por un momento, la humanitaria misión a cumplir con sus parientes en ruina, pues él iba a verificar cuáles eran necesidades más inmediatas de honorable familia Castillo-Cañas. Se desvió imprudente, río arriba, guiado por tremendas carcajadas y el pungún-pungún  contra piedras de la corriente acuosa helada. A 50mts del desvío, divisó, a perfección, figura de mujer escuálida, delgada, alta, con apariencia campesina desaliñada, tincuta, ojos vidriosos, cabellera lisa, larga y desgreñada; pero lo más llamativo, —afirmaba Cañas Merino —, era el gran tamaño de sus glándulas mamarias o tetas, pues le colgaban más abajo de rodillas, siendo tan flácidas hasta columpiarse simulando badajos. Al acercarse más, casi a 15mts, pudo divisar, cómo incierto infante desnutrido y barrigón, de dos o tres  años de edad, con sombrero de ala ancha, copetón, fabricado con palma autóctona costeña, colocado sobre minúscula cabeza, succionaba, insistente, fláccida teta derecha; mientras cadavérica mujer, golpeaba contra piedras la otra chiche; ignorando, ambos personajes mitológicos, la presencia del intrépido humano. Osado pueblerino, envalentonado por su pasada victoria contra misma mujer, allá en aquel islote de El Terrero, se atrevió a romper tan maligno silencio:
         — ¡Mirá vos!: ¿qué no sos vos la elegante mujer a quién yo balaceé y   macheteé hace año y medio allá en El Terrero??
         La mujer, con cierta humillación respondió:
         — Sí, don Nicolás… Por eso, ahora sólo me dedico a amamantar a esta mi preciosa criatura; a golpear mis pechos contra piedras, y a divertirme a carcajada limpia, admirando inmensa belleza de mi madrina: la señorita Luna.
         —Pero, señorita Luna, sólo es madrina de poetas y tú, jamás llegarás a tal categoría. Además, esa criatura tuya no es preciosa; ese bicho panzón debe ser el Cipitío, tu hijo, el come cenizas en las panaderías; quien le tira piedritas, en los ríos, a muchachas solteras y bonitas cuando ellas se están bañando. También, —continuó hablando el antiguo “Señor de la casa”, más envalentonado por la aparente humillación dada a aquel espectro—: tu leche ya no ha de servir; porque, después de dos o tres años del parto, hasta a las vacas se les vuelve rala, no digamos a las mujeres.
         —Se equivoca, don Raymundo Nicolás Cañas Merino, —contradijo sobrenatural mujer sin levantar el rostro. Prosiguió —: mi leche es tan espesa cual es la crema de primera clase producida por  “Lechería Petacones” de señores Torres; siendo, por tanto, muy nutritiva. Si no está convencido por mis humildes palabras, yo le invito a probarla, succionándola, en forma directa, de mis propios pezones.
          
           Imprudente caballero desmontó, empuñó su revólver cargado con tres balas “benditas” sobrantes de aquella vez. Con mano izquierda libre, cogió aquella media arroba del talego mamario, llevando el pezón a sus labios para mamarlo. En efecto, así lo hizo; mas, con primer chupete succionó líquido espeso parecido a la antigua argamasa de albañilería (sólo cal y arena con lejía); de sabor acre picante, con olor al azufre de huevos podridos, irritándole mucosas bucales, nasales y oculares.
          
          En este punto, valiente “caza fantasmas” quiso hacer uso del revólver; mas, cuando intentó llamar a fuego, los dedos estaban engarrotados; mientras, malvada Ciguanaba, chineando al Cipitío, se alejaba, río arriba, burlándose, a carcajada batiente, del osado imprudente. San Lorenzón prosiguió camino; pero no llegó al  anterior destino: damnificado hogar Castillo-Cañas; pues inflamación, escozor, enrojecimiento y dolor de mucosas dañadas, lo obligaron a buscar ayuda médica. Eminente doctor don Florencio Antonio Torres, abandonando por breves minutos asistencia a otras emergencias provocadas por desastre telúrico, diagnóstico “Edema angio-neurótico severo”, provocado, quizás, por algún alergeno del camino, ignorado por el intruso, y hasta por propio médico. No fue ingresado en  hospital local por estar éste abarrotado hasta con camas endosadas por múltiples lesionados. Le aplicaron cataplasmas de: leche de magnesia, sal inglesa y  sal de Glower. Fue dado de alta. Aliviado en 50% montó en su corcel Babieca. Se encaminó hacia el sur buscando su fabuloso Pueblito, para continuar aplicándose cataplasmas, y tomar enérgico purgante llamado Purga Mexicana, prescrito por galeno Torres. Sólo le quedó enorme satisfacción de haber sido él, el primer ser humano, en toda aquella comarca, en saborear espesa leche materna de  proteiforme Ciguanaba.
                                           *****
         1974…Septiembre 12…. HURACÁN FIFÍ azota costas hondureñas. Causa grandes estragos en fértiles vegas de nuestro Bajo Lempa, ya descritas. Cid Campeador pueblerino anda pateando 65 años de edad; pero vigor para trabajar, para correcta vida y hacer bien al prójimo necesitado, está tan intacto como cuando jugaba fútbol. Don Moncho padre,—ahora su cuñado —, y él, emprenden misma cruzada benéfica emprendida en  época de La Correntada; pero, ahora, ya sin don Chus Orantes padre, porque éste había fallecido, mayo de 1955, a causa de accidente ecuestre; ya sin don Venturita, ni don Dionisio ni don Bonifacio, pues ellos, por senectud, se habían vuelto hogareños; tampoco sin don Antonio Miranda Jiménez, Mero, Mero latifundista, porque éste, obedeciendo impulsos de superación intelectual y social para sus pequeños hijos, alegados por esposa de apellido Saldaña, había migrado, primero: para ciudad San Vicente, luego: hacia San Salvador; después: hasta Antigua de Guatemala; en seguida: para Lausana, Suiza; al final: en San Francisco California EUA. —En tanto, un tal alemán llamado Paúl y un tal hermano de la señora Saldaña de Miranda, malversaron ganado y maderas preciosas del bosque primario, dejando tierras yermas con valores ridículos en el mercado de las mismas—. Hermanitos Arrué del edén Las Pampitas, también estaban difuntos… En compañía de otros jóvenes valores del amado Pueblito, ambos viejos cuñados emprendieron nueva tarea de auxilio a inundados; pero ahora, con transporte motorizado.
          
            Don Nicolás Cañas Merino volvió a tomar la ruta hacia San Carlos Lempa, prolongándola hasta caserío La Pita, cercano a obrajes salineros de su propiedad, en márgenes occidentales del padre Bajo Lempa, cuando éste desemboca en Océano Pacífico. Con su 4x4 Land Rover remolcando mediano vagón, magnánimo torcido tío, acompañado por su escudero inseparable: el casi enano Pío Mejicanos, mayordomo supremo de sus propiedades y quehaceres agropecuarios, emprendieron tan noble tarea. Hacían dos viajes diarios desde nuevo cuartel u hospital general, en mismo cantón de la vez anterior: Santa Cruz Porrillo; mas, esta vez, tal cuartel u hospital general estaba instalado en casa de don Isabel de Jesús Salinas Vasconcelos, joven cuñado del tío benefactor. ─A Salinas Vasconcelos, por su gallardía, le apodaban: El Sultán de Santa Cruz Porrillo.
          
           Al séptimo día de tan humanitaria labor y, al cruzar misma cañada del mismo pantano El Terrero, en viaje de retorno, moderno Land Rover, a eso de 07:00pm, comenzó a fallar. Enano Sancho Panza Mejicanos consiguió tres yuntas de bueyes. Así, remolcado, el vehículo doble transmisión fue llevado hasta tierra un poco firme; no obstante, el motor no pudo ser puesto en marcha. Trabajadores agropecuarios de  hacienda La Bolsa, —entonces propiedad de don Rogelio Vela Chávez, heredero de María Teresa, la mera-mera, ya difunta —, proporcionaron un caballo para que mismo Pío Mejicanos  fuese, hasta el somnoliento Pueblito, o hasta ciudad Zacatecoluca (Virola), en busca de mecánico automotor. A 09:00pm de esa fecha, chaparro Mejicanos, alias: Sancho Panza, emprendió viaje hacia el Pueblito para obtener servicios calificados de don Humberto Alférez Ayala, hijo de don Venturita,  único competente mecánico automotor en 20kms a la redonda.
          
            Mientras tanto, aquel valiente pistolero, machetero, futbolista, director de orquestas, maestro de chuchas, ladrón de naranjas, ferrocarrilero hechizo, etcétera, había quedado solitario, pues obreros agropecuarios de la hacienda, se habían retirado para descargar su fatiga cotidiana. Asientos del Land Rover los transformó en incómoda cama, disponiéndose a mitigar su cansancio acumulado, por medio de superficial sueño. Durmió inquieto por espacio de dos horas, al cabo de las cuales despertó sobresaltado; miró su fosforescente reloj de bolsillo, comprobando estar en medianoche de ese viernes 20 de septiembre en 1974, pues agujas estaban chachas… Aullido de perros en horizonte lejano y fuertes ráfagas de viento huracanado en remolinos, con cielo algo despejado, lo inquietaron;… cocoteros cimbraban;… ramazones del escaso bosque aledaño, con tiernos y débiles cogollos de  vecinas algodoneras, formaban mayores silbantes remolinos sobre techo del automotor, el cual se estremecía cual movido por grandes fuerzas telúricas; el casi despejado firmamento era rasgado por incontables relámpagos seguidos por inquietantes y ensordecedores truenos. El engaña-“biatas” con campanas hechizas, después de encomendarse a las Ánimas Benditas del Santo Purgatorio, registró alforjas y  cartera de bolsillo, en busca de reliquias traídas, desde Tierra Santa y Roma, por doña Graciela, cuando ella había ido, en peregrinación, a funerales del papa Juan XXIII; también buscaba, con indescriptible desesperación, la oración “Magnífica”, oración caligrafiada con letras de tinta china, adornada con ribetes de oro en pergamino cuero de cordero o venado, obsequiada a él por don Juan Pablo Espinosa en gratitud a la perra Titina cuando ésta descubrió aquella enorme botija, —por cierto, fue lo único obtenido, por el “profesor de la perra”, en recompensa al fino trabajo de su chucha—; asimismo, buscó y encontró las tres balas benditas sobrantes de sus dos aventuras sobrenaturales anteriores. El machete-bendito “sampedrano” —forjado a mano en fraguas indígenas del pueblo San Pedro Nonualco—, desenvainado, relampagueaba engargantado en su blanca muñeca izquierda; escapulario de la virgen del Carmen, era muy visible sobre su pecho peludo… Abrió portezuela del techo o quema coco;… se irguió temeroso sobre asientos sin abrir puertas laterales y posteriores del 4x4… Mitad superior de su cuerpo sobresalía, casi a tres metros,  sobre del fuerte doble transmisión Land Rover que, conviene decir, era modelo de ese año (1974). En esta posición, el símil, —ya para esa época — del “Yety” u “Hombre de las Nieves”, atisbaba por ocho oscuros puntos cardinales cuando, de súbito, una de tantas ráfagas arrancó, con todo y barbiquejo, el finísimo sombrero Jipijapa o Sombrero de Panamá, dejando al descubierto su enorme cabeza calva, la cual brillaba más al reflejar tantos interminables relámpagos eléctricos del firmamento limpio de amenazantes nubes.
         
           Habrían pasado 03mins desde inicio de este inesperado y aterrador fenómeno sobrenatural; entonces, en lontananza de la pradera, sobre  follaje de algodonales con un metro de altura, el hermano mayor de mi madre vio acercarse hacia él a gigantesco jinete vestido de forma muy extraña, sobre inmenso caballo prieto. Esta visión apocalíptica llegó al cenit en momentos cuando jinete, de aproximados dos y medio metros de estatura; vestido, enguantado, enmascarado, ensombrerado y encapado todo de negro, desmontó de tan enorme bestia, cuya alzada rondaba tres metros. Éste se dirigió al tembloroso Nicolás, pero valiente burlador de espectros, diciéndole con voz de bajo sonoro:
—Por ventura, ¿tú eres don Nicolás Raymundo Cañas Merino? 
        Vencedor de Ciguanaba, tiritando y castañeteando contestó:
         —Si, si, señor. ¿En qué puedo servirle?
         Ignoto personaje prosiguió:
—No tiembles, Colacho, no  tiembles; pues hasta ahora, yo fui tu desconocido amigo, —bajando y suavizando la voz, continuó, —: tampoco te asustes por mi corcel, porque ambos estamos para protegerte.

    Mientras, inmenso azabachado animal encabritado, con cascos delanteros golpeaba constante el fangoso suelo; agitaba cola, expelía humo negro azufrado por ambas fosas nasales y por oscuro hocico.  Ráfaga huracanada y electricidad atmosférica, desde primeras palabras dichas por enmascarado de negro, amainaron, hasta desaparecer por completo, quedando silencio profundo para resaltar, aún más, futuros conceptos o argumentos propuestos por el desconocido. El hombre, cuyas escleróticas eran únicos dos puntos blancos poco visibles, volvió a hablar:
         —Dime, Colachito: ¿qué tanto has hecho para tu progreso en estos tus 65 años de vida?
El perseguido por malos espíritus, ya menos tembloroso y más calmado, respondió:
         ¡Mucho, mucho, mucho, señor!... En primer lugar: tuve  hogar paterno con infancia feliz;… en mi adolescencia: gocé de salud, dinero, amor,… y, por esas tres cosas le doy gracias a Dios;… en mi juventud: conocí a mi actual única esposa, para formar mi hogar, procurando hacer de mis retoños, ciudadanos dignos por probos, con respeto al Creador y a nuestros semejantes; trabajé, trabajé, trabajé, para el sustento diario;… en mi adultez: continué trabajando y siendo más devoto de santísima Virgen María; terminé de educar a mis hijos a fin hacerles independiente en lo social, moral y económico;… ahora, en  vejez: vivo tranquilo con mi señora, sobrellevando la vida con los centavitos dados por: nuestras vaquitas, nuestros terrenitos, nuestras salineras y nuestros mesoncitos, ¿qué más puedo desear?... ¡¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!!
          
          Gigantón de negro lo había escuchado con aparente atención. Después de cavilar por breves segundos, tal cual cavilamos los seres humanos, habló:
         — ¡¡Ah, mi Colacho, mi Colachito!!  ¡¡Cuán equivocado has estado y estás!! ¡¡Esa miserable existencia llevada por ti, no puede llamarse vida!! Desde cuando tú cumpliste 21 años y llegaste a mayoría de edad, yo he estado esperando tu llamada; he estado, noche y día, pendiente de tu invocación para hacerte el hombre más feliz al donarte parte de inmensas riquezas terrenales mías.
         —¿Cuáles serían, mi desconocido señor, esas inmensas riquezas terrenales?, si yo he aprendido, desde niño: la vida:  primer gran valor; buena salud: segunda riqueza; familia unida: tercer don; amistad sincera: cuarta dicha; trabajo honrado: quinta bendición; y, dinero obtenido por medio de todos los  trabajos honrados: sexto galardón. Por eso, desconocido señor, no comprendo cuáles serán esas inmensas riquezas terrenales ofrecidas a mí por usted.
          
          El oferente, mostrándose altanero, poco impaciente, le contestó:
         —¡¡No te hagas el pendejo, Colacho, tú bien sabes a cuánto me refiero!! Tú bien conoces valor del dólar norteamericano, de  libra esterlina inglesa, del incipiente yen japonés, del oro,  diamantes, de  mujeres bellas y fáciles, del tabaco habanero, de licores refinados y envejecidos por 15 ó más años, de automóviles: Rolls-Royce,  Maserati, Ferrari, Porche; del nuevo avión Concorde, de  yates navegando por  Mar Caribe o Costa Azul europea. En fin, de todos los exquisitos placeres en este planeta Tierra. —Prosiguió con más vehemencia —: ¿¿Tú conoces a Policarpo Lorenzo Guirola de ciudad Santa Tecla? o, a ¿Norberto Morán de Ahuachapán? o, a ¿Chepe Guerra Paz de San Vicente? o a, ¿Los Somoza de Nicaragua?... ¿Verdad que los conoces?... Pues bien: ellos han sido y son mis protegidos…  ¿Qué hicieron para merecer mi valiosa protección?... ¡¡Nada en especial!!... Sólo firmaron un documento similar a éste, el cual dentro de poco tú leerás y firmarás. Pero antes de firmarlo, yo te prometo hacerte dueño, otra vez, de hacienda “San Antonio los Garrobos”, la cual fuese embargada a ustedes por doña Segunda Henríquez viuda de Chávez, cuando tu viuda madre no pudo pagar la hipoteca y tú, por ser aún mozalbete, no pudiste rescatar… Si eso no te fuere suficiente, te daré todos los terrenos perdidos por tu primo-hermano del alma: Antonio Miranda Jiménez; y los, todavía en litigio, de  María Teresa Chávez Molina, ambos no protegidos por haberse negado a estampar su firma en documento similar a éste. Por último, te entregaré, si así te place, todas las tierras comprendidas entre márgenes orientales del Río Jiboa, incluyendo nacimiento en Lago Ilopango, y márgenes occidentales del majestuoso Río Lempa. Al norte, tendrás por límites naturales ambos picos del señorial Volcán Chinchontepec, con cerro Ciguatepeque a tu izquierda, y volcana de San Pedro Nonualco a tu derecha; límite sur, estará conformado por litoral Pacífico, incluyendo todo el estero Jaltepeque y bocana del Lempa. A futuro, dentro de 15 ó 20 años, esas playas serán paraíso turístico de tu pequeña América Central: Los Negros, Tasajera, Los Blancos, San Marcelino, Las Hojas, Zunganera y más, te harán figurar en lista de los diez hombres más ricos de este planeta. En tanto subas a cima del Chinchontepec, en modernísimo nuevo helicóptero que yo mismo te regalaré, sustituyendo a tus frustradas alas infantiles, podrás apreciar inmensidad de tus futuras propiedades, incluyendo a tu miserable Pueblito, al cual puedes hacer progresar con “vergazales” de billetes dados a ti por mí… Puedo, al mismo tiempo, hacerte dictador de El Salvador, tal cual hice a tu general Maximiliano Hernández Martínez, o al chocho Tacho Somoza, ambos mis magníficos actuales pupilos… Es más, si tú me hubieses invocado, también  venerado, cuando tus hijos, hembras y varones, estaban entrando a la adolescencia, yo, tu magnífico amigo, hubiese acrecentado tu disimulado “malinchismo” (creer sabia y bella sólo a la gente extranjera); pues tú eres de los muchos salvadoreños creyentes en superioridad racial, tal lo fue mi angelito: Adolfo Hitler; y, en especial, si la tal raza es blanca como la tuya… Entonces, tus bellísimas cinco nenas, te hubiesen dado robustos nietos con apellidos rimbombantes, así: “Von van Deren-Cañas”; “Benz-Cañas”; “Nobel-Cañas” “Krupp-Cañas”; “Rockefeller-Cañas” “Musolini-Cañas” y,… tus tres inocentes viriles varoncitos, te hubiesen honrado más al emparentar con esculturales mujeres europeas o norteamericanas de los Estados Unidos o Canadá. Entonces, esos tus nietecitos hubiesen sido: Cañas-Baresi, o Cañas-Roemmers, o Cañas-Janssen, o Cañas-De Gaulle, o etc., etc. Si hubieses creído soñar demasiado alto, pude habértelos casado con la “flor y nata” criolla, ya mezclada con apellidos más cursi conocidos. —Lucifer prosiguió, mientras, deslumbrado socorrista, con menor temor, contemplaba ademanes, pero no gestos de aquel encapuchado—: Todos esos matrimonios efectuados acá, en El Salvador, a finales del siglo XIX y a principios y mediados de este ya anciano (l974) siglo XX, ¡fueron   obra  mía!; porque  toscos criollitos y chapetones mestizos iletrados de esa época, al invocarme, deseaban mejorar decadentes descendencias genéticas… ¡Así lo hice! Sin embargo, en gesto de mi repudio por tanta ambición de poder económico, social, político, militar y religioso, los mezclé con genes más abyectos de gringos y de europeos; pero, contigo, mi querido Nicolasito, por haber sido y estar conforme con tu estado actual de relativa pobreza, yo hubiese sido espléndido al buscarte familias católicas honorables: Agnelli, o Verdi; ambas benefactoras del sacerdote Juan Bosco; ambas, junto a noble familia Mattei, magnates de automóviles Fiat y Ferrari, los primeros; del Bel canto, los segundos; y, de industria vite-vinícola, los terceros. A esas magnánimas ayudas económicas, para rescatar de ignorancia miserable a  juventudes pobres italianas de siglo XIX y del actual, el tal Don Bosco les llamaba: “Divina Providencia”, já-já-já-já. —Satanás hizo breve y pensada pausa, tal vez para observar impacto de sus palabras sobre de la conciencia, reflejada en rostro del acosado tío. Pronto prosiguió —: aun cuando tú eres blanco, hasta lograr, sin quererlo, confundir a curas misioneros españoles llegados a tu defenestrado Pueblito para evangelizar a masas proletarias, nunca podrás engañar a este tu poderoso y antiquísimo amigo, futuro benefactor, si tú así lo permitieses de corazón, porque conozco tu ascendencia más allá de ese gran tal Pablo de Cañas, padre biológico del mal llamado prócer libertador de esclavos. Asimismo, don Pablo de Cañas fue padre de tu tatarabuelo: mentado individuo Bartolomé Cañas y Villacorta… Esas ascendencias tú no las conoces, ni las conocerás; porque el “Rebelde con Causa”: don Anastasio Mártir Aquino, (apodado, con desprecio y rencor, por tus antepasados: “El Indio Aquino”), Nonualco heroico, en 1833, al incendiar archivos parroquiales católicos vicentinos, destruyó todos los registros bautismales de tus ascendientes colonizadores. En fin, de todos los fundadores (54 familias) de actual ciudad de San Vicente (1635); pero, según yo sé, tú eres escuálido criollo de la “sin cuenta” generación de colonizadores españoles primitivos, fundadores de la también llamada: Ciudad de Austria y Lorenzana. Por tanto: tus ideas ya son autóctonas en estas tierras. Hubieses necesitado sangre joven: italiana, belga, holandesa, danesa, alemana, etc., para renovar la cepa de tu linaje. ¡¡Fuiste torpe al no invocarme, y al conformarte con: Cañas-Pérez, Cañas-Roque, Cañas-Valle, Cañas-Alférez, Rodríguez-Cañas, Chávez-Cañas, etc.!! Además, tú te crees la “divina garza” por tu remotísima ascendencia ibérica; pero ignoras: todos aquellos remotos conquistadores europeos, fueron la “cremade  ergástulas reales, habiendo escogido hacerse a la mar ignota a cambio de sus cadenas perpetuas en cárceles peninsulares. (¡…!). Sí. Sí, es cierto. Tú no desciendes de esos conquistadores; pero, cien años después del descubrimiento, seguido de la conquista militar y religiosa (1524-1634), tus antepasados colonizadores y evangelizadores, já-já-já-já, fundadores de aquella ciudad a la sombra del árbol de tempisque —San Vicente— fueron campesinos iletrados y fanáticos católicos quienes, al no encontrar futuro alguno en estériles tierras de  provincia española de nombre Extremadura, fronteriza con sur oriente portugués, donde sólo el árbol de alcornoque o corcho, con mucha dificultad se enraizaba y aún enraíza para fabricar tapones en industria vinícola, aceptaron venir a explotar estas riquísimas tierras de incomparables valles: Jiboa y Acahuapa; asimismo, extensas y ubérrimas praderas de Tehuacán de las Granadas, entonces capital del Reino Nonualco precolombino; también selvas vírgenes y  sabanas donde ahora es el  también ubérrimo cantón Santa Cruz Porrillo y más; por tanto, —terminó de decir rey del averno, con profunda convicción de haber “entuturutado” al tío San Lorenzón—, sólo yo puedo darte el lustre del rey Midas, que nadie, en tu infeliz ascendencia colonizadora, pudo darte. —Por último agregó—: ¡¡Ah!! Cumpliré mi promesa no dicha, pero sentida: jamás tentaré a tu prole hasta cuarta generación, porque tu hermosa alma será suficiente motivo de entretenimiento, para mí, en  próximos cortos doscientos años; pero, si alguno o algunos de los tuyos me invocasen, gustoso acudiré para prestarles mis inigualables servicios.          
— ¿Si me negare a leer, mucho menos a firmar ese tal documento, qué me pasaría?, —preguntó, compungido, don Lorenzón.
         —Entonces, —replicó el oferente —, te pasará lo mismo ocurrido al mítico profeta Job del Antiguo Testamento… Vivirás más calvo, más obeso, hipertenso, frígido sexual, y diabético; llegarás hasta 88 años de edad, artrítico y abandonado: todos tus hijos se marcharán para el extranjero; vendrá gran guerra civil, la cual durará 20 o más años; abandonarás tu hermosa mansión del barrio El Calvario de tu Pueblito currutaco. Graciela, tu esposa, se marchará para la capital, o para el extranjero, llevada por tus hijos, porque tú te negarás a dejar abandonadas esas tales 400 pinches manzanitas de tierra compradas, con sudor de tu frente, a Miranda Jiménez, tu primo-hermano del alma; al mismo tiempo, te negarás a abandonar las 60 manzanitas mierda aledañas a la poza El Mango, en el Río Caliente, que te las vendió el Negro Rafay “Baramna” (mi mejor violador de menores o pederasta); te trasladarás a tu nueva casa en barrio El Centro, la cual, de antemano, te suspenderán la construcción por no presentar permisos municipales correspondientes; pero, después de alta multa y de cumplir tú con lo requerido por autoridades sanitarias y municipales, se te dará. En esa nueva casa te sorprenderá el mortal coma diabético y, de mí, nunca más volverás a saber.
         —Entonces, señor, dadme ese documento para leerlo y proceder a firmarlo de manera inmediata, —dijo, con mucha melancolía, el “metiche” auxiliador de catástrofes, quien prosiguió, —pero, dígame, señor: ¿cuál será el precio a pagar, por este su servidor, ante tantas descomunales ofertas?
         — ¡¡Tu alma, mi Nicolasito, tu alma, mi caro amigo!! , —respondió Satanás pronto, sin inmutarse en lo más mínimo.
        
            Afligido esposo de doña Graciela Salinas se quedó cabizbajo, pensativo, dubitativo, pálido y desconcertado; llevándose puño derecho, con el cual apretaba reliquias, hasta su mentón. Con mano izquierda, sujetaba pergamino cuero de oveja o venado, letras en tinta china, adornado con  arabescos y ribetes áureos, donde estaba plasmada la Magnífica, oración católica poderosísima. Meditabundo, el calvo pidió tal documento para efectos consecuentes. Aquel caballero del mal no titubeó para entregárselo; no obstante, después de haber recibido,  leído y meditado, todas las demoníacas cláusulas, mi acorralado pariente le dijo:
Estoy de acuerdo, señor; mas, no poseo estilográfica para firmar; présteme la suya y asunto concluido.
          
            Maligno personaje le ofreció una joya de orfebrería artesanal inimitable ni por mejores orfebres de: París, Londres, Milán o Ámsterdam; estilográfica indescriptible ni por: Jorge Amado, García Márquez, Roque Dalton, y por nadie más; empero, antes de estampar la firma comprometedora, el acorralado suplicó al maligno, así:
         —Me imagino: Usted es el señor Lucifer, Luzbel o Belial, ¿verdad?; (…). Entonces, hágame el gran favor de leerme, por primera y última vez, este testamentito escrito por mí hace varios años, donde dejo mis pobres pertenencias actuales a mi esposa y a mis hijos, porque, con inmensas riquezas donadas a mí por usted, de raíz cambiará mi vida, pues dedicaré el resto de mi vigorosa existencia para disfrutar  múltiples placeres por usted narrados.
         — ¡¡Muy bien mi querido Colachito, muy bien!! ¡¡Venga ese testamento!!—respondió Satanás con inmensa alegría y mayor impaciencia.
          
             Don Colacho extendió el rollo de pergamino cuero-venado. Demonio lo desenrolló con avidez, para leerlo en menor tiempo posible… Cuál no sería sorpresa del Cachudo al posar, en el pergamino, sus tenebrosos ojos sobre primer versículo escrito en latín, el cual decía: Magníficat ánima mea Dóminos.                                    
         —¡¡¡M a l d i t o   C o l a a a ch o o o !!!
Fue lo último alcanzado a decir por Lucifer, antes de desvanecerse con todo y corcel...
                                   ***** 
El cielo empezaba a clarear, eran 04:30hrs de aquella madrugada. Pío Mejicanos, junto con joven mecánico, Humberto Alférez Ayala, había regresado en auxilio del moderno Land Rover.  Desmontaron del viejo, pero bien conservado automóvil “Studebacker”, propiedad del mecánico. Éste, acompañado de su compleja caja de fierros, pidió llaves del todo-terreno varado, para efectuar primeras maniobras diagnósticas al respecto. El hijo de don Buenaventura introdujo tal llave en agujero correspondiente. ¡Qué sorpresa!,… el dormido nuevo motor de Cañas Merino, arrancó al primer intento, habiendo quedado funcionando como recién afinado… Joven Alférez Ayala, lanzando mirada inquisidora de reproche, a todavía pálida faz de Cañas Merino, guardó  herramientas, omitió toda palabra, subió a su clásico auto sin despedirse, ni pasar la cuenta. Enfiló sus ruedas hacia el norte. Asustado “maldito” vecino de don Venturita, aún erizado, no de la calva, tampoco pudo hablar. En  trayecto hasta Pueblito embrujado, frustrado joven mecánico, hacía reminiscencias sobre amoladas pasadas hechas por tío Nicolás a don Buenaventura, padre del mecánico y de niño Germita. Éste, ahora doctor José Germán Alférez Ayala, eminente médico pediatra del hospital Benjamín Bloom, y profesor titular en Universidad de El Salvador (la U mera-mera) . Humberto Alférez Ayala, mecánico automotor, maldecía la hora cuando Dios o el Diablo, había llevado a Cañas Merino a ese vecindario.
                                              *****
La estilográfica quedó en manos del asustado brigadista primitivo; pero él, temiendo nueva visita, en cualquier momento, hecha por el Tentador para reclamarle tal especie lujosa, decidió entregársela, en donativo, sin explicaciones, a Tamagás, obispo diocesano vicentino, quien la ocupó, en aquella actualidad, para firmar todos los documentos eclesiales formales de su diócesis, incluyendo cartas a Roma, donde acusaba, a curas creyentes en Vaticano II y en Medellín, de subversivos o comunistas, lo cual era lo mismo.           
                                          F  I  N
                                 
                             07 de marzo en 1999.-                     

miércoles, 9 de noviembre de 2011

HEREJÍAS, 26ª entrega

         H   E   R   E   J   Í   A   S
               Por Ramón F Chávez Cañas
                (Vigésima sexta entrega)


CLXI
La materia es eterna,… con relatividad.
La materia fue creada/ por el Omnipotente
¿Emergido de  Nadas?... No llega ahí mi mente.
Tal pregunta es eterna; / no así esta humanidad.

Tal respuesta se presta/ siempre a una necedad
de tanto embaucador/ para tímida gente
y para perezosos. / De ignorancia inclemente
mentados timadores/ no oculta su impiedad

de codicia absoluta/ cuando estafan a crédulos
e/ insultan al resto/ cuando éstos son incrédulos
en  “almas inmortales”/ de míseros humanos.

Inmortal sólo es Dios, / se ha dicho en otros versos
y lo repetiremos/ para que otros perversos
alguna vez respeten/ a iletrados hermanos

CLXII
La materia es eterna/ por sus micro-micrones
en todo el Universo, / donde reina Belleza
de Fuerzas aún ignotas/ en La Naturaleza
para formar vivientes/ en diversos rincones

de galaxias inmensas, / donde rudas razones
de microbios cerebros/ se estrellan por torpeza
al querer explicar, / por dolo o por pereza,
tan Perfecta Creación, / con mente de sangrones.

Absurdos Teo sofistas, / con relatos folclóricos,
en su ignorancia pecan/ volviéndose eufóricos.
Ejemplos dan mis mayas, / con libro Popol Vuh.

Las Ciencias Astrofísicas/ junto a las Matemáticas,
tratan hoy de explicarnos, / sin ideas fanáticas,
el Esplendor de Dios, / nuestro Dios no tabú.

CLXIII
Genomas de vivientes, / desde Eras ignoradas,
han traspasado Tiempos. / Seguirán siempre haciéndolo
hasta ignotas edades; / mientras tanto, creyéndolo
fantasía de imberbes, / teorías desfasadas

seguirán denigrándolos. —Feliz la Sherezada.
Esas “Mil y Una Noche”, /donde ella, al rey, durmiéndolo
con relatos fantásticos, / y el rey, ya posponiéndolo,
perdónale la vida. / ¡Novelita encantada!

Virus, bacterias, sarnas; / reptiles, hongos,  aves;
tiburones, mamíferos; / árboles, lianas, algas,
y todo lo viviente/ tienen en su ADN

aquel soplo divino: / tan fabulosas llaves,
para así perpetuarse/ con descendencias largas
a través de esas almas, / hoy llamadas: Los Genes.

CLXIV
Sólo nuestro egoísmo/ nos permite soñar
ser seres superiores/ al resto de lo creado.
Por ello esos rufianes/ muy bien se han inventado
tal patraña del alma/ desde la eternidad.

Entonces nuestra almita, / con gran solemnidad,
sería igual a Dios/ y a todo ser alado
del coro angelical, / y al Diablo condenado;
pues hasta mismo Diablo/ goza inmortalidad.

Las cadenas genéticas/ son proteínas puras
basadas en hidrógenos, / oxígeno y carbono:
elementos vitales/ dados por las Alturas.

Por tanto, nuestros genes/ son almitas de antaño
cuando mis antropoides/ o bisnietos del mono,
por ignorancia y miedo/ no escalaban peldaño.

CLXV
En tales ordenanzas/ escritas por Moisés
está “no matarás”/ o quinto mandamiento.
Este viejo mandato/ fue siempre monumento
en La India milenaria, (región de Benarés)

y/ en Egipto Antiguo/ de aquellos Radamés
cuando Abraham y Jacobo, / pero ni en  pensamiento,
estaban en camino/ con religión tormento.
Repitiendo a Raudales: ¡¡Historia está al revés!!

De sentido común/ era  “No matarás”,
decían hinduistas/ en ciudad de Madrás
cuando Sabio Gautama/ dio su Filosofía.

Aun siendo buena copia/ de antiguas religiones,
los judeocristianos, / en distintas regiones,
descubrieron el borde/ azul de bacinilla.

CLXVI
Pero “no matarás”/ sólo es para terceros
pobladores del orbe/  y no de tribu hebrea;
sólo para proscritos/ de estirpe cananea;
también samaritanos/ con tiernos herederos.

Filisteos y más/ siempre han sido primeros
y continuarán siéndolo/ mártires en pelea
por conservar su tierra, / tan árida y tan fea,
robada por Sharón*, /as de los pendencieros.

El dios imaginario/ del hombre israelita
dijo: No matarás. / Mas él, cual troglodita,
ordenó masacrar/ a egipcios primogénitos

abuelos de Cleopatra. /¿Por qué no ejecutó
sólo al mal faraón quien desobedeció?
¡¡Nadie traga este cuento/ de farsantes congénitos!!

CLXVII
Levi, Moisés, Josué, / David y Salomón,
—asesinos confesos/ en viejo Testamento—;
Calvino y Torquemada, / con cerebro violento,
fueron y son salvajes/ de Santa Inquisición.

¿Quién fuere más salvaje: / Torquemada o Nerón?
Ambos fueron primeros/ dando ese tratamiento
con el fuego de hogueras/ sin ningún aspaviento
o en arena romana/ con un hambriento león.

Ese no matarás, / precepto de mentira,
tu mismo dios Iahvé/ lo quebrantó con ira
cuando ordenó matar/ a indefensos vecinos

para robar teneres/ a hermanos “medianitas”
y a muchos otros pueblos: /amorreos, hititas…
a quienes ese dios/ les creía cretinos.

CLXVIII
“Tampoco robarás”. / Éste es mancomunado
con tal quinto precepto/ de inútil escritura,
pues para tal efecto/ matan hasta criatura
en útero materno/ donde está desarmado.

En tu Biblia “moderna”, /Sharón, jefe malvado,
para seguir robando/ cava vil sepultura
del pueblo palestino/ quien vive en amargura
de sentirse gran nómada/ en terruño heredado.

El matar y robar/ son unos verbos próximos
pues ambos envilecen/ existencias de prójimos
al cercenar cabezas/ y bienes de inocentes.

El bestial Harry Truman/ nunca tuvo razón
y en momentos actuales/ no la tiene Sharón.
Ambos son triste ejemplo/ de ideas prepotentes.

*SHARON, ARIEL = primer ministro israelita en 2004, cuando se escribieron estos sonetos. Al presente tiene 3 ó 4 años de estar vegetando sobre cama hospitalaria debido a  accidente cerebro-vascular por posible hipertensión arterial.

C o n t i n u a r á

sábado, 5 de noviembre de 2011

OTRAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS

               OTRAS HAZAÑAS DEL TÍO NICOLÁS
            Tomadas del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                             Escrito por Ramón F Chávez Cañas
                     
Entre 12 y 14 años de edad, niño Nicolasito, casi arrodillado, suplicaba a doña Martina Merino de Cañas, su madre viuda, le regalase una guitarra y un violín, pues él creía tener dotes sobrenaturales para la música. Desde luego, doña Martina siempre rehusó, porque en esos tiempos y todavía ahora, la gente creía y cree en alcoholismo como principal persecutor de artistas, en especial de músicos; sobre todo, cuando éstos son muy jóvenes. Ésta era única razón esgrimida por tal matriarca para mantener su tozuda negativa.
          
          Al cumplir dichoso niño 15 años vitales, en vista de pertinaz conducta materna al respecto, aquél decidió construir con sus propias manos tan ansiados y soñados instrumentos. Para ello, visitó a varios vecinos adultos del cantón y a otros más en el filarmónico Pueblito; todos, poseedores de instrumentos de cuerdas, de percusión y de viento. Valiéndose de cinta métrica flexible, tipo sastrería, midió y anotó en rústica libreta de papel empaque, hasta última dimensión de aquellos instrumentos musicales de cuerdas y percusión. En seguida, acudió a  principales aserraderos pueblerinos para comprar la madera necesaria. En efecto: compró, pagando con novillos y potros cimarrones aún no herrados ni inventariados por la madre, una docena de trozas cuadradas por  aserradores y olorosas a selva virgen; trozas de legítimo cedros reales, laureles y caobas, diferentes en tamaño y en grosor. De aquellas trozas más delgadas fabricaría tres violines; de medianas, tres guitarras; de las más grandes y gruesas, tres violonchelos y dos contrabajos; de tantos desperdicios: timbales y tambores necesarios. Maracas las construiría con morros vacíos traídos de su hacienda San Antonio, —donde abunda tal especie vegetal, cuya pulpa sirve para alimentar al ganado, y semillas, para hacer riquísima horchata de morro—. En elaboración de instrumentos más grandes, fue menester unir dos piezas, porque anchura de una sola pieza no daba medidas requeridas por chelos y contrabajos. Valiéndose, siempre, de herramientas carpinteras domésticas heredadas, y de otras toscas forjadas a mano por él, —con auxilio del Chele Salinas, herrero oficial del amado Pueblito—, se dispuso a moldear, en una sola pieza, vaciando la madera, todos los instrumentos musicales que así lo permitiesen (violines, mandolinas, guitarras). Usando la entonces tradicional e insustituible pega “cola de carpinteros”, pegó las tapas posteriores de todos esos cajones musicales artesanales. En seguida, vendiendo gallinas, pavos, cereales y quesos de corrales propios de doña Martina Merino de Cañas, se compró barnices, trastes, clavijas, capodastros y cuerdas. Total: en lapso de dos meses había esculpido: tres violines, más tres guitarras (bajo, mediana y requinto), dos mandolinas, tres violonchelos, dos contrabajos, cuatro pares de maracas, tres timbales de diferente tamaño y sonido, un tamborón de hojalata forjado entre él y el Peludo Andrés Aguilar, —éste, hojalatero oficial de ese fantasioso Pueblito.
      
          Todo le había salido a pedir de boca; pero, nunca tomó en cuenta el factor humano ejecutante; siendo ahí cuando se le trabaron, al principio, las carretas; no obstante, logró reunir a media docena de muchachos con edades similares a la de él, incluyendo a Chepito Chávez, —hijo del sobador oficial del Pueblito: don Juan de la Cruz Chávez Rodríguez, quien compuso la clavícula rota del Nicolasito cuando éste se desbarrancó del tren infantil—. Chepito Chávez fue y continuó siendo experto maraquero, hasta haberse enrolado, ya cuarentón, en circo de Miss Amalia allá por 1952. Chepito Chávez  con sus maracas se paseó por toda la región Nonualca y gran parte de la Lenca allende Río Lempa; al parecer, este maraquero del Pueblito vivió intensos romances con la bailarina y propietaria llamada Miss Amalia. Asimismo, a otra media docena de adultos jóvenes, todos, con mayor o menor vocación para las artes de Santa Cecilia. No había, en el cantón ni en el Pueblito, nadie conocedor de la difícil solfa; sólo don Santiaguito Morales Quintanilla y Rafael, su hermano, pero ellos trabajaban en sonoras bandas musicales regimentales de Santa Ana y Sensuntepeque, en forma respectiva. ¡No estaban a mano! Músico mayor regimental vicentino: don Rafael Villegas Chávez, oriundo del Pueblito e hijo de don Juan “Pacho”, llegaba, en su día libre semanal, a impartirles algunas nociones básicas de solfeo; por tanto, todos repasaban, tarde a tarde, a puro oído, bajo  tres árboles de amate, nance y copinol del traspatio, para no incomodar a la mamá quien, al cabo de tres o cuatro meses de estar escuchando las cada vez más agradables melodías (bambucos, tangos, pasos dobles, mazurcas, valses, boleros, etc.), se estaba haciendo, poco a poco, la del ojo pacho. Estas melodías eran oídas, con atención, por aquellos dedicados muchachos, en nueva victrola de cuerda, (donde estaba el perro careto de RCA Víctor escuchando la voz del amo, en primitivo parlante con forma de bocina), comprada por la madre, para que adolescente hijo no fuese hasta el Pueblito a casonas de señores: Chávez-Henríquez, o Chávez-Molina, o Molina-Pineda, o Parras-Martínez, a escuchar, en modernas ortofónicas, música y voz de Enrico Caruso entonando arias de: Traviata, Rigoleto, El Barbero de Sevilla, Aída, El Elixir del Amor, y más; de Lorenzo Barcelata dándole vida a: La Barca de Oro, Ramona, Amapola, Sobre Las Olas, Alejandra, etc., y de otros cantores de menor importancia, ahora ya olvidados.
          
          Seis meses después, casi había perfeccionado sus artes ejecutoras y auditivas; además, se le habían incorporado otra docena de febriles aprendices, entre niños preadolescentes, jóvenes y adultos; más cuatro o seis señoritas cantantes, entre ellas, la agraciada señorita Teódula Chávez, hermana de Chepito maraquero. Teódula fue primer amor del tío Nico. Al parecer, hubo unigénito muerto antes del primer año de edad. Con ese semestre de arduo aprendizaje, se atrevieron a debutar en la Entrada”1 de un seis de agosto, dando inicio así, a esas fiestas agostinas en honor a San Lorenzo, Abad y Mártir, patrono del Pueblito.     Jovencito Colacho hacía piruetas al desgonzarse tocando el requinto, al cual cambiaba por difícil mandolina, haciéndola casi hablar. Terminaba sacándole lágrimas de alegría al violín más pequeño. Teódula entonaba boleros y bambucos; Nicolasito Arévalo Aguilar, era tenor  especializado en tangos y pasos dobles. Tonino, —compinche del tío en robo de  naranjas—, valiéndose de hojas cítricas escogidas, simulaba, a perfección, sonido de finos saxofones. Raúl Barrera y Luisito Burro, con Victorón Bomba, Chepe Coyunda, y una pléyade memorable, tocando diversos instrumentos hechizos del mentado joven Nico, arrancaban suspiros de toda clase a escasas señoritas “tunicudas”2 y a numerosas señoritas “mengalitas”2 concurrentes a esa alegre “Entrada”, donde se bailaba desde 02:00pm hasta 08:00pm; donde abundaba horchata de morro con marquesote4,  flecos, gallardetes, palmas de cocotero, y escandalosos cohetes de vara.
          
          Gran fama del Colachito, con su consecuente popularidad, pronto llegó a oídos de señor cura párroco. Éste les invitó a repasar, además, música litúrgica de  diversas festividades religiosas de la parroquia a través del año. Colachito aceptó de mala gana, más bien presionado por forzadas insinuaciones hechas por su mamá, secundada por miríada de viejas “biatas”5 entre quienes sobresalían aquellas inolvidables doñas: Onofre de Roque, Carlota v. de Fernández (decana), Soledad Henríquez Angelino (vice decana) y las tres vecinas engañadas por él, pocos años atrás, con unas campanas falsas.
         Así: tocando sólo de día y en primeras horas nocturnas, mantenía tranquila a su abnegada progenitora; además, era custodiado por patrulla cantonal particular, conformada ésta por peones agrícolas y ganaderos de su hacienda San Antonio; patrulla comandada por su tío Benito. Anita Salinas, ama de llaves, casi siempre les acompañaba para prepararles café o refrigerio, garantizándole, de esa manera, a tan preocupada patrona, la abstinencia etílica total de aquellos imberbes artistas.
        
          Su hermanita menor, nena Carmencita, ahora viuda de Chávez, empieza y no termina contando maravillas sobre sonidos paradisíacos desgajados en cascadas auditivas soliloquias que su hermanito, moderno Orfeo tecoluquense con sus amigos subalternos, le sacaban a aquellos cedros, caobas y laureles, convertidos en instrumentos musicales celestiales.
          
          Aquella endemoniada, y a la vez angelical orquesta primitiva, llegó a su fin en 1930, cuando joven Nicolás, ya huérfano también de madre, contrajo nupcias con señorita Graciela Salinas Vasconcelos; yéndose él a vivir, durante cinco o seis años, a propiedades agrícolas-ganaderas de sus suegrosya relatado antes, en cantón Santa Cruz Porrillo del mismo sin par municipio; pues, la heredad llamada Hacienda San Antonio, había sido vendida a doña Segunda Henríquez v. de Chávez, para repartir el dinero obtenido en tres partes iguales. Terrenos o guatales, con casa solariega del suburbano cantón La Mora, fueron heredados por señorita Sarita, después, señora de Alférez y, por la aún nena Carmencita, varios años más tarde, señora de Chávez; pero, en siete u ocho  años de existencia con la orquesta rústica, joven Cañas Merino dio molote en: casamientos (bodas religiosas y sus respectivas celebraciones sociales, sólo eran celebradas por las mañanas y, hasta bien entrada la tarde del mismo día),  bautismos,  cumpleaños,  E n t r a d a s  y velaciones de muertecitos; asimismo en procesiones de: Santo Patrono (nueve de agosto), Santo Entierro, Inmaculada Concepción de María (copatrona del Pueblito); Flores de Mayo,  Pastorelas Navideñas,  Veladas Escolares y, en fin, en toda aglomeración humanan donde hubiese sana alegría.
                                          *****
         Con dinero heredado, más el obtenido durante cinco años de duro trabajo agropecuario allá en Santa Cruz Porrillo, volvió al Pueblito encantador, habiendo comprado  amplia casa del barrio El Calvario, donde instaló su hogar, viviendo ahí, hasta 1980, cuando ya fue imposible vivir por causa de guerra civil salvadoreña (1980-92). También compró, a don Tiburcio Contreras, un terrenito plano de tres hectáreas de extensión (04manzanas), localizado contiguo a su residencia de El Calvario, lado rural oriente. A medida pasaban veloces años continuó comprando más propiedades agrícolas y urbanas, incluyendo el mesón Cañas y hacienda El Obrajuelito, con 300 hectáreas de superficie plana regable por gravedad; —haciendita desmembrada de inmenso latifundio, propiedad de su primo-hermano del alma: don Antonio Miranda Jiménez. Dicho latifundio llamábase: Hacienda El Obrajuelo, cuya extensión  superficial fue de 3,000 hectáreas ó 4,100 manzanas de tierra agrícola-ganadera de primerísima calidad.
                                      *****
         A mediados de años 30’s (¿1935-36?) don Raymundo Nicolás Cañas Merino y esposa, retorna al Pueblito, instalándose con todo y crías (Emmita y Glorita) en mansión calvareña de suburbios urbanizados del encantador Pueblito. Mansión mayor edificada sobre una hectárea, limitando con terrenos de don Venturita Alférez; pero estos ya rurales en cantón El Carao. Dicha mansión pueblerina Cañas-Salinas, contaba con: amplios dormitorios, acogedoras salas familiares y sociales, confortables comedores patronales y laborales; extenso patio central, mucho más extenso traspatio, e inmensa caballeriza con corrales para vacas de ordeño, marranos de engorde, gallinas indias ponedoras, patas y patos siempre cuchicheando, gallos sementales disputándose dominio de corrales, garañones y burrosexhibiendo sus etcéteras sexuales y, el semi enano: Pío Mejicanos, jefe de  zacapines y servidumbre (mayordomo), revisando: coyundas, baldes, rejos,  pienso, espuelas, monturas, jáquimas, frenos, herraduras y resto de aperos indispensables para operar una casa medio campestre de un agricultor-ganadero acomodado de hace 60 ó más años. También, en límites de traspatios colindantes, —tapial de gruesos adobes de por medio—, con la todavía más extensa mansión rural propiedad de don Venturita Alférez; pero ya en cantón El Carao, tío Nico había colocado 25 cajas conteniendo laboriosas y educadas abejas de Castilla (Apis melífera), pues, abejas africanas o asesinas, ni se soñaban en América. Doña Graciela Salinas de Cañas, pasaba entretenida mirando a sus criadas manipular leche vacuna para fabricar: quesos, cuajadas, requesón, suero para cerdos, mantequillas y cremas. Vacas y terneros, por las mañanas después del ordeño, eran llevados hasta potreros de poza El Mango en riberas del Río Caliente local, a 400mts distantes de casa patronal; o, hasta “El Obrajuelito”, haciendita distante a 3kms al sur. Escandalosa caballeriza era especie de garaje moderno: briosos caballos, unos ensillados, otros en pelo, representaban a veloces automóviles actuales. Enormes graneros del traspatio siempre estaban repletos con cereales, esperando buenos precios para ser vaciados. No era aficionado a  molienda, por tanto, no tenía trapiches ni cañaverales.
                                             ********
           En terrenito comprado a don Tiburcio Contreras, quebradita oriental con riachuelo permanente de por medio con respecto a la residencia, tío Colacho estableció su estadio privado para practicar deportes junto con sus trabajadores y colonos: zacapines, jornaleros, caporales, mayordomos, corraleros. Implementó dos canchas balompédicas (adultos y niños), trazó pistas para atletismo; con finas varas de un bambú especial, hizo fabricar pértigas para salto con garrocha. Estos deportes atléticos los habia visto por primera vez en inauguración del estadio Flor Blanca de San Salvador, al realizarse 3eros Juegos Olímpicos Centroamericanos y del Caribe. Ese mismo terreno o guatal, serviría para elevar: lunas, cometas o papalotes en temporada de vientos (octubre).
          
          A pocas semanas de estar en su nuevo domicilio, todos los principales y medianos habían llegado a darle la enhorabuena, y a ponerse a sus apreciables órdenes. Primer personaje en llegar alegre con parabienes respectivos, fue don Buenaventura Alférez, quien iba acompañado por su esposa, doña Celsa Ayala de Alférez; luego, con el correr del tiempo, don Buenaventura y su nuevo vecino, tuvieron serias desavenencias por razones no venidas al caso, por ahora. Una tarde sabatina, cuando tío Nico terminaba de pagar planilla quincenal trabajada (03:00pm) apareció, en pórtico de la residencia de adobes, bahareques, maderas, tejas y acapetates a manera de  cielos falsos, cierta comitiva constituida por numerosos jóvenes principales, acompañada por señor alcalde de ese entonces: don Enrique Garay. Saludaron al joven señor Cañas Merino quien, complacido por tan distinguida visita, les hizo pasar hasta sala social principal, sala enladrillada con ilusiones ópticas en blanco y negro. Después del saludo respectivo y de haberse apoltronado, todos, en cómodas sillas mecedoras, sillas de abanico y sillas haraganas, el anfitrión Cañas Merino, algo impaciente, preguntó sobre el objetivo de tan agradable visita. Don Enrique, señor alcalde, contestó así:
         —Mira Colachito: estos muchachos me han suplicado acompañarles para venir a pedirte un gran favor, el cual puede ser negocio a la vez. Yo me atreví, porque fui muy amigo de don Nicolás Cañas Jiménez, tu padre. Él, a pesar de ser algunos años mayor que yo, siempre me demostró sinceridad; asimismo, tu madre, doña Martina Merino Hernández de Cañas, y todos tus tíos Cañas y Merino. La razón de nuestra visita,  —prosiguió don Enrique Garay —, es porque ellos han sabido sobre tu cancha privada de fútbol. Por mi medio, desean pedírtela en alquiler, pues don Juan de la Cruz Chávez Rodríguez, cultivará el terreno del barrio Pasaquina, donde en la actualidad funciona la cancha del Tehuacan FC, recién fundado. Dinos, Nicolasito, ¿cuánto pretenderías tú, por mes o por año? Yo, señor alcalde, garantizo ese futuro contrato, ya sea éste oral o por escrito.
Vea, don Enrique,— respondió tío Nicolás, quien  prosiguió—: Ese terrenito está, en exclusiva, destinado para distracción de mis trabajadores y colonos; ellos, de 04h00 a 06:00, todas las tardes, lo ocupan; sin embargo, podemos llegar a un arreglo, siempre respetando horarios de mis trabajadores, pues tratándose de estos jovencitos aquí presentes, a quienes yo aprecio y respeto al máximo, porque algunos, como Gilberto Parras, Julio Asisclo Chávez, Jesús Méndez Barahona y Chepito Chávez, son muy pocos meses o años más jóvenes que yo; por tanto, será muy agradable compartir con ellos mi humilde cancha balompédica; pero, entrenamientos del Tehuacán FC, se verificarán a cualquier hora y hasta 03:30pm. También propongo se me incorpore a mí como jugador titular en  puesto de centro delantero, y capitán del equipo a la vez; por supuesto, sólo yo decidiré cuándo abandonar la cancha por lesión o por cualquier otra circunstancia, y cuándo quedarme banqueando; además, me han llegado rumores sobre próxima fiesta bailable del Tehuacán FC, y nombramiento de señorita Amalia Molina Garay, ¿su sobrina, señor alcalde?, como madrina del club. Al respecto, —prosiguió el anfitrión—: yo aceptaría,  complacido al extremo, ser nombrado padrino del equipo en tal festividad. Si ustedes aceptan estas sencillas proposiciones, las canchas, hasta 03:30 de cada tarde, repito, serán suyas sin costo monetario alguno…¡¡Ah!!,… sólo les pediré no permitir, en las canchas, a jayanes como ese Gambusina, ese Serpentina, ese Sapo Martín, ese Chico-culo, y ese Chele Alfredo.
         
           Se suspendió por minutos dicha sesión. Mientras aquellos 18 muchachos analizaban condiciones preimpuestas por el tío materno mío, éste invitaba a don Enrique Garay para saborear legítimo largo habano y genuino coñac francés. Pasados 05mins de deliberaciones, Victorón Bomba, gigantesco capitán en funciones, ex integrante de la orquesta hechiza, con edad similar a la del humilde tío, tomó la palabra para decir:
Agradecemos, Colachito, tu generosidad, …estábamos seguros de no salir afrentados de tu casa; …aceptamos todas tus condiciones, … yo, con el mayor de los gustos, te cedo el puesto de centro delantero y capitán, pues conozco tu recia personalidad y tus agilidades para mover, con maestría, el balón, …aceptamos expulsar de la cancha al Sapo Martín, al Chico-culo, al Gambusina, al Serpentina o a cualquier otro patán señalado por vos; pero, …desearíamos reconsideraras la exclusión del Chelito Alfredo Chávez;… es cierto, él es gran jayán, pero desciende de muy buena familia; además, apenas ha cumplido15años. Nosotros creemos poder encontrar remedios para sus apatanadas… El primer paso ya lo diste tú, Colacho, al negar ingreso al Sapo Martín: maestro de todo  jayán habido y por haber en estas dimensiones. Debemos decirte: Chelito Alfredo acaba de ser coscorroneado por don Lino Parras, quien lo sorprendió embadurnando con boñigas de cerdo, un pedazo de pared repellado en el portal exterior de la farmacia; pedazo de pared en el cual doña Tránsito, esposa inválida de don Lino suele, por las tardes, recostar su cabeza, mientras don Lino y empleados atienden clientela de la farmacia. Otro detalle a tomar en cuenta por ti, amigo Cañas, —prosiguió Victorón Bomba, con sus 2,05mts de estatura, y  figura de culebra mazacuata parada—, es que Chelito Alfredo, a pesar de sus escasos 15abriles, ya anda taloneando insistente, a mi querida flaca sobrina,  adolescente Maria Agapita. No seria nada extraño ni remoto, un próximo matrimonio. Entonces, este jayán entrará, por afinidad, a ser parte de mi familia; pues de la tuya ya lo es, Colachito, porque Carmencita Cañas, tu hermanita menor, es ya madrastra del tal jayán.
          
         Con esta larga y bien hilvanada exposición, tío Nicolás se dio por convencido. No puso más objeciones sobre el mentado Chelito Alfredo.
                                           *****
         Fiesta danzante del Tehuacán FC  llevose a cabo la noche en 09 de agosto de ese año (¿1937?). Joven señor Cañas Merino (28 años), llevando del brazo a  señorita Amalia Molina Garay (19) se paseó orondo por principales calles empedradas del Pueblito. Mortecinas luces de farolitos a gas keroseno, destellos relampagueantes de cohetes de vara, luces de bengala, morteros, granadas, juegos de caña, toritos pintos y más, alumbraban marmórea, talqueada y sonriente cara del único hijo varón de doña Martina quien, además de lucir impecable traje entero de legitimo casimir australiano, botines cuero cabritilla elaborados a mano en zapatería Tonsa de ciudad San Vicente, y corbata italiana de seda natural, lucía  finísimo sombrero Barbissio, también italiano, con el cual cubría su incipiente calva. Las calles estaban abarrotadas por curiosos delirantes quienes, al paso de la comitiva encabezada por ambos jóvenes padrinos, se destapaban en vítores y aplausos. Sólo doña Graciela, su esposa, no gritaba ni aplaudía. Banda musical regimental vicentina, con melodías marciales, iba en retaguardia; 44 ó más muchachos futbolistas hacían guardia de honor a la pareja de padrinos y demás invitados, entre los cuales sobresalían: Don Jesús Orantes Vela y doña Juana Francisca del Carmen Chávez de Orantes; don Ramón Chávez padre y doña Carmen Cañas de Chávez; don Nicolás Molina Garay (padre de la madrina) junto con su cuñado, el señor Garay, alcalde; don Lino Parras, con Carmencita, su hija mayor, pues doña Tránsito, su esposa, estaba en silla de ruedas por causa de poliomielitis; don Francisco Ayala Gámez y doña Tránsito Castro de Ayala; don Carlos Federico Molina II y doña Pachula Ventura de Molina; don Fernando Orellana Soller y doña Paulita Rodríguez Molina de Orellana; don Andrés Roque Portillo y doña Mercedes Ayala de Roque; don Felipe Rodríguez Molina y doña Concepción Martínez de Rodríguez; don Jesús Alvarenga y doña María Luisa Hernández de Alvarenga; don Celestino Méndez y doña Amparo Barahona de Méndez; don Buenaventura Alférez y doña Celsa Ayala de Alférez; don Victoriano Alférez y doña María Teresa Chávez Molina de Alférez (la mera, mera). En fin, una gruesa7 más de personalidades entre principales y medianos. Ningún jayán. Dicha fiesta danzante celebrose en amplios salones de Escuela de Varones local (ya desaparecida). Fue amenizada por marimba-orquesta “Alma Vicentina” y orquesta “La Meca”, de Santa Ana.
                                          *****
Entrenamientos del Tehuacán FC efectuábanse tres veces por semana: desde 01:00 a 03:30pm; pero, mayoría de jugadores se incorporaban, casi a diario, al equipo de hacienda “El Obrajuelito” y anexos. De estos peones jornaleros futbolistas salieron algunos titulares para  Tehuacán FC. Tío Colacho, además de entrenar con Tehuacán FC, también lo hacía con trabajadores suyos o sea, entrenaba de 02 a 04hrs cada día. Por ser un tío ecuánime, siempre sabía y avisaba de antemano cuando le era imposible entrenar o jugar un desafío oficial; asimismo avisaba, en cualquier momento del encuentro oficial o desafío, para ser sustituido por lesiones o cansancio. Casi siempre lo sustituía Victorón Bomba. El mentado tío era un “chuchacuta” (hombre ágil) buscando el marco contrario; era “tres piedras y un tetunte” para enzaguanar goles al adversario; metía goles a la chilena y de palomita; era galgo para meter goles olímpicos, de tiros fuera del área y,  penales, los enzaguanaba hasta con ojos cerrados. Por lo menos, una docena de porteros rivales fueron a dar contra las redes, con todo y balón, cuando trataban de atajar aquellos potentes disparos salidos de cualquiera de ambas patas de mi tío Nicolás. Bajo su tutela o capitanía, le dieron verga al Independiente de San Vicente, al Luís Ángel Firpo de Usulután y al Platense de Zacatecoluca; todos ellos, equipos de primera división salvadoreña. Fue rogado por los equipos: Alacranes, Treinta y tres, España, Juventud Olímpica  y por los tres equipos vergueados; pero, capitán Cañas Merino se negó a firmar esos contratos, por la razón de sus múltiples ocupaciones agrícolas, ganaderas, sociales y familiares. Además, no aspiraba a ser futbolista internacional.
        
           Para 1941 cuando gringos caras pálidas fueron atacados por amarillos orientales allá en Pearl Hárbor del Pacífico, el todavía jayán Chelito Alfredo Chávez, empezaba a deslumbrar en el fútbol, habiendo salido más galgo que mi tío párpados gruesos. Éste comprendió muy bien esto, optando por dejar el lugar al jovencito jayán Chávez; pero igual al tirano chileno Pinochet, —quien reformó la constitución de aquella sureña hermana nación para perpetuarse en el poder—, el tío aún poco calvo, se quedó auto-impuesto como entrenador oficial y presidente vitalicio de la junta directiva del tantas veces mencionado club, para continuar cachimbeando a cuanto equipo,  grande o mediano, se les pusiese enfrente. Dos o tres años más tarde, tío Colacho dejó toda actividad futbolera, porque al ser nombrado, a “dedo”, alcalde municipal del apolítico Pueblito, por el sátrapa tirano Maximiliano Hernández Martínez, toda aquella muchachada del equipo lo aborreció y expulsó, abandonando esa tan maravillosa cancha futbolística. Ante esta decepcionante experiencia, dos meses después, tío renunció al nombramiento a “dedazo”. Se incorporó, entusiasmado, al Movimiento de Resistencia Nacional Local, encabezado por su cuñado, don Ramón Chávez padre, esposo de Carmencita, hermana menor del tío Nicolás. Volvió a dar prestada la cancha, pero él no participó más: ni entrenador, ni directivo.
*****
         A 04:00 de cada mañana, mientras enano Pío Mejicanos supervisaba ordeño en corrales bovinos o hacía algunos otros menesteres esenciales con otros animales domésticos del corral, tío Nicolás se deleitaba tocando su violín; pero esta vez, tocando fino violín de manufactura extranjera, imitación del famoso Stradivarius. Tocaba violín durante casi media hora, al inicio de cada faena, paseándose frente a vacas en momentos del ordeño, pues afirmaba: Con música agradable, aquellas vacas daban más leche y gallinas ponían mejores huevos; asimismo, tocaba frente a cajones de colmenas por mismas razones ya mencionadas; pero, a 04:30 de todas las madrugadas, silenciaba su instrumento para escuchar cuando: clarineros, chiltotes, senzontes, torogoces, palomas chaparreras, moradas o alas blancas y,  hasta vulgares  guacalchías destempladas, iniciaban conciertos sinfónicos desde altos y frondosos: conacastes, copinoles, cedros, cocoteros, quebrachos, caobas, bálsamos, ceníceros, y muchos otros árboles más, mayoría ya extinguidos; y minorías en peligro de extinción; siendo acompañadas dichas aves, desde tierra, por: relinchos de caballos, zumbido de  abejas, rebuzno de burros, mugido de vacas, croar de sapos, quiquiriquí de  gallos, chillido de cerdos, más muchas voces bajas constituyendo acompañamiento a  celestiales clarines de: clarineros, chiltotes, senzontes; mágicas flautas de  palomas, torogoces, tortolitas; a consagradas voces de tenores: alcaravanes, guaces, loros, guaras, cotorros, pericos y catalnicas; a privilegiados sopranos: dichoso-fui, guardabarrancos, senzontes piñoleros y chiltotes de cajete. Pájaros carpinteros o chejes, al taladrar tallos de altos cocoteros, ponían notas percutoras de la orquesta. Al iniciarse este sublime concierto, tío Yeti u Hombre de las Nieves, loco, abandonaba su seudo Stradivarius, sustituyéndolo por  hechiza batuta labrada en varita de güiscoyol. Con ella, elevando ojos hacia copas de quinimil árboles circundantes, dirigía invisibles instrumentos y coros alados; luego, volviendo su extasiada mirada hacia horizonte inmediato, batuteaba el ronco impresionante sonido de: contrabajos, tamborones, tubas, chelos, sacabuches, representados por toscos sonidos del  ganado del corral y sapos. Abejas le servían cuando él quería reproducir ruidos o sonidos de furias, tal cual lo producen: vendavales, huracanes, trombas, zumbido de aviones en guerra. En fin, cualquier catástrofe natural o artificial de este planeta Tierra. Entonces, en pleno concierto ornitológico, bovino, porcino, equino y batrácico, fino director dirigíase hacia el colmenar. Golpeando suave a repetición con batuta a tablas de cajones, hacía que el, o los enjambres convocados, saliesen de su panal haciendo ruido aterrador; pero, permitiendo ser dirigidos por aquella batuta de Cañas Merino. Éste se contorsionaba, similar a como cuando tocaba el requinto de aquella añorada orquesta juvenil, paseándose frente a enjambres voladores para dirigirles sus trayectorias; las cuales, casi siempre alcanzaban a corrales lecheros del vecino inmediato: don Buenaventura Alférez. Cosa curiosa: abejas no picaban a ningún animal, ni asustaban al ganado de don Nico; mas, a todo ganado: bovino, porcino, equino, y aves de corral de don Venturita, lo hacían barajustar rompiendo ataduras, saltando cercos y desconociendo, incluso, hasta al amo Alférez. Después de varios meses de estos episodios, don Buenaventura envió a sus pequeños hijos: niño Germita y niña Luisita para entregar, al director de orquesta, cierta nota escrita así: “Querido Colachito: no quisiera importunarte tanto; mas, ya no aguanto el escándalo cotidiano matutino armado por ti con tus animales. Canto de pájaros es sagrado: no lo tomes como queja; sin embargo, tu violín hiere nuestros oídos, rebuznar y relinchar, con mugir de tus bestias, revientan nuestros tímpanos. Es más: vuelo de tus colmenas por mis corrales, han disminuido mucho la producción; por tanto, Nicolasito, en honor a la amistad que me unió a tus difuntos padres; en honor a la amistad y vecindad actual nuestra: yo te pido, yo te suplico, yo te  ruego, yo te imploro, yo te ordeno, yo te exijo,… ¡cesa la represión en contra de mis nervios!” Mentado  filarmónico leyó, releyó la anterior nota; luego, después de tres días de estudio  meditado al respecto, se fue, en persona, a platicar con su resentido vecino. Efectuados saludos de rigor, el músico-goleador habló:
         —He leído su carta, don Venturita. Me parece interesante y preocupante a la vez, porque la música, en especial la salida por sonidos naturales   creados por Dios, me causa embeleso. Nunca creí importunar a nadie; más bien, yo creía  agradar a Dios y a todo el vecindario, dirigiendo yo esa orquesta celestial. Por el momento, pienso suprimir sólo zumbido de enjambres, para no causar a usted mayores daños económicos; también trataré de disminuir volumen de: rebuznos, relinchos, mugidos, croares y kikirikires… ¿De acuerdo, don Venturita?
          
          Don Buenaventura aceptó. Ambos  se enfrascaron en otras interesantes  largas pláticas sobre vida social, económica y política del Pueblito aletargado, y del país. Dos horas después, músico-apicultor regresaba a su mansión convencido de ser él, el mejor vecino del mundo. Dejó de acudir a corrales en horas de ordeño; hizo pedazos la batuta de güiscoyol; se encerraba, para tocar violín o  requinto, en último cuarto de la residencia, al cual, José Rivas, carpintero, tapizó de manera hermética con fragantes tablas de cedro real, para anular sonido hacia el exterior; mandó a embozalar a todos los cerdos, en especial a Polo, un cuche chele educado a perfección para imitar sonidos del Sacabuche, ( instrumento musical indígena precolombino); cerdo que al final murió por vejez, habiendo sido enterrado con honores de ordenanza, pues por cariño al animal, el tío no quiso transformarlo en jabón. También: vacas, toros, caballos, yeguas y asnos, fueron embozalados; gallos: cocinados y comidos en chicha; porque el buenazo del Párpados Gruesos prefería perder cualquier cosa a no perder aprecio, amistad y respeto de don Buenaventura Alférez; —hombre éste mucho mayor en edad, muy trabajador y padre responsable, quien se ganaba la vida, además de  labores agropecuarias en gran escala, fabricando camas y ruedas de carretas de las tiradas por semovientes; por tanto, don Venturita era único carrocero fino en el fantástico Pueblito. Estatura del señor Alférez era menor a la mediana, su estampa medio jorobada y su voz de tiple afónico, contrastaban con doña Celsa, su esposa; quien era todo lo contrario en cuanto a figura física, pues en lo moral, ambos eran magníficos.
         
        Pleno silencio en corral bullicioso comenzó a reinar… Vacas y gallinas disminuyeron al 50% sus producciones; cerdos, caballos, yeguas, burros y hasta sapos, enfermaron de melancolía. Sólo abejas con  pájaros silvestres, hicieron caso omiso al compromiso adquirido por aquel futbolista con el vecino. También enfermaron: canarios, calandrias, jilgueros, alondras, y pájaros del dulce encanto, enjaulados, propiedad de doña Graciela; pero, manipulados por su esposo para darle mayor estatus a la orquesta de animales.
          
          Tres o cuatro días después de haberse firmado con tinta de sinceridad, aquel pacto entre vecinos, aparece don Venturita, a 05:00am, pomponeando la puerta principal externa de residencia Cañas-Salinas; llegaba encrespado pomponeando con desesperada insistencia. Futuro Hombre de las Nieves, aún en pijamas, abrió la puerta, pues por postigo lateral reconoció la figura enjuta de su no tan agradable vecino. Éste, no esperó oír buenos días, tampoco los dio. Tan zamarro cual  culebra zumbadora, con su voz de tiple afónico, se expresó así:
— ¡Mira Colacho desgraciado! ¡Mira cómo me han dejado tus avispas!... ¡Esto no es nada, infeliz!... ¡Si vieras cómo están:  Celsa, Luisita, Germita y Nicolasita, —a quien bauticé así, en tu nombre, ¡¡gran puñetero!!— ¡y todos mis trabajadores, tanto carroceros como jornaleros!... ¡Vos has quebrantado tu palabra, jodido!... ¡Tú no eres hombre honesto, tú eres un maldito!... Y vengo… a retarte… para batirnos en duelo… ¡Escoge tus armas, infeliz, y nombra a tus padrinos!... ¡Tienes 48hrs para hacerlo!... ¡Si no lo haces, serás un cobarde, y morirás cual muere un perro!... ¡Gran repugnante!...
         Don Venturita no permitió ser replicado por Cañas Merino, pues, dichas las últimas palabras, dio media vuelta para marcharse y perderse tras las puertas de su residencia campestre, distante 150mtrs del lugar del reto. Nadie, ni doña Graciela, ni las nenas, quienes ya sumaban cuatro con advenimiento de Argelita y de Sarita sin ser gemelas, se enteraron de la recién nacida problemática. Preocupado, encendió largo habano, abrió puertas de su arsenal, dio ligero vistazo a pistolas Colt .45, a .38 Smith & Wesson especial, y a la escuadra que él propio había modificado para disparar, con esa misma arma, balas calibre .22 y balas calibre .32; pero no se atrevió a tocar ninguna. Enseguida hizo su aseo personal, tomó ligero desayuno cocinado por él mismo. Sin decir nada a los suyos inmediatos, partió hacia  barrio El Centro, con destino a casa de don Ramón Chávez padre, su cuñado, por ser éste esposo de Carmencita, hermanita menor del San Lorenzón. Don Ramón padre, algo extrañado por esa tan tempranera visita, preguntó, entre alegre y sorprendido, los motivos. El retado, nervioso, contó  pormenores del problema; contestó preguntas y repreguntas hechas al respecto por su cuñado. Éste, convencido de veracidad, tomó su sombrero Borsalino y dirigió sus zapatos hacia casa de don Jesús Orantes Vela, esposo de doña Juana Francisca del Carmen Chávez, hermana menor de don Ramón padre; mientras, el “españolote” continuaba dando detalles o pormenores a Carmencita Cañas, su hermanita menor, esposa de don Ramón padre, repetimos.

    Los otros dos cuñados (Orantes Vela y Chávez Henríquez) decidieron intervenir, no apadrinando el duelo, sino siendo mediadores, tratando de evitar esa violencia. En efecto: ambos se encaminaron hasta residencia de El Carao. Después de haber escuchado, con paciencia, al furioso e inflamado facial Venturita; después de haber examinado amoratadas caras de la señora, de niños y de algunos trabajadores, fueron a inspeccionar  linderos Cañas-Alférez. Subidos en sendas escaleras estaban para espiar hacia el colmenar amaestrado por el mal vecino cuando, de repente, fueron atacados por súbito enjambre que hasta ahora nadie sabe de donde apareció. Los dos, Chávez y Orantes, con rostros y cuellos inflamándose y enrojeciéndose, volvieron corriendo desesperados, manoteándose cara, pescuezo y cuero cabelludo, a sala principal del ofendido don Venturita. Éste, al nomás verlos en forma monstruosa desfigurándose, se alegró y dio más pie a su decisión duelística; pero, los recién agredidos por el enjambre, lograron apaciguar al furioso, prometiéndole salida más decorosa al problema. Chávez y Orantes convencieron al apicultor musical. Tal apicultor musical, de inmediato trasladó el apiario hasta El Obrajuelito, a casi una legua distante del calvario virtual.
                                               *****
  Con advenimiento de algodoneras, flora, fauna pueblerina y de toda la república, rápido desaparecieron; por tanto, trinos silvestres, olores a cedro, a conacaste, a caoba y a zorrillo, se esfumaron por completo, perdiendo, don Nico, junto con zumbido de enjambres, el elemento más importante de su natural orquesta. Poco después, autoridades sanitarias del filarmónico Pueblito aplicaron códigos respectivos, prohibiendo: establos,  granjas porcinas y avícolas dentro del radio urbano. Fue entonces cuando la famosa orquesta natural, que por poco lo lleva al duelo mortal con su vecino don Venturita, desapareció para siempre.
                                                    *****
           Ya maduro en edad y en pensamiento (1972), adquirió obrajes salineros allá por márgenes del estero Jaltepeque, cercanas a cantón La Pita, jurisdicción municipal del mismo Pueblito, a escasos 200mtrs de la desembocadura en el Pacífico del caudaloso Río Lempa. Para llegar a tales salineras era preciso atravesar cañada salobre que unía al río con el estero. Cuando baja marea lo permitía, podía atravesarse a pie; de lo contrario, sólo en cayucos, o lanchas movidas por motor. Sin embargo, el nuevo industrial salinero, cabalgando orgulloso sobre su majestuoso caballo: “Pegaso”, al cual sólo le hacían falta mitológicas alas, cruzaba, orondo, la pleamar del estero en mencionada cañada. Pegaso no necesitaba ser espoleado; no obstante, por malicia, mi tío siempre portaba, en ambos talones, afiladas y relucientes espuelas bañadas en oro, pues le gustaba oír el inconfundible rin-rin cuando él marchaba a pie; pero, más le agradaba la admiración despertada en los demás, cuando sus espuelas sonaban y brillaban al reflejar luz solar o lunar, en forma impecable.
          
          Un marziano domingo de elecciones, el bendito tío, por la mañana, hizo ensillar al Pegaso, pues iría hasta el político Pueblito para ejercer el sagrado sufragio. Partidos políticos de mayor renombre eran: PCN (partido de las manitas mañosas) y el honesto Partido Demócrata Cristiano o PDC (partido de los pescados); desde luego, el nuevo salinero era correligionario del partido de las pepescas, pues su cuñado, don Ramón Chávez padre, era coordinador general municipal del mismo. Sobre todo, porque pescados de esa antidemocrática época, constituían única opción democrática para todo salvadoreño honesto y trabajador.
          
          A 04h00 de esa madrugada, cuando nuestro ex goleador iniciaría largo viaje hasta urnas electorales colocadas en portales centrales del encantador municipio,  pleamar estaba en su apogeo; habíase dado llena exageradísima, al grado de rebasar, en varios metros, límites normales de la más alta marea. Tan osado jinete hizo caso omiso de tales circunstancias, a pesar de múltiples observaciones atinadas y ruegos hechos por algunos de sus peones salineros. Pegaso, sin ningún tapujo, se hizo a la mar medio embravecida rompiendo, con su ancho pecho, aquellas olas de la cañada. 15mins  más tarde, Pegaso estaba pisando tierra firme; pero, por prisa en llegar hasta urnas, tan valiente ciudadano político, jamás politicastro, no desmontó para siquiera saludar a piteños inmediatos. Continuó de largo a galope medio tendido. Sólo sentía mediana resistencia proveniente de sus dos talones, y forzado movimiento extraño de los mismos; pero, por la prisa en llegar temprano, ignoró esas raras circunstancias; mas, al pasar por cantón San Carlos Lempa, siempre en jurisdicción municipal del magnífico Pueblito, después de haber galopado 07kms en 20mins, aquellos habitantes a la vera del camino real, asombrados le gritaban: “¡¡Los pescados, los pescados, don Nico!!” Él, intrigado por insistencia persistente de aquel tumulto inesperado, asombrado y gritón, que se estaba volviendo su persecutor, detuvo la marcha del Pegaso para indagar algo al respecto, pues la gente no cesaba en mencionar a gritos las palabras: Los pescados, los pescados, don Nico. Creyendo que esa humilde campesina gente, pescadores en su mayoría, trataban de transmitirle algunos nuevos  desagradables mensajes políticos represivos ignorados por él, quiso desmontar por lado derecho. No pudo; tampoco pudo hacerlo por lado izquierdo, pues ambos pies le pesaban el equivalente aproximado a quintal y medio cada uno… Entonces,… en fracciones de un segundo pensó para sí: ¡¡Caramba,… cuánto pesan los años!!...No pudo desmontar. Mientras, sus pedestres persecutores le daban alcance, rodeando al Pegaso, quien no manifestaba mínimo signo de cansancio, ni destilaba una gota de sudor. Uno de tantos persecutores, jadeante, le dijo: “¿Cuánto dinero quiere usted por esos dos hermosos pescados?”  “¿Cuáles pescados?”, —respondió el extrañado jinete—. “Esos que usted lleva, colgando sus hocicos de las espuelas, ya con las colas deshechas por lo abrupto del camino a rastras”, —díjole su interlocutor. Mientras, resto de la gente destrababa a enorme pez  boca-colorada (pargo) y a un mero-mero, cuyo peso individual rondaba en seis arrobas (65kgrs). El jinete disimuló su sorpresa.  Bromeando con ellos les dijo así: “No, muchachos, no: estos pescados no están a la venta, porque son de Graciela, mi esposa, pues ella los preparará para comérnoslos, envueltos en huevo, en  próximo viernes de cuaresma; pero, si a ustedes pueden servirles más, tómenlos sin costo monetario alguno”.
         
           Ya desembarazado de aquella inadvertida carga, Pegaso pudo avanzar más en su real galope, llegando al rebelde Pueblito a 08h00; pero, “don Salinero”, no pudo ejercer el sufragio, porque “la benemérita”8, comandada por civil Atila Cañas, —único sobrino militarista de los Cañas-Merino—, había trasladado  urnas a casa del Negro Andrés Roque Portillo, donde las rellenaron con 25,000 votos falsos a favor del partido manitas  mañosas , consumándose otro descarado fraude electoral, pues el defraudado Pueblito, en esos tiempos, sólo contaba con 20,000 habitantes, incluyendo a niños y niñas sin edad para el sufragio.
                                            *****
         Es mismo Pueblito precolombino, asentado sobre faldas sur-orientales del imponente Volcán Chinchontepec y que, en esa misma Era, fuese la capital del Nequepio Nonualco, llamada “Tehuacán de las Granadas”. Es mismo Pueblito en cuya hacienda: Concepción de Cañas, viese primera luz, y respirase primer aire oxigenado, el discutido Libertador de esclavos centroamericanos; Libertador usurpado, alterando auténtica Fe de Bautismo, por un pueblón vecino llamado Zacatecoluca. Es mismísimo Pueblito cuna del doctor Juan Crisóstomo Segovia, médico-científico de renombre internacional, por haber descubierto el microbio Tripanosoma segovienses, causante, en El Salvador, de la enfermedad cardiaca: “Mal de Chagas”. Es auténtico Pueblito, donde se engendró y parió al Doctor “Honoris Causa” de UES: ingeniero don Manuel de Jesús Merino Argueta, padre de todo maíz híbrido centroamericano; ganador del Premio Nacional de Cultura (1982) en rama de Ciencias; también Doctorado, Honoris Causa, por  Universidad de El Salvador, repetimos con orgullo. Es mismísimo Pueblito dueño de raíces genéticas del Señor Profesor Don José Ricardo Chávez Cruz, “Maestro Meritísimo de El Salvador”. Proclamado así por ‘Colegio de Humanistas’, y ‘Ateneo de El Salvador’. Es el mismo Pueblito que, de manera inexplicable, desde hace casi 60 años (1948), denomina a una de sus principales calles con una fecha de cero significado patrio, -14 de diciembre de 1948-, cuando, en últimos 12 años de  verdadera administración municipal democrática por FMLN, debieron haber suprimido esa asquerosa fecha (cuartelazo) y llamarle, a esa avenida: Avenida Ingeniero DOCTOR  H. C. MANUEL DE JESÚS MERINO ARGUETA. Las otras tres calles ejes, deberían llevar el nombre del Doctor Juan Crisóstomo Segovia, del Profesor José Ricardo Chávez Cruz, y del dudoso libertador Cañas y Villacorta.  
                                              *****
          
          Hijos del pacífico, pero activo varón pueblerino, Cañas Merino, se crecieron, se educaron, se casaron, se formalizaron y todos se marcharon: unos para San Salvador; los más, para el extranjero (Italia, EUA y Nicaragua), quedando sólo él y doña Graciela, viviendo como en virtual cementerio, en aquella soledad inmensa cubierta por: tejas, adobes, bahareques y acapetates; con corrales mudos y  riachuelo seco; con graneros de hojalata,  baldes, frenos, y espuelas oxidándose.
        
           En enero de 1981, se da  la “Ofensiva Final Guerrillera”, habiendo sido, el Pueblito por medio milenio esclavizado, uno de los más afectados. En vista de esta nueva dificultad, doña Graciela decide marcharse hasta San Salvador, para vivir más cerca de algunos de los hijos de ambos; pero, el terco y calvo viejo se resiste.  Sólo accede a dejar la residencia de El Calvario por otra, también propia, de dos plantas construidas con hierro más cemento, en mero, mero centro del Pueblito, —donde estuvo antiguo Mesón Cañas, mencionado en capítulo “El Premio Gordo” de este mismo blog—. Ahí, 15 años más tarde, le sorprende el coma diabético que, el jueves santo de 1996, lo llevó a la tumba; pero, con la adecuada asistencia médico-hospitalaria privada en San Salvador.               
                                                    
1—ENTRADA = Fiesta bailable vespertina dando inicio a fiestas patronales en pueblitos salvadoreños.
2—TUNICUDAS = Señoritas bailadoras de relativa alta sociedad por lo general sólo económica.
3—MENGALITAS = Señoritas bailadoras de relativa baja sociedad en lo económico.
4—MARQUESOTE = Lujoso y delicioso pan dulce, por lo general consumido en ocasiones especiales.
5—BIATAS = Vocablo despectivo de “Beatas” o santurronas católicas pueblerinas.
6—BURROS = Calzado cuero de cerdo, alto, baratos. Jumento, asno, orejón.
7—GRUESA = 12 docenas ó 144 cosas u objetos puestos a venta en mercados.
8—BENEMÉRITA =  Palabra o palabreja sarcástica para referirse a criminal guardia nacional de El Salvador, ya desaparecida desde 1992.

                                              F I N
                                   26 de abril en 1998