Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

domingo, 14 de octubre de 2012

GUERRILLERA JAGUAR, 9^ entrega



                            NOVELA
LA GUERRILLERA JAGUAR
        Por Ramón F Chávez Cañas


CAPÍTULO IV

Doña Esperanza de la Paz Guerrero de Galán nació a finales de 1942. Hija legítima de don José María Guerrero padre y de doña Filomena Flores de Guerrero. Fue 4to y postrer parto de doña Filomena. Controles de embarazo con asistencia casera del parto, fueron hechos en visitas domiciliares por un doctor de apellido Fishnaler, —único anciano médico-cirujano residente en Quezaltepeque de entonces—. Fue parto sin complicaciones. A  seis meses, en iglesia parroquial católica de misma ciudad natal, nena Esperancita Guerrero Flores fue llevada a pila bautismal por 2 parejas de magníficos padrinos: Don Napoleón Quezada padre y Doña Ernestina Coto de Quezada; Don Rosendo Menéndez y Doña Victoria Bolaños de Menéndez. La primera pareja pertenecía y pertenece a una de las familias con mayor abolengo en toda esa comarca, con residencia fabulosa en afueras inmediatas de la ciudad. “Santa Cruz” es nombre de esa quinta o villa residencial, donde había preciosos jardines con todas las flores inimaginables, incluyendo exóticas orquídeas difíciles de cultivar; además, zoológico privado donde se podía admirar casi toda la fauna montaraz existente entonces en  campiña salvadoreña. No faltaban venados cola blanca de diversas ramazones y tamaños; tigrillos, jaguares, pumas, coyotes, ocelotes y tepezcuintes; boas, tamagases, víboras, chinchintoras, mecasalas y tepelcúas; chachalacas, tucanes, guaras, loras y pajuiles; lagartos, garrobos, iguanas doradas, tapires y mucho más. —Estos señores Quezada-Coto son descritos con maestría por doctor José Rutilio Quezada, biólogo y escritor quezalteco, con su formidable novela: “DOLOR DE PATRIA”, donde narra  problemáticas del campesino enpobrecido, deforestación y contaminación del Medio Ambiente en nuestro suelo chico—. Ese matrimonio Quezada-Coto, junto con sus varios hermanos: varones y hembras, eran terratenientes más fuertes de quienes habitaban en forma permanente tan tranquila ciudad quezalteca; pues eran propietarios de casi todos los terrenos que antes de 1879 constituían tierras ejidales o comunales de cada municipio; tierras ubérrimas adjudicadas en forma no legal, después de 1879-82 a grandes o medianos terratenientes afines a gobernantes de turno para ser cultivadas con cafetos. Principales repartidores y usurpadores de estos bienes públicos fueron unos presidentes de apellidos Zaldívar, uno; Ezeta, el otro. Cultivo de cafetales estaba tomando impulsos, pues añil o jiquilete venía en decadencia porque químicos alemanes habían descubierto colorantes sintéticos o anilinas. Estos viejos hermanos Quezada descendían de don Máximo Quezada, un viroleño quien, emigrando de áreas costeras en su municipio (Zacatecoluca) a finales del siglo XIX, poco a poco fue comprando parcelas abandonadas por quienes no tuvieron vocación agrícola-cafetalera. Don Máximo las compró para convertirlas en vergeles del grano semi droga. Incluso compró partes de Realengos en virginales faldas del volcán Quezaltepec o Volcán de San Salvador y en Suchitoto. Tantos descendientes de don Máximo, en especial don José y don Napoleón, aumentaron herencias trabajando sin descanso, ahorrando al máximo e invirtiendo con seso honrado sus honestos capitales. Por ello son apreciados en todas las capas sociales locales y foráneas.
       
La otra pareja de padrinos: Menéndez-Bolaños, eran grandes terratenientes propietarios, entre otras, de hacienda “Rancho Quemado”, localizada en riberas ponientes del mal llamado Río Sucio, pues entonces era limpio, jurisdicción municipal del pueblito San Matías, siempre en departamento La Libertad; pero residencia oficial de ellos estaba en ciudad Quezaltepeque y en ciudad Santa Ana. Este matrimonio Menéndez-Bolaños era padre de familia de numerosa prole: 8 ó 10 muchachos y muchachas altos, blancos ladinos, elegantes, laboriosos y muy bien educados en el amor a Dios y respeto a prójimos. Don Juan Miguel Menéndez Bolaños es prototipo de ellos, quien está casado con dama del más alto abolengo quezalteco: Doña María Teresa Avelar Guevara de Menéndez Bolaños.
       
Don Napoleón Quezada fue diputado, casi vitalicio, por parte del único partido gobernante: “Pro Patria”, luego transformado en PRUD. Don Rosendo Menéndez: en alcalde municipal, también casi vitalicio, pues era nombrado en forma directa por el presidente de la nación: general Maximiliano Hernández Martínez.
         
       Tenencia de la tierra en Quezaltepeque y demás municipios circunvecinos, en esa época estaba bien definida: oligarcas genuinos, latifundistas o los “catorce” a secas, quienes gobernaban todo el país en lo económico, político, social y religioso. En esa comarca eran dueños de todas las planicies desde Valle Zapotitán hasta primeras estribaciones del cerro Guazapa; desde más alta cima del Volcán de San Salvador, con sima de su Boquerón, hasta fértiles riberas sureñas del Río Lempa, donde sirve de límites al departamento de Chalatenango con otros departamentos: La Libertad, San Salvador, Cuscatlán y más. Estas ubérrimas tierras cañeras, cerealinas, ganaderas, cafetaleras y turísticas, eran explotadas por 8 ó 10 familias, sobresaliendo: Vilanova, Deininger, Bustamante, Quiñones, Álvarez, Orellana-Valdez, y Meléndez. Los oligarquitas regionales, medianos o provincianos, sin llegar a categoría de latifundistas, ni tener gran peso en grandes decisiones político-económicas de El Salvador; pero sí para vida económica de sus regiones, departamentos o comunidades. Estos medianos terratenientes, —entre quienes se ubicaría a Quezada-Coto, Menéndez-Bolaños y Guerrero-Flores—, poseerían cada uno, entre 800 y 1000hts, equivalentes a 1500mzs en promedio. Latifundistas mayores o “Catorce” poseían varios miles de hectáreas diseminadas en todo el territorio nacional. En tercer lugar estaban y están aún todos los pequeños terratenientes, o aparceros: dueños de hasta 30mzs de cafetal, 60mzs de cañaveral, 90mzs de maizal y 120mzs de potreros con respectivo ganado mayor y menor. En 4to y 5to lugar estaban arrendatarios y jornaleros, en orden respectivo. Concluyendo: esas tres honorables familias quezaltecas por “pistudas”, junto con anciana señorita “beata” Merceditas López y hermanas, —Honorables tías del también Honorable Don José Antonio Quesada López—, eran flor y nata económica, social e intelectual quezalteca. Se relacionaban muy bien con sus homólogos de municipios aledaños: don Yaco Cornejo del pueblo San Pablo Tacachico; don Felipito Choto de Nejapa; doña Estercita Valver de San Juan Opico; señores Martínez de San Matías; señores Gomero de Apopa y Guazapa; señores Cañas Prieto de Aguilares y con etcéteras similares de esa amplia región agro-ganadera.
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        Para celebrar tan magno y postrer acontecimiento maternal de doña Filomena Flores de Guerrero, —pues doctor Fishnaler en hospital capitalino: Clínica Máter, había ligado trompas de Falopio de la madre tres días después del parto en casa—; el tío materno de recién nacida Esperancita, honorable Don Leonardo Flores, hermano de doña Filomena, terrateniente de Suchitoto y dueño de la farmacia mejor surtida y con  mejor clientela quezalteca, organizó con doña Lala, su esposa e hijos, —siendo la más conspicua hija: Señorita Josefina Flores, quien a la sazón era novia formal del inteligente y honorable caballerito José Antonio Quesada López —, organizó fiesta en su céntrica residencia privada: enorme caserón colonial de esquina construido alrededor del año 1773, en más de ½ manzana (media hectárea); con interminables corredores interiores, olorosos mirtos, rosales siempre floridos, araucarias en sus patios; casa de adobes alta, amplia, fresca; con patio, traspatio y caballeriza (garaje antiguo); también con fuentes coloniales de aguas cristalinas permanentes movidas por gravedad, pues el agua era potable y abundante. Para amenizar más tan magno acontecimiento bautismal, se contrató a marimba de don Moisés Chávez, —emparentado por afinidad con hogar Quezada-Coto—, siendo cantante estrella el joven Pedro Alonso Argueta, recién regresado de Panamá (El Canal), donde en horas libres había tomado lecciones de canto. Este joven Argueta fue muy popular en esa su ciudad natal, pues era astro para: bailar, boxear, jugar fútbol, billar, trompo, capirucho, canicas, yo-yo, pepas y mucho más. En tal fiesta cantó sin aparatos eléctricos amplificadores de voz, sólo con tosco amplificador acústico que vio fabricar con madera allá en El Canal, y que al estar en su lar patrio, Pedro Alonso imitó. Fue felicitado y exigido por toda la concurrencia hasta dejarlo afónico. Sería imperdonable no dejar constancia de joven señorita Josefina (Finita) Flores y del apuesto caballerito José Antonio (Toñito) Quesada López, quienes pocos años después, 1945, unieron destinos por todas las leyes para formar el ahora sólido clan Quesada-Flores, residentes en ciudades: Santa Ana, San Salvador, Los Ángeles, San Francisco California, etcétera.   
       
El tiempo inexorable siguió su enrielado rumbo desconocido: Nena Esperanza de la Paz Guerrero Flores crecía, crecía; mientras, también crecían arcas económicas de sus padres quienes, de comerciantes en ganado mayor para destace, habían llegado a comprar casi todas las propiedades agro-ganaderas a señoritas López, allá en  márgenes del mal llamado Río Sucio; más otras propiedades rústicas y urbanas en  diversos municipios de esa región, incluyendo casas en numerosas colonias de San Salvador y ciudad de Guatemala; pues eran parientes cercanos de un coronel salvadoreño: don Rogelio Palacios, contemporáneo del general Maximiliano Hernández Martínez. Don Rogelio Palacios estaba al servicio de Jorge Ubico, dictadorzuelo guatemalteco pro yanqui, —derrocado en 1944 por Revolución de Octubre encabezada por el Doctor Don Juan José Arévalo Bermejo y por el pulcro Coronel Don Jacobo Árbenz Guzmán (éste, casado con una Vilanova de oligarquía salvadoreña), más otro militar de apellido Arana.

        Al estar nena Guerrero Flores en edad de educación parvulario (1945), la matricularon en escuelita privada local, adonde sólo iban hijitos de familias solventes; pues no querían, todavía, desprenderse de sus tiernos retoños enviándolos a internados capitalinos o tecleños. Esa escuelita privada era manejada por dos admirables hermanas francesas, cuya cabeza era la señorita Emilia Mércher. Párvula Guerrero Flores cursó ahí  hasta sus cinco abrilitos; mas, por exigencias sociales debido al raudo crecimiento económico y social de sus progenitores, éstos se vieron obligados a  matricularla interna en cierto colegio tecleño, en esos tiempos exclusivo de clases sociales privilegiadas en lo económico, no en lo intelectual ni moral; pues se exigía  pago previo anual completo de escolaridad; solvencia adelantada del Casino Tecleño, Club Salvadoreño, Círculo Deportivo Internacional, Club de Equitación y Polo; Casinos: Vicentino, Santaneco, Migueleño, etcétera; además, presentar “la Magnífica” escrita en letras de oro sobre pergamino piel de cordero, con “nihil obstat” firmado de puño y letra por reverendo monseñor Luis Chávez y González, arzobispo metropolitano de San Salvador (1939-1958) .
       
Este colegio tecleño había sido proyectado, a principios de este agonizante siglo XX, para educar a seudo princesas de seudo sociedad pudiente de El Salvador y Centroamérica. Así se asignaron, valiéndose de “tinterillos leguleyos” que siempre han existido y existirán, 4mzs urbanas donadas por doctor Manuel Gallardo, — suchitotense del siglo XIX, quien vivió en casa capitalina y conoció a la madre, más hermanos del verdadero Prócer: Pedro Pablo Castillo (1833), cuando doctor Manuel Gallardo tenía 9 abrilitos, llevado por la vida impredecible desde Suchitoto hasta San Salvador. Tal filántropo doctor Manuel Gallardo, a puro “golpe de caite”, fue educado hasta doctorarse (médico) en Francia. Se radicó, dentro de 10 primeros años de su fundación (1864), en la entonces bebé ciudad Santa Tecla. Doctor Manuel Gallardo progresó en lo intelectual, moral y económico: donó terrenos donde hoy se asienta el colegio salesiano Santa Cecilia, más terreno urbano donde debería estar asentada  incierta institución dedicada a velar por educación o ilustración de los más pobres de entre los pobres; pero, fue prostituido al entregárselo a monjitas del colegio “menagere”, donde doña Esperanza de la Paz Guerrero de Galán se graduó en artes culinarias, manuales y de “bar-tender”—. Tal colegio medieval fue fundado por ciertas religiosas católicas guatemaltecas al servicio de politicastros más impunes, allá por 2da década del presente pero agonizante siglo XX, cuando también se le arrebató (robó) al pueblo tecleño, lindas  llanuras: “El Cafetalón”, dejadas por don ¿Ángel? Guirola, otro filántropo, para solaz de toda la población tecleña. Dicho arrebato, con la complicidad de todas las “actoridades” (no autoridades) “guanacas” (ladronas y cobardes), fue en beneficio de reducida minoría constituyente de un mal llamado “club de equitación y polo”. Tan mal habido privilegio de oligarquía tecleña y capitalina, terminó a mediados de últimos años 50’s (¿1955?); mas, aún continúa abuso del desfasado “menagere”.
       
Tal colegio del “menagere” no tuvo impacto socioeconómico pronosticado por patrocinadores. ¿Por qué?... Porque genuinos oligarcas capitalinos, tecleños, santanecos, sanmigueleños, ahuachapanecos y más, preferían enviar a sus hijos, —niñas y señoritas, sobre todo—, al país originario de sus neocolonialistas abuelos o bisabuelos, venidos acá para emparentar con malinchistas criollos, quienes eran 100% de origen español con bajas etnias. Esos extranjeros caza fortunas llegaron acá a mediados de centuria decimonónica para, mezclándose con señoritas criollas, constituir clase dominante actual: (Baldocchi-Dueñas; Mathies-Regalado; Canessa-Gutiérrez; Barton-Hernández; Moore-Alfaro; Wriath-Alcaine; Poma-Delgado y muchos, muchos más). Agréguese: después, a principios de este cadavérico siglo XX, aparecieron los “ turcos” o árabes palestinos, para acabar de hundir a pobre e indefinida sociedad, en mercado del consumismo, sin dejar producir nada a etnias puras o mezcladas, para no competirles. ¡Hasta humildes popusas tienen competencia con mal fabricadas hamburguesas y “pizzas turcas”!, aunque procedencia de origen sean alemana e italiana. Entonces, el tal colegio sirvió para instruir en “menagere” a hijas de potentados provincianos y de  principales servidores de oligarquía: abogados, contadores, sicarios, coroneles y generales, en arte de agradar a invitados y pretendientes; en arte de buenas maneras,  buena cocina, buena costura y buena hipocresía, para conseguir buenos partidos en el fácil arte de explotar sutil o con descaro, a nuestros pobres riquitos provincianos. Por fin, este proceder, hace 25 años aproximados, desapareció cuando Iglesia Católica promulgó nuevas leyes nacidas del Concilio Vaticano II, seguidas de humanizadas doctrinas de Medellín, Colombia. Ahora, señoritas, todas,  son orientadas al respeto indiscriminado para personas humanas y al arduo estudio de ciencias. Ya no hay más clases de costura ni de cocina ni de cócteles ni de cortesía cursi. En su lugar se enseña  manejo de computadoras en ciencias y matemáticas puras; respeto, se repite, a sagrados Derechos Humanos. Tampoco se exige por anticipado pago anual completo del año escolar; cuotas, altas todavía, están más al alcance de seudo oligarcas y de testaferros modernos; tampoco exigen la “magnifica”, ni solvencias de casinos o clubes sociales ya mencionados. Así las cosas: doña Esperanza fue de las últimas alumnas educadas con esa disciplina medieval traumática. Quizás por eso tuvo grandes problemas con la conducta machista o antifeminista de su legítimo esposo y de su patán amante.

Agosto, 1960: señorita Esperanza había o estaba por cumplir tiernas 18 primaveras. Entonces, comisión encabezada por señora alcaldesa: doña Gilma Munguía de Saballos, se apersonó a residencia-hogar Guerrero-Flores pidiendo a padres de familia consentimiento para que encantadora hija del matrimonio fuese reina absoluta de todas aquellas fiestas patronales a celebrarse desde 10 al 19 de diciembre de ése y de cada año, en honor a San José esposo de Virgen María. Orgullosos padres consintieron gustosos; pero, al llegar de inmediato tal noticia a oídos de religiosas del colegio tecleño donde ella estudiaba, éstas, al instante llamaron a vanidosos padres para discutir sobre tan espinoso tema. Padres de Esperanza Guerrero Flores presurosos se presentaron al colegio. Sor superiora, echando más chispas que mil buscaniguas, les dijo:
— ¡Señores Guerrero!: nosotras dábamos por descontado el conocimiento, por parte de vosotros, de todo nuestro reglamento; pero nos hemos llevado tan desagradable sorpresa de nuestro error, con temblor en quijadas más miradas de saeta,  prepotente religiosa continuó—: ninguna de nuestras alumnas en casi medio siglo de nuestro noble funcionamiento, ha desairado de ninguna forma a nuestra institución; ¡Esperanza de la Paz Guerrero Flores no será excepción! Si ustedes han aceptado ese “honor” o como quiérasele llamar, retiren ahora mismo a la mencionada alumna.

Don José María padre, hombre calmado y prudente, escuchó cabizbajo semejante diatriba; mientras esposa cambiaba de colores tal cual lo hacían en aquellos tiempos tantas sinfonolas públicas pueblerinas también llamadas “cinqueras”. Después de breves segundos para una pausa, señora Filomena Flores de Guerreo dijo:
— ¡Dispénseme reverenda Madre!; pero coronación de mi hija se llevará a cabo la noche del 18 de diciembre próximo. Para entonces ella estará gozando de  vacaciones anuales finales; mes y medio después, en primera semana de febrero, ella volverá a este colegio para iniciar nuevo curso estudiantil. Por tanto, no veo ningún inconveniente. Por otra parte, debería Usted saber: fiestas patronales de nuestro pueblo son muy solemnes y bastante parecidas a las organizadas en ciudad Suchitoto por el señor don Alejandro Coto. Usted debe comprender: nuestras fiestas patronales, además de ser turísticas por su estilo medieval, son muy decentes.

Sor superiora, al oír estos argumentos se volvió más furiosa que culebra zumbadora a quien se le hubiese destapado su cueva después de 3 ó 4 días de estar tapada. Con quijadita más batiente tal cual sucede con fríos  palúdicos, dijo:
¡Aunque se esté de vacaciones finales por 3 meses, alumna es siempre  alumna y está siempre obligada a guardar correcta compostura!

Ahí terminó todo el proyecto concebido en mente de alcaldesa y de todos aquellos honorables miembros del comité de festejos.
                              
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        Agosto de 1962, —2 años después de tan penosa discusión con Sor Superiora engreída—, codiciada candidata había cumplido o estaba por cumplir  preciosas 20 primaveras y era bachiller en extrañas por sofisticadas artes ya descritas; por tanto, sin ningún nexo con susodicho colegio. Entonces se presentó a misma residencia la misma alcaldesa con misma comitiva para hacer misma petición frustrada 2 años atrás. Esta vez el éxito fue total. Señorita Esperanza de la Paz Guerrero Flores se convertiría al fin, en reina de Fiestas Patronales quezaltecas de 1962. Conviene hacer notar: no había elección, sólo nombramiento unánime del comité permanente de festejos, que cada año escogía a la soberana. Entre principales personalidades integrantes del comité en ese año estaban los señores: don Ernesto Granados, diputado por partido oficial PCN; don Simón Vidal Varela Quezada, bisoño político quien llegaría muy lejos; don Pedro Alonso Argueta, secretario de los juzgados locales y cantante inamovible en marimba-orquesta de don Moisés Chávez, y don Leonardo Flores, suchitotense residente quezalteco, tío de agraciada futura reina. Además de señores adultos principales, había varios jóvenes y adolescentes entusiastas, magníficos colaboradores con el comité. Entre ellos se destacaron: jovencito Ovidio Gallardo Rubalcaba, hacendado quezalteco con extensas propiedades en municipio El Paisnal y, a posteriori, padre del larguirucho Denis Gallardo, —quien no falló ningún misil de 12 encomendados a él—. También estaba el joven Próspero Galán Burgos quien, en lo económico todavía no figuraba; pero le distinguía su cordialidad, jovialidad y buen vestir; porque, aun de origen humilde, descollaba en negocios personales. Para entonces manejaba camionetilla Fiat 1100 modelo del año 62, comprada al estricto contado a turcos Batarse de Risek Motors en San Salvador. Este automotor le servía para trabajar y pasear. ¡Esto, en aquellos tiempos, era mucho! Se pidió, tal cual en años anteriores, colaboración y asesoramiento del comité suchitotense homólogo, para que  coronación revistiese solemnidad de época medieval europea con pajes, princesas, heraldos, chambelanes y más. Señor Don Leonardo Flores ofreció, para efectuar fiesta danzante alusiva a coronación de querida sobrina, su elegante, céntrica, amplia y colonial residencia, descrita en párrafos anteriores. (Todas las fiestas similares antes y después de ésta, se llevaban a cabo en casino “Vicente Alejandro López”, llamado así en honor a ese hombre quien dejara gratos recuerdos en generaciones quezaltecas de su dorada época, mereciendo ser descrito en novela biográfica).
       
Tres semanas antes del magno acontecimiento comenzaron ensayos. Niños: José Antonio Quesada Flores (Tony) y hermanita Lucy, eran pajes principales;  inteligentes jóvenes: Próspero Galán Burgos y Ovidio Gallardo Rubalcaba, eran primer chambelán y primer heraldo de acuerdo al orden respectivo; además, numerosas adolescentes señoritas sirviendo de medievales princesas. Todos ellos, junto con señorita principal: Esperanza de la Paz, se reunían tarde a tarde durante 3 ó 4hrs bajo dirección del  enviado por cineasta Alejandro Coto, para perfeccionar hasta último detalle tan delicada y fantasiosa ceremonia. Joven Próspero Galán Burgos conocía sólo de vista a señorita Esperanza de la Paz Guerrero Flores. Ésta lo desconocía en absoluto, pues  mayor parte del tiempo lo había pasado en internado colegial; sin embargo, dado el puesto de primer chambelán asignado a él, le era permitido estar más tiempo en contacto verbal directo con su majestad, la Reina Esperanza I. Esto permitió que conversaciones entre ellos fuesen más frecuentes, prolongadas y privadas; llegándose a comprender por  miradas y a gozar de mutua compañía.
       
Poema de salutación a Esperanza Primera fue encomendado al distinguido periodista, escritor y poeta quezalteco: Don Joaquín Castro Canizales, mejor conocido en El Salvador y Centroamérica por pseudónimo “Quino Caso”. Este viejo poeta nacido junto con presente decrépito siglo XX aceptó gustoso tal distinción. Preparó largo poema con versos alejandrinos, el cual leyó esa noche de coronación. ¡Lástima grande no poder repetirlo aquí; pues nadie de tantos consultados al respecto ha dado pistas para encontrarlo y don Quino Caso ya es difunto! Es indescriptible magna solemnidad de tal ceremonia, empezando por majestuosidad de carroza real y recorrido sobre finas empedradas calles de la ciudad; por “Te Deum Laudamos” entonado por cura párroco y vicario quezalteco, acompañado por jilgueros, senzontes  y calandrias de Sociedad Coral Salvadoreña, deleitando con tan angelicales cantos hasta llegar al cenit cuando fue coronada por nativo doctor apellidado Avelar, alto funcionario gubernamental del reciente pasado y, a salutación ya referida. En seguida se abrió gran fiesta danzante amenizada por orquestas de: Paquito Palaviccini, Lito Barrientos; también agregada Marimba-Orquesta Alma Vicentina; ésta, a pocos años se convertiría en actual y famosa “Orquesta Internacional de los Hermanos Flores”.  
        C O N T I N U A R Á

miércoles, 10 de octubre de 2012

GUERRILLERA JAGUAR, 8^ entrega.



                           NOVELA
LA GUERRILLERA JAGUAR
           Por Ramón F Chávez Cañas

          CAPÍTULO III

        Recordemos: primer fruto del hogar Galán-Guerrero fue preciosa nena nacida el 12 de diciembre en 1967, un año exacto después de aquella rimbombante boda de  progenitores; por tal razón fue bautizada con nombre de Guadalupe de la Paz Galán Guerrero, tal cual se relató al inicio. Fueron padrinos en pila bautismal: su tío Manuel de Jesús Guerrero y señora: —mismo tío quien muriera cuatro o cinco años después en simulado accidente de tránsito automotor en acantilados de carretera Troncal del Norte, cerca del pueblito chalateco llamado La Palma, en frontera nororiental con república de Honduras, cuando éste desempeñaba cargo de Inspector Departamental de GN. Nunca se hizo investigación judicial a fondo, sabiendo que tal mayor del ejército salvadoreño era abstemio de drogas mayores y menores, incluyendo alcohol y que ninguno de sus 4 acompañantes resultó con algún rasguño. Gente sabedora del caso, en especial familiares y amistades más allegadas, atribuyen al famoso infame “Chele Medardo”, autoría intelectual de ese posible crimen; pues “Chele Medardo” era Director General de tan infame Guardia Nacional. Pudo haber sido venganza política por rebelión, en febrero o marzo de 1972, del coronel José María hijo, hermano del presunto asesinado; ambos, tíos maternos de nena Lupita.
       
Desde parvulario esta agraciada muñeca fue internada en colegio tecleño de los más famosos existentes entonces en todo el país; colegio en el cual su madre, doña Esperanza, varios años antes se había graduado en exótica especialidad llamada “Menagere”. Ahí estudió toda la primaria y secundaria hasta graduarse de bachiller en Ciencias, Letras y Matemáticas del pasado, pues fantasioso “Menagere”, —que nunca nadie supo de qué se trataba—, estaba corroído por herrumbres de la historia; pero al acto de graduación, a pesar de graduarse con varias bandas de excelencia más medallas al mérito, no asistió su padre por encontrarse “camellando” en el extranjero (EU); ni su madre, por otras razones que se expondrán más adelante. Sólo abuelita Domitila,  hermanito Prosperito y tío Agapito, asistieron a la para ella memorable ceremonia. Esto ocurría a finales de 1984. En marzo de 1985 iniciaría estudios universitarios odontológicos en Universidad de El Salvador. Por ese motivo acudió a sor superiora del colegio tecleño para gestionar pupilaje, pues era muy arriesgado, por guerra civil más  delincuencia común, el viaje cotidiano hasta ciudad Quezaltepeque. Además, se había mudado a casa-hogar quezalteca del tío José Mauricio por no estar de acuerdo con  extraña conducta de su agobiada madre; pero enfrentando hostilidad subliminal de tía política y de primos.  
       
Aquella monja superiora le mostró 40 artículos de 40 reglamentos internos de la institución donde se prohibía, a raja tabla, albergar a particulares. Por supuesto, tan medieval religiosa ponía más énfasis a malditos artículos 40, dándole a entender a  desconsolada señorita bachiller ser ella, ex alumna, persona particular para el colegio presumido, quien podría aprender mañas en Universidad de El Salvador y llegar a soliviantar a todo el internado o contraer, al usar inmundos servicios sanitarios de  misma universidad, esa terrible nueva enfermedad llamada sida, asesina a corto plazo, la cual al parecer no tiene curación actual. En peor de casos, continuó sermoneándola sor superiora con palabras textuales siguientes:
       
—Te puedes convertir en guerrillera comunista, pues en esa universidad (UES) y en esa apóstata Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA que le dicen, adoctrinan muchachos, varones y hembras, sencillos y pueblerinos como tú… ¡No! ¡No! Sólo si abrazaras nuestra carrera religiosa te pudiésemos admitir; pero sin salir sola a la calle.
       
Por educación, más por poco respeto merecido todavía, Lupita se despidió de monja tan pedante haciéndole bendito e inclinando la frente; agradeciéndole a la vez haberle prestado 10mins de atención negativa. Le prometió estudiar con seriedad la última propuesta. Sin embargo, Dios Verdadero no abandona a sus hijos. Esa misma mañana, al salir de su antiguo internado con tambores destemplados, al esperar  autobús para dirigirse hacia San Salvador a efectuar otras diligencias pre-académicas en UES, doña Isabel Granados de Marinero, quezalteca, madre de familia de una de sus mejores condiscípulas, ordenó al chofer poner reversa a fin de saludar a desilusionada ex alumna. Lupita subió a tan elegante limosina al aceptar tomar té en casa de señora de Marinero, allá en  capitalina colonia San Francisco, primera etapa. Enterada doña Isabel del problema afrontado por Lupita, trató de resolvérselo de manera favorable; pero era menester hablar primero con el jefe de familia para poder darle sí categórico. En efecto, doctor Álvaro Marinero aceptó complacido por muchas razones; en especial porque Isabelita, vía telefónica desde Londres, había dado  rotundo sí a inesperada consulta respectiva de su padre. Además, porque señorita Lupita Galán Guerrero sería magnífica compañía mientras durara ausencia de 3 ó 4 años de  tan inteligente señorita bachiller Chabelita Marinero Granados, hija única. Por supuesto: señorita Galán Guerrero no mencionó, en absoluto, áspera entrevista tenida pocos minutos antes con tétrica religiosa católica. Dicho y hecho. Tal pupila se instaló, por órdenes expresas desde Londres, en habitación de su inteligente ex compañera de estudios primarios y secundarios. Señores Marinero-Granados la trataron solícitos, similar al trato dado a su propia hija: al inicio la mandaban y traían a UES en carro patronal, o iban ellos a dejarla y traerla cuando el chofer tenía contratiempos imprevistos; mas, antes de aceptar generoso ofrecimiento, Lupita narró terrible drama familiar por pasadas extravagancias paternas y presentes infidelidades maternas; no obstante, ellos, más cariñosos y solícitos, le brindaron comprensión, más aprecio con respeto. Seis días después de instalada, les explicó capacidad económica de ella para cubrir costes del pupilaje. Entonces, el doctor Álvaro Marinero le preguntó:
       
—Dime, Lupita: ¿cuánto al mes tú puedes pagar y por cuánto tiempo?
        —¢1,000ºº ($400ºº de entonces) y por 6 años—, respondió señorita Galán Guerrero.
       
—Tu economía ronda ¢75,000ºº ($30,000ºº de entonces) —, calculó tan sesudo abogado-economista.
        —No. Tal vez tenga ¢144,000ºº, doctor, —volvió a responder tan guapa jovencita quezalteca. Prosiguió—: pero debo costearme textos, instrumental, más  cuota social de UES asignada a mí en ¢300ºº mensuales ($120ºº).
       
Por espacio de 20 segundos, esposos Marinero-Granados guardaron silencio. Pronto él dijo:      
       
—Mira, niña: gracias a Dios, nuestro trabajo nos da el pan cotidiano y nos alcanza para ti; por lo mismo, pupilaje no te costará un centavo. Me preocupa tu problema de transporte, pues durante estos 6 días de iniciadas las clases ya hemos tenido contratiempos por informalidad voluntaria u obligada del chofer, más por  denso tráfico en horas pico; sobre todo porque Ciudad Universitaria nos queda al extremo norte y nosotros vivimos en extremo sur. Yo te propongo: —continuó hablando  entusiasmado doctor Marinero y esposa asintiendo al mover cabeza de arriba hacia abajo. Él prosiguió: ─con ¢72,000ºº destinados al pago del pupilaje durante tus planificados 6años de estudios universitarios, puedes y debes comprarte un automóvil nuevo, japonés o europeo de 1200cc en cilindrada. Si no posees licencia para conducir automotores, nosotros te buscaremos al profesor quien enseñó a Isabelita. En 3 ó 4 semanas tú podrás marchar a tu Facultad, si nosotros no pudiésemos mandarte o llevarte en días de inesperados contratiempos.

— ¡Gracias, Señores!: ¡Ustedes son mis Ángeles Custodios!,respondió ella con voz entrecortada por súbito llanto y ojos anegados con abundantes lágrimas. Continuó hablando: ─Ahora mismo telefonearé a mi abuelita paterna para que se presente mañana con libreta de ahorros porque ella, según voluntad de mi padre lejano, es tutora del dinero enviado por él desde el Norte, tanto para mí como para mi hermano Prosperito.

En efecto, ese mediodía, por vía telegráfica puso hasta ciudad Quezaltepeque un telegrama urgente, pues en suburbios o barrio El Guayabal donde estaba humilde morada de abuela paterna, no había servicio telefónico residencial. El telegrama rezaba así: “Llámeme urgente ahora 04:00pm. Vía telefónica daré más detalles”. A la hora exacta, por vía mencionada, Lupita expuso plan propuesto por sus anfitriones. Al día siguiente, con inseparable hermano Agapito, abuela estaba bien temprano en  residencia de colonia San Francisco primera etapa, con libreta del “pisto”. Por ser menor de edad, compra del automotor no se pudo llevar a cabo a nombre de Lupita; pero, siendo el doctor Marinero notario de primera clase, se escrituró tal vehículo a nombre del tío Agapito. Por ser venta al contado efectuada a viejo buen cliente, se consiguió 15% de rebaja, saliendo dicho negocio en ¢61,200ºº, que en aquel tiempo, cuando inefable presidente Duarte Fuentes no había devaluado el colón con respecto al US dólar, equivalía a $25,800ºº (cambio oficial) o a más o menos $15,000ºº (mercado negro fluctuante)). En consecuencia: era coche último modelo de prestigiosa marca alemana. Con ¢7,200ºº ahorrados en la compra se pudo sufragar matrícula y pagar el curso de manejo ya referido. Con parte del sobrante, invitó a esposos Marinero-Granados a delicioso almuerzo de etiqueta en uno de los más exclusivos restaurantes capitalinos. En esos difíciles tiempos casi nadie salía a cenar. Más allá de 07:00pm se corría riesgo de ser ametrallado o destrozado por explosiones potentes y no quedar ni para tamales; pero otra desdicha pronto llegó a desdichada y dichosa señorita Lupita: el régimen represivo aumentó presión contra Campus Universitario UES, incluso contra aquellas Facultades laborando en exilio o fuera del Campus, el cual había sido tomado en varias ocasiones, desde 1972, por milicos ásperos. Se sobrentiende: represión comprendía también al elemento humano: alumnos, docentes, empleados; además, saqueo del patrimonio UES. Decenas, por no decir centenas de cadáveres de universitarios asesinados se miraban por doquier en cada amanecida. Este reino del terror cotidiano, semanal, mensual, anual y eterno, desanimó a mozuela Galán Guerrero. Se vio obligada, a mediados de primer año, a cambiarse de Universidad de El Salvador a una de esas mal llamadas “universidades privadas”: centros “pellejos” que de universidades no tienen nada en absoluto, —en esos tiempos sólo Universidad de El Salvador y Universidad Católica Centroamericana (UCA) [la que muy pronto debería llevar el nombre “Ignacio Ellacuría”, uno de sus fundadores, Rector Magnífico de la misma, Filósofo, Profeta y Mártir de El Salvador], eran Universidades Verdaderas.
       
Con firmes por altas equivalencias del primer ciclo a puras cachas terminado, Lupita se matriculó en “facultad de odontología” de cierta entidad o sociedad anónima explotadora de credo religioso protestante, para infundir, en “majada” salvadoreña, respeto por miedo a lo por nadie conocido, y aprecio por lo mismo; pero, así como el eminentísimo médico-cardiólogo mexicano: Doctor Ignacio Chávez Sánchez, había egresado de “pelleja” azteca refundida en lo más remoto de aquel bello territorio, la señorita salvadoreña tenía fe en ser ella raro caso sobresaliente a pesar de todas las corrientes en contra. En efecto, seis años después (1991) había terminado maratónica y compendiosa carrera universitaria. Entonces acudió en procura del dinero depositado por su asesinada abuela en manos del sacerdote italiano Mangana, para pagar  aquellos onerosos trámites de graduación en esa “universidad-negocio”; además, para comprar sillones dentales, compresor, rayos X e innumerable instrumental manual y eléctrico necesario.
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Al haber decidido P r o s p e r i t o marcharse con tío Chemita hacia tierra del Águila, Nopal y Serpiente ella, después de haberlo meditado muchas veces junto a la almohada y consultado otras tantas con Isabelita Marinero Granados, con padres de ésta, y razonando: futuro académico para toda carrera universitaria tradicional y nuevas, cada día era más incierto en El Salvador, tomó sabia decisión de marcharse ella también. Se marchó. En UNAM (México DF) logró hacer valer equivalencias: Después de dos años de estudios complementarios en dentistería, para septiembre-octubre de 1994, se estaba incorporando al registro oficial de profesionales dentales mexicanos.
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        Dedos de una misma mano nunca son iguales, —afirma antiguo y popular refrán—. Así es. Segunda hija del hogar Galán-Guerrero nació dos años después de Guadalupe. Llevó por nombre el materno: Esperanza de la Paz. Era puro retrato del don Próspero: blanca ladina, medio rosada-pecosa su tez, con grandes camanances en mejillas; cabellera lisa, gruesa, rojiza parecida a pelaje de cotuza. Desde parvulario demostró rebeldía contra  maestros y agresividad contra compañeritas; al mismo tiempo, rudeza en  aprendizaje de primeras letras, números, canciones y poemas infantiles. Incluso en  intimidad del seno hogareño era agresiva contra el servicio doméstico, hermanitos y hasta contra la madre. Sólo al padre obedecía, pero siempre refunfuñando. ¿Quién le enseñó vocabularios soeces?... ¡Nunca se supo!... Era mar y sus conchas para “putear, cerotear, o rotear” a quien se le pusiere en frente. Fue expulsada del colegio tecleño “menagere”.
       
Por ser hija del principal lugareño de rural y medio colonial ciudad, tal cual era y es  Quezaltepeque, monjitas de escuela católica San José local, la toleraron hasta lo indecible. Al terminar 6to grado de educación primaria a 14 áridos veranos metafóricos, complacientes monjas, psicólogos, psiquiatras, aconsejaron el abandono de estudios, pues en  colegios capitalinos o de otras ciudades no sería tolerada por mucho tiempo su insolente conducta; además, la directora de escuela San José se negó a extenderle certificación de conducta normal. Al marcharse don Próspero rumbo a EEUU, esta menor estaba en  plenilunio de adolescencia: 13 veranitos. Para ella tal partida fue de tanta alegría como  sería para patacho de bestias caballares ver abierto portón de un rodeo. A pocos meses obligó a la mamá a contratarle maestro conductor de automóviles. Así lo hizo doña Esperanza. Ni don Evodio Quezada, ni don Isaías Solís, principales maestros para enseñar a manejar automotores, pudieron soportar su mal carácter ni vocabulario de cloaca. Total: aprendió a la brava. Por medio de conectes corruptos habidos por décadas en departamento general de tránsito, “benemérito” padrastro le consiguió licencia falsa o “chaveteada”. Demás está decir: dos automóviles nuevos dejados en garaje por Galán Burgos al emprender largo periplo después de cara hospitalización en clínica Santa Sofía, los cuales quedaron casi sin estrenar, fueron tratados cuales enemigos acérrimos por ella y padrastro. En corto lapso de 6 u 8 meses de mal uso, ya parecían peroles viejos, todos chollados; con motores desajustados e interiores más sucios y malolientes, superior a basureros municipales. Al cabo de 18 meses, mentadas maquinas estaban fundidas. Fue menester hacer préstamo hipotecario con garantía de bienes raíces, a muy altos interese bancarios (2.5% mensual) para rehabilitar y poder vender esas chatarras.
       
Exigió con repugnancia e hizo contraer nuevas deudas a su abatida madre para hacer pantomima de fiesta en honor a sus 15 calurosos veranos. En esa fiesta no tan rosa abundaron ebrios escandalosos, mariguaneros apestosos y cien antisociales lacras más, quienes constituían el grueso de sus amistades. Para celebrar tal evento hizo desocupar salón comercial central del bazar Lupita, convirtiéndolo en pista de baile con aparatos eléctricos ensordecedores por música satánica. Menos mal: tal caricatura de fiesta rosa se llevó a cabo desde mediodía hasta 05:00pm, pues no había permiso, porque a 06:00pm empezaba el vitalicio estado de sitio vivido entonces. Había pandillas de drogadictos y delincuentes quienes a posteriori se conocieron con nombre genérico de “Maras”. Estas maras tenían asiento principal en cantón Santa Rosa, periférico e inmediato a ciudad quezalteca, al oriente, rumbo a pueblo Nejapa. Una de estas pandillas era encabezada por el novio de Esperancita. Ella era 2da jefa. Saqueaba la tienda o bazar. Mercaderías casi las regalaba a competidores de doña Esperanza para proveer de tabaco, alcohol, marihuana, anfetaminas y más a su amado y asociados. Contaba con la complacencia y complicidad del padrastro, quien de rutina se mantenía en estado crápula o pos-crápula (borracho o  gomoso), tanto en  comandancia local de GN como en casa de doña Esperanza. En este ir y venir desenfrenado, aquella pobre adolescente Esperancita concibió. Al celebrar su fiesta gris tenía 2 meses de gestación. Luego se rumoró entre mismísima “mara”: Esperancita Galán Guerrero había abortado. Aborto causado por riña tumultuaria al enfrentarse con “mara” de Las Brisas (colonia marginal). Estuvo grave. Agonizó en Hospital de Maternidad capitalino, donde se diagnosticó el aborto, más endometritis casi convertida en peritonitis. Luego, en lapso de dos años, tuvo par de ingresos adicionales por misma causa.
       
Cierto día, estando ambos de malas pulgas, —entenada y padrastro—, entre ellos se desató amarga discusión hasta llegar a agresión física. Fue internada en Hospital José Rosales de San Salvador. 15 días después fue trasladada a Cárcel de Mujeres en municipio Soyapango, acusada de homicidio frustrado en grado de tentativa contra sus tantas veces mencionado padrastro. Por milagro el susodicho individuo no la hizo desaparecer. De la cárcel salió medio regenerada, optando por “formalizarse” con su “chavo” del cantón Santa Rosa. Esto estaba ocurriendo al tiempo de cumplir 18 infernales veranos y su padre estaba por regresar o ya había regresado de sus cinco otoños de exilio voluntario en el gigante del Norte.
                              
En esta actualidad, diciembre de 1994, contaba con 25 estíos medio vitales. Vivía “acompañada” con mismo compañero sexual en mismo cantón. Habían procreado 5 retoños, incluyendo parto gemelar. En apariencia vivían tranquilos en ese cantón Santa Rosa.    

C O N T I N U A R  Á