Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

jueves, 22 de noviembre de 2012

GUERRILLERA JAGUAR, penúltima entrega



                  NOVELA
LA GUERRILLERA JAGUAR
          Por Ramón F Chávez Cañas

Fin del Capítulo VIII


Don Próspero regresó a El Salvador. Era 20 de febrero en 1995. Se dirigió de inmediato al cantón Santa Rosa quezalteca, en busca de su hija Esperancita. La encontró amamantando a su enésimo hijo; la encontró: escuálida, pálida, mal peinada, vistiendo ropas usadas de las importadas desde USA2  por países del 4to mundo; y con calzado informal de materiales plásticos, más bien conocidas con genérico nombre de “yinas”. La habitación: techos rústicos de madera rolliza y tejas de barro cocido, sin ningún cielo falso; paredes: de bahareque también rustico (sin repellos, pudiéndose ver la argamasa de lodo con diminutos fragmentos de tejos incrustados en burda red de varas de castilla); pisos: ladrillos rústicos de barro mal cocido; muebles: primitivos taburetes y banquetas elaborados con maderas de pino del más barato; asimismo puertas; camas: tijeras de lona y pitas de henequén o correas de cuero crudo con petates de tulle cuales colchones, más hamaca manufacturadas con pitas de yute al centro de única sala-dormitorio-comedor y cocina. Acre olor o tufo a orines fermentados infantiles reinaba en pequeña habitación-hogar. El padre de familia al traspasar umbral sin articular media palabra, se abalanzó para abrazar a su querida hija. Por poco estrangula al recién nacido niño o niña lactante. Esperancita, por esa inesperada o súbita aparición se desmayó; habiendo sido menester acudir de inmediato al vecindario y al curandero cantonal para frotarla con hojas de ruda y de siete  espíritus, tratando de sacarla del fulminante marasmo. Pasaron 10mins. Recobrada la conciencia, ella prorrumpió en llanto destemplado hereditario.  Con voz entrecortada dijo:
        — ¡Padre mío! ¿Estaré soñando?—Volviendo a desmayarse.
        
 Prosiguió frotación con ruda, hierba buena, albahaca y otros menjunjes innecesarios de mencionar. Con presencia del brujo más tres secuaces, iniciaron rezo del “padrenuestro al revés”, oración del “ánima sola”, la “magnífica”, más otros exorcismos propios del ignorante en historia de las religiones. Esperancita revivió por segunda vez, habló así:
— ¡Padre mío!... ¡Abráceme! ¡Quiero salir de este maravilloso sueño! ¿Es Usted, verdad? ¡Pellízqueme, pellízqueme, pellízqueme! Usted no está muerto, ¿verdad? ¡Respóndame, respóndame!—, destapándose en llanto, pero ya no hubo más desmayos.

El compañero de vida de Esperancita no se dio cuenta de este episodio porque estaba trabajando en turno diurno de CORINCA, donde su empleo era de peón metalúrgico; tampoco los hijitos mayores de esa unión informal, pues se encontraban en escuela primaria pública. Calmados los ánimos de Esperancita por medio del té de hojas cítricas, manzanilla con otros vegetales, escuchó a su padre quien se expresó de esta manera:

—Hija mía: he resucitado casi de la nada. He venido para rescatarte de la extrema pobreza en la cual vives por culpa de mi extrema torpeza. Tu hermana Lupita está muy bien allá en ciudad de México y Prosperito no puede estar mejor allá en ciudad La Habana; sólo tú, aquí en El Salvador estás en vil desgracia. Tu madre en Calcuta vive existencia seráfica.

El reformado antiguo mujeriego, corregido desde domingo de ramos en 1982, suplicó a vecinos y curiosos, después de agradecerles al alma, se alejaran de la vivienda pues quería platicar a solas con su hija. Así se hizo. Ya a solas, controversial padre explicó a también controversial hija, pormenores de sus vicisitudes, más el objetivo primordial de su visita. A este punto fueron llegando los pequeños nietos. Varias horas más tarde llegó el ex marero y ex drogadicto compañero de vida de tan desmejorada Esperancita. Al estar reunidos ambos cónyuges alrededor del magnánimo padre, éste les habló:
—Hijos queridos: les agradezco tantas misas, más rezos de cabo de año que Ustedes, otros familiares y amigos, como mi compadre Baltasar Calero, han estado haciendo todos estos años recién pasados por el descanso de mi pequeña alma; agradezco el buen recuerdo guardado por Ustedes hacia mi humilde persona dada por muerta; también el que hayan infundido en sus mayorcitos hijos un recuerdo venerante para con este su abuelo. Por fortuna, prosiguió Próspero con palabras atragantadas a nivel de cuerdas bucales y con lágrimas que él trataba dominar—, Divina Providencia siempre ha estado conmigo, también con Ustedes, por eso ahora estamos frente a frente para encontrar paz eterna aquí en la Tierra y no en el más allá por nadie conocido.

Aquel ex esclavo de porquerizas vietnamitas continuó narrándoles todas las peripecias vividas por él desde aquel lejano domingo de ramos en 1982: fecha cuando misma Divina Providencia lo confrontó contra Señorita María de las Mercedes Serrano Delgado o Comandante Úrsula o Guerrillera Jaguar; de sus ocho días de cautiverio en Campamento El Roblar allá en Volcán Guazapa; de su estadía durante ocho semanas en hospital psiquiátrico Santa Sofía del Doctor Mario Rauda en San Salvador; de su viaje y permanencia durante varios años en EUA y de calamidades pasadas como peón de amarillos vietnamitas exiliados, dedicados a crianza de marranos de raza para destace; de su encuentro con el tecoluquense don Julián Urquilla y con otro centenar de exiliados salvadoreños huyendo de fatídicos escuadrones de muerte al servicio de oligarquía terrateniente y ladrona; de su regreso en 1987 e incorporación a lucha armada guerrillera: primero en volcán de San Salvador y, al final, en volcán Guazapa bajo órdenes de señorita Comandante ya mencionada. Les habló, además, de sus heridas en combate; de su evacuación por el CICR hasta ciudad San Salvador y después hasta La Habana; les narró maravillas hechas en su humanidad por eminentes y humanizados médicos cubanos, más otras linduras vistas, vividas, con esa humilde pero diligente gente; les relató la enfermedad y muerte del tío Agapito; de sus viajes a México y a Calcuta en búsqueda de su esposa.  En fin, se retrató de cuerpo entero, al final les dijo:
—Prepárense muchachos, porque ahora mismo partiremos en busca del doctor Álvaro Marinero, pues vuestra hermana, odontóloga Lupita, desea que él sea el notario contratado para poner en orden legal las pertenencias dejadas por mí cuando partí de aquel infierno. Casas en: San Salvador, Santa Tecla y Quezaltepeque; también mínimas 2 finquitas de esta última jurisdicción, valen en conjunto algunos millones de colones; pero la preocupación más grande que me agobia es el futuro inmediato, a mediano y largo plazo de ustedes y de su numerosa prole, porque no es dejándoles miles o millones en dinero como ustedes podrían superar esta crisis galopante y creciente vivida por nuestro país. Dinero mal manejado o mal invertido, muy pronto colapsa. Eso es lo no querido por su padre para ustedes. He pensado, —continuó diciéndoles don “Fosforón II” con emoción desbordando su cavidad torácica—, vender todas esas propiedades. Con el producto de tales ventas constituir fideicomiso o sucesión manejada por algún banco. De intereses devengados, comprarles residencia de clase media en barrio o colonia menos peligrosa de San Salvador o de Santa Tecla; además, establecerles pequeño negocio montado en una de esas 2 ciudades mencionadas; también sufragarles educación de los niños para mientras ustedes puedan desarrollar regular clientela. Por vuestros hermanitos Lupita y Prosperito poco o casi nada me preocupo. En cuanto a Esperanza, tu madre, Esperancita: ya estoy resignado por haberla perdido, pues ese camino seguiré yo después de dejar arreglada a satisfacción vuestra precaria situación socioeconómica. Parte de intereses de capital se irán acumulando para aumentar fondos; otra cantidad, para poder yo sobrevivir en caso de imprevisto obstáculo en mis futuros planes de bien. En fin, —terminó diciendo el ex comerciante de relojes “chacaleles” y joyas de oropel— el Doctor Álvaro Marinero nos sabrá orientar en cuanto a negocios de bienes raíces míos y en cuanto a constitución de la sociedad mencionada.

El ex aventurero fornicador había llegado en automóvil de modelo reciente pero no lujoso. Dicho automotor lo había tomado en arrendamiento en una de tantas agencias al respecto; en ese mismo automóvil, a 03:00pm, partieron hasta ciudad capital en búsqueda del notario. Antes de hacerse presentes al bufete del profesional, en algunas tiendas del complejo comercial Metro-centro, el padre les compró ropa y calzados adecuados para mejor presentación frente al notario. De inmediato, secretaria recepcionista del letrado, en nombre de señorita doctora Lupita Galán Guerrero, les anunció con el togado. Al instante el doctor Álvaro Marinero suspendió audiencia con un tercero, haciéndoles pasar a sala interior más privada. Ofreció a recién llegados algo fuerte de beber: whisky, vodka, coñac, ron o tequila; pero, ellos sólo aceptaron un vaso de agua fresca para cada uno. Luego, el anfitrión se excusó para terminar consulta del tercero. Al cabo de 10mins estaba de nuevo con ellos.
        ─¿Para qué puedo ser bueno?─. Fueron primeras palabras del notario.
        —Para muchas cosas buenas—, replicó don Próspero con leve arrogancia residual de tiempos materialistas de su anterior licenciosa vida. Continuó—: en primer lugar venimos, aunque después de mucho tiempo, a agradecerle a Usted, a su esposa y a su hijita Isabelita, las inimitables muestras de solidaridad humana dadas por ustedes a mi pequeña Lupita y, por recomendaciones expresas de ella, también venimos para poner en sus profesionales y honradas manos, el destino de los pocos bienes salvados de la catástrofe provocada por quien habla, la cual Usted conoce casi a perfección.

Hablaron en serio. Al término de  tres días estaban firmando escritura notarial para crear el fideicomiso Galán-Guerrero; nombrando como fiduciario a prestigioso banco nacional del cual tal notario Álvaro Marinero hijo, era uno de principales asesores-accionistas y apoderado. Pusieron en venta varios inmuebles urbanos y rústicos ya descritos, logrando reunir moderada suma de ¢19,580.625.003 (más o menos U$S 8,000.000ºº); mas, letrado notario tantas veces citado, hizo contactos con 4 ó 6 colegas salvadoreños y guatemaltecos, quienes habían dado fe notarial de todos los bienes raíces dejados por don José María Guerrero Martínez o don Chema padre, logrando descubrir existencia de algunos bienes inmuebles que el difunto Guerrero Martínez  había dejado en herencia a favor de doña Esperanza, su postrer hija, los cuales no habían sido reclamados, siendo usufructuados en forma ilegal, allá en Guatemala, por hijos de don Manuel de Jesús Guerrero Flores, —militar salvadoreño asesinado simulando fatal accidente de tránsito en acantilados del municipio La Palma, Chalatenango, de cuya autoría intelectual siempre se ha señalado al famoso criminal “Chele Medardo”, (perdonen lo repetitivo)—. Con pruebas en mano, Galán Burgos y Álvaro Marinero hijo marcharon al vecino país a fin de entrevistarse con sobrinos de doña Esperanza, quienes no negaron posesión ilegal de bienes inmuebles guatemaltecos, urbanos y rústicos, de su “querida” tía; pero, como la ley obligaba presencia personal de la interesada o, en su defecto, presentación de Poder Notarial autenticado por  consulado guatemalteco en aquella lejanísima nación. Con pólvora mojada volvieron a El Salvador; no obstante, traían enorme alegría de no haberse confrontado con parientes usurpadores.
       
El hijo del “busero” patán y de “chilatera”, acompañado del notario Marinero hijo volvió a recorrer misma travesía aérea recorrida en el pasado inmediato con su hija mayor: doctora en endodoncia; volvió a abordar mismo vuelo interno desde Nueva Delhi hasta Calcuta; volvió a hospedarse, con notario, en casa del mismo cónsul cubano. Esta vez, el diplomático cubano con su esposa, Marinero hijo y Galán Burgos, se presentaron al mismo monasterio católico de vez pasada. Fueron recibidos por  mismas personalidades femeninas religiosas anteriores; sin embargo, enfrentaron la misma dificultad al no encontrar a legítima señora de Galán Burgos. En seguida dispusieron partir hasta el suburbio suburbano paupérrimo donde ella estaba destacada. Así lo hicieron. 02hrs más tarde estaban activando aldabón-timbre similar al del monasterio rector. Singular morena religiosa salvadoreña se presentó después de  prudencial espera. Saludó con abrazos y besos parcos a su legítimo terrenal esposo. Con reverencia de testa, más áreas palmares abiertas, saludó al resto. Le explicaron al detalle todos los pasos dados por esposo, tanto en medios como en fines; lo mismo futuros procedimientos programados al respecto. En este punto, notario Álvaro Marinero hijo le habló de esta manera:
        —Reverenda Sor Esperanza: estoy enterado de todo el mal lejano pasado y de todo el prometedor presente con el consecuente buen futuro de vuestra familia; no obstante: como vuestra decisión de continuar en vida religiosa de esta congregación parece inflexible, nosotros venimos a suplicaros un gran favor en pro de vuestros hijos. Suplicamos nos deis Poder General Notarial a nombre de vuestro esposo, a fin de recuperar cuantiosa herencia terrenal dejada a vos por vuestro nunca bien llorado padre. Propiedades ubicadas en república de Guatemala. Lo mejor, legal y moral, sería vuestra presencia personal en tribunales civiles guatemaltecos; mas, como eso parece algo imposible, nos conformaremos regresar sólo con el Poder firmado.
       
Guapa sor Esperanza accedió sin alguna objeción. Comitiva del viudo virtual partió de inmediato en procura de firma y sello del cónsul chapín en Nueva Delhi. Llegaron en tres ocasiones durante cuatro días, encontrando el consulado siempre cerrado. Indagaron al respecto con vecindario inmediato. Recibieron esperada decepcionante respuesta:
        —Esa casa de ladrones y asesinos cristianos centroamericanos, todo el tiempo está cerrada. Una o dos veces al mes, por lo general en las noches, se miran luces encendidas escuchándose voces ebrias y bohemias escandalosas; mas, cuando nosotros llamamos a la policía, todo el tiempo obtenemos la misma respuesta: “Esa residencia es inviolable por gozar de extraterritorialidad. Nosotros no podemos hacer nada al respecto”. Hemos acudido al Ministerio de Relaciones Exteriores Hindú sin haber sido escuchados.
       
Después de larga semana de infructuosa espera por firma y sello del cónsul chapín, regresaron hasta Calcuta de doña Esperanza para narrarle lo acontecido. Ésta, con semblante cambiado hacia nueva alegría, les dijo:
        —Se ve bien claro. Nuestro Señor ordena mi regreso definitivo a El Salvador para reconstruir nuestro sagrado hogar. Se ve más claras las palabras de nuestro Señor puestas en garganta de Madre Teresa de Calcuta. Nuestra superiora dijo: “Si la hermana Esperanza de la Paz Guerrero Flores de Galán Burgos desea regresar a sus sagradas obligaciones hogareñas impuestas por el matrimonio católico, apostólico y romano, allá en tierras de mayas-pipiles, esta congregación no tiene alguna objeción; pues santo sacramento de unión sexual no desaparece cuando ambos cónyuges están vivos".
       
Algarabía fanfarrona de inmediato invadió a todos los circunstantes. Aplausos y gritos jubilosos formaron pequeño escándalo en aquella pequeña sala de recepción, acudiendo sexteto de otras religiosas mandadas a investigar al respecto. Éstas, al enterarse de lo ocurrido, batiendo palmas se unieron a inesperada gritería. La por segunda vez nueva señora, más radiante de felicidad pidió permiso para retirarse por unos cuantos minutos. Aquellos concurrentes accedieron. Abrió puerta interior comunicante con espaciosos patios y bien cuidados jardines; atravesó patios y jardines para acceder a profundo traspatio donde estaba claustro de la comunidad religiosa femenina; con su llave personal abrió y cerró la puerta de su celda; 45mins más tarde salió de la celda, salió vistiendo ropa seglar indescriptible, portando en sus manos sendas valijas de fibras sintéticas. ¡Era beldad muy similar a la observada en aquel parque Morán quezalteco y empatando con la cubana joven Señora Doña Haydee Santamaría de Hart! Hábito o vestido religioso aún debe estar triste añorando a Venus no guanaca; —pues guanacos son personas tímidas y esclavizadas por ignorancia en temas teosóficos e históricos milenarios—. Con pasos seguros, más caderas columpiándose similares a “Flor de la Canela” de peruana Chabuca Granda, o a la actriz Julia Andrew en “Novicia Rebelde”, —al salir Julia del convento para servir de tutora a menores hijos de un militar austriaco—,  esbelta morenaza retornó a sala de recepción. Espera estaba desesperando al feliz esposo y compañía. Todos, al tenerla presente transformada en totalidad, antes de volver a aplaudir frenéticos, suspiraron boquiabiertos y babeantes con pensamientos hasta ahora inimaginables.
       
Dichosa pareja abordó vuelo más inmediato sólo acompañada por el notario Marinero hijo. Éste, en aeropuerto Honolulu se despidió y tomo otro avión, permitiendo al par de tórtolos iniciar segunda luna de miel. Así fue hecho. En isla Tahití se terminó ese otro inenarrable viaje. Una semana más tarde llegaron a ciudad de Guatemala para hacer  transferencias legales pertinentes. Hechas tales diligencias, de inmediato pusieron en venta esos bienes raíces guatemaltecos. Con ahorros bancarios retirados en agencia guatemalteca del banco gringo (EUA), fondos del fideicomiso se cuadruplicaron para volverse multimillonarios. Compraron para Esperancita y prole, residencia no lujosa, pero amplia de seis dormitorios con baños completos cada uno, dos inmensas salas sociales principales, dos salitas de estar, cuarto biblioteca de tamaño adecuado para estudio, garaje techado para tres automóviles, más jardines en patio y traspatio. Todo construido sobre 1500V2 en área casi exclusiva de Ciudad Merliot, jurisdicción municipal de Santa Tecla o de Antiguo Cuscatlán. Entregaron, además, sustancial prima o enganche para  adquisición a plazos de amplio local comercial situado sobre una de pocas anchas calles de esa nueva colonia-ciudad. Padres de familia Galán-Guerrero, ya convertidos en jóvenes abuelos, instruyeron a su hija y al ya legal esposo de ella, en arte de negociar: joyería fina, oropel de calidad, relojes suizos y japoneses; telas, perfumería, juguetes, etcétera. Con estos negocios bien administrados, —repetían aquellos Galán-Guerrero—, ganarán lo suficiente y sobrará sin tener necesidad de subvenciones paternales. Dicho negocio todavía es reciente, pero parece floreciente.
       
Rehabilitado matrimonio decidió repartir utilidades del fideicomiso de la manera siguiente: 25% para acrecentar cada mes patrimonio fiduciario; 25% para  manutención de la pareja reconciliada y de dos hijos solteros; 25% como donativo mensual al Hospital Ortopédico de La Habana y a Facultad de Medicina de Universidad de La Habana donde el joven Prosperito cursaba aún la carrera buscando doctorado, haciendo uso de  beca otorgada por Doctor Fidel Castro Ruz, máximo dirigente de Gloriosa Revolución Cubana. Fidel otorgó tal beca completa en premio al expediente guerrillero y académico del singular y heroico muchacho; último 25% decidieron asignarlo a obras salesianas a las cuales ellos fueran destinados por congregación del italiano sacerdote Manzana.
       
De aproximados ¢80,000.000ºº iniciales (U$S 16,000.000ºº al cambio de ¢5ºº x $1ºº, cambio oficial de entonces). Devengando 1% mensual, ganaban ¢800.000ºº cada mes. ¢200.000ºº eran destinados a cada rubro. Llegaron a ciudad de Guatemala. Venerable Manzana no pudo aceptar como aspirante a coadjutor al multimillonario filántropo, por obvia razón del matrimonio; no obstante, fueron aceptados e instruidos, en lapso de tres meses, cuales colaboradores seglares en Oratorios Festivos consagrados al adolescente santo Domingo Savio, y en Comedores de mamá Margarita (madre de San Juan Bosco). La primera institución velaba y vela por niñez descarriada y por juventud proletaria en grandes ciudades del mundo cristiano; la segunda procura mínima alimentación cotidiana de grandes masas seniles desposeídas en mismas urbes. Recibieron entrenamiento intensivo correspondiente. Tres meses después estaban aptos para asumir con responsabilidad tan delicadas tareas; pero, (¡siempre hay un pero!) Mangana les aconsejó no ejercer su ministerio en El Salvador ni en Guatemala; pues precarias condiciones socio-políticas y económicas de ambos países eran similares y, con  antecedentes guerrillero del esposo; más historiales forzados y desagradables de la doña, —no creíbles por inmensa mayoría (99%) de personajillos con mala voluntad—, no sería nada extraño, tampoco remoto, que escuadrones de muerte de extrema derecha ladrona en esas dos repúblicas gobernadas por mafiosos interconectados, pudiesen atentar, mucho más temprano de lo esperado, contra de integridad física de la pareja filántropa.
       
Bondadoso matrimonio meditó a profundidad sobre tan sabias reflexiones proféticas. “El infinito es poco para agradecer a Usted, padre Manzana”, se expresó cabizbajo, rubicundo y tartamudo, el pequeño magnate en dinero y gran filántropo en amor. Decidieron marcharse hasta República de Cuba. Ahí, junto a su varón retoño, al presente se encuentran cultivando rico granito de mostaza socialista, el cual florecerá y fructificará mucho antes de ser levantado tan vergonzoso y criminal embargo impuesto contra “Perla de las Antillas” por ogro anglosajón injertado en nuestra América. Ahora, más del 50% de utilidades del fideicomiso están destinadas a aliviar, aunque sea en media micra, negativos efectos del prepotente embargo.
                                       F I N
        Santa Tecla, 03 de diciembre en 1995.-

sábado, 17 de noviembre de 2012

GUERRILLERA JAGUAR, 15^ entrega



                NOVELA
LA GUERRILLERA JAGUAR
         Por Ramón F Chávez Cañas
          
Continuación del Capítulo VIII

En hospitalito provisional de CICR, tío y sobrino fueron atendidos en forma eficiente. Tres días más tarde estaban fuera de peligro inmediato de muerte; no obstante, el sobrino con tobillo derecho destrozado, vitalizado sólo por rama de arteria poplítea que por milagros no fue tocada; tampoco fue tocado retorno venoso de la misma, lloraba de verdad por dolor, habiendo sido necesario administrarle opiáceos; sin embargo, el hueso y músculos adyacentes estaban hechos pinol. Solidaridad internacional se movió con rapidez. Diez días después, ambos, junto con tres decenas más de heridos izquierdistas, eran evacuados rumbo a La Habana, después de haber sido documentados por Cruz Roja Internacional. En Hospital Ortopédico Nacional Docente Frank País de La Habana, don “Juan Tenorio desfasado” fue sometido, en transcurso de varios meses, a más de media docena de intervenciones quirúrgicas especializadas, para salvar y rehabilitar su necesaria extremidad inferior derecha. En cambio, anciano tío fue ingresado al Hospital Neuro-quirúrgico de misma capital cubana. Se le practicó craneotomía exitosa y se le desalojó múltiples coágulos intracraneanos; además, se le reparó dañada cóclea izquierda.

Este senil tío se recuperó con increíble rapidez de tantas lesiones neurológicas; pero, siete meses más tarde empezó a desmejorar en sistema general de salud: vómitos pos prandiales o después de cada comida aparecieron de súbito, aumentando cada día;  orina era cada vez más oscura hasta parecer vulgar soda de cola, conjuntivas oculares se volvían color canario o yema de huevo indio. Peso corporal del cartero jubilado se desplomaba sin misericordia. De nuevo fue internado en otro hospital cubano: el Hospital General Hermanos Ameijeiras. Se le practicó gastrectomía total. Todas las biopsias revelaron cáncer gastro-esofágico fulminante con metástasis hepáticas, renales, pancreáticas, pulmonares y más, inabordables por incomparables cirujanos nietos del Doctor Carlos Finlay, —descubridor del microbio productor de Fiebre Amarilla— y de José Martí. Soportó numerosas aplicaciones de quimioterapia, más posteriores de radio y cobaltoterapia. Todo fue en vano. El 15 de noviembre en 1990, —un año exacto después de haber sido lesionado con explosivos bélicos en enfrentamiento de colonias Santos I y II en Soyapango—, se despedía de este planeta con diagnóstico ya dicho. En cementerio habanero, (¿Colón?), fue sepultado con honores de ordenanza rendidos por más de un centenar de pacientes salvadoreños en tratamiento o rehabilitación en el Primer Territorio Libre en América. Murió a 71 años de edad. Don Agapito Galán Menjívar: descanse en paz.
                               *****
        Nuestro mujeriego sin suerte, después efectivo capitán rebelde en filas del Farabundo, estuvo en tratamientos exitosos de rehabilitación por lapso de dos años; al cabo de los cuales logró recuperarse en 90%, notándosele sólo cierta leve cojera en su miembro locomotor derecho. No usó prótesis permanente. En enero de 1993, averiguó, por medio de Lupita, Prosperito y comprensivo cuñado don Chemita hijo, el domicilio de doña Esperanza: Calcuta, India; así como decisión tomada por ella algunos años atrás. Por vía telefónica y correo postal trató de comunicarse hasta esa misteriosa urbe asiática. Todo fue inútil. Ya recuperado de salud voló hasta Distrito Federal mexicano para reunirse con sus dos hijos y cuñado. En México DF conoció pormenores del paradero decidido por Doña Esperanza, esposa. Con entusiasmo descomunal dispuso emprender viaje hasta esa ciudad hindú. Don Chemita hijo y Lupita le ofrecieron algún dinero para costearle parte del viaje. Con gesto altivo, pero no arrogante, contestó:
        — ¡No, mi querida familia, no! Todavía tengo algunos ahorros en un banco gringo con agencias en esta república. Por desgracia, documentos que me amparan al respecto están en cajas de seguridad del Banco Hipotecario de El Salvador allá en la capital salvadoreña. Sólo les suplicaría me diesen prestado dinero para viajar hasta San Salvador con pasaje de ida. Al término de 3 ó 4 días estaré de regreso. No visitaré a Esperancita, pues ella me tiene muy resentido por su mala conducta observada contra su madre. También les pediré no hacer saber a Esperancita, nada con respecto a mi proyectado viaje a El Salvador. Ella me supone difunto. Así, por ahora, creo será mejor. Pronto llegará día cuando esa torcida hija mía comprenda el incalculable valor de los padres. Para entonces nosotros: padre y madre, llegaremos a rescatarla.
       
En efecto, cuatro días después había regresado de San Salvador. Quiso pagar la reciente deuda contraída con sus parientes para su viaje a capital salvadoreña; pero éstos rehusaron tal pago. Él lo agradeció al alma. De inmediato se fue al consulado de India en México. En menos de lo que canta madrugador gallo obtuvo visa, para hija, también. Fiel alumno de Galeno, varón hijo, no podía viajar debido a exigencias de pesados estudios universitarios. Padre e hija volaron en Japan Airlines con escalas en San Francisco California y Tokio. Llegaron a Nueva Delhi 24hrs después. En tan dilatado trayecto, atravesando el antes inmenso Océano Pacífico, ahora chico, odontóloga hija vio llorar varias veces a su padre ya regenerado. Aquélla, al inquirirlo al respecto, obtuvo la siguiente respuesta:
        — ¡Ah, hija querida!: lloro de alegría y de tristeza a la vez. De alegría, porque pronto nos reuniremos con tu incomparable madre y esposa mía. De tristeza, porque en este esperado vuelo vienen a mi mente aquellos lejanísimos días cuando con tu mamá emprendimos, por esta misma ruta, nuestro inolvidable viaje de bodas. En diciembre pasado hizo 27años; 27años preñados de todo: felicidad y desdicha; pero, en  próximos 27años, si nuestro Señor quisiera dárnoslos, ¡juro, por mi madre asesinada y por mi tío consumido por el cáncer provocado por angustias y zozobras, que yo: Próspero Galán Burgos, haré de nuestras vidas un paraíso, donde mi Pelanchita pueda gozar de verdadera tranquilidad junto con sus 3 hijos y yo, su esposo!
       
El corte de “pato bravo” continuó moqueándose y limpiando enrojecidos ojos con fino pañuelo de algodón egipcio ofrecido al respecto por su hija. La dentista lo acompañó en tal llanto. Durante prolongada travesía, muchos pasajeros se divertían mirando cine, oyendo música de su agrado por medio de audífonos respectivos; leyendo, libando añejados licores o saboreando exquisitos manjares; durmiendo a ronquido suelto o charlando con vecinos de asiento. Sólo papá e hija permanecían cabizbajos empuñando en manos derechas sendas sencillas camándulas o rosarios, y murmurando en voz baja múltiples padrenuestros, avemarías, credos y letanías en latín, correspondientes a varios misterios del rosario. Suspendían oraciones sólo para tomar agua, algún necesario alimento o mínima siesta en esa larga ruta donde husos horarios se trastornan. De inmediato, al arribar a Nueva Delhi, abordaron otro avión (vuelo interno) con destino a ciudad Calcuta, situada en costas nórdicas del Golfo de Bengala, fronteras con Bangladesh. Tal viaje interno duró 4hrs. Pisaron tierra donde tiene sentadas sus reales la famosa monja albanesa o macedónica: diminuta madre Teresa de Calcuta. Señorita odontóloga dominaba el idioma inglés casi a perfección, por lo cual no hubo mayores dificultades para darse a entender con agentes migratorios ni con taxista contratado para llevarles hasta dirección postal de doña Esperanza. Pagado en rupias el precio de la carrera, más generosa propina al taxista, accionaron aldabón-timbre centenario del portón en convento localizado sobre dirección de antemano conocida por ellos. Una joven mujer con cabeza coronada por manto blanco con rayas oscuras, salió a recibirles. Se identificaron resumiendo razón de esa visita. Tal joven novicia portera les hizo pasar a sala de espera. Era verano hindú. Termómetros marcaban 40º C a la sombra. Calor era desesperante. Pasada media hora de espera, apareció otra mujer de mediana edad con similar vestimenta al de la recepcionista; pero ésta hablaba español perfecto. Al identificarse dijo ser suramericana de Venezuela. Escuchó con atención a ambos forasteros. En seguida dijo:
        —Madre Esperanza de la Paz, cuyo nombre no ha sido cambiado en este convento, por ahora no se encuentra entre nosotras. Ella pidió ser destacada hasta un suburbio más miserable de tantos existentes en Calcuta, a 110kms desde aquí. Sin embargo, sólo nuestra superiora, Madre Teresa, puede ordenar su regreso. Vuelvan dentro de 6 días, porque nuestra superiora, por orden médica, está recluida en lejano sanatorio a causa de neumonía sufrida hace 2 semanas. Está en período de recuperación satisfactoria. Cuarentena médica terminará en la fecha señalada por esta vuestra servidora.
       
Ni modo. Se hospedaron en hotel tres estrellas, similar a más lujosos capitalinos salvadoreños. Ahí esperaron el breve, para ellos largo tiempo. Llegada tal fecha y hora señalada, volvieron a tocar el aldabón-timbre del convento. Esta vez sí fueron pasados al humilde aposento de Madre Superiora, quien ya estaba enterada de tal problemática matrimonial. Con palabras suaves, más idioma castellano casi perfecto, habló:
        —Bienvenidos a esta casa de nuestro Señor. Conozco a grandes rasgos vuestra desesperación. Espíritu Santo, en sueños míos, ha ordenado atenderles para tratar de solucionar este problema vuestro que desde cuando lo supe lo hice mío.  Hermana Esperanza de la Paz, prosiguió dignísima Premio Nobel con natural humildad no tenida por 99% de dirigentes religiosos de todos los credos, quienes exigen en nombre de sus dioses, mayores y menores, ser “venerados” entregándoles 10% de tan raquíticos ingresos mensuales de sus tímidas o supersticiosas feligresías—: es una de las joyas más valiosas de nuestro Señor; pues está entregada en cuerpo y alma al servicio de  parias más intocables de esta sociedad hindú no cristiana. No importan creencias. Sólo importa el Ser humano desvalido hecho, en todos los continentes, a imagen y semejanza del Altísimo; tampoco importa con qué nombre se le invoque al Altísimo. Ya haré venir a sor Esperanza. No podré imponerle mis ideas al respecto. Ella, sólo ella, decidirá lo conveniente.
       
Después de breves minutos de espera apareció doña Esperanza de la Paz Guerrero de Galán siempre elegante, más bella; pues auténtica belleza reside en el alma, menos morena, reflexiva y en pleno goce de su edad sazona. Hizo reverencia dirigida a Madre Teresa. De inmediato, sin respetar hábito religioso, se abalanzó para abrazar al esposo e hija de ambos. Lloraron los cinco, incluyendo a humildísima Premio Nobel de la Paz 1979. Doña Esperanza, con voz entrecortada se expresó:
        —Esposo mío: yo te creía difunto. Hija de mis entrañas: no sé qué más decir… —y prorrumpió otra vez en llanto—. Todos guardaron reverente silencio. Llanto volvió a contagiar a aquellos dos seres queridos. Iluminada superiora religiosa católica abandonó su aposento dejando solos a llorosos tres peregrinos. Controversial marido dijo en seguida:
        —Querida y adorada esposa mía: en ningún idioma existen palabras para expresar el inmenso amor profesado por mí para contigo. Por muchos años he meditado. He concluido aceptando toda mi pasada irresponsabilidad. Mi falta de verdadera hombría fue única causa de nuestra zozobra. ¡Soy culpable absoluto! Frente a nuestra hija mayor como testigo, vengo a pedirte perdón y a suplicarte volver a El Salvador para reiniciar auténtica y eterna armonía.
        Sor Guerrero permanecía erguida, cabizbaja y pensativa. La hija terció y dijo:
        —Sí, madre del alma: mi padre es muy sincero en sus palabras. Mi padre ha cambiado en 180º desde cuando conoció a otra gran mujer: Señorita doctora María de las Mercedes Serrano Delgado. Esa señorita lo ha hecho meditar sobre el genuino valor de todo ser humano sin importar sexo, razas, credos, o condiciones socio-económicas. Muy bien ha comprendido: nosotras, mujeres, somos tan o más valiosas que millones y millones de hombres. Este su esposo es otra persona desde hace más de ocho años. Perdónelo madre mía. Vuelva con él a nuestra diminuta patria.
       
—Es un dilema terrible entre lo humano y divino, acotó la monja quezalteca con su vista fijada al piso, y estertores pectorales tratando de evitar otro acceso más de llanto. Continuó—: He hecho votos perpetuos. Mi presente y futura vida está y estará consagrada al auxilio efectivo de los más menesterosos de este planeta. Por eso, queridos míos, déjenme consultarlo más despacio con Madre Superiora, pues Dios habla valiéndose de esa laringe; además, por medio de mi sacerdote confesor. Sólo así yo podría optar por lo correcto. 10 días serán suficientes para recibir y analizar el soplo del Espíritu Santo; mientras tú, ¡Próspero!: junto conmigo en ese mismo lapso, invoca la sabiduría divina para poder encontrar calma en nuestras conciencias.
       
        Por más de una hora charlaron sobre ése y otros temas familiares. Pasado tan corto tiempo se hizo presente la sor venezolana para indicarles finalización de visita. La dentista retornó al Valle del Nopal, Culebra y Águila, pues sus obligaciones académicas como catedrática en Facultad de Odontología en Universidad Autónoma de México, —UNAM—, así lo requerían; además de compromisos profesionales privados. El esperanzado esposo se quedó solitario en cuartito tres estrellas. Nuestro mundo actual se ha vuelto pequeñísimo: al segundo día de soledad conoció, para hacer amistad, al cónsul cubano en Calcuta. Éste lo invitó a compartir su humilde morada oficial, privada, en un suburbio medio residencial de dicha ciudad. Galán Burgos dejó de pagar tan caro hotel. Dinerito ahorrado lo ocupó llevando diarios comestibles, utensilios caseros, adornos de sala y más vituallas al hogar del mencionado cónsul. Tal funcionario cubano y esposa de éste se enteraron de la problemática por labios del principal protagonista. Fueron efectivos sándalos para sus heridas anímicas.         
                                       * * * * *
        Pasados diez días preestablecidos por dubitativa señora-monja, inquieto corte de “pato bravo” y sus nuevos amigos cubanos se presentaron al portón conventual ya descrito. Diminuta monja albanesa o macedónica, junto con monjita quezalteca, les estaban esperando. Fue gran desconcierto para religiosa mayor, y para religiosa menor fue aún más grande, al advertir ausencia de señorita doctora Lupita, sustituida por pareja cubana. Galán, —como en sus mejores tiempos de comerciante vendiendo oropeles y “chacaleles”, con palabrerío cantinflesco o “entuturador”—, hizo rápida y bien hilvanada presentación de aquellos cubanos desconocidos. Dichas asombradas religiosas volvieron a ponerse en calma. Referente al tema principal, ex aficionado a mariachis retomó la palabra:
        —Mi reverenda Madre Teresita, mi reverenda querida esposita: 10 días han pasado. Mi ser ha llegado a conclusión: tu sabia decisión ha sido correcta. Yo también deseo servir a nuestro Diosito. Por eso pido a Usted, Premio Nobel de Paz 1979, permita incorporarme al servicio humanitario; pero en este mismo convento.
       
Venerable protectora de miserables budistas o confucionistas, por poco sufre  ictus apopléjico; llevándose manos a sienes frunció el entrecejo. La calmada sor centroamericana, previniendo peligroso desplome de la santa, se había colocado a sus mínimas espaldas a modo de evitar posible traumatismo craneal al sufrir desmayo. La famosa sierva de Dios no se desmayó.  Fregándose ojos para mejorar visión después del pasajero mareo, recuperó debida compostura para dirigir palabras al osado varón:
        —No, mi respetable señor Galán Burgos, no. En este convento sólo admitimos a señoras o señoritas en verdad deseosas de servir al prójimo abandonado por esta indolente sociedad atea, aun cuando con cinismo (no el filosófico) esa misma hipócrita sociedad dice ser creyente; mas, falsos cristianos o cristeros de su Latinoamérica, desde hace 500 años están robando y esquilmando a pacíficas razas aborígenes… Nosotras servimos en nombre de nuestro Señor Jesucristo y de Jehová su divino Padre. Usted, aunque yo quisiera, jamás podrá ingresar a nuestra comunidad; sin embargo, para satisfacer sus sanos y humanitarios pensamientos, ahora mismo le haré una carta de presentación recomendándolo con nuestro arzobispo: monseñor Rajib Tagore,  santo sacerdote paulino cuya orden está establecida en todo el mundo, igual que nosotras. Estoy segurísima de su aceptación. Ahora bien: si hermana Esperanza de la Paz Guerrero Flores desea regresar a sus obligaciones hogareñas en Centroamérica, esta congregación no tiene alguna objeción; pues santo sacramento del matrimonio no desaparece al estar vivos ambos cónyuges. Su digna esposa fue recibida entre nosotras porque ella fue categórica al afirmarnos su viudez.
       
El ex capitán guerrillero salvadoreño tartamudeando retomó la palabra:
        —No, no, no, re, re, reverenda Madre. No querida esposa mía. Yo no he venido a causar mayores problemas a mi Pelanchita. Tomo por testigos a Dios y a esta pareja de amigos cubanos. Sólo deseo paz en nuestro planeta y conversión de almas perversas causantes de tanta injusticia, tal cual fue la mía. Entusiasmado acepto la carta de recomendación firmada por Usted para obispo Tagore.
        —Vuelva mañana temprano. Ahora redactaré y firmaré esa misiva. Mañana estará lista—, dijo la noble albanesa o macedónica.
       
Anfitriones diplomáticos antillanos y él llegaron a casa. A fin de celebrar  aparente buen camino del súbito aspirante a religioso, el cónsul ofreció brindis con ron Partagás 18 años, ron ofrecido en recepciones de Embajada Cubana en Nueva Delhi; al mismo tiempo, largo y exquisito tabaco Cohíba, —esas delicias son las preferidas por el Doctor, Prócer, Filósofo y Sabio: Don Fidel Castro Ruz—; pero el regenerado hombrecillo mundano los declinó prefiriendo retirarse a su habitación para orar y descansar.
                                       *****
        Rajib Tagore leyó y releyó despacio la comunicación enviada por la diminuta. De inmediato, con defectuoso idioma inglés, dijo:
        —Vos ser americano, hijo de agresores del Vietnam. Vos ser guerrero arrepentido y humillado por tremenda derrota infligida a cara pálida allá en ciudad Ho Chi Minh; paliza proporcionada por raza amarilla, quienes sólo contaban con armamento primitivo, jajajajajá. Vos ser tigre de papel, tal cual les calificara el difunto Mao Tse Thung, fundador de moderna China Continental. Vos ser nieto del Truman, genocida nuclear de Hiroshima y Nagasaki, vos ser…
       
En este punto, cónsul cubano acompañante, ante estupefacción del amigo no “guanaco”, —pues auténticos guanacos son cobardes—, interrumpió al prelado. En perfecto idioma hindú, a éste explicó procedencia latinoamericana del aspirante a cura paulino. Con esa satisfactoria explicación, monseñor Tagore suspendió diatriba o loga volviéndose amistoso al darle fortísimo apretón de manos con discreto abrazo al descendiente, en segunda generación, de aquel marino raso inglés apodado “Fosforón”. El diplomático cubano continuó sirviendo de intérprete del hindú al castellano y viceversa. Conversación del Fosforón II con obispo continuó. Tagore buscó otro flanco débil en tan desorientado aspirante, sin duda puesto en autos por aquella monja piadosa. Tal filípica tomó otro rumbo:
        Usted es seglar. Usted no conoce, ni en superficialidad, la vida de los hombres quienes desde su más tierna juventud nos hemos entregado al servicio de Dios. Usted es esposo frustrado, insincero, tratando de recuperarla para en seguida volver a mismos desmanes del ayer. Usted carece de verdadera vocación religiosa; además, ya está muy viejo para solicitar inmaculada sotana. No creo que haya olvidado sus manías sexuales, excesos alcohólicos, dependencia de anfetaminas y otras malas costumbres no venidas al caso, por ahora.
       
El intérprete, con alguna posibilidad, no tradujo al pie de la letra para no causar más humillación a su desconcertado amigo. Galán Burgos se defendió así:      
        —No, respetable señor arzobispo: vuestra excelencia está muy equivocada. Su señoría habla sin conocimiento profundo de causa. En este momento, me apena decirlo: el señor arzobispo está siendo abogado apoderado del diablo. Por eso yo no lo culpo; pues su señoría está obligada a defender la fe incluso con errores que siempre son involuntarios; pero yo, con mi súper mayoría de edad y en pleno uso de razón normal a Usted digo: quiero ser consagrado por mi religión en el servicio de Dios a través del auxilio a Seres más necesitados. Sé a perfección de mi nada; pero de esta mi nada deseo entregar últimos días, así como mi esposa con sabiduría lo está haciendo. Servir a Dios socorriendo a pobres y abandonados de esta Tierra, es inspiración nacida de mi desgracia pasada y presente. Si hubiese necesitados en: satélite Luna, Marte, Júpiter, Venus o en cualesquiera otras partes del universo, hasta ahí desearía llegar yo cual apóstol de Jesucristo.
       
Cubano traductor y arzobispo hindú se quedaron perplejos con inesperada respuesta del ex guerrillero centroamericano; mientras don Próspero, sin faltar al respeto al alto prelado, temblaba, tartamudeaba, se helaba, se calentaba, enmudecía y tiritaba ante el desprecio manifestado por el cura insolente. El diplomático cubano lo llevó hasta iglesia luterana de Calcuta. En ella, el obispo luterano: Rabindranath Das Gupta, le escuchó con paciencia del Job mitológico. Al final le recomendó acudir a congregación jesuita de Nueva Delhi; pues él, don Próspero, no podía abjurar de su fe católica. Así se hizo. Jesuitas hindúes, entre quienes había muchos: españoles, mejicanos, ingleses, gringos, portugueses, italianos,  etcétera, lo acogieron con amor filial aquellos curas de mayor edad, y fraternal los de camada similar; pero había un pero (siempre hay pero): él no sabía  nada del idioma ni de dialectos hindúes; entonces, un jesuita español, gran amigo de: Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró y de los López, sugirió que al señor Galán se le transfiriera como alumno al seminario menor de Isla Luzón, en archipiélago filipino. El todavía rebelde don Próspero protestó argumentando que allá en El Salvador perteneció a: Guardia del Santísimo, Cofradía del Santo Entierro, Terciarios Franciscano y Caballeros de Cristo Rey, —esta última entidad formada y manejada con fines político-electoreros fraudulentos por obispo vicentino Pedro Arnoldo Aparicio Quintanilla, alias: “Tamagás”—; pero que nunca había sido relegado a planos inferiores; sin embargo, fingiendo resignación cristiana aceptó. Estricta dirigencia jesuita optó por recibirle enviándolo directo hasta ciudad Quezón, siempre en archipiélago mencionado, donde aprendería, además del idioma español: inglés, francés y principales dialectos hablados en Sudeste Asiático, y aceptar como dios menor a san Ignacio de Loyola.

Don Próspero no encajó con disciplina académica jesuita. Tres meses más tarde se encontraba de regreso en el Dedo Meñique centroamericano: El Salvador. Visitó el colegio tecleño en busca del sacerdote salesiano Manzana; mas, allí le informaron sobre la ausencia de éste, remitiéndolo hasta ciudad de Guatemala; pues hasta allá había sido trasladado tal religioso. Partió hasta allá. Encontrado el presbítero Manzana, en seguida del saludo y haberle narrado calvario de su peregrinar, éste le dijo:
—Muy bien señor Galán, muy bien: multo bene tal cual decimos allá en mi lejana Italia. Nosotros no podemos admitirle como aspirante a sacerdote; pero sí lo podemos admitir como aspirante a coadjutor.
— ¿Qué es eso?—, preguntó don Próspero sin poder ocultar crasa ignorancia con respecto a congregación salesiana quienes, después de san Juan Bosco, dios menor, de san Domingo Savio, diosito párvulo, de santa María Goretti, diosita con muñecas; y de todos los secretarios regionales y mundiales, siguen los sacerdotes. En el rincón o último lugar, están frustrados aspirantes a sacerdotes pero quienes carecieron del valor suficiente para enfrentarse solos contra diablo cotidiano de nosotros mismos. Esta ignorancia demostraba nula atención de este padre de familia cuando su hijito estudió interno en ese colegio salesiano. Sorprendido, Manzana le instruyó:  
—Es vida consagrada de un seglar a la causa de nuestro dios menor, san Juan Bosco, dijo Manzana con inmenso orgullo de salesianos quienes piensan: después de Jesucristo en esta Tierra, sigue don Bosco al mando—: Usted, pasados algunos meses de entrenamiento será asignado a algún oratorio festivo, a un comedor de mamá Margarita (madre de Don Bosco) o a cualquier colegio de nuestra congregación en Centroamérica. Usted, siendo coadjutor tendrá misma vida espiritual de un sacerdote, también tendrá mismas obligaciones. La diferencia estribará en que Usted no podrá celebrar santa misa, ni administrar sagrados sacramentos, mucho menos recibir la confesión de nadie, en especial de señoritas díscolas o tentadoras hasta con ancianos; pero la vida de asceta, de abstinencia sexual y de obediencia ciega es igual. Pero primero vaya continuó Manzana tratando de ocultar la tragedia de ese hogar quezalteco ya conocida por él en boca del joven Prosperito a poner en orden tantas cosas mundanas pendientes. Después de haber liquidado sus bienes terrenales a favor de sus hijos, o de instituciones caritativas cristianas, regrese para iniciar preparación adecuada aquí en Guatemala.
C O N T I N U A R Á