H E
R E R
E J Í
A S
Por Ramón F Chávez Cañas
Trigésima cuarta entrega
CCXXVIII
Un tal don José María/
Escrivá de Balaguer
allá por año veintiocho/ del
difunto siglo veinte
funda una congregación/ para
cristero demente,
cuyo nombre es “Opus Dei”/
con ideas de ofender
al Inmenso Universal,/
Omnipotente por ser
Dios o dios de Matemáticas,/
de lo frío y lo caliente;
Dios o dios sin una imagen/
ni de animal ni de gente.
Dios o dios siempre sentido/
por su incalculable Ser.
Fue en tiempos de Pío XI, quien firmara aquel tratado
con gobernante italiano,/ o
Tratado de Letrán—;
y de Primo de Rivera,/ otro
español desalmado,
pues el tal José María/ era español
medieval
enamorado hasta orgasmos/
del Franco, mal endiosado,
de Mussolini y de Hitler,/
ambos, Atila del mal.
CCXXIX
Opus Dei de Balaguer/ fue
creado por decadencia
del Ignacio de Loyola,/
aquel sujeto creador
de una cierta compañía/ muy
buena en El Salvador:
Compañía de Jesús/ o
Jesuitas con decencia
desde Vaticano Dos/ de aquel
Papa con clemencia
o Papa Juan Veintitrés,/ quien quiso ser salvador
de la debacle inminente/ de
aquel católico dios.
Desde entonces los Jesuitas/
son filósofos de Ciencia.
Pero Chema Balaguer/ con
cacareado Opus Dei
continuó sobre caminos/ de
oscurantismo cristiano,
volviendo a especular/
cuando Franco destrozó
resistencia tan tenaz/ de la
España del ayer
o del pueblo intelectual,/ pueblo
muy republicano
quien salió hacia el
extranjero/ donde su Saber donó.
CCXXX
Opus Dei está inmiscuido/ en
escándalo bancario
de aquel banco vaticano/ mal
llamado el Ambrosiano.
Por esa misma razón/ último
papa italiano
llamado Albino Luciani/ fue llevado hasta calvario
al ser éste envenenado/ con un digital falsario;
—medicamento precioso/ en
manos del cirujano
o del médico cardiólogo/
cuando lo emplea con sano
criterio de compensar/ a un
corazón estepario.
En el “Código da Vinci”,/ un
libro jamás histórico,
se denigra al Opus Dei/ con
razón exagerada
rayana en aquel lenguaje,/
aquel lenguaje retórico.
Debemos ser respetuosos/ de
la Historia equilibrada.
No nos dejemos llevar/ por
ningún escrito teórico.
Deberemos manejar/ nuestra
idea despejada.
CCXXXI
Todos los santos y santas/
de la iglesia vaticana
aguardan hasta seiscientos/
años de paciente espera
hasta alcanzar los portones/
de aquella gloria en
quimera
y muchos santos no llegan/
ni siquiera a la ventana.
A San Romero de América/ le aplican esa macana
para evitarle acceder/ a tan
codiciada Era
manejada hoy tras telones/
por Opus Dei, cruda fiera.
Óscar
Arnulfo Romero:/ ¡con Opus Dei no hay mañana!;
Pero aquel nazi-fascista:/
el Balaguer, vil creativo,
en menos de dos decenios/
fue llevado a los altares
por primer papa polaco, —as
por tan vil propaganda—.
Este Chema Balaguer,/ cura
cobarde y altivo,
hoy es “san” José María/
clamado en muchos lugares
de tanta extrema derecha/
cristera con mente panda.
CCXXXII
Tal palabra del Jehová/ en
antiguo testamento
se dice ser verbo eterno/
hasta final de finales;
se dice ser “non plus ultra”/ al menos en los panales
de los judeocristianos,/ de
esta humanidad, tormento.
Y la gente occidental/
codiciando el firmamento
quiere ganar ese cielo/ sin
renunciar a los males
que su codicia le ordena;/ presto
sacando puñales
para defender lo hurtado/
cual un perfecto violento.
También por miedo al
infierno/ tantos cristeros impíos
con dolor de su bolsillo/
dan limosna al pordiosero.
Y lo hacen con arrogancia/ o
soberbia manifiesta.
Con tan viles mascaradas/
ellos se vuelven más pillos
al tratar de avergonzar/ al
ilota limosnero
abundante a millonadas/ en
nuestra pobre floresta.
CCXXXIII
Palabras de Jëhová/ quizá
nunca han sido eternas,
pues mismos judeocristianos/
durante veinte centurias
alteran viejos papiros/ y
justifican espurias
conductas contra Natura,
nuestra Madre/ y de
tiernas
criaturas de otros planetas/
y galaxias sempiternas.
Ellos, neoliberales,/
dominados por lujurias
en el mundo occidental/
llegando hasta las injurias
morirán ambicionando,/
viviendo en negras cavernas.
Si tantos siervos del dios/
adorado en Sinaí
tuviesen mucha paciencia/
para escudriñar las biblias
que mil ochocientas sectas/ adulteran
cada día
para seguir estafando/ desde
Roma a Chiriquí
a tanto menso cristero,/
vergüenza de las familias
honestas de este planeta/
con existencia sombría.
CCXXXIV
Si alguna indeterminada/
secta cristera te invita
a escudriñar, para ellos,/
tan zánganas escrituras,
muy pronto comprobarás/ que
en esas burdas lecturas
de tres mil sectas o más,/
tal lectura nunca imita
a escrito greco-romano/
original, según cita
la versión Reyna-Valera/ y
otros doctos de amarguras
que aún pretenden en vano/
meter en tantas oscuras
catacumbas de temores/ a
nuestra mente finita.
Al hojear tales mil biblias/
decoradas hasta en oro
—de acuerdo a capacidades/
de vaticanos y gringos—,
encontraremos mismísimas/
incongruencias y respingos
del monoteísta libro/
sanguinario, sin decoro
embaucador del avaro/ con
mente de hablantín loro
y no de aquellos norteños/
hombres llamados vikingos.
CCXXXV
Tales mil o cuatro mil/
sectas cristeras o más
confundiéndose en sus libros/
se hacen torre de Babel:
uno cita cien versículos,/
otro no puede saber
de qué les hablan o habla,/
volviéndose contumaz
de tanta vil jerigonza/ que
al cuerdo hace vomitar.
El cuerdo nunca ambiciona/
inmerecido poder
ni en la Tierra ni en el
cielo,/ ¡cuerdo no puede joder!
a su prójimo de al frente,/
ni a quien está más allá.
Por ello las religiones,/ al
menos en Occidente,
son una serie o ensartas/
para dominar a gente
pobre o rica, nada importa,/
pero siempre es dominada
por el astuto pastor/ quien con sencilla
jornada,
desde al más rudo ladrón/
hasta al pobre más demente,
mete mano en los bolsillos/ de gran masa
hipnotizada.
C
O N T I N U A R Á