Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

viernes, 20 de mayo de 2011

La casona de los Molina

                  L A   C A S O N A    D E   L O S   M O L I N A
                              Por Ramón F Chávez Cañas

            Ocupaba cierta superficie central de 2,500M2, equivalente a ¼  de hectárea o a 3,000V2. Este caserón estaba construido en barrio “El Centro” del multi-centenario Pueblito (precolombino). Cimentado casi al frente del hogar Chávez-Cañas, 10mtrs al sur, calle de por medio. En enorme traspatio funcionaba corral bovino de ordeño; también caballeriza. Tal casona quizá había sido construida a mediados del siglo XVIII. En ella nació, creció y envejeció, hasta morir en primeras décadas del siglo XX (1916) el famoso, a nivel local, General de División Don Carlos Federico Molina I, quien combatió contra ejército guatemalteco en batalla de Coatepeque, 1863, (El Salvador). La heredó, para habitarla, doña Juanita Molina de Ayala, hija del general. Ésta testó a nombre de don Carlos Federico Molina II† quien, cuidando a sus ancianos padres junto con su esposa e hijitos, la habitaron. Molina II fue esposo de elegante dama unionense: doña Pachula Ventura de Molina. Esta señora falleció de parto habiendo dejado en orfandad materna a tres preciosas nenas y a inteligente niño: Carlitos Federico Molina III.
            
             Fue casona elegante: alta, bien ventilada, paredes de gruesos adobes, extensos corredores interiores, artesones de maderas nobles, techumbres de arcilla vieja, pisos de también arcilla fina; corredores alfombrados con gigantescas conchas de la variedad “cascos de burro” traídas, poco a poco, por don Carlos Federico II desde puerto Cutuco, La Unión, cuando él era alto ejecutivo portuario en ferrocarriles IRCA. —Doña Pachula, joven malograda esposa, nació en esa comarca—. Patio central, además del vergel florido, tenía en medio un frondoso árbol de níspero. Inmenso solar hacía frente con dos calles o avenidas. Terremoto enerino de 2001 le rompió espinazos y desniveló de muerte a patas paquidérmicas de tan bella mansión anciana. Ahora sólo sobrevive fantástico árbol de níspero rodeado por tupida maleza; pues desde mucho antes del citado movimiento telúrico destructivo, casona había sido abandonada por causa principal de la guerra civil. Nunca fue dada en alquiler. Siempre estuvo vacía, habitada por murciélagos e iguanas jiotes, esperando, en vano, ser ocupada por nuevas generaciones del General de División quienes, en gran mayoría viven en Área Metropolitana de San Salvador, o en Puerto La Unión. Al mirar el presente evocando el pasado, con  nudo en garganta y cerebro obnubilado, cualquier pluma (bolígrafo), computadora o desfasada máquina de escribir, se sienten incompetentes para continuar escribiendo.
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              Del matrimonio Molina-Ventura nació niña Hildita†, pronto señorita; después, señora de Jiménez†. Desde matrimonio a tempranos 15 abriles vivió en San Salvador. Esta belleza pueblerina tecoluquense recibió primera comunión junto con este auto apodado “escribidor”. A 10 años, con vestimenta inmaculada, mejillas nacaradas y rasgos generales de princesita en cuentos de hadas, atrajo miradas hasta de ciegos o miopes. Falleció en plena segunda juventud, tal vez por neoplasia. Feneció, —gracias a Dios—, mucho antes de enfrentarse a tragedia desgarradora sufrida por su familia, por toda Tecoluca, por todo El Salvador y por toda nuestra Humanidad cuando, en  playa marina del litoral salvadoreño (Costa del Sol), fue, con salvajismo demoníaco, violada, escarnecida y asesinada, su nietecita de escasas nueve navidades: KATIA “Marulanda” JIMÉNEZ (Marulanda es menos indigno que verdadero apellido paterno). Este asqueroso crimen ha quedado en impunidad; pues sospechosos asesinos, cercanos parientes paternos (abuelo y padre) de niñita KATIA MÁRTIR, amparados en subterfugios e ilegalidades de inhumanos abogados defensores, con complicidad del ilegítimo aparato estatal, han logrado, hasta ahora, evadir castigo para lógicos malhechores. Acongojada madre de niñita KATIA JIMÉNEZ, Hilda María Jiménez Molina, —ésta, hija y retrato vivo de difunta Hildita Molina Ventura de Jiménez—, debió buscar apresurado refugio en el extranjero, evitando así ser víctima mortal de escuadrones derechistas del diablo enquistados en, y protegidos por extremas derechas salvadoreñas. Doctor Tito Jiménez, abuelito materno de Niñita KATIA, falleció en forma prematura por profunda depresión al sentirse impotente para reclamar y obtener pronta y cumplida justicia de  tantas descaradas, puñeteras y parcializadas instancias “guanacas” (cobardes o contumaces). Predio solitario tecoluquense también continúa llorando por violación, escarnio y asesinato de NIÑITA KATIA, dos veces tataranieta del General de División Don Carlos Federico Molina I.
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               En diciembre 08 de 1934, reciente matrimonio Molina-Ventura, entre otros, apadrinó en  iglesia católica al naciente hogar Chávez-Cañas; pues vecindad de hogar Molina con familia Chávez les hacía quererse con respeto cual hermanos; aunque algunas veces, por motivos políticos electoreros, don Ramón Francisco Chávez II con don Carlos Federico Molina II se contrapunteaban sin llegar a faltarse el debido respeto. Estos incidentes sucedían después de la fecha citada; pues don Moncho II toda la vida fue opositor a regímenes absolutistas castrenses (militarismo). Pasaban hasta varios meses sin dirigirse palabras; no obstante, ni uno ni otro influyeron en forma negativa sobre amistad entre esposas respectivas, mucho menos entre las dos camadas infantiles. 

             Ancianita doña Juanita, con don Felipe de Jesús Ayala, —segundo esposo—, e hija de ambos: doña Carmela Ayala Molina de Vela, eran un primor cuando nacía otro vástago Chávez-Cañas, llevándole múltiples regalos. Doña Carmela Ayala de Vela, en especial, muy a menudo llegaba a bañar al recién nacido. Después de bañarlo con jabón Rosa Corona lo “aperjumaba” con agua de florida de cierta marca publicitada en Almanaque Bristol. Jabón y perfume eran regalados por ella. Don Felipe de Jesús Ayala (Papa Lipe), idóneo en Farmacia, cada año, entre enero y febrero, preparaba la famosa por nauseabunda mal recordada “Toma de lombrices” para todos y cada uno de menorcitos integrantes de tales dos familias; pues Papa Lipe era propietario de Farmacia El Carmen, establecida en sala comercial del añoso caserón. Don Carlos Federico II, cuando fue ejecutivo portuario ferrocarrilero en Cutuco, La Unión, cada dos semanas regresaba por tres días para recrearse con su creciente y noble familia. Casi siempre engendraba uno más. Infaltable carreta de bueyes iba a encuentro hasta estación Tehuacán. Tras carreta,  hermoso alazán ensillado caminaba listo para ser montado por caballero pasajero venido del extremo oriente del minúsculo país. El carretero, con otro ayudante, rápidos bajaban del vagón ferrocarrilero cuatro costales o redes repletos con “cascos de burro”: gigantesco molusco marino delicioso al comerlo con limón, salsa inglesa u otros aderezos. Es bocado favorito para bebedores de cerveza. Don Carlos Federico II, a todo vecino y amigos regalaba tan paradisíaco manjar marino, rogándole a beneficiados devolverle enormes conchas, porque él las usaba para alfombrar patios, corredores, cocina, caballeriza y establo de multi-centenaria mansión, fijándolas con mezcla de albañilería. No terminó de alfombrar inmensas áreas proyectadas. Para atender diversas actividades agro-ganaderas de anciana madre, dicho ejecutivo portuario renunció al cargo, dedicándose por completo al cuidado de progenitora, de Papa Lipe (padrastro excelente) y de su dulce hogar. Fue en este período cuando murió de parto la joven guapa señora Pachula Ventura de Molina: mujer blanca rosada alabastrina, con discretas pecas en pómulos, de cabellera castaña, larga hasta abajo de anchas caderas; con busto exuberante sin llegar al degenere, y con gran sentido de amistad cooperativa y desinteresada.
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          En plenilunios veraniegos tropicales, doña Juanita con Papa Lipe eran anfitriones de numerosos familiares y vecinos quienes, además de disfrutar del paisaje celeste con majestuosa "moneda gigante" en ascenso, gozaban al máximo escuchando o cantando tonadas modernas en esos inenarrables tiempos, acompañándose de violines, guitarras, mandolinas, contrabajos, acordeones u, oyendo el vibrante gangoso de vieja victrola —nueva en esos tiempos— funcionando por cuerda manual, tocando discos de carbón, ahora arcaicos, accionados por aguja acerada, la cual sólo servía para tocar tres veces porque luego quedaba roma. Destino final de estos aceros eran los tacones del calzado masculino. En noches oscuras, maliciosos muchachos se daban el lujo de echar chispas al frotar tales tacones contra piedras o lajas de vía pública. Siendo niño de siete años quien esto relata, también gozaba sacándole chispas al enlajado de la acera exterior en su hogar.

              En ese primitivo aparato fonógrafo, aquellos dichosos jóvenes y no tan jóvenes adultos escuchaban, bailando, al argentino-uruguayo-francés: Carlos Gardel o “Zorzal Criollo”, a Lorenzo Barcelata, a José Mujica, a Enrico Caruso, a Alfonso Ortiz Tirado, entre otros. Doña Juanita, al platicar con sus huéspedes, no prestaba la guitarra a nadie, mucho menos a Papa Lipe, su exagerado por calmado esposo a quien, ella, tratando de ponerle su palma o dedos respectivos sobre labios, procuraba callarlo diciéndole: “¡Cállate, Felipe, tú no sabes nada de lo que estamos hablando!”. Inquieta anciana menudita cual gnomo fabuloso, se asfixiaba pretendiendo aspirar oxigeno al máximo volumen para continuar deleitando con agradable palabrerío o cháchara a tan distinguida concurrencia. Mientras tanto, chicuelos de ambas casas, incluyendo a este narrador, sumándose a menudos niños Ayala-Castro, —otros vecinos magnánimos de las tantas veces mencionadas familias, sin ser parientes de hogar Ayala-Molina—, se divertían de maravillas con numerosos juegos infantiles hasta cuando, llegadas 09:00pm, cada chiquitín se despedía buscando  su respectiva casa y cama. Adultos esperaban el cenit. Iniciado descenso lunar, también ellos buscaban su aposento. Esto se repetía cada año durante tres o cuatro noches en veraniegos meses despejados (diciembre, enero, febrero, ¿marzo?), cuando Luna llena era formidable, sirviéndole de infinito manto el virginal azul del firmamento.
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              Además de bellísima Hildita Molina Ventura de Jiménez, —madre de Hilda María Jiménez de “Marulanda”, la exiliada, (perdónennos por repetir); y abuelita de Niñita KATIA, MÁRTIR—; además del apuesto varoncito Carlitos Federico III, había otras dos hermanitas: Glorita, calcada a imagen y semejanza de doña Pachula, difunta madre por parto, y Pimpita: idéntica a doña Juanita abuela; pero sólo en lo físico, pues Pimpita es parca en el hablar.
                                              marzo 05 de 2007.-

martes, 17 de mayo de 2011

Beatificación


           B E A T I F I C A C I Ó N
                      Escribe: Francis Fanci

      ¿Por qué el Vaticano beatifica a Juan Pablo II? ¿Será en desagravio por lo que le hicieron sufrir paseándolo y exhibiéndolo sujeto por un corsé para que no se doblara el cuerpo enfermo cuando se quedaba dormido durante las misas y le impidieron realizar su deseo de retirarse a un convento mariano para pasar allí sus últimos días?

      ¿Cómo puede medirse la beatitud? Recuerdo haber visto publicada una fotografía de Juan Pablo II al lado de Augusto Pinochet asomándose al balcón del palacio de la Moneda.
     
      El texto de la misiva papal con motivo de las bodas de oro del general es el siguiente: Al General Augusto Pinochet Herrarte  y a su distinguida esposa Señora Lucía Hiriarte de Pinochet, con ocasión de sus bodas de oro matrimoniales y como ‘prenda de abundantes  gracias divinas’, con gran placer imparto, como también a sus hijos y nietos, una bendición apostólica ‘especial’”.

      Algunas de las decisiones "especiales" del pontífice: confirmó a Monseñor Paul Marcinkus en la cúpula de la banca papal para utilizar sus recursos, alentar la causa polaca y financiar al partido solidaridad.  En 1995, el Ing. Joseph Hartman acusó al Arzobispo Herman Groer de abuso sexual cuando Hartman tenía 14 años de edad y estaba interno en el seminario de Hollambrum; muchos ex seminaristas se unieron a la denuncia y expusieron sus abusos; Wojtyla apoyó incondicionalmente al Obispo Groer y lo confirmó en la presidencia de la Conferencia Episcopal Austríaca. La madre de Cedric Tornay, miembro de la Guardia Suiza, muerto en circunstancias muy oscuras, escribió hasta su muerte desesperadas cartas a Juan Pablo II suplicándole investigar y esclarecer la muerte de su hijo y el “santo padre” simplemente la ignoró. Cuando el Padre Ernesto Cardenal se arrodilló para saludar al Pontífice, éste iracundo le increpó: “¡Ponga en orden su situación con la Iglesia!”; mientras hacía con un dedo un gesto amenazador. Después de mucho suplicar y esperar, Monseñor Romero al fin fue recibido por el papa en breve audiencia. Romero llevaba los documentos probatorios de lo que sucedía en el país, incluyendo lo referente a la muerte del Padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes catequistas. Wojtyla le dijo a nuestro Pastor: “No me traiga demasiados papeles, no tengo tiempo para leerlos; además, trate de estar de acurdo con el gobierno”.

Monseñor salió de la audiencia muy triste: “El Papa no me ha entendido, no puede entender porque El Salvador no es Polonia”, dijo conmocionado. Fue Juan Pablo II quien excluyó a Monseñor Romero de la lista de los merecedores de beatificación y por presión agregó IN EXTREMIS. Y ahora, uno de ellos es “Beato” y el otro: SIEMPRE FUE UN SANTO.
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Tomado de Diario Co-Latino, salvadoreño, en martes 17 de mayo en 2011. Negritas, entrecomillados y subrayados, son de Anastasio Aquisí.

domingo, 15 de mayo de 2011

Don Silvestre Cornejo

                             DON SILVESTRE CORNEJO
                      Por Ramón F Chávez Cañas

 Éste era anciano de la 5ta edad, pues con creces había superado el centenario. Murió el día de haber cumplido 118 inviernos. Falleció con olor a santidad no religiosa. Era originario de San Pablo Tacachico; pero avecindado en ciudad Quezaltepeque desde su primera juventud (22 años), tales poblaciones situadas al norte en departamento La Liberad, El Salvador, Centroamérica. Fue anciano alto rondando 02mts; espigado, delgado, nunca curcucho, ni petacudo ni jorobado; anatomía craneal pequeña en relación a su estampa; su cara fina de europeo alemán hacía juego con volumen craniano; blanco-ladino e inteligente. Demencia senil (Alzheimer) y temblor degenerativo (Parkinson), jamás estuvieron presentes, ni al momento de su deceso (1982). Usaba sombreros de pelo o fieltro: uno: gris-rata vieja; otro: café antiguo algo desteñido. Anteojos, por ser miope, parecían culos de botella vinatera montados en aros de grueso carey. Dentadura estaba ausente, excepto por dos incisivos superiores amarillentos debido a nicotina,  protuberantes como en cotuzas, por lo cual no hacían contacto con encías inferiores. Estos dientes más bien parecían incisivos de un conejo de tiras cómicas, o solitario número 11. Era de poco hablar, pausado cuando fuese menester. Siempre estaba vistiendo saco sin corbata. El botón superior de la camisa nunca estuvo afuera del ojal correspondiente. Tres jóvenes bisnietas o tataranietas lo cuidaban cual reliquia religiosa. Cada tarde calurosa o fría, cuando pared exterior de su hogar proyectaba una amplia sombra sobre la empedrada calle, ellas sacaban a espaciosa acera externa una vetusta silla mecedora enjuncada, donde el maravilloso anciano miope se entretenía mirando pasar a pocos transeúntes o conversando con alguno de los mismos. Había un numeroso grupo de jóvenes adultos admiradores de él, en su mayoría estudiantes universitarios; unos pocos eran doctorados. Entre los primeros se encontraba el joven bachiller Napoleón Quesada Coto (Napito†), estudiante de Derecho Internacional en Universidad de El Salvador. Con mucha frecuencia estos jóvenes caballeros llegaban hasta silla mecedora del andén público. Durante varias horas platicaban discutiendo con Matusalén Cornejo, hasta cuando éste, medio enfadado o aburrido, con cortesía les mandaba al carajo. El interlocutor más apremiante era Napito, quien lo interrogaba:
Don Silvestre, ¿en qué año nació? ¿En qué año llegó a esta ciudad quezalteca, y por qué?
            Nací en 1864. Un año después de haber sido fusilado el llamado capitán general Gerardo Barrios; pero, según contaba el sabio por viejo, doctor Miguel Ángel Gallardo, ─médico suchitotense domiciliado en la entonces fresca Santa Tecla─, este capitán general era un dechado de vulgaridad prepotente. Ambicionaba, sin ideología, el poder absoluto, disputándoselo al otro ambicioso llamado Francisco Dueñas, también burro patas arriba, ladrón. Éste, rompiendo la palabra de honor dada a Tomás Martínez, presidente nicaragüense, quien había capturado a Barrios; el 29 de agosto de 1863 fue asesinado-fusilado al pie de una frondosa y centenaria ceiba frente al cementerio general de San Salvador. En 1886 me radiqué en esta linda ciudad. Aquí me casé. Me vine huyéndole a una mujer cuarentona... (¡¿…?!)... ¡No sean mal pensados! La homosexualidad jamás ha pasado por mi mente. Esa mujer me acosaba insistente. En dos ocasiones intentó violarme. No acepté. Entonces me amenazó de muerte por medio de  sicarios... (¿…?)… No. No era fea; más bien era elegante. Cuando leo “La casada infiel” de García Lorca, recuerdo ancas de nácar y muslos de esa lujuriosa potranca cuarentona. Ella, a 14 abriles, contrajo matrimonio por primera vez; al cumplir 35 había enviudado por 4ta ocasión. Todo el conglomerado de Tacachico la acusaba de tener “bazo blanco”. Yo no quería ser 5ta víctima. También era señalada de ser muy ardiente por padecer furor vaginal o de clítoris; pues los maridos y esposos terminaban disecados, presentando toses crónicas con gargajos sanguinolentos... (¿…?)... Sí. En mi adolescencia tuve media docena de novias; pero no se pasó a más... (¿…?)… Bueno: la naturaleza sexual de esas edades yo las mitigaba con tiernas matas de huerta, cabras, jolotas, o con la “manuela palma”. Aunque después me quedaba un terrible complejo de culpa, pues curas católicos decían ser  pecado mortal semejantes ociosidades. Cuando estaba cometiendo tales pecados lo hacía a la salud de Sarah Bernhardt, quien era una exquisita actriz dramática francesa; o de las deslumbrantes bailarinas del cancán y el minué en Molino Rojo parisino… (¿…?)… Muy sencillo, muchachos: un tío paterno mío, doctor José María Cornejo hijo, radicaba en Ciudad Luz; desde ahí me enviaba abundante literatura fotográfica del “burlesque” europeo. ¡Eran fotografías nítidas, aun estando en blanco y negro! Otra de mis inspiraciones fantásticas en momentos supremos del éxtasis orgásmico, aún ya casado, era la sensual Reina Guillermina de Holanda: ¡una preciosidad sólo comparable con Bella Otero o con Mata Hari! Ésta, insuperable bailarina holandesa fusilada por los franceses en 1917, acusada de espiar para Alemania… (¿…?)… No. Bella Otero, la despampanante querendona española quien, durante cuatro décadas paseó su belleza por toda Europa, no me apetecía; pues se “endamaba” con cualquiera que le aventara buenos morlacos, entre ellos un káiser alemán, un Príncipe de Gales inglés, un zar ruso, dos reyes: uno belga, otro español; un banquero multimillonario vitivinícola, judío-francés, de apellido Vanderbilt; ¡hasta el moralista José Martí, prócer cubano, cayó en sus redes!, quizá ad honores pues el patriota era un paria peregrino en europeo mar de diamantes. Esa mujer no tenía bazo blanco; pero hervía de sífilis, siendo peligroso poseerla, incluso con el pensamiento. La tal reina Victoria de Inglaterra, nunca llegó al “paraguay de la palmera”: además de estar muy vieja, era obesa y cachetona. ¡No me explico por qué, el apuesto príncipe Alberto pudo haberse casado con ella! … (¿…?)… Es lo mismo, muchachos: acostarse con hembra “desinfectada” sobre petate barato, da igual a hacerlo sobre carísimo y mullido camastrón acolchonado con plumas de avestruz. … (¿…?)... Repítame la pregunta, por favor …(¿…?)… ¡Lástima! Nunca pensé en una pregunta tan puntual. Si la hubiese sospechado, hubiera llevado varias libretas empastadas, con nombres de tantas hembras pasadas por mis armas... (¿…?)... ¿Qué cuáles serán las mayores frustraciones llevadas por mí al bajar a la tumba? Todas mis metas trazadas las he cumplido; mas una, aun viviendo millones de años, nunca la cumpliré. Ella es: “haber dejado burra”… (¿…?)... ¿Que qué debe hacerse para no dejar burra?... Bueno: simple y sencillo: ¡morir encaramado!
         
        Al haber sido necesario hospitalizarlo en bastantes ocasiones cuando rondaba o sobrepasaba el paquete entero de inviernos, hospitales estatales no lo soportaban. Tataranietas se veían obligadas a buscar nosocomios privados, turnándose en vigilancia permanente del mentado pícaro tatarabuelo; pues don Silvestre, cuando bonitas o feas enfermeras privadas se aproximaban a cumplir   indicaciones médicas respectivas (inyecciones, sueros, sondas, cucharadas, pastillas, aseo, etcétera), el erótico senil, prostático centenario, pretendía introducir sus arrugadas manos por debajo de blancas faldas, con el consiguiente sonrojo de las tres educadas y bonitas bisnietas o tataranietas. Esto relataba, por haberle constado de vistas y oídos, el afamado urólogo, doctor Hugo Eduardo Iraheta Calderón†.
        Empero, no deberíamos pensar que nuestro desdentado y matusalénico biografiado sólo hablaba de erotismo decente; pues conocía a fondo de política nacional e internacional. Hablaba con soltura de sabio sobre presidentes salvadoreños desde último cuarto del siglo XIX, hasta un tal presidente derrocado el 15 de octubre de 1979. Por su clara narrativa desfilaron los siguientes mandatarios guanacos (cobardes y ladrones, en su mayoría). Escritos en negritas los nombres a quienes don “Silver” llamaba Honorables. Por orden cronológico, viniendo desde el pasado: Francisco Menéndez, Ezeta, Regalado, Escalón (siglo XIX); Fernando Figueroa, Doctor Manuel Enrique Araujo (asesinado por un tal Alfaro oligarca), Meléndez I, Meléndez II, Romero Bosque, Ingeniero Arturo Araujo, Hernández Martínez, Castaneda, Osorio, Lemus, Sánchez, Molina, etcétera. Con misma pasmosa soltura hablaba de: Garibaldi, prócer italiano; Pío Nono, el peor papa decimonónico; káiseres alemanes, zares rusos con su despotismo y triste final; imperio inglés, Lenin, Stalin, con inmortal Revolución de Octubre; Gandhi, Hitler, Hirohito, Roosevelt I y II, Truman con su genocidio atómico sin paralelo en la historia; Perón con sus descamisados argentinos, Mao, Che, Fidel Castro, y un sinfín de etcéteras. Al hablar sobre todas las religiones del mundo, concluía:
         Al creer en uno o en varios dioses, es porque existe duda. Nadie: ni pastores o curas; ni ateos o masones; nadie, repito, tiene la infinita Verdad. Científicos y filósofos, en últimos 500 años: Galilei, Bacon, Spinoza, Descartes y Copérnico, pasando por Newton, Kant, Darwin, Hegel, Marx, y Marconi; hasta llegar a Bertrand Russell, Sartre y Einstein, han investigado, con minuciosidad, continuando hasta el presente, todos los misterios guardados por Natura. Ellos pueden estar equivocados; mas, estarían tal vez equivocándose después de arduos estudios con honrados y profundos razonamientos apegados a lógica científica o filosófica. En cambio, todos los falsos, ambiciosos e ignorantes haraganes dirigentes religiosos auto-nombrados, nunca, hasta ahora, han analizado capas geológicas, ni átomos, ni microorganismos, ni la verdadera bóveda celeste. Ellos, los falaces religiosos estafadores, sólo se limitan a repetir, cuales loras, algunos versículos bíblicos, ocultándoles a sus tímidos, haraganes e ignorantes fieles, las barbaridades, invocando a su dios nacional, cometidas por Jacobo e hijos; asimismo, antes y después de ellos, contra pacíficos vecinos en tierras palestinas. Al mirarse entre la espada y la pared, por preguntas razonadas de algún fiel dudando, responden con prepotencia iracunda: “¡Esto es un dogma impuesto por Dios! ¡Esto no se discute! ¡Te estás ganando el infierno! ¡Debe aceptarse así! ¡Nuestro dios todo lo puede; para él no hay imposibles! ¡Punto final!”. En este momento recuerdo al gran filósofo Voltaire cuando dijo al obispo que llegaba, “convídame-solo”, a confesar al filósofo en una de sus postreras dolamas: “Agradezco, señor obispo, el celo por salvar mi alma. Usted afirma venir a confesarme para absolver mis pecados; además, dice venir en nombre de Dios. Yo creeré lo afirmado si usted, señor arzobispo, me muestra credencial firmada por Dios dándole poder notarial de representar, ante mí, despreciable microbio, al Divino Personaje”. El obispo, lanzando improperios contra el filósofo, dando media vuelta a sus pasos, se marchó. 
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        Cierta vez, fecha 20 ó 22 de julio de 1969, Napito y compañeros llegaron hasta silla mecedora enjuncada de la acera. Napito habló:
        Mire, don Silvestre, ¡el hombre ya llegó a la Luna!, ¿qué le parece?
         El filósofo o sofista rústico, forjado en fraguas de antiguos herreros, sobre yunques y con martillos, impertérrito respondió con mansedumbre usual:
        —No jovencitos, no crean tales patrañas gringas. Eso no puede ser cierto. Esa es una treta tratando de ganar la inútil guerra fría... (¿…?)… Es sencillísimo, verán: Ustedes, durante educación primaria, complementada con educación secundaria, aprendieron cultura general (matemáticas, geografía, historia, física, química, literatura, etc.). En educación universitaria están aprendiendo o, deberían haber aprendido ya, a estudiar más lo ya sabido; pero siempre profundizando con razonamientos científicos y filosóficos experimentales. Así: ustedes, en una fecha cercana, podrían descubrir algo maravilloso en inmensos campos desconocidos al saber humano. No sería nada extraño ni remoto en absoluto, un Premio Nobel salido de Quezaltepeque, nunca obtenido en nuestro El Salvador. Hace 2400 años aproximados, Sócrates, empleando razonamientos filosóficos puros, enseñó y descubrió conceptos sublimes considerados fantasías, dogmas, herejías o diabólicos. Por favor, razonen: ¿Cómo podrá ser posible que imbéciles humanos gringos, alemanes o soviéticos, puedan llegar a este satélite natural?... ¡¡Imposible!!... ¿Por qué?... Los selenitas o lunáticos están a miles de kilómetros por encima de nuestras cabezas. Por eso, digamos: ¡Con que los lunáticos no pueden venir hasta acá,  a quienes el camino les queda en bajada; mucho menos podríamos ir, nosotros, hasta allá, por quedarnos, ese queso del tío coyote, en una infinita subida!
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     Si se desea saber más sobre este filosofillo hecho a cuma, debe leerse “Las Profecías de Adán Cangrejo”; libro interesantísimo escrito por el biólogo profesor universitario en UES y en Palo Alto, EUA, doctor Rutilio Quesada, editado por Clásicos Roxil de Santa Tecla.
                                                   23 de enero de 2007.