E L S A P O S A B A N E R O
Por Ramón F Chávez Cañas
Nota: por error del blogger, este artículo correspondiente al 11 de mayo en 2011, fue borrado de la pantalla mía con todo y tres opiniones. Pero, por ser de algún interés familiar, social, histórico y, tal vez científico, Anastasio Aquisí decidió reincorporarlo.
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Sólo aquellos especializados en anuros pueden dar explicaciones científicas sobre estos bellos animales. Nosotros apenas conocemos generalidades de dos variedades: el sapo más pequeño llamado “escuerzo” por nuestros campesinos, quienes están muy familiarizados con su “canto”. Tamaño del escuerzo cabe a perfección en palma de un infante de seis años de edad. Croar del mismo anuro semeja mugidos de formidables toros en brama, pudiéndose escuchar a varios kilómetros en redonda. Abunda en charcas pantanosas de agua dulce por toda nuestra campiña. El otro batracio es llamado “Sapo Sabanero”. Éste es el más grande de tantas variedades salvadoreñas, llegando a medir, estirándole extremidades, hasta más de 40cms. Su lomo es pardo oscuro algo morroñoso; su vientre: blanco-opaco, amarillento-sedoso, casi terciopelo. Abundante en sembradíos, quebradas volcánicas y jardines urbanos. Por ser eficaz insectívoro es apreciado en agricultura, horticultura y jardinería. Su monótono croar es inofensivo, pudiendo ser grato al oído si se toma en cuenta grandes beneficios de él para cosechar bellas y olorosas flores, sabrosas frutas sanas y mil productos básicos de agricultura. Durante el día se refugia en sitios más oscuros, de manera especial bajo piedras o troncos huecos caídos. Por la noche camina a saltos buscando su comida viva, la cual captura con larga y pegajosa lengua. Antes del advenimiento del antibiótico Penicilina, ricos, pobres, bonitos, feos, letrados e iletrados, lo empleaban para curar erisipela o “disipela” —en lenguaje vernáculo tecoluquense.
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En 1943, quien esto escribe tendría seis primaveritas. Doña Segunda Henríquez Angelino viuda de Chávez Rivas, abuela paterna de este mismo relator, era reverenda anciana octogenaria. Su nietecito observaba atento, sin comprender aún, ir y venir preocupante de sus padres, tíos y otros adultos parientes, porque matriarca senil ardía en fiebres causadas por erisipela en una de sus canillas, la cual estaba rubicunda e inflamada al máximo. Descendientes mayores de tan insigne enferma, por unanimidad decidieron llevarla hasta ciudad San Vicente. Obstáculos para traslado eran insuperables: carreta tirada por “toros capones” fue descartada, debido a lentitud de galápagos y a crónicas malas condiciones del camino real, lo cual causaría mayor sufrimiento a honorable dama enfermita. Viaje en ferrocarril IRCA† —Ferrocarriles Internacionales de Centroamérica, por siglas en idioma inglés—, también fue descartado, pues próxima estación para abordarlo estaba a ¾ de legua del paradisíaco Pueblito; y llegada hasta consultorio médico en ciudad San Vicente estaba a otros 2kms distante. Nadie, en aquel arcaico Pueblito, poseía medios de transporte motorizados: ni privados, ni colectivos, ni de carga. Pedir taxi a Zacatecoluca (Virola) o a ciudad San Vicente era inviable, por mismas razones del maltrato a infligir por baches, polvaredas o pantanos infaltables en trayecto de 12kms (tres leguas) hasta cabecera departamental vicentina.
Entonces, decidieron telefonear al doctor José Quesada†, galeno más famoso en esa época, pidiéndole visita domiciliaria urgente. El Médico vicentino acudió con premura transportado en taxi enorme. Recomendó permanencia continua, por tiempo prudencial de tres enfermeras quienes, en turnos de 08hrs cada una cumplirían lo prescrito. Familiares Henríquez-Angelino, todos vicentinos, —tronco primario de doña Segunda Henríquez Angelino viuda de Chávez—, llegaron en tren de la tarde acompañando a tres enfermeras quienes, rotando cada 08horas, cumplirían órdenes médicas ya escritas o, posibles telefónicas posteriores. El académico había recetado: Piramidón oral contra fiebres; sulfatiazol en polvo en emplastos sobre áreas enrojecidas. Encima de emplastos con sulfatiazol se pondría bolsas de hule con cubitos de hielo; más otros medicamentos inyectados y orales imposibles de recordar ahora. Todo se cumplía a cabalidad. Pasadas primeras 72hrs (tres días), aquellos tratamientos parecían no funcionar, pues mentada enfermita empeoraba. El profesional Quesada decidió jugarse última carta o, disparar postrer cartucho, lo cual viene a ser lo mismo. Vía telefónica recomendó acudir a masajes continuos de parte afectada con suaves panzas de numerosos Sapos Sabaneros. De inmediato se ordenó a seis jóvenes peones agrícolas de matriarca moribunda, dispersarse por quebradas, jardines y huertos en procura de mayor cantidad posible de benditos Sapos Sabaneros. Carlos Merino Clímaco, “Pajino”, “Totoño”, “Chepe Cunco”, Luís Gálvez, “Serpentina” y otros, raudos emprendieron dicha tarea regresando, todos, pasados 10mins; cada uno con cantidades pequeñas a fin de iniciar de inmediato tan urgente tratamiento. Rápido volvieron a marcharse y seguir buscando mayor cantidad del “santo” remedio.
Especializado en frotar suaves panzas anúricas sobre áreas enfermas, era “Cuto” Ercidio Baires†, quien estaba en aposento de abuela esperando primeros ejemplares. Sería 08:00am cuando Cuto Ercidio con seguridad tomó ambos pares de morroñosas extremidades para, con suave firmeza, empezar movimientos manuales en vaivén. Cada batracio servía entre 10 y 15mins; en el transcurso de los cuales, panzas, en forma progresiva, iban cambiando del blanco amarillento al rosado de diversos tonos hasta llegar al rojo escarlata. En este punto, Cuto Ercidio cogía nuevo “inmaculado” animal y continuaba rutina mecánica. Cada envejecido anuro, por orden expresa del Cuto, —apodado así por tener amputado un dedo meñique. Amputación auto infligida al no soportar intenso dolor de panadizo resistente a todo tratamiento, pues penicilina aún era desconocida en tan remota región salvadoreña—, era devuelto al hábitat natural donde, varios peones agrícolas cavando, ponían al descubierto enormes zompoperas. En esos nidos abiertos depositaban a numerosos sapos desocupados quienes, golosos, se daban festín inesperado. Cosa asombrosa: a medida aquellos galgos y saltones batracios se rellenaban con miles y miles de insectos, coloradas panzas inflamadas iban tomado forma y color natural. Mientras tanto, de manera paulatina notable, canilla afectada de abuelita viuda, exudaba líquido seroso rosado tenue. Este líquido constante lubricaba y enfriaba continuo rose de piel humana enferma, con sedoso cuero medicinal del dichoso batracio; asimismo, inflamación con intensidad rubicunda, disminuían. A 04:00pm, tal doctor, siempre vía telefónica, después de haberse enterado del proceso positivo alcanzado, ordenó suspender tratamiento para reiniciarlo al día siguiente, hasta nueva orden. Pero antes, a media jornada, Cuto Ercidio, por calambres en sus “gatos” (bíceps), pidió ser relevado, recomendando a otro “especialista”: Chacho Chabelo†. Entre los dos se turnaban cada 04hrs hasta anochecer. Al 3cer día, pierna (no muslo), estaba tal cual si nada hubiese ocurrido. Sapos sobrantes, en gran cantidad, fueron devueltos a su libertad cerca de zompoperas cavadas. Dos años después, patrona de patronas falleció por otra causa no imputable a erisipela.
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Hará 10 ó 12años (1994-95), este narrador, temprano de la noche, estaba en su estudio-biblioteca concentrado en labores profesionales médicas-teóricas rutinarias. Silencio en biblioteca-estudio era completo. De repente, desde área del comedor principal escuchó fuertes gritos alarmantes, infantiles y juveniles: era hija menor de este aficionado escritor, entonces de trece años; acompañada en griterío por joven empleada doméstica de 20 abriles. Apresurado, padre-patrón llegó hasta preciso lugar del escándalo. No tuvo tiempo para hacer preguntas respectivas porque, al verlo, ambas, niña y joven, al unísono, señalando con índices hacia rincón inmediato donde estaba frondosa maceta con arbusto de sombra, volvieron a gritar:
—“¡El sapo! ¡El sapo! ¡Mátelo, papá! ¡Sí, doctor, mátelo ya, porque nos va a tirar leche para enceguecernos durante toda la vida! ¡Ese animal es venenoso; además, es requete feo!”.
El doctor, padre y patrón, con dedos índices cruzados en sus labios, más gestos faciales calmados, ordenó en silencio guardar silencio estricto. Ellas, encaramadas desde inicios sobre tablas de la mesa, empezaron a calmarse, dejando de temblar. El amo habló:
—“No, mis queridas niñas, no. Este pobre hermoso Sapo Sabanero no es venenoso ni maligno. Tampoco es feo. Dios o Natura lo han hecho así. Todo lo creado por Nuestro Señor, jamás será feo. Dios, por medio de Evolución muy bien cimentada desde hace casi 150años por el inglés Carlos Roberto Darwin, ha creado todo lo creado (perdonen redundancia). Darwin nunca negó creación hecha por Ser Supremo. Él, Darwin, no acepta teoría simplista de Adán-Eva, etcétera. El pobre animalito nos ayuda a combatir a zompopos, moscas, arañas y otras alimañas dañinas para salud vegetal y nuestra. Esos insectos constituyen alimento natural de ranas y sapos. Bájense de la mesa. Sigue tú, hijita, haciendo tus tareas escolares. Y tú, señorita, vuelve a tus ocupaciones interrumpidas. Yo no sacaré hasta jardín principal a ese animalito; pues, al tratar de hacerlo, puede golpearse contra paredes al evitar ser capturado. Él, solito, buscará la puerta por donde entró”.
Las dos gritonas, calmadas de plano, retornaron a sus quehaceres. Varios meses después, estando el padre de familia (07:00pm) leyendo prensa vespertina, — Diario Co-Latino—, recostado sobre fina hamaca mexicana de Mérida, e hija última, de 13 primaveras, —como ya fue dicho—, estudiando o elaborando deberes escolares a 03escasos metros del papá; éste, escuchó inusual ruido en jardincito adyacente a biblioteca-estudio y a sala social principal. Entonces, retirando mirada del periódico vespertino, preguntó a su hijita, quien estaba embelesada en sus tareas: “Oíste ese ruido, hijita, ¿qué podrá ser?” La niña, sin levantar ojos de su mesita-escritorio, calmada contestó: “Es el sapo, papá. Es el sapo”. Continuando el trazado de rayas con regla metálica y círculos con el compás.
03de marzo en 2007.-