L O S P O E T A S
Tomado del libro “Así
Habló Zaratustra”
Del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (*1844-1900†)
< ─ dijo Zaratustra a uno de sus
discípulos─, el espíritu no es para mí sino para una forma de expresarse; y lo “imperecedero”
no es tampoco otra cosa que un símbolo>>. < ─contestó el
discípulo─; pero entonces añadiste que
los Poetas mienten demasiado. ¿Por qué dijiste eso?>> <<¿Qué por qué? ─dijo
Zaratustra─; ¿Me preguntas el por qué? Yo no soy de esos a quienes se les puede
preguntar su por qué. ¿Crees que mi experiencia data de ayer? Hace mucho que
vengo experimentando las razones de mis opiniones. Si tuviera que llevar a cuestas
todas mis razones necesitaría una memoria del tamaño de un tonel. Bastante
tengo con retener sólo mis opiniones; y más de un pájaro se me ha ido volando.
También me he encontrado a veces alguna paloma en mi palomar, que llegó allí
volando, y que se echó a temblar en cuanto le puse la mano encima. ¿Qué te dijo
Zaratustra aquel día?, ¿Qué los Poetas mienten demasiado? pues Zaratustra es un
Poeta también. ¿Crees, entonces, que en ese momento te estaba diciendo la
verdad? ¿Por qué lo crees?>>. El discípulo contestó: <>.
Éste meneó la cabeza y se sonrió: <>
Cuando
Zaratustra dijo todo esto, su discípulo se sintió molesto con él, pero guardó
silencio. También Zaratustra se quedó callado; sus ojos se habían vuelto hacia
su interior, como si miraran hacia un lugar alejado. Por fin suspiró y respiró
hondo. < ─dijo pues─; pero
hay en mí algo que pertenece al mañana, al pasado mañana y al futuro. Estoy
harto de los Poetas, del los antiguos y de los modernos; todos me parecen
superficiales, unos mares con poca profundidad. No han pensado con suficiente
hondura: por eso su sentimiento se sumergió hasta tocar fondo. La mejor de sus
reflexiones no ha pasado de ser un poco de voluptuosidad y otro poco de
aburrimiento. Los sones de sus arpas me parecen fantasmas fugitivos. ¡Qué han
sabido ellos hasta ahora de los sonidos ardientes! Tampoco me parece lo
bastante limpio; todos ellos enturbian sus aguas para que den la sensación de
profundidad. Les encanta hacer de conciliadores; para mí, son gente dada al
eclecticismo y a las medias tintas, seres enredadores. ¡Cuántas veces no habré
echado yo mi red en sus mares tratando de pescar buenos peces, pero siempre
saqué la cabeza de algún dios antiguo! Sólo una piedra le dio el mar al
hambriento; y no hay duda de que los Poetas provienen del mar. Es cierto que a
veces hay piedras dentro de ellos, pero eso hace que se asemejen más a los
duros crustáceos. Con frecuencia encontró en ellos lodo salado en lugar de
alma. También copiaron del mar la vanidad. ¿No es el mar el más vanidoso de los
pavos reales? Hasta delante del más horrible de los búfalos abre el abanico de
su cola, sin cansarse nunca de enseñar sus encajes de plata y seda. El búfalo
lo mira con aire ceñudo, pues su alma prefiere la arena y más aún los
matorrales frondosos, aunque una ciénaga colma todas sus apetencias. ¿Qué le
importan a él la belleza, el mar y los adornos del pavo real? Esta parábola va
para los Poetas. Sí, tu espíritu es el pavo real de los pavos reales, un mar de
soberbia. El espíritu del Poeta ansía espectadores, aunque sean búfalos. Pero
yo estoy ya harto de ese espíritu, y creo que llegará un día en que también él
se cansará de sí mismo. Ya he visto yo Poetas que habían cambiado y que habían
vuelto su mirada hacia ellos mismos. He visto venir penitentes del espíritu,
surgidos de los propios Poetas>>.
Así habló Zaratustra.
Niza, Francia,
junio-julio en 1883.-