Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

lunes, 9 de abril de 2012

OLVIDADA HAZAÑITA DEL TÍO NICOLÁS


   OLVIDADA HAZAÑITA DEL TÍO NICOLÁS
           Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
                  Escrito por Ramón F Chávez Cañas
         

Sucedió durante Semana Santa del último tercio en años 50’s del siglo recién pasado (1958). Pocos meses antes, Monchito había cumplido 18 años de edad; ya era bachiller en Ciencias, Letras, y Matemáticas del Instituto Nacional Doctor Sarbelio Navarrete en ciudad San Vicente, (como quien dice: bachillerato de tres platos). Había sido notificado de su admisión opcional en una de dos facultades en Universidad de El Salvador: Jurisprudencia, y Medicina. Estaba clasificado en puesto correlativo 45, ─de 150 aspirantes admitidos en Jurisprudencia─; en casilla 16 fue admitido entre 45 calificados para novatos en Medicina. Por supuesto, gracias a inclementes presiones de don Moncho, su padre, este muchacho optó por ciencia de Esculapio o Galeno; por tanto: disfrutaba de cortas, pero bien merecidas vacaciones (10 de marzo ─10 de mayo).

Sólo el hecho de ser bachiller en aquellos no tan lejanos tiempos, era motivo de orgullo para cualquier jovenzuelo y familia. Ser admitido en única y verdadera universidad existente entonces, era, todavía, galardón más alto; pues solicitudes de ingreso a Jurisprudencia y CC SS rondaban en 3´000. En cerca de un millar para carrera de Medicina. ─No obstante, 60 años atrás, a finales del siglo XIX y principios del XX, sólo ser bachiller, no digamos doctor, era suficiente motivo para, en ciudad San Vicente, llamarle a cualquiera con el apodo de “ilustre”, aunque el tal ilustre no calificara en humanismo ni con nota de cuatro, en escala del cero al diez.

Tal bachillerzuelo nunca se ufanó del mentado titulillo, procurando evitar conversaciones engorrosas al respecto, pues él pensaba así: “IMPARTIR TODA EDUCACIÓN DEBE SER  OBLIGACIÓN INALIENABLE E INELUDIBLE DEL ESTADO SALVADOREÑO PARA OFRECERLA A TODO SER HUMANO, HOMBRE O MUJER, CON CAPACIDADES INTELECTUALES O VOCACIONALES PARA ELLO. EL ESTADO SALVADOREÑO DEBE SUBVENCIONAR COSTOS MATERIALES DEL ESTUDIANTADO NUESTRO NECESITADO POR POBREZA. DE ESA MANERA NUESTRO PEQUEÑO PAÍS, PARA TAN DISTANTE AÑO DOS MIL, PODRÁ PISARLE TALONES AL GRAN DUCADO DE LUXEMBURGO O A REINOS DE BÉLGICA Y DE HOLANDA, PAÍSES DE SIMILARES DIMENSIONES AL NUESTRO, TANTO EN EXTENSIÓN GEOGRÁFICA COMO EN DEMOGRÁFICA”.
                                        *****
        
          Ese Viernes Santo, en horas matutinas, cierta tía paterna del bachillercito, —la más joven de tres tías, viuda desde hacía tres años—, dirigiose al convento parroquial del inolvidable Pueblito e hizo algunas transacciones religiosas-mercantiles con el comité del Santo Entierro. Con elegantes enaguas negras hasta cerca de tobillos bailándole al son de sus apresurados pasos, y con fino tapado católico de seda natural bendecido por Benedicto XV en 1920, (heredado de doña Segunda, su madre) cubriéndole hombros, llegó hasta residencia de su hermano mayor, padre del Monchito. —Diez de la mañana marcaba el viejo reloj público donado en 1928 por el presidente de El Salvador: don Pío Romero Bosque. Reloj empotrado en tosca torre de hojalata barata con forma de granero rectangular gigante. Ésta, encasquetada sobre techo del lúgubre local municipal ocupado a fuerza por la mal llamada “benemérita” guardia nacional, instrumento represivo de la siempre ladrona oligarquía—. Dicho joven estaba en sala principal del hogar paterno atendiendo a media docena de amigos visitantes, entre señoritas y caballeritos, cuando hizo sorpresivo ingreso aquella enlutada dama, quien portaba con puño derecho cierto doblado papel similar al tamaño de media carta postal. Quizá por obligación social saludó al resto de aquella divina juventud ávida del saber. Sin más preámbulos, llevose al sobrino hasta el fondo del profundo traspatio en donde, bajo sombra de enormes naranjeros en flor y con estridente mal cantar de cigarras, de tajo habló así:
       
        —Mira Monchito: Moncho, mi hermano mayor y padre tuyo, no se ha enterado, pues él no cree en curas, ni en imanes, ni en  pastores, tampoco en rabinos; pero yo vengo de casa conventual donde compré, por ¢5ºº ($2ºº) este papel. Esto lo hago para que tú, durante esta tarde o parte de la noche, cargues por dos cuadras (200mts) tan sagrada urna funeraria de nuestro Señor Jesucristo, pues ya eres ciudadano al haber cumplido 18 años de edad... (¡...!)... Es cierto: eres alto y flaco; pero no eres pechito. También te has desvelado durante muchas recientes noches estudiando para ser admitido en la Universidad; pero, a tu edad, sobran  fuerzas para hacer cosas buenas... Además, hace dos años, sí tuviste suficiente vigor para dejarte llevar por el pícaro del Nicolás Cañas Merino, tu único tío materno, a buscar meretrices hasta ciudad San Vicente, donde ejercen dos principales descaradas mujerzuelas el llamado oficio más antiguo de este mundo. Tales desvergonzadas mujeres llámanse, una: Blancota y, otra: Conchona. Asimismo, prostitutillas de poca monta: Albahaca, Cabra Choca, Quiebra Catres, Celia Pelona, etcétera.   Es más, —prosiguió la ya encolerizada señora—, el proxeneta local, mal apodado “Primo-hermano”, despotrica contra de tu apestoso tío Nicolás porque él, el proxeneta, dice haberle ofrecido para ti, algo parecido a primera mano; pero tan malvado Colacho prefirió ir a dejar ese dinero a otro municipio con prostitutas podridas. Por eso ninguna de tus tías, incluyendo a Sarita, hermana del Colacho y de tu mamá, le dirigimos la palabra, pues es gran cochino…. (¿...?)…. ¡Bueno!, aquí te dejo este comprobante. Cargarás desde esquina de farmacia Las Américas de don Santiaguito Morales Quintanilla hasta esquina de don Chabelo Salinas Vasconcelos o de familia Díaz-Chanchanico. Yo pedí colocarte en esos 200mts porque es suave bajadita y te será menos pesada la carga. Encargado de recoger estos papeles y colocarte en palanca respectiva, será don Luisito Burro, sacristán o, doña Carlota Belloso v. de Fernández, reina indiscutible de tantas “beatas” tecoluquenses…. (¡¡...!!)…. ¡¡En fin, si no estás de acuerdo, rómpelo; pero cuando llegues a presencia de Dios, de nada servirá tu arrepentimiento!!

   Por respeto y cariño a dicha tía, no por convicción al respecto, el novel universitario tecoluquense dio asentimiento al mover la cabeza varias veces de arriba hacia abajo. Aquélla se retiró con misma rapidez con la cual llegó. Flaco pescuezón estudiante regresó a sala de tertulia estudiantil. No hizo comentario alguno sobre el cusuco (problema) en el cual se había metido sin haberlo él buscado, a pesar de insistencias del bachiller Herman Alférez, estudiante en 3er año de Medicina; de señorita Merceditas Villalta Villegas, en 2do año de Jurisprudencia, y de señorita Enoe Rivas Mejía, quien estaba por graduarse de Contadora Pública en  ENCO (Escuela Nacional de Comercio).        
         
          Cuando matracas matracaban invitando al inicio de aquella procesión, tosco reloj público sonaba seis campanadas vespertinas. Calor del Sol ecuatorial ya en ocaso, casi perpendicular en esos meses, estaba aumentado por miríadas de veladoras encendidas y por aglomeración de igual cantidad de feligreses, como aquel moreno joven Díaz  Chanchanico quien, además, iba vistiendo su más preciosa gala: finísima chumpa negra de grueso cuero genuino con cremallera subida hasta manzana de Adán. Don Luisito Burro remitió a Moncho hijo hasta donde don Danielito Chacón, auxiliar de sacristán. Éste, con  diagrama en mano, le señaló ser cabeza de palanca izquierda en ese calvarioso tramo. Larguirucho pescuezón, futuro académico universitario, indagó sobre compañeros de ruta y palanca. Don Danielito le mostró  nombres de doce cargadores de palanca izquierda durante el programado trecho; ellos eran: don Carlitos F. Molina (55 años), don Nichito Portillo (66) padre e hijo (32), don Damasco Salomón Portillo (20), don Carlitos Henríquez Chávez (30), más otros cuatro o cinco no recordados; pero todos con estatura promedio de 1.75mts. Sólo aquel embrión de Galeno, —alias: “Pescuezo de Jirafa” medía 1.88mts. Éste no reparó en ese importante detalle hasta cuando ya estaba sintiendo el “lujoso” sagrado peso de 30qq repartidos entre 24 hombros, algunos casi esqueléticos; hasta cuando don Carlitos F. Molina II, colocado en retaguardia inmediata del pescuezón bachillercito para sólo ir tocando con yemas la tal palanca, le decía: “¡Buena, bachiller, vamos muy bien!! Si usted gusta, nos podemos repetir por otros 200mts. Yo le daré prestados ¢5ºº. Mañana  mandaré a cobrarlos a papá o a mamá. Jovencitos como usted está necesitando nuestra santa madre iglesia. El Pueblito observa cómo uno de sus futuros preclaros hijos se mezcla con nosotros, casi iletrados, para rendir honores a nuestro mismo Dios”. Con más sarcasmo, tal enano vozarrón, parásito y falso cargador Molina, proseguía, mientras diez restantes cargadores del lado izquierdo escuchaban: “Moncho padre y Carmencita, madre, ahijados míos de matrimonio, deberán sentirse muy orgullosos por haber recibido de Dios a este atlético muchacho capaz de quitarle primer puesto a Charles Atlas y a Tarzan o, de cargar, sólo él, esta pesadísima urna, incluyéndonos a nosotros, pigmeos garrapatas”. El, ocho años después doctor en medicina, no contestaba; mucho menos festejaba tal broma pesada salida del señor Molina quien, además de ser mucho mayor en edad, era un principal del conglomerado tecoluquense.
         
          Fue llegando a esquina de don Chabelo, —después de larga media hora paseando, en vaivén y en cámara lenta, a tan sagrada Tragedia—, el desrabadillado símil hechizo de Charles Atlas entregó tal cabeza de palanca-tormento. Con andar desnivelado, similar al del Jorobado de  catedral Notre Dame, buscó  refugio en su rígido camastrón de laurel y caoba con petate por colchoneta, entretejido cuadriculado con correas cuero crudo de res, a manera de resortes.
         
           Al día siguiente, numerosos amigos: señoritas y varones, lo visitaron hasta su dormitorio, habiendo encontrado allí a don Lino Parras y a don Felipe de J. Ayala, quienes le sobaban, con sebo de res y cabos de cuma: hombros, espaldas y caderas, después de haberle administrado, por vía oral, purgante doble de sal inglesa.
                                              *   *   *

    Quince años más tarde, —ya casado con guapa morena vicentina: María Elsa Cornejo, y padre de dos primeras de cuatro nenas—, el doctor Monchito fue operado de columna lumbar-sacra, para extirparle disco-cartílago intervertebral lumbar, quizás dañado por aquella desproporcionada carga obsequiada a él por una de sus tres queridas tías paternas: Doña Juana Francisca del Carmen Chávez Henríquez viuda de Orantes Vela.
                                                       F  I  N
                                             21 de julio en 2005.

   P.D.: cuando las tantas veces mencionado flaco sobrino recibía  pergamino universitario del doctorado, aquellas tías hacían paces con  puñetero Colacho.