NOVELA
LA
GUERRILLERA JAGUAR
Por Ramón F Chávez Cañas
Continuación capítulo I
Mientras desdichado y famoso mujeriego hacía de
lavandera allá en El Ujushte, señorita Jefa ordenó al resto registrar al
detalle: interior, compartimientos y
hasta motor del todo-terreno, lo cual fue cumplido en el acto. Debajo del
asiento del chofer encontraron bolso de tamaño mediano color café, con forma
característica del bolso o “mariconera” usado por vulgo aburguesado. Del
interior de mariconera extrajeron 18 preservativos para uso en contactos
sexuales (condones) con añadiduras propias de los mal llamados “margaritas” y
que, por supuesto, el degenerado burgués pueblerino emplearía contra la astuta
comandante.
— ¡Ve qué descarado!—, comentó ella, —prosigan—, volvió a ordenar.
Extrajeron
múltiples fotografías obscenas donde él se encontraba “chiroto” junto a otras
mujeres “chulonas”; además, revista “playboy” y dos pachitas (250ml c/u)
conteniendo tequila con viñetas en idioma inglés, tal vez tequila de exportación
para anglosajones. En guantera del auto encontraron un revólver nuevo Smith
& Wesson .357 de 6 pulgadas; revólver que Galán no pudo usar dada rapidez
de Úrsula al reducirlo de súbito a impotencia total. Aquella aguerrida Dama ordenó quemar condones,
fotos pornográficas, revista cursi, tequila y tarjetas de crédito. Sólo
requisaron el arma con respectiva munición. Al regresar del arroyuelo don Semental traía ligero semblante de
alegría. Al instante se dirigió a señorita Comandante tratando de ser
optimista y gracioso. Dijo:
—Mi señorita Comandante: ya cumplí con todo
lo ordenado por Usted. Ahora mismo debo partir a cumplir con obligaciones familiares mías.
Primaveral Comandante, con característica sonrisa serena más mirada de asco
y lástima, espetó:
— ¡No, señor! ¡No! Usted no puede partir tan así nomás.
Lo intentado por usted contra mi honor de mujer débil, ya lo he perdonado;
pero, debido a circunstancias por las
cuales atraviesa nuestro país, usted debe ser investigado a profundidad para
comprobar o descartar su pertenencia a patrocinadores de famosos por criminales
escuadrones de la muerte ultra derechistas; porque, criminal directo usted no
parece. ¡Todo cobarde se ampara en el poder de su cochino dinero para mandar a
matar a humildes campesinos, fieles sacerdotes, estudiantes y obreros comprometidos
con Teología de Liberación! ¡Usted pudiese ser uno de ellos! Por tanto: allá en
archivos de “El Roblar” conoceremos la verdad. Si usted no tiene alguna cuenta
pendiente contra de nuestro pueblo, será puesto de inmediato en libertad.
Burdo mujeriego volvió a llorar cual niño tierno frente
a mirada burlona de tanto combatiente. Sollozante volvió a hacer oferta
económica hecha antes en transcurso del
penoso viaje; pero la dama con más firmeza, empuñando hacia el cielo su metralleta
Galil de asalto, casi le gritó:
— ¡Mirá, animal!: ¿vos pensás que a nosotros nos
interesa esas baratijas de oro colgantes de tu pescuezo? Ni tu carrito, ni tu
Rólex, ni todo tu posible mal habido dinero, le interesa “cuis” a la causa
defendida por nosotros. Nadie de los muchachos y muchachas se ha fijado en esas
tus porquerías. Eso te prueba nuestro desinterés al respecto. ¡Continúa con
ellas en tu pescuezo, en tus dedos y muñecas! ¡Más bien parecés maricón con ese
llanto destemplado, con esas zapatillas de charol o cabritilla y con esa camisita
“Lacoste”; pero se te respetará! ¡Muchachos, en marcha!—, ordenó en seguida.
Compadecida Comandante había ordenado no atar pulgares del prisionero, sólo
bíceps (gatos) con persogas gruesas; sin embargo, vigilancia cercana turnándose
dos compas cada 02hrs hasta llegar al campamento El Roblar, se cumplió. Partió tal caravana pasadas las 03:30pm. Por
lo hablado, a 08:00pm, si no hubiese inconveniente, estarían en El Roblar. —Este campamento era cuartel
más importante de Insurgencia en volcán
Guazapa y en toda la república. Allí residía la gloriosa Comandancia General. Es cima, la más alta cima de dicho volcán. En laderas
y quebradas inmediatas se tenían arsenales, almacenes de víveres, medicamentos
y otros insumos de primera necesidad. Ahí funcionaba una re-transmisora de radiodifusora
clandestina “Radio Venceremos”, que
informaba tardes y noches sobre estado de guerra: triunfos y fracasos de ejércitos
en pugna.
Comenzó aquella marcha. Rojizo Sol veraniego
salvadoreño aún a 04:00pm es caluroso y penetrante. Fino y ardiente polvo del
camino llegaba hasta arriba de tobillos
cubiertos por botas o polainas de combate de aguerrida caravana guerrillera;
sólo el desventurado personajillo nuestro con zapatillas de charol, sentía más
pesado ese polvillo, a grado tal que a pocos minutos de emprendida ruda marcha
ya cojeaba y pedía “taimauts” para
quitarse calzado y limpiarlo de piedrecillas con polvo. Un guerrillero
compadecido lo auxiliaba proporcionándole con medida agua potable a cada
instante a manera de aplacarle un poco la exagerada sed (no era diabético). Una
hora después de emprendida la marcha, comenzaron a ascender primeras estribaciones
del Guazapa. En ese lugar el polvo
desapareció para convertirse en enormes pedregales ascendentes que en cuestión
de minutos habían desgarrado el fino charol del señorito aburguesado; también
horadado genuina suela de res de mismos zapatos. Ante este problema se paró la
avanzada. Otra patrulla se largó con sana intención de encontrar bestia
caballar para trasladar más cómodo y rápido al desgraciado enamorado. Eran las
05:00pm. El Sol “cachetes de gringo”,
abrazante, empezaba a declinar en ocaso cuando ruidos súbitos de motores aéreos
sorprendió a la caravana. A única orden todos corrieron arrastrando al “ex galán” para buscar refugio en
hondonadas. Era avión de reconocimiento. 05mins más tarde apareció helicóptero
artillado o “pelota” y el “puchan-pul o carretilla” descargando mortíferos
mensajes. 5 ó 6 incursiones similares y calmas volvieron a reinar en aquel
paraje. Entonces eran las 06:00pm. Febo se estaba despidiendo. 15mins después
aparecieron compitas halando a macho viejo ensillado con aparejo destartalado,
fabricado en cuero crudo. Sobre de tal aparejo encaramaron al desfallecido
tunante caza nada. Ascensión continuó. No hubo más contratiempos. A 09:30pm
estaban llegando a El Roblar sin
otra novedad. Conviene repetir: en tal campamento también se encontraba archivo
general de enemigos sociales del pueblo salvadoreño. Serena Comandante dio breve
reporte de la jornada; presentó el prisionero a otros comandantes; ordenó custodia del mismo por turnos de 04hrs;
también cena para tal cautivo, y colocarle grilletes gemelos en tobillos. Fue
atado en gruesa estaca al fondo del tatú, siempre custodiado. Esa noche, concupiscente
encadenado no durmió ni un segundo. A 02:00am, retumbos de explosiones de
500lbs lanzadas por el gobierno ilegítimo contra el otro lado de montaña
Guazapa, hacía que arenillas del tatú-cárcel y vibrar de mismas toscas paredes,
desesperaran al “ilustre” reo. Al amanecer sufrió crisis de locura, obligando a
médicos, mujeres y hombres del campamento, a proporcionarle dosis fuerte de
hojas molidas de floripondio, sin éxito alguno. Tal reo empeoraba; también
reclamaba su mariconera, pues en ella portaba tranquilizantes. Galenos optaron
por administrarle fuerte poción u horchata de hongos de corral de vaca. Con ese
“medicamento” el desventurado “inocente” roncó desde 05:00 hasta 10:00hrs de la
misma mañana. Fue despertado para iniciar primer interrogatorio.
@@@@@
Mientras tanto, allá en ciudad
Quezaltepeque, Doña Pelanchita —así le llamaban con cariño sus subalternos y amistades—,
estaba estallando de rabia. A 06 empleadas, de manera constante les repetía:
— ¡Miren qué viejo más sinvergüenza!... ¡Nunca había
dormido fuera de casa; aun arrastrándose
llegaba! ¡La vejez lo está volviendo peor; pero, al nomás llegar me las pagará
todas juntas!—. Dicha
señora decía esto a misma hora cuando infiel esposo estaba siendo despertado
para iniciar primer interrogatorio. Una de sus empleadas de mayor confianza al
oído le decía:
—Cálmese patroncita. Así como está el tiempo sería
mejor investigar en: hospitales, cárceles, cuerpos de seguridad y, ¿por qué no
en las morgues?
Lupita, niña mayorcita hija, quien a la sazón esperaba su “fiesta rosa” para el próximo
12 de diciembre, terció en agria discusión, diciendo:
—Está bueno que mi papi se dé gusto, ¡vaya!
Él está joven aún, además de ser bello, ¡vaya! Ayer, dicen haberlo visto
subiendo en la “montero” a una mujer bonita, ¡vaya! ¡Qué goce, pues para eso se
ha hecho el dinero, vaya!
Tío
Agapito, quien también estaba preocupado, acotó esperanzado:
—Como estamos iniciando semana santa, no
sería nada raro, tampoco remoto, que este jodido con esa mujer puñetera, se
hayan ido a playas del puerto La
Libertad o a Costa del Sol. ¡Hablemos por teléfono a esos
hoteles!
Inocultable noticia se corrió cual reguero de pólvora.
A 11:00am de ese mismo lunes santo, todo el vecindario y parientes más cercanos
del matrimonio estaban enterados del raro desaparecimiento. Hermano inmediato
mayor a doña Esperanza, —quien había sido oficial de inquisidora
Guardia Nacional o “benemérita” (apodo
sarcástico) y quien había renunciado a su puesto a causa de súbita muerte
de don Chema, padre de ambos, para
velar por intereses económicos dejados por el difunto—, se presentó muy preocupado.
Después de cavilar sobre tal problema, en privado dijo a su hermana:
—Siempre he estado enterado de tantas
canalladas que de un tiempo acá ha estado haciéndote ese malvado. Nunca he
querido intervenir porque las cosas entre hombres son más difíciles y no vaya a
permitir el diablo que yo me comprometa, sobre todo por tus tres hijos; pero amarga
copa ha llegado al rebalse. Sólo te puedo aconsejar: ¡Mándalo a comer mierda!
¡Recoge todos sus “tiliches” y envíalos a casa de la vieja “chilatera”! ¡Si
volviese con improperios, entonces se las verá conmigo!
—Tienes razón, José Mauricio (así se llamaba el mencionado hermano): eso
haré ahora mismo—, respondió ella.
Dicho y hecho. A 03:00pm, don Agapito, fuerte anciano sexagenario, tío materno y empleado del
señor Galán Burgos, —repetimos—, contrató carretón de tracción humana
para trasladar en varios viajes el equipaje del infortunado marido. También don
Agapito se iba despedido. Madre de Galán Burgos, angustiada
por la pena allá en su casita del barrio El Guayabal, recibió tan desagradable
carga. El padre de don Próspero ni cuenta se daba pues estaba tembloroso con
delirio tremendo por exceso alcohólico.
@@@@@
Volvamos al campamento El Roblar, siempre en lunes santo. A
10:00am sirvieron desayuno al infortunado “mujerero”: dos grandes tortillas de
maíz (changas charas) con 02 cucharones de frijoles negros o monos parados
(sancochados); un puñado de sal de comer más pedazo de queso seco salado. Al mismo tiempo
le entregaron galón de agua potable en recipiente plástico propio de aceites
automotores lubricantes. Le advirtieron: “Esa es ración de agua potable para próximas
24hrs. Cuídela. No la vaya a ocupar en otros menesteres. Aquí, baño cotidiano
no existe. Nos bañamos cuando se puede. Por lo general una vez cada semana”. No lo dejaron eructar a solas el desayuno.
De inmediato lo introdujeron, auxiliándolo al caminar, en otro escarpado tatú
más amplio y mejor ventilado, donde se encontraba reunido el Tribunal
Investigador. Por supuesto: ahí estaba la estratega Comandante Úrsula quien
relató el cómo y porqué había hecho prisionero al ahí presente. Revisaron expedientes
de los Galán quezaltecos sin encontrar alguna evidencia delictiva contrarrevolucionaria.
Estudiaron expedientes de los Guerrero Flores
de misma ciudad, encontrando lo siguiente: el honesto coronel don José María Guerrero hijo, hacía 10 años
había causado baja de la fuerza armada, habiéndose refugiado en cierta embajada
latinoamericana de donde salió al exilio; pues había tomado parte activa junto
con un tal coronel Mejía, en frustrado intento para derrocar al tiranuelo
apodado “Tapón”. Por esta misma razón, el mayor Manuel de Jesús Guerrero GN,
había caído mal con vil coronel GN apodado “Chele Medardo”, su jefe inmediato. 10
meses después se accidentó (¿se accidentó?) pereciendo al precipitarse al fondo
de profundo barranco en municipio La
Palma, departamento de Chalatenango. Todos esos antecedentes
de manera evidente y sin sospechar, valieron mucho al “mujerero” empedernido.
La sesión se suspendió a 13:00hrs. Se reanudaría a 10:00hrs del siguiente día
(martes santo); mientras tanto, por radio pedirían a comandancias regionales en
el resto del país, en especial a Comandancia Metropolitana, más informes para
hacer justicia real al prisionero. Durante esa tarde al destemplado llorón se
le vio bastante reanimado. Aún así pidió otra guacalada con hongos de corral
bovino para poder dormir más tranquilo. Desde luego, esa petición fue denegada.
Ese mismo lunes santo, a 04:00pm, se escuchó a distancia con dirección al
desvío Palo Galán, inconfundibles traqueteos de ametralladoras aéreas, seguido
de explosiones de algunas bombas de bajos quilates disparados por mismos
aviones. Este ataque aéreo duró alrededor de 15mins, habiendo puesto en alerta
roja a todo el campamento. Pronto se divisó columna de humo negro emergiendo de
proximidades donde 24hrs antes se había iniciado el recorrido a pie, dejando
ahí el todo-terreno japonés. Por la noche o madrugada se repitieron tales
bombardeos artillados contra faldas opuestas del mismo volcancito; pero el
enfermito sexual llorón ya no enloqueció. Sólo se limitó a llorar inconsolable,
llamando a gritos a: Pelanchitas, Prosperito, Lupita y a doña
Domitila, su madre.
A 10hrs del martes santo, el Tribunal tenía evidencias:
el dueño de Bazar Lupita sólo era pobre enfermo o maniático sexual, sin llegar
a categoría de violador, mucho menos de pederasta o pedófilo. Se encontró el
reporte siguiente: “Par de meses atrás,
en otro motel de carretera Troncal del Norte, cuyo nombre es ‘el rey’, un
operativo montado por guerrilla de esa comarca había copado, entre otros, a
este maniático. Les habían despojado de ropa y más haberes personales, entre
ellos: documentaciones de identidades. Así ‘chulones’, hombres y mujeres,
fueron sacados al patio del motel, obligándoles a escuchar mitin de reflexión,
donde les hicieron ver grave error cometido por ellos, burgueses indiferentes a
la tragedia nacional; pues, mientras mejores hijos de la patria salvadoreña
sufrían intemperies, hasta ofrendar la vida; ellos, maniáticos sexuales, se
entregaban a placeres de carne erótica fácil. Sabían de infidelidades conyugales porque en Cédulas de
Vecindad requisadas estaba el estado civil de todos esos burgueses y burguesas”.
Guerrilla se retiró del mencionado antro llevándose ropas e identidades de
todos los sorprendidos en tal operativo. El vendedor de “chacaleles” y oropel
barato telefoneó a su compadre: don Baltasar Calero, para contarle el bochornoso
percance; suplicando le llevara, lo más pronto posible, ropas y algún dinero;
pero que por ningún motivo se enterar doña Esperanza.
Sólo eso fue comprobado. De inmediato le comunicaron
su libertad para regresar a casa o unirse voluntario a gloriosa Guerrilla del fmln; pero con severa advertencia: si
reincidía, aplicarían rigores de Justicia Revolucionaria. Celestial Comandante Úrsula
intervino. Dijo: “Dejemos mejor que se vaya. Este hombre es gran llorón. Nos puede acarrear serios
problemas al momento de una guinda”. “Está bien: ¡váyase!”, respondieron los demás. Se proyectó
evacuarlo hasta lugar donde había quedado el automóvil. A 02:00am del miércoles
santo, la patrulla designada inició descenso con el propósito de dejarlo frente
a su nuevo carro de combustible a diesel, de 6 cilindros, 4 puertas y 240 caballos
de fuerza, para que de ahí él siguiera por su propia cuenta hasta carretera Troncal
del Norte; pero tal plan fue desbaratado: en esa calurosa madrugada accionar
del ejército represivo cobró mayor intensidad, prolongándose por 02 días más. Sábado
de gloria o santo, se pudo efectuar la operación aplazada. —Sábados y domingos,
jefes castrenses y asesores militares extranjeros, con religiosidad se iban a
playas de nuestro literal. Por eso la guerra represiva disminuía—. El hijo de la “chilatera”, siempre
montado sobre el lomo del macho viejo, partió acompañado por la escolta
pedestre o peatonal; pero, al llegar al lugar donde había quedado la joya
automovilística, sorpresa fue grande al encontrar carbonizado el flamante
vehículo nipón, con mil perforaciones de balas y destruida la carrocería puro
cuero por bombas incendiarias lanzadas desde aviones aquel lunes santo por la
tarde. Don Toro Rejero, abrazando chatarra
de su ex lindo automotor, volvió a llorar destemplado. Escolta lo consoló. Por
radio avisaron lo sucedido. Comandancia General del Frente Farabundo
Martí para Liberación Nacional (FMLN), ordenó no abandonar al
desventurado; también buscar refugio en proximidades, pues pronto amanecería y
estarían expuesto al ataque superior del enemigo, y que a la madrugada del
domingo de resurrección evacuaran al llorón hasta el pueblito de Aguilares,
abandonándolo ahí a su propia buena o mala suerte. Así se hizo. La patrulla
protectora regresó a cumbres del volcán Guazapa por otros atajos más difíciles;
pero seguros. El ensortijado, de manera espontánea regaló a los muchachos, allá
en El Roblar: ¢3,500ºº, quedándose con ¢500ºº para gastos de regreso. Quiso
donar aquellas 04 cadenas de oro macizo,
08 anillos, más 04 pulseras de plata boliviana; pero ellos sólo aceptaron el
Rólex, pues les sería muy útil por tener altímetro, brújula y otros adelanto
tecnológicos prácticos en guerra tan desigual. Revólver Smith & Wesson .357
de 06 pulgadas, ya estaba requisado.
CONTINUARÁ