MIS PERSONAJES INOLVIDABLES
I
Del
libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
Escrito por Ramón F Chávez Cañas
Primera
entrega
TECOLUCA, hasta 1980, fue Pueblito sui géneris por tranquilidad
política-social y laboriosidad sin fin. Entre 1948-54 (época de mi niñez y
adolescencia), Tecoluca vivió, sin duda, cierta etapa brillante. En ese corto
lapso, el jovencito empresario zapatero artesanal vicentino: DON PAQUITO
CORNEJO, llegaba una vez por semana para entregar decenas de fino calzado
elaborado en su magnífico taller, taller heredado de su recién difunto padre:
Don Indalecio Cornejo. Llegaba, también, a tomar respectivas medidas a
numerosos nuevos clientes a quienes, al mismo tiempo, les mostraba diversos
modernos catálogos al respecto. Viajes de ida y regreso los hacía en el ahora
ignorado por desaparecido ferrocarril IRCA (Ferrocarriles Internacionales de
Centroamérica, por siglas en inglés). Señora Juana Cañas Salinas, junto con su
pequeño hijo apodado El Chío,
trasladaban tan preciosa mercadería, hecha a mano, desde estación ferrocarrilera Tehuacán hasta centro geográfico-comercial
del Pueblito. Allí, don Paquito Cornejo desempacaba
aquellas soñadas artesanías confeccionadas con las más delicadas pieles
naturales y con las más resistentes suelas legítimas de ganado bovino; luego,
las ordenaba por zonas para hacer más fácil la entrega domiciliaria a: señoras,
señoritas, niños y caballeros.
El Chío era cipote1 acompañante, —prestado por señora Juana, su madre—,
portando livianas cajas en trayecto de cada ruta. DON PAQUITO, con libreta en mano, lápiz sobre una de sus orejas,
cinta métrica zapatérica adornándole cuello y parte antero superior del
tórax, caminaba a la vanguardia con paso juvenil elegante; mientras, El Chío, en retaguardia, iba haciendo cuentas
mentales referentes a enorme propina a obtener en esa enésima semana
sirviéndole al joven empresario sanvicentino.
DON
PAQUITO CORNEJO frisaría entre 18 y 22 años de edad. Era varón de estatura mediana;
tez morena clara; cabellera negra lisa, abundante y bien peinada con glostora; bigotito espeso recortado a lo
Hollywood de aquella década; de tupida barba azul por perfección en sus
afeitadas; de expresivos ojos cafés enmarcados en cara algo redonda destilando
sana alegría; con cejas pobladas negras y gruesas; y notables camanances en ambas mejillas. Don de
gentes era manifiesto en su conversación, en cumplimiento puntual de compromisos
adquiridos y en alta calidad de tan delicados trabajos. Su figura, en general:
gordito, sin ser obeso; amable, sin empalago; moderno en el vestir, sin
extravagancias y muy bien “aperjumado” con
caras esencias francesas o italianas.
Todos,
en Tecoluca, mayores y menores, lo apreciábamos y respetábamos con sinceridad. Esas
nobles cualidades humanas se acrecentaron más hacia don Paquito cuando, en noche del nueve de agosto (¿1949-50?), noche
de grandes conciertos bailables en honor a San Lorenzo, abad y mártir, —patrono
de Tecoluca—, aparece, DON PAQUITO,
como uno de principales integrantes del famoso conjunto musical llamado:
Marimba-orquesta “Alma Vicentina”… DON
PAQUITO CORNEJO se robó dicho espectáculo; pues, con su saxofón barítono, y
poses de también gran filarmónico profesional, asombró a todos nosotros porque,
nadie, en el Pueblito, le conocía esa otra gran virtud.
1—CIPOTE = Niño o muchacho en El Salvador.
*****
II
Sucedió
en el ahora viejo hospital chalateco1, ya en desuso. Fue durante calurosa tarde dominical
de cualquier mes en 1968. Quien esto escribe estaba de turno en área de
emergencias quirúrgicas… Aquella mañana
había sido bastante fatigosa; almuerzo, cual único comensal tardío, empezaba a
ser deglutido por este mismo narrador. De repente, cierta escultural señorita
enfermera en año social se presenta al comedor para informar al hambriento médico
de turno sobre llegada de poli-traumatizado
en accidente de tránsito automotor. Esta caricatura de historiador suspendió
tan suculento almuerzo. De inmediato se dirigió a salas de emergencia para
levantar anamnesis, hacer exploración física de rigor y luego trazar procedimientos
a seguir con el referido paciente.
Terminadas
esas primeras básicas diligencias, mozalbete accidentado, medio “azurumbado” por traumatismo craneal leve, múltiples
lesiones faciales y torácicas superficiales, fue conducido al gabinete de rayos
X y de laboratorio clínico para exámenes pertinentes. Pronto, a sala de cirugía
menor para suturas adecuadas. Ya rapazuelo paciente estaba consciente…
Anestesista preparaba anestesia etérea, pues múltiples moderadas lesiones cutáneas
y torácicas no permitían anestesia local. Cuando este relator cepillaba manos y
antebrazos, se presentó otra preciosa fémina,
colega de la anterior. Habló así:
—Doctor, doctor: en sala de espera está un
señor bastante nervioso. Se pasea de punta a punta. Nos exige hacerlo pasar
hasta este quirófano, pues dice ser padre del paciente…. (¿…?)…. Sí. Sí. Ya le explicamos el pronóstico favorable del
muchacho…. (¿…?)…. Sí. Sí. Le hemos
leídos todos los artículos respectivos del reglamento hospitalario; pero él
insiste en penetrar hasta aquí… ¡¡Viera, doctor, cómo pega brinquitos sobre un
solo ladrillo!!... Parece ser muñeco de cuerda o de baterías…. (¿…?)…. También ya se lo preguntamos. Nos
dijo llamarse: CHAPULÍN ELÉCTRICO…
Con manos
y antebrazos aún enjabonados, tratando de fingir serenidad e ignorancia al
respecto de ese jocoso apodo, pues tal sobrenombre, auto impuesto, sonaba en
todo el país por medio de ondas
hertzianas, el cirujano de turno llegó hasta sala de espera para tratar de apaciguar
al mentado CHAPULÍN ELÉCTRICO, habiéndole hablado de esta manera:
—Buenas tardes, DON CHAPULÍN ELÉCTRICO.
—¡¡¡Muy buenas tardes, joven señor
doctor!!!
—Óigame, don Chapulín: vamos a hacer única excepción con usted; pero, para ello, será
imprescindible asepsia y antisepsia de todo su cuerpo…
— ¡¿Qué me quiere decir con ese lenguaje
obsceno, joven doctor?!
—No es ninguna obscenidad, señor Eléctrico. Escúcheme:… usted debe
bañarse con jabón especial proporcionado
por nosotros en uno de nuestros baños asépticos… Se bañará por tres
consecutivas veces, restregándose con cepillos asépticos similares a éste,
¡mire!; cuando haya secado todo su cuerpo con toallas desinfectadas, estas dos
señoritas enfermeras lo frotarán, de pies a cabeza, con alcohol puro de 90º GL;
en seguida lo vestirán con ropa de sala quirúrgica; lo calzarán con zapatos “pasterizados”;
le cubrirán cabeza y cara con gorro y máscara estériles,… ¿acepta, don Chapulín?
¡¡Claro!!... DON CHAPULÍN ELÉCTRICO aceptó. Cirujano
emergente se marchó a iniciar trabajo haciendo puntadas intradérmicas con hilos
especiales absorbibles para evitarle al
máximo cicatrices faciales visibles. 35mins después, tres señoritas introducían
al Chapulín Eléctrico hasta presencia
de su queridísimo retoño. “CHAPULÍN
ELÉCTRICO parecía muerto bañado con jabón de cuche”—, dijeron aquellas
enfermeras—. No estaba ebrio; pero ellas debieron luchar un poco
para evitar contacto corporal o abrazo de padre con hijo maltrecho; pues el médico
tratante se había retirado a terminar su almuerzo después de misión cumplida.
Enseguida llegaron otras emergencias. Tal galeno ya no vio más al mentado don Chapulín. Temprano de esa noche, por
insistencia del Eléctrico,
jovenzuelo lesionado, ya remendado, fue dado de alta.
Durante refrigerio de medianoche, señoritas de
enfermería en servicio social, otras enfermeras y auxiliares de servicios,
incluyendo a porteros y motoristas de ambulancias le narraron, a este embrión
de escritor, la insistencia del saltamontes por averiguar nombres con apellidos
del médico quien lo había obligado a ducharse en tres consecutivas veces y ser
vestido por aquellas núbiles bellezas alumnas mayores de Florencia Nigthingale.
Fracasó en su intento.
No
obstante, a la mañana siguiente (lunes), caravana de empleados hospitalarios recién
llegados al relevo de 07:00hts, pomponearon puerta del dormitorio de este servidor para
alertarlo, porque en una de las más potentes radiodifusoras capitalinas, en
programa de chascarrillos de audición colosal, el locutor principal empezaba,
sin terminar de relatar el percance sufrido en ciudad Chalatenango por él y por
su imberbe hijo. Daba, al mismo tiempo, gracias al doctor fulano de tal y al
equipo de abnegadas enfermeras por deferencias recibidas. Estas alabanzas
continuaron durante siguiente hora, o sea, cuando el mismo saltamontes iónico
transmitía, —en persona, solitario, haciendo efectos sonoros, modulando voces
de veinte ó más personajes de uno u otro sexo, edades, profesiones, nacionalidades,
etc. —, su todavía más popular radionovela: “Limpiaos Tutuy”.
Quien
esto relata soportó esa ensarta de alabanzas durante tres consecutivos días
(dos horas en cada mañana). Al cuarto, usando “p i t a b r u j a” (teléfono), lo
llamó antes del inicio de tales programas, a las oficinas de tan potente radioemisora.
Después de identificación y amable saludo del galeno, éste le suplicó parar ya
tantos inmerecidos elogios. Aquel acridio saltón le respondió: “Yo indagué sus nombres con apellidos por
medio de don Terencio Armijos, presidente del Patronato de ese hospital y padre
de familia del Poeta Roberto Armijo, residente en Paris, Francia, porque
preciosas enfermeras y resto de trabajadores, hicieron mutis a mis agradecidas
interrogaciones”.
Don
Guillermo Antonio “Albertico” Hernández (El Loco Williams vicentino), auto apodado CHAPULÍN
ELÉCTRICO, famosísimo polifacético y polifónico locutor radial de
chascarrillos, más radio-novelas jocosas y serias (El Derecho de Nacer), paró
sus rachas de loas; sin embargo, de vez en cuando hacía breves alusiones a lo
mismo.
1—HOSPITAL CHALATECO = hospital localizado en ciudad
Chalatenango, cabecera del departamento del mismo nombre.
21 de
septiembre en 2001
C O N T I N U A R Á.