Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

viernes, 20 de mayo de 2011

La casona de los Molina

                  L A   C A S O N A    D E   L O S   M O L I N A
                              Por Ramón F Chávez Cañas

            Ocupaba cierta superficie central de 2,500M2, equivalente a ¼  de hectárea o a 3,000V2. Este caserón estaba construido en barrio “El Centro” del multi-centenario Pueblito (precolombino). Cimentado casi al frente del hogar Chávez-Cañas, 10mtrs al sur, calle de por medio. En enorme traspatio funcionaba corral bovino de ordeño; también caballeriza. Tal casona quizá había sido construida a mediados del siglo XVIII. En ella nació, creció y envejeció, hasta morir en primeras décadas del siglo XX (1916) el famoso, a nivel local, General de División Don Carlos Federico Molina I, quien combatió contra ejército guatemalteco en batalla de Coatepeque, 1863, (El Salvador). La heredó, para habitarla, doña Juanita Molina de Ayala, hija del general. Ésta testó a nombre de don Carlos Federico Molina II† quien, cuidando a sus ancianos padres junto con su esposa e hijitos, la habitaron. Molina II fue esposo de elegante dama unionense: doña Pachula Ventura de Molina. Esta señora falleció de parto habiendo dejado en orfandad materna a tres preciosas nenas y a inteligente niño: Carlitos Federico Molina III.
            
             Fue casona elegante: alta, bien ventilada, paredes de gruesos adobes, extensos corredores interiores, artesones de maderas nobles, techumbres de arcilla vieja, pisos de también arcilla fina; corredores alfombrados con gigantescas conchas de la variedad “cascos de burro” traídas, poco a poco, por don Carlos Federico II desde puerto Cutuco, La Unión, cuando él era alto ejecutivo portuario en ferrocarriles IRCA. —Doña Pachula, joven malograda esposa, nació en esa comarca—. Patio central, además del vergel florido, tenía en medio un frondoso árbol de níspero. Inmenso solar hacía frente con dos calles o avenidas. Terremoto enerino de 2001 le rompió espinazos y desniveló de muerte a patas paquidérmicas de tan bella mansión anciana. Ahora sólo sobrevive fantástico árbol de níspero rodeado por tupida maleza; pues desde mucho antes del citado movimiento telúrico destructivo, casona había sido abandonada por causa principal de la guerra civil. Nunca fue dada en alquiler. Siempre estuvo vacía, habitada por murciélagos e iguanas jiotes, esperando, en vano, ser ocupada por nuevas generaciones del General de División quienes, en gran mayoría viven en Área Metropolitana de San Salvador, o en Puerto La Unión. Al mirar el presente evocando el pasado, con  nudo en garganta y cerebro obnubilado, cualquier pluma (bolígrafo), computadora o desfasada máquina de escribir, se sienten incompetentes para continuar escribiendo.
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              Del matrimonio Molina-Ventura nació niña Hildita†, pronto señorita; después, señora de Jiménez†. Desde matrimonio a tempranos 15 abriles vivió en San Salvador. Esta belleza pueblerina tecoluquense recibió primera comunión junto con este auto apodado “escribidor”. A 10 años, con vestimenta inmaculada, mejillas nacaradas y rasgos generales de princesita en cuentos de hadas, atrajo miradas hasta de ciegos o miopes. Falleció en plena segunda juventud, tal vez por neoplasia. Feneció, —gracias a Dios—, mucho antes de enfrentarse a tragedia desgarradora sufrida por su familia, por toda Tecoluca, por todo El Salvador y por toda nuestra Humanidad cuando, en  playa marina del litoral salvadoreño (Costa del Sol), fue, con salvajismo demoníaco, violada, escarnecida y asesinada, su nietecita de escasas nueve navidades: KATIA “Marulanda” JIMÉNEZ (Marulanda es menos indigno que verdadero apellido paterno). Este asqueroso crimen ha quedado en impunidad; pues sospechosos asesinos, cercanos parientes paternos (abuelo y padre) de niñita KATIA MÁRTIR, amparados en subterfugios e ilegalidades de inhumanos abogados defensores, con complicidad del ilegítimo aparato estatal, han logrado, hasta ahora, evadir castigo para lógicos malhechores. Acongojada madre de niñita KATIA JIMÉNEZ, Hilda María Jiménez Molina, —ésta, hija y retrato vivo de difunta Hildita Molina Ventura de Jiménez—, debió buscar apresurado refugio en el extranjero, evitando así ser víctima mortal de escuadrones derechistas del diablo enquistados en, y protegidos por extremas derechas salvadoreñas. Doctor Tito Jiménez, abuelito materno de Niñita KATIA, falleció en forma prematura por profunda depresión al sentirse impotente para reclamar y obtener pronta y cumplida justicia de  tantas descaradas, puñeteras y parcializadas instancias “guanacas” (cobardes o contumaces). Predio solitario tecoluquense también continúa llorando por violación, escarnio y asesinato de NIÑITA KATIA, dos veces tataranieta del General de División Don Carlos Federico Molina I.
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               En diciembre 08 de 1934, reciente matrimonio Molina-Ventura, entre otros, apadrinó en  iglesia católica al naciente hogar Chávez-Cañas; pues vecindad de hogar Molina con familia Chávez les hacía quererse con respeto cual hermanos; aunque algunas veces, por motivos políticos electoreros, don Ramón Francisco Chávez II con don Carlos Federico Molina II se contrapunteaban sin llegar a faltarse el debido respeto. Estos incidentes sucedían después de la fecha citada; pues don Moncho II toda la vida fue opositor a regímenes absolutistas castrenses (militarismo). Pasaban hasta varios meses sin dirigirse palabras; no obstante, ni uno ni otro influyeron en forma negativa sobre amistad entre esposas respectivas, mucho menos entre las dos camadas infantiles. 

             Ancianita doña Juanita, con don Felipe de Jesús Ayala, —segundo esposo—, e hija de ambos: doña Carmela Ayala Molina de Vela, eran un primor cuando nacía otro vástago Chávez-Cañas, llevándole múltiples regalos. Doña Carmela Ayala de Vela, en especial, muy a menudo llegaba a bañar al recién nacido. Después de bañarlo con jabón Rosa Corona lo “aperjumaba” con agua de florida de cierta marca publicitada en Almanaque Bristol. Jabón y perfume eran regalados por ella. Don Felipe de Jesús Ayala (Papa Lipe), idóneo en Farmacia, cada año, entre enero y febrero, preparaba la famosa por nauseabunda mal recordada “Toma de lombrices” para todos y cada uno de menorcitos integrantes de tales dos familias; pues Papa Lipe era propietario de Farmacia El Carmen, establecida en sala comercial del añoso caserón. Don Carlos Federico II, cuando fue ejecutivo portuario ferrocarrilero en Cutuco, La Unión, cada dos semanas regresaba por tres días para recrearse con su creciente y noble familia. Casi siempre engendraba uno más. Infaltable carreta de bueyes iba a encuentro hasta estación Tehuacán. Tras carreta,  hermoso alazán ensillado caminaba listo para ser montado por caballero pasajero venido del extremo oriente del minúsculo país. El carretero, con otro ayudante, rápidos bajaban del vagón ferrocarrilero cuatro costales o redes repletos con “cascos de burro”: gigantesco molusco marino delicioso al comerlo con limón, salsa inglesa u otros aderezos. Es bocado favorito para bebedores de cerveza. Don Carlos Federico II, a todo vecino y amigos regalaba tan paradisíaco manjar marino, rogándole a beneficiados devolverle enormes conchas, porque él las usaba para alfombrar patios, corredores, cocina, caballeriza y establo de multi-centenaria mansión, fijándolas con mezcla de albañilería. No terminó de alfombrar inmensas áreas proyectadas. Para atender diversas actividades agro-ganaderas de anciana madre, dicho ejecutivo portuario renunció al cargo, dedicándose por completo al cuidado de progenitora, de Papa Lipe (padrastro excelente) y de su dulce hogar. Fue en este período cuando murió de parto la joven guapa señora Pachula Ventura de Molina: mujer blanca rosada alabastrina, con discretas pecas en pómulos, de cabellera castaña, larga hasta abajo de anchas caderas; con busto exuberante sin llegar al degenere, y con gran sentido de amistad cooperativa y desinteresada.
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          En plenilunios veraniegos tropicales, doña Juanita con Papa Lipe eran anfitriones de numerosos familiares y vecinos quienes, además de disfrutar del paisaje celeste con majestuosa "moneda gigante" en ascenso, gozaban al máximo escuchando o cantando tonadas modernas en esos inenarrables tiempos, acompañándose de violines, guitarras, mandolinas, contrabajos, acordeones u, oyendo el vibrante gangoso de vieja victrola —nueva en esos tiempos— funcionando por cuerda manual, tocando discos de carbón, ahora arcaicos, accionados por aguja acerada, la cual sólo servía para tocar tres veces porque luego quedaba roma. Destino final de estos aceros eran los tacones del calzado masculino. En noches oscuras, maliciosos muchachos se daban el lujo de echar chispas al frotar tales tacones contra piedras o lajas de vía pública. Siendo niño de siete años quien esto relata, también gozaba sacándole chispas al enlajado de la acera exterior en su hogar.

              En ese primitivo aparato fonógrafo, aquellos dichosos jóvenes y no tan jóvenes adultos escuchaban, bailando, al argentino-uruguayo-francés: Carlos Gardel o “Zorzal Criollo”, a Lorenzo Barcelata, a José Mujica, a Enrico Caruso, a Alfonso Ortiz Tirado, entre otros. Doña Juanita, al platicar con sus huéspedes, no prestaba la guitarra a nadie, mucho menos a Papa Lipe, su exagerado por calmado esposo a quien, ella, tratando de ponerle su palma o dedos respectivos sobre labios, procuraba callarlo diciéndole: “¡Cállate, Felipe, tú no sabes nada de lo que estamos hablando!”. Inquieta anciana menudita cual gnomo fabuloso, se asfixiaba pretendiendo aspirar oxigeno al máximo volumen para continuar deleitando con agradable palabrerío o cháchara a tan distinguida concurrencia. Mientras tanto, chicuelos de ambas casas, incluyendo a este narrador, sumándose a menudos niños Ayala-Castro, —otros vecinos magnánimos de las tantas veces mencionadas familias, sin ser parientes de hogar Ayala-Molina—, se divertían de maravillas con numerosos juegos infantiles hasta cuando, llegadas 09:00pm, cada chiquitín se despedía buscando  su respectiva casa y cama. Adultos esperaban el cenit. Iniciado descenso lunar, también ellos buscaban su aposento. Esto se repetía cada año durante tres o cuatro noches en veraniegos meses despejados (diciembre, enero, febrero, ¿marzo?), cuando Luna llena era formidable, sirviéndole de infinito manto el virginal azul del firmamento.
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              Además de bellísima Hildita Molina Ventura de Jiménez, —madre de Hilda María Jiménez de “Marulanda”, la exiliada, (perdónennos por repetir); y abuelita de Niñita KATIA, MÁRTIR—; además del apuesto varoncito Carlitos Federico III, había otras dos hermanitas: Glorita, calcada a imagen y semejanza de doña Pachula, difunta madre por parto, y Pimpita: idéntica a doña Juanita abuela; pero sólo en lo físico, pues Pimpita es parca en el hablar.
                                              marzo 05 de 2007.-

5 comentarios:

  1. ¡Ah, casona de los Molina en Tecoluca! Cuántos recuerdos o datos históricos se quedarán dormidos quizá para siempre en nuestras minuciosas historias locales, regionales y nacioales; por culpa de apatías en historiadores autóctonos, quienes no son incentivados para escribirlas; o, amenazados de muerte por criollos embusteros si se les denuncia fechorías locales y nacionales de sus antepasados inmediatos o remotos.

    Felicito al historiador Chávez Cañas por sus recuerdos aún frescos de aquella inolvidable década 45-55 del XX allá en su Tecoluca del alma; pero, más lo felicito por dar a conocer las raíces genéticas maternas de NUESTRA NIÑA MÁRTIR: K A T I A "Marulanda" J I M É N E Z; pues el primer apellido o paterno, esta computadora se niega a imprimirlo.

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  2. yo soy de la década de los 70, descendiente de una familia Viroleña, familia fragmentada desde varios años antes al 70; yo poseo información importante en mi mente, recuerdos pintorescos que describen como eramos y de donde veníamos los habitantes (no pobladores, conste) de este territorio: quebradas pequeñitas pero con riveras verdes y agua limpia, lecheros a caballo con sendos envases y cucharones que llenaban botellas de vidrio cada mañana, con leche limpia recién ordeñada..en fin.."otra onda", como aprendí a decir ya cuando estaba algo morro.
    Malaya aquellos dias!, de campiñas verdes y gente correcta.

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  3. Estimado MRAL: sin menores dudas Usted es, al igual que este su servidor, tataranieto del Prócer ANASTASIO AQUINO; pues él, como Usted bien lo sabe, era nonualco puro del pueblo de Santiago y, Zacatecoluca o Virola, junto con mi Tecoluca, pertenecíamos y pertenecemos a la etnia N O N U A L C A.

    Virola y Tecoluca, ---ésta, capital del imperio precolombino nonualco, subraza Maya migrante de Copán, hoy Honduras---, son dos poblaciones hermanas y vecinas, pues sólo 10kms sur ponientes las separan; pero Virola tiene la "gloria" de ser cuna del cañas y villacorta, josé simeón: farsante éste al autoproclamarse "libertador" de esclavos en Centroamérica; pero esa fama fatua o infame ha llegado a su fin, pues los Jaguarcitos escolares actuales ya no son envenenados con programas educativos oficiales que degeneraban la Historia Verdadera de El Salvador.

    Por último, querido coterraneo MRAL, lo invito a que Usted, con su apreciable familia y amistades, visiten nuestro paraíso tecoluquense llamado "PARQUE ECOTURÍSTICO TEHUACÁN" que está situado sobre carretera asfaltada San Vicente-Tecoluca; 2kms al norte de Tecoluca se deja el asfalto para tomar calle empedrada de 1km de longitud.... Mayores detalles Usted los puede obtener en Alcaldía Municipal de Tecoluca, durante horas hábiles. Salú, MRAL

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  4. La descripción de esa casona propiedad de la familia Molina-Ventura en Tecoluca, es formidable. Yo, quien conozco varias casonas similares en diversas poblaciones salvadoreñas: Suchitoto, Chalatenango ciudad, Chalchuapa, Quezaltepeque, San Juan Opico, Izalco, entre muchas más, puedo afirmar: eran, y muchas continúan siendo palecetes rústicos medievales con lujos autóctonos de cada región indígena; luego usurpados por la criollada que aún ahora nos sigue causando graves daños en lo social, laboral, económico y religioso.

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  5. Sí, remanentes de aquella dañina criollada decimonónica, ahora siguen causándonos más y más severos daños; pues en este fin de semana recién pasado, cuadrillas criminales integradas o mandadas por partidos politiqueros de extremas derechas, sabotearon tuberías madres transportadoras de agua potable hacia el Gran San Salvador.

    Dicho sabotaje fue hecho por expertos anti-ingenieros narcoarenazis, al destruir puentes sobre los cuales descansaban las tuberías de 48 pulgadas, en municipio Nejapa. Ahora, un millón de capitalinos y 300 mil tecleños estaremos, durante 10 ó más días, desprovistos de tan elemental líquido.

    Pero, narcoarenazis y adláteres, se harán así, ¡ve!, porque el pueblo volverá a repudiarlos más en los próximos comicios de marzo en 2012. Ojalá el mal llamado fiscal general de la república ordene la captura y encarcelamiento de actores materiales e intelectuales de estos cobardes guanacos sin país y sin nación.
    Chichipate Cañaverales.-

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