Anastasio Jaguar

Anastasio Jaguar

Breve Biografía de ANASTASIO MÁRTIR AQUINO (1792-1833):

Único Prócer salvadoreño verdadero en siglo XIX. Nativo de Santiago Nonualco, La Paz. De raza nonualca pura. Se levantó en armas contra Estado salvadoreño mal gobernado por criollos y algunos serviles ladinos, descendientes, éstos, de aquéllos con mujeres mestizas de criollo o chapetón y amerindia; pues esclavitud inclemente contra: indígenas, negros, zambos y mulatos, era insoportable para el Prócer Aquino. Fue asesinado por el Estado salvadoreño en julio de 1833, —después calumniado hasta lo indecible, tratando de minusvalorar sus hazañas; así como hoy calumnian a Don Hugo Rafael Chávez Frías y, ayer, al aún vivo: Doctor Don Fidel Castro Ruz.

En honor a tan egregio ANASTASIO AQUINO, este blog se llama:

“A N A S T A S I O A Q U Í S Í”

sábado, 28 de enero de 2012

LOS NAÚFRAGOS

       L  O  S     N  A  Ú  F  R A G O S      
               Del libro “Historias Escondidas de Tecoluca”
               Escrito por Ramón F Chávez Cañas

 
          Desde octubre hasta enero, tan indefenso Pueblito es azotado por ráfagas episódicas de vientos alisios. Episodios con duración de tres a seis días cada uno  sin previo aviso, pues meteorólogos de aquellos edénicos tiempos no existían y, si hubiesen existido, hubiesen cometido crasos errores similares a los cometidos por actuales agoreros, aun con ayuda de modernos radares y visores satelitales, por tanto: abatían al inamovible Pueblito en cualquier semana de meses ya citados, sin número aproximado en cuanto a frecuencia ni, mucho menos, en cuanto a intensidad y duración. Tal vez dos o tres episodios cada mes; siendo los más severos en diciembre y enero. Geografía especial del encajonado Pueblito lo hacían y lo hacen fácil presa de ese fenómeno climático agradable para unos, lo contrario para otros; pues al estar asentado con firmeza sobre faldas sudeste del majestuoso volcán Chinchontepec, en callejón formado por éste y Cerros San Jacinto o Ciguatepec al oriente, donde se inicia Río Bajo Lempa, hacían y hacen que esos fuertes vientos (nortes) se encallejonaran y embistieran con variable furia al pobre Pueblito. Esos furiosos y helados nortes decembrinos-enerinos, en especial, hacían tiritar al conglomerado humano urbano y rural; asimismo, reducían y reducen, en altos porcentajes, cosechas frutales de  estación seca (mangos, jocotes, marañones, jucumicas o aceitunas tropicales; papaturros, ujushtes, aguacates, zapotes y un sinfín más). El viento seco y frío agrietaba mucosas labiales humanas causando ardoroso malestar mitigado sólo aplicando, sobre labios, manteca de cacao. Al ser tal furia  exagerada, —cosa frecuente—, aquellos ventarrones levantaban tejados, y árboles quedaban aporreados. Areniscas de empedradas callecitas y polvaredas de caminos vecinales eran ofensivas para conjuntivas oculares y nasales. Cuando esto sucedía, aquellas callecitas, desde muy temprano en la  noche, se volvían solitarias y taciturnas, similar al mismo cementerio local. Lunas llenas aumentaban furor de los vientos. Veletas de madera con corcho-latas o tapaderas de pasta betún en cabeza de los ejes, ─colocadas adrede en patios y traspatios de muchos hogares─, daban su concierto monótono, escandaloso y continuo, más audible en avanzada nocturnidad, compitiendo con el también monótono silbido de tan recia ventisca; concierto acompañado por choque de ramazones vegetales al ser estremecidas por mismo fenómeno meteorológico; contando, al mismo tiempo, con aullidos lastimeros de infinitos perros callejeros. Aquellos señorones, abrigados con amplias, gruesas y tibias “chivas chapinas”, roncaban y se pedorreaban muy orondos; en cambio, la majada campesina y proletaria, no encontraba sosiego sobre su cama-tapesco de varas de jalacate, pues sus ralas mantas o “perrajes batanecos” (fabricados casi a mano en primitivos telares de San Sebastián, departamento de San Vicente en El Salvador), eran incapaces para disminuir “hielos del Niño” o los del mes siguiente. ¡¿Así debe ser todavía?!
                                                *****           
        En ese año, 1952, el sacerdote católico: presbítero Juan Bautista, llegó a administrar aquella parroquia, nombrado por obispo diocesano vicentino apodado Tamagás, pues esa inmensa comprensión siempre ha necesitado de buenos, humildes y diligentes pastores. El cura Bautista era sacerdote joven,  — ¿tres décadas?—, quizás recién salido del seminario San José de la Montaña en San Salvador;  tal vez era su primera sede parroquial. Fue originario de pueblito San Isidro, departamento Cabañas del mismo minúsculo país; blanca amarfilinada su tez; cabellera negra con barba azul entera rasurada; algo narizón y de tamaño mediano, con cierta corpulencia medio atlética; su voz: suave en pláticas con laicos; pero enérgica en sermones dominicales. Humilde, sin parecer tímido ni tonto. Con alguna certeza parecía practicar la castidad jurada.
   
Había llegado a relevar al Pbro. Abraham Rodríguez, otro piadoso sacerdote amante de actividades deportivas para juventudes sanas y descarriadas en tan devoto Pueblito. —Este sacerdote Rodríguez introdujo práctica del baloncesto, para ello, construyó, con aquella muchachada y con sus propias manos, dos canchas para tal deporte; ambas localizadas en patios y traspatios de casa parroquial o convento. También, el cura Abraham, practicaba natación en soñadas piscinas de hacienda Tehuacán, propiedad de don Nicolás Angulo y hermanos… Fueron tiempos de Pérez Prado con el mambo; de bailarinas exóticas: Amalia Aguilar, Tongolele, Rosa Carmina, Ninón Sevilla y de otras medio desnudas del cine mexicano-cubano; del trío Los Panchos y de Luís Alcaraz con su afamada orquesta. La señorita Josefina, hermana menor del cura Rodríguez, era otra Tongolele bailando el mambo con el señorito bachiller don Jesusito Orantes Chávez, en casa de éste o en la de señoritas Parras. Además, lo bailaba con cuatro o seis ágiles jovencitos de aquella dorada etapa—. Perdónennos si redundamos sobre esto en otra historieta.
   
El presbítero Juan Bautista hizo todo lo contrario: excomulgó a tantos mamberos por órdenes expresas del obispo Tamagás; exiló del convento parroquial a basquetbolistas, enviándolos a practicarlo en otra cancha, siempre parroquial; pero afuera del sagrado recinto. El mambo, pese a excomuniones, se continuó practicando durante fines de semana o vacaciones estudiantiles. Se practicaba en residencia de don Chusito Orante Chávez o de señoritas Parras: Tinita y Elisita.
                                                      *****   
Los niños: Robertito Cabrera (12 primaveritas), hijo de doña Tina Cabrera con chino Andrés Avelino Hernández; y Francisquito Pérez 14 abrilitos), hijo de señora purera Tiburcia Pérez, servían de acólitos, junto con el otro niño,  Carlitos Borromeo Chávez Cañas, hijo de don Ramón padre y de doña Carmela Cañas de Chávez; mientras, don Daniel Chacón, hombre mayor, piadoso, ágil e inteligente, era  sacristán; pues el otro, don Chico Hueco, había fallecido. Las “biatas”1 Carlota viuda de Fernández (decana), Sarita Cañas de Alférez, y  señoritas: Cecilia Ayala Bustamante, Soledad López, Amalia Reyes y otras sin cuenta más, eran encargadas en mantener viva la fe religiosa de aquella enorme parroquia (desde volcán Chinchontepec hasta playas en Océano Pacífico), ocupando toda la parte sur del departamento de San Vicente, siendo municipio y parroquia más extensos del diminuto país.
       
          Un día de noviembre en 1952, el cielo amaneció gris de tristeza. Nortes alisios comenzaron a soplar cada vez con más furiosa intensidad; repitiéndose otro ciclo de lo ya narrado. Ese día, el cura Bautista,  acompañado por los dos primeros acólitos mencionados, ─pues Carlitos Borromeo, el tercero, no obtuvo permiso de su padre: don Ramón Chávez, por ausencia prolongada de éste (en salineras del estero Jaltepec). Doña Carmela Cañas, su madre, no se creyó con suficiente autoridad para dejarlo partir, aun con sacra compañía del sacerdote Bautista─. Ese día, el señor párroco tomó su desvencijado “yipito”2 para encaminarse hasta  remoto cantón la Pita, donde oficiaría santa misa mayor en honor al santo Patrono de dicho cantón: cantón situado en triángulo formado por: al oriente, Río Bajo Lempa; al norte y noroeste, por cañadas del estero Jaltepec y, al sur, por Océano Pacífico. Cantón o caserío la Pita pertenece a esa parroquia y municipio. Luego de terminados sagrados oficios, los tres, párroco y acólitos, se enrumbaron hacia riberas del estero, en cañada comunicante con delta del Lempa, cuando éste muere en Océano Pacífico. —Es misma cañada donde don Raymundo Nicolás Cañas Merino, jineteando su caballo Pegaso para pasar a la otra orilla del estero, pescaba, con ambas espuelas sin quererlo ni saberlo, enormes y sabrosos peces marinos al quedar éstos trabados en rayos filosos de sus espuelas—. Por ser veraniega tarde sabatina, tal cañada estaba bastante concurrida por turistas criollos llegados, en gran mayoría, desde ciudad capital. Éstos, pertenecientes a ricachonas familias. Entre esos numerosos turistas capitalinos, hallábase dos jovencitos navegantes tripulando hermoso yate impulsado por dos fuertes motores fuera de borda con potencia de 150hp cada uno. Tales jovencitos, pertenecientes a familia Vilanova Kriete, —una de aquellas catorce poderosas familias de entonces. ¿Lo serán todavía?—. Invitaron a los humildes pastores católicos para ir a dar un paseo hasta el entonces cantón la Herradura, en departamento la Paz, al otro extremo del largo estero, a 60kms desde el punto de partida. Para llegar hasta la Herradura era imprescindible atravesar la bocana El Cordoncillo, ésta, cordón umbilical del estero con el mar. El sacerdote quiso declinar tan amable invitación, hablando así:
        —Miren, jovencitos: el mar, el río y el estero, están muy picados. Esto se debe a fuertes vientos bastante huracanados presentes desde hace dos días; por tanto, es demasiada peligrosa la navegación, incluso en potentes y modernos aparatos como éste, propiedad de ustedes.
        Uno de ambos jovencitos adinerados, con apariencia de mayor edad, timonel de la embarcación, contradijo así:
        —No padrecito, no. Este yate es muy estable, pues su centro de gravedad está diseñado a perfección; además, nuestros potentes motores son capaces de vencer hasta la más bravía corriente de Humboldt; asimismo, tanques de combustible están repletos con capacidad para navegar hasta por 24hrs sin interrupción… Súbase, padrecito: confíe en mis palabras y en mi pericia; también contamos con su santa presencia para aplacar cualquier oleaje adverso… Lo pasearemos por El Astillero, por bocana El Cordoncillo; lo llevaremos hasta Los Blancos, hasta la Herradura. En término de una a dos horas, estaremos de regreso sanos y salvos, pues son las 03:00hrs, una hora bastante temprana para regresar con luz solar.
       
          El señor cura y sus dos menores acólitos fueron entusiasmados más por numerosos feligreses acompañantes hasta el primitivo muelle cantonal del embarcadero, aceptando abordar la aparente fuerte embarcación. Tales cinco varones se hicieron a la mar. Aquellos dos motores bramaban al despegar; mientras, los quedados en tierra aplaudían tan valiente decisión de su pastor. Embravecido oleaje fue roto, durante algunos momentos, por la calle acuática dejada atrás por tan veloz embarcación; en tanto, los cinco tripulantes se perdían de vista cuando cruzaron los todavía espesos manglares y cincagüitales.
    Tres horas después (seis de aquella tarde), Sol veraniego estaba empijamándose, y vivísimos celajes vespertinos de irisados tonos, desvaneciéndose; mientras,  cinco turistas no daban señales de aparecer por alguna de tres o cuatro rutas posibles. Para entonces, Luna llena empezaba a emerger en dirección al delta del Bajo Lempa, reflejando su plateada hermosura sobre follaje del tupido bosque salado y sobre  encrespadas aguas del río y del estero. Ráfagas alisios estaban volviéndose más fuertes; zumbido de las mismas, al chocar contra  árboles y contra del agua, recordaban Misa de Réquiem compuesta por Giuseppe Verdi en honor a Giacomo Rossini, otro maestro músico italiano. Olas, al estrellarse contra riberas esterinas y, rías lempinas, al chocar contra aquéllas, sonaban cual lúgubres violoncelos o contrabajos de alguna sinfónica famosa, preludiando noche interminable y luctuosa. Cuando Luna llena estaba formando ángulo de cuarenta y cinco grados con respecto al horizonte oceánico, relojes marcaban las nueve de esa noche. No se escuchaba ni triste canaleteo o remar de un tan sólo primitivo cayuco, mucho menos el rugir desbocado de una máquina marina. Feligresía campesina, seis horas atrás entusiasmada por el paseo de su pastor, empezó a desesperar; pronto, a rezar. La hostia argentina nocturna llegaba al cenit. Lágrimas empezaron a aflorar en la mayoría de aquellos rostros. Casi nadie durmió. A cuatro de esa siguiente madrugada, silencio tropical de aquel paraje fue interrumpido por  bramar de otros más potentes motores marinos: flotilla de catorce yates, uno por cada poderosa familia, se estaba haciendo presente. En  rostros de aquellas guapas mujeres y musculosos hombres bien alimentados, se adivinaba estragos de angustia e incertidumbre. Preguntaban, preguntaban, repreguntaban, sin obtener respuesta positiva alguna. Dos horas más tarde, al momento de emerger el rey de nuestro sistema planetario por oriente, como todo caballero inglés, incertidumbre de miserables y millonarios, también emergía o crecía con más sospechas de segura zozobra; sin embargo, posibilidades de haber encallado en algún islote del manglar, renacía nuevas esperanzas. Motores oligarcas continuaban rugientes, a la vez que atravesando múltiples cañadas y callejones navegables del estero. A ocho de esa misma mañana,  guardacostas de Marina Nacional, aviones de Fuerza Aérea Salvadoreñas, y  sin cuenta avionetas algodoneras privadas, surcaban  mar y cielo en búsqueda de aquellos posibles náufragos, pues nortes habían amainado en forma significativa, permitiendo tales maniobras. A doce horas de tan triste domingo, numerosos helicópteros y aviones gringos, procedentes de base militar estadounidense en Canal de Panamá; y los de fuerza aérea-naval del nicaragüense Anastasio Somoza García, — verdugo del “General de Hombres Libres” y testaferro de imperialistas gringos—, se unía a la cada vez más incierta búsqueda. Lo mismo hacía aparatos chapines, pues jóvenes Vilanova Kriete eran sobrinos afines del coronel Jacobo Árbens Guzmán, casado con una Vilanova salvadoreña. Árbens era presidente constitucional de Guatemala. Honduras, Costa Rica, México y Colombia, también colaboraban en tan penoso caso.
   
          La búsqueda intensa se prolongó por más de dos semanas; luego fue disminuyendo poco a poco, junto con esperanzas. Al cabo de dos meses, sin alguna mínima evidencia, se suspendieron tales operaciones. Nunca, hasta esta fecha, ha sido encontrado indicios del naufragio: ni remos de emergencia, ni casco de la embarcación, ni alguna otra prenda o pertrecho. Brujos y pitonisas no han podido ubicarlos. Se decía, en ese tiempo: Alguno de tantos buques soviéticos o de otros países comunistas, los había rescatado. Para aumentar  tan cruda guerra fría contra EUA, fueron llevados hasta aquella, entonces, gran potencia bélica rival de Occidente, en especial de EUA. Si el Doctor Don Fidel Castro Ruz hubiese existido con el poderío político y filosófico presente, a él se le hubiese endilgado tal secuestro.
                                                 F  I  N
1—BIATA = Beata; 2-- YIPITO = Pequeño y rústico automotor 4x4 marca Jeep, algo viejito.                                                                            
                                         18 de enero en 1998

8 comentarios:

  1. Es verdad: la familia Kriete era y aún es dueña de Lineas Aèreas Centro Americanas (TACA), una de las tres íneas aéreas más importantes en América Latina; pues, en último decenio parece haber absorvido o comprado casi todas las líneas aéreas comerciales centroamericanas: Aviateca, Sahsa, Lanica, Lacsa; no Copa de Panamá. Además, ha hecho alianza o contubernio comercial con algunas sudamericanas. Vuela hasta Lima, Perú y hasta Montreal, Canadá.

    TACA tiene la maldita fama de tener el pasaje más caro en todo el mundo; porque, un vuelo hasta México, DF, desde San Salvador, cuesta igual que otro vuelo desde el mismo aeropuerto hasta Madrid en aviones de Iberia; pero, ¿por qué semejante robo al empobrecido viajero salvadoreño?... Es sencillo de explicarlo: los Kriete propietarios, continúan siendo una familia acaudalada u oligarca, ocupando ahora uno de los tres primeros lugares de los seis oligárquicos existentes al presente; pues de 14 oligarquías plutocráticas hace 60-70 años, después de la guerra civil salvadoreña (1972-92) el poder ladronístico de esos humanoides se ha concentrado en seis familias.

    De lo antes expuesto es fácil deducir: Kriete y cinco clanes más son dueños del partiducho politicastro llamado "arena" que, con sus diputadorzuelos aún forman mayoría absoluta en la caricatura de asamblea nacional legislativa; ésta elige al resto de poderes títeres: corte suprema de INjusticia, fiscalía general de El Salvador aún insalvable; corte de cuentas que jamás le cuenta las costillas a tanto ladrón enquistado en el empobrecido Estado de guanacos, etcétera. Y, todavía mangonean al tímido enano Mauricio Funes, presidente de la república salvadoreña a propuestas del FMLN o partido de oposición contra narcoarenazis ladrones de bienes nacionales.

    Al parecer, la familia Vilanova ya no forma parte principal de la catorcena oligárquica de antaño; sin embargo, en su tiempo fueron latifundistas propietarios de miles y miles de hectáreas, ingenios azucareros y beneficios cafetaleros. Entre las propiedades más notables sólo recordamos a: finca el Castaño e ingenio azucarero con beneficio de café de similares nombres, en Nejapa; destilería de rones finos para exportación localizada en municipio de Apopa; múltiples fincas cafeteras en faldas nororientales del volcán de San Salvador; más incontables cantidades monetarias depositadas en Davos, Suiza... Suiza: paraíso fiscal de billones más billones de dólares robados por neoliberales europeos y americanos alrededor del mundo. Bueno; pero eso es harina de otro costal.

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  2. Con alguna moderada frecuencia, 03 ó 04 veces cada año desde finales de la guerra civil (enero en 1992), visito mi Pueblito natal: Tecoluca. Me encanta charlar con los escasísimos ancianos y viejos originarios del lugar quienes no emigraron, o regresaron después de firmados los Acuerdos de Paz en Chapultepec, México. Me relatan que los vientos nortes o alisios ya no son como fueron antes, tal cual se describen en esta historia fiel de "Los Naúfragos"; pues aquellos ventarrones volteadores de tejas, arranca láminas de techos y levanta enaguas de viejas biatas, han disminuido en frecuencias e intensidades, tal vez en 33%.

    Don Jesusito Mauro Orantes Chávez, primohermano y compadre de quien esto firmará, es fiel testigo de lo dicho en esta opinión; pues él, con 80 ó más años de pasar deleitado y aprisionado entre las dos tetas del Chinchontepec, el lomo o rabadilla del cerro Ciguatepec, la cuenca del Bajo Lempa con el estero Jaltepeque y las sabanas de Santa Cruz Porrillo, es fiel juzgador de cambios climáticos bruscos en aquel paraje ex paradisíaco también llamado Tehuacán.

    Hielos del Niño Dios o decembrinos, temperaturas nocturnas castañeteantes en enero, y ráfagas ofensivas en casi todo el verano tropical nuestro, se están volviendo reliquias meteorológicas; no obstante, cosechas de frutales mencionados en el artículo éste, están siendo más abundantes cada año desde 1990. Además, aquel clima bastante fresco de Tecoluca en años 50´s hacia atrás, poco a poco, cada año, está volviéndose caluroso, similar al de Jiquilisco, San Miguel o Santa Rosa de Lima, con grados caniculares en julio y agosto hasta de 38ºC bajo techo.

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  3. Muy clara y conmovedora está esta narración histórica sucedida en caserío la Pita del cantón San Carlos Lempa en municipio de Tecoluca. Felicitamos al prosista-historiador Chávez Cañas y le agradecemos ilustrarnos con estos episodios ignorados hasta por las historietas oficiales del Estado salvadoreño.

    Si en cada pueblito o pueblón cuscatleco hubiese uno o dos historiadores de esa talla, y se atreviesen a escribir y editar vivencias pasadas y antepasadas de sus respectivos municipios o ciudades; en especial sobre hechos sociopolíticos y económicos del empobrecido pueblo nuestro, la niñez, juventud y adultez, estaríamos informados a cabalidad de nuestra historia local y patria.

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  4. Ramón F Chávez Cañas agradece en cuanto vale la opinión anónima de ayer a 05:01pm, en la cual se reconoce su pequeño o gran esfuerzo por recopilar datos históricos de su Pueblito llamado Tecoluca, para luego tratar de eternizarlos en el papel impreso; pues, si 200 años después de haber fallecido cualesquiera intelectuales en letras u otras disciplinas humanas hay una sola persona en el planeta que afirme haber leído o estar leyendo "HISTORIAS ESCONDIDAS DE TECOLUCA" o los 300 SONETOS FILOSÓFICOS titulados "H E R E J Í A S ", del mismo autor; este Ramón F Chávez Cañas, aún estando sus moléculas o átomos actuales formando esqueletos de algún vegetal o animal cualquiera, ---excepto del "Homo, homini lupus"---, él sentirá satisfacción por haber contribuido, al menos con un miligramo, a liberar de ignorancias supinas al todavía esclavizado pueblo salvadoreño por medio de adoración terrorífica a aquellos dioses judíos amos de la muerte violenta y de extrema pobreza universal, sólo para beneficiar a 30 millones de sionistas criminales dispersos por los seis continentes, incluyendo a Groenlandia.

    Ramón F Chávez Cañas.

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  5. En otro librito sobre Tecoluca publicado mucho después de estas "Historias Escondidas de Tecoluca", por una señora de apellido Méndez Molina, está cierta escueta narración sobre este mismo tema del naufragio del humilde curita y dos acólitos por haberse atrevido a acompañar a dos cachorros oligarcas de aquellos tiempos.

    Leí, hará seis meses, ese librito de la señora Méndez; pero no me quedó claro aquellos conceptos sobre tan terrible tragedia sucedida en Tecoluca huracanada; en cambio, un mi amigo tecoluquense de apellido Alvarenga Hernández, residente en Los Ángeles de EUA, me llamó por teléfono para darme el blog Anastasioaquisi y poder leer esta extensa versión luctuosa.

    Felicito a Chávez Cañas por el orden cronológico, ambiental y patético con los cuales narra este triste capítulo histórico de El Salvador; pues, con tal claridad de este historiador, no se necesita ser docto en lecturas para comprender e interpretar pormenores narrados con tanta vehemenia y sencillez.

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  6. Yo conzco el delta del río Lempa, el caserío la Pita, la bocana del Cordoncillo, balneario los Blancos, isla Tasajera con playa los Negros y cantón la Herradura, entre otros lugares mencionados por Ramón Chávez hijo; no obstante, en aquellos aciagos tiempos (1950-55) cuando ocurrió tal naufragio, esos lugares bellísimos por naturaleza no tenían ni un milímetro de turísticos; por el contrario, en la bocana de nuestro Río Padre a diario se miraba flotar decenas de ahogados ya embufados, medio devorados por fieras marinas y hasta sin cabezas.

    Todo ello producto de la delincuencia o terrorismo de Estado encabezado por un tal Mayor (militar) Óscar Osorio, a la sazón presidente salvadoreño impuesto por el partido electorero llamado "prud", ---padre del "pcn" y abuelo de "arena" o narcoarenazis---. Este Osorio era apodado "Cuchumbo" y, entre sus siniestros verdugos oficiales destacaban dos: General José Alberto Medrano o Chele Medrano, director de la sección de investigaciones criminales (sic) de antigua policía nacional, ya desaparecida. Brazo derecho o posada carriles del criminal Medrano fue otro sicario llamado Torres Valencia.

    Adversarios políticos del "prud" y de "cuchumbo", eran los cadáveres putrefactos que flotaban en bocana del Lempa y sobre mansas aguas saladas del estero Jaltepeque cuando los jovencitos Vilanova Kriete con el curita Bautista y niñitos acólitos fueron arrastrados quizás por la Corriente de Humboldt, hasta haberse perdido en el inmeso Océano Pacífico allá por costas peruanas o chilenas.

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  7. En cierta ocasión, hará cinco años, don José Amílcar Chávez, ---tecoluquense residente en La Herradura de La Paz---, nos entusiasmó al máximo al afamarnos un magnífico hotel turístico en riberas occidentales del Bajo Lempa, casi inmediato al caserío La Pita de Tecoluca. Nos lo pintó hasta hacernos soñar con "Varadero Cubano".

    Al sábado siguiente enrumbamos nuestra Toyota Landcruisser diesel, desde Santa Tecla hasta el hotel susodicho. Mi ya difunta madre y mi esposa eran mis inseparables acompañantes. Pasamos por ciudad Tecoluca, pues aún es imperdonable pasar tangencial sin detenerse durante breve media hora para implorar bendiciones de nuestros ancestros precolombinos.

    Vía carretera: Tecoluca-El Playón-San Niclás Lempa y San Carlos Lempa, llegamos al hotelucho de marras. Nuestra decepción fue inenarrable. Por respeto al Pueblito mío no debo describir aquel panorama anti turístico... De allí partimos desviándonos hasta La Herradura, donde a Don Amilcar le dimos una buena chamarriada.

    Chichipate Cañaverales.-

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  8. Toda narración histórica es tan cruda como la carne de faisán sin adobar ni condimentar; pues sólo nos ofrece el hecho crudo y hasta espeluznante cuando en tal hecho se registran muertes humanas causadas por manos humanoides o por catástrofes provocadas por imprudencias evitables.

    Así, en estos naúfragos como en otros episodios históricos narrados en estas "Historias Escondidads de Tecoluca", se siente el sabor de adornos literarios puestos por su autor; y, también, se distingue el hecho histórico puro cuando el autor señala nombres,apellidos, fechas y lugares de tantos sucesos narrados... ¡Adelante, Señor escritor de historias tecoluquenses! Usted nos entretiene y a la vez nos instruye con sus claros y puntuales relatos.

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